ramón de garciasol
arenga a las rosasRosas, creced, pujad, multiplicaos / hasta invadir las cajas de caudales, / hasta impedir las ametralladoras, / hasta sembrar la pólvora y el hierro / de luz y prim
canción del silencio de castillaA cortar silencio, esposa. / Está Castilla crecida / de silencio y sonorosa / paz, oreo por la herida / melancólica. Qué olores / tiene el campo que amanece. / Alamillo
cancioncilla de la esposaMariuca, esposica, madre: / Dios te salve / en este día y siempre. / dios te guarde, / y mi corazón de rabia y trigo / y sangre, / esta luz amorosa que en el filo / de la
dehesa de la villa¡Dehesa de la villa! / Desde esa hora, / el azul se te espesa, / se te enamora. / ¡Qué maravilla! / En tu hierba, Dehesa, / fue su mejilla. / ¡Fue tu mejilla, esposa! / Cóm
del amor de cada díaEs posible que se haya dicho todo / y que hayamos nacido tal vez tarde. / Mas esta gloria que en mis venas arde, / nadie -¡nadie!- la vive de este modo. / Todo es p
desafío de amor frente a las sombrasOtro doce de octubre, compañera, / con la serena flor de la alegría / y más luz en los ojos. Se diría, / coraje renaciente, que te espera / nuevo «milagro de la pri
feHas de matarme sin lograr que ceda, / y ni entonces podrás decir que dudo. / Si tu fuerza mi cuerpo vencer pudo, / nunca llegó a mi fe, ni habrá quien pueda. / Derr
gracias hermanosSois tan buenos y desdichados, / tan sobrehumanos, / que me tenéis en algo. / Y voy apuntalado / Por vosotros, por vuestras manos / trabajadoras, vuestros labios / sonr
nadie me cantará como te cantoNadie me cantará como te canto, / madre, con una llama que se enciende / en ti y en mi termina. Nadie entiende / la sangre de su fin y de mi llanto. / Yo no tengo s
pero a tu sombra, amorRompe el tabique, trae a la ceguera / el diálogo, tu música. Me llenas / de otra luz esta carne donde penas, / recuerdos van. Tú sigue, compañera, / cogida de mi ma
proclamación de la esperanzaEl aire se enrarece, adensa, espesa / hasta hacerse de plomo en los pulmones, / porque se está matando al hombre. / La sangre se entontece y aguachirla / de no sali
tren de la fronteraA medida que avanza a la frontera / el tren, hay más silencio dolorido. / Llega un instante en que parecen muertos / los viajeros, desterrados hijos / de España, qu
y debemos andar de otra maneraY debemos andar de otra manera / por los caminos de la Mancha, hermano, / por si, fecunda tierra de secano, / diese trigo su augusta calavera. / Ay, huesos, donde a