PAIS POEMA

Libros de ramón de campoamor

Autores

ramón de campoamor

a ese del cabello oscuro…
A ese del cabello oscuro, / como la nocturna bruma, / púsole Dios en la pluma, / luz de sideral destello. / Cuando de su canto bello nos llega la sensación / se oyen mezcladas al son de las guslas orientale
a unos ojos
Más dulces habéis de ser, / si me volvéis a mirar, / porque es malicia, a mi ver, / siendo fuente de placer, / causarme tanto pesar. / De seso me tiene ajeno / el que en suerte tan crüel / sea ese mirar se
al comenzar la noche de aquel día…
I / Al comenzar la noche de aquel día, / ella, lejos de mí, / «¿Por qué te acercas tanto? -me decía-, / ¡Tengo miedo de ti!» / II / Y, después que la noche hubo pasado, / dijo, cerca de mí: / «¿Por qué te alejas
amar y querer
A la infiel más infiel de las hermosas / un hombre la quería, y yo la amaba; / y ella a un tiempo a los dos nos encantaba / con la miel de sus frases engañosas. / Mientras él, con sus flores venenosas, / qu
amor y gloria
¡Sobre arena y sobre viento / lo ha fundado el cielo todo! / Lo mismo el mundo del lodo / que el mundo del sentimiento. / De amor y gloria el cimiento / sólo aire y arena son. / ¡Torres con que la ilusión / mun
canción
A la gloriosa memoria de las víctimas / del Dos de Mayo de 1808. / El sol sus alas replegó luciente, / y la noche callada el manto oscuro / en luengo cerco derramó sombría. / Vierten los astros su fulgor do
cantares
¡Ay! ¡Ay! / Más cerca de mí te siento / cuando más huyo de ti, / pues tu imagen es en mí, / es en mí, / sombra de mi pensamiento, / sombra de mi pensamiento. / ¡Ay! Vuélvemelo a decir, / vuélvemelo a decir / pues e
contradicciones
Se halla con su amante Rosa / a solas en un jardín, / y ya a su empresa amorosa / iba tocando a su fin, / cuando ella entre la arboleda / trasluce el grupo encantado / en que, en cisne transformado, / ama Júpit
doloras
Amor y gloria / ¡Sobre arena y sobre viento / lo ha fundado el cielo todo! / Lo mismo el mundo de el lodo / que el mundo del sentimiento. / De amor y gloria el cimiento / sólo aire y arena son. / ¡Torres con qu
el amar y el querer
A la infiel más infiel de las hermosas / un hombre la quería y yo la amaba; / y ella a un tiempo a los dos nos encantaba / con la miel de sus frases engañosas. / Mientras él, con sus flores venenosas, / que
el busto de nieve
De amor tentado un penitente un día / con nieve un busto de mujer formaba, / y el cuerpo al busto con furor juntaba, / templando el fuego que en su pecho ardía. / Cuanto más con el busto el cuerpo unía, / m
el cielo de leopardi
¡Genio infeliz! En su postrer momento / a su amiga la muerte le decía: / -Dame la nada, esa región vacía / en que no hay ni placer ni sufrimiento. / Donde se halla la vida está el tormento. / Dame la paz en
el descreimiento
Más que la luz de la razón humana, / amo la oscuridad de mi deseo, / y más que la verdad de cuanto veo, / quiero el error de mi esperanza vana / Tenéis razón, hermosa Soberana, / que no sé cuándo dudo y cuá
el ojo de la llave
I. A los quince años / Dos hablan dentro muy quedo; / Rosa, que a espiar comienza, / oye lo que le da miedo, / ve lo que le da vergüenza. / Pues ¿qué hará, que así la espanta, / su amiga, a quien cree un
el sol sus alas replegó luciente…
El sol sus alas replegó luciente, / y la noche callada el manto oscuro / en luengo cerco derramó sombría. / Vierten los astros su fulgor doliente, / y entre las sombras se destaca puro, / remedo incierto de
el tren expreso
Al ingeniero de caminos el célebre escritor / don José de Echegaray, su admirador y amigo. / Canto primero: la noche / I / Habiéndome robado el albedrío / un amor tan infausto como mío, / ya recobrados la qui
escribidme una carta, señor cura…
I / —Escribidme una carta, señor Cura. / —Ya sé para quién es. / —¿Sabéis quién es, porque una noche oscura / Nos visteis juntos? —Pues. / —Perdonad; mas . . . —No extraño ese tropiezo. / La noche . . . la oc
habiéndome robado el albedrío…
Canto primero: la noche / I / Habiéndome robado el albedrío / un amor tan infausto como mío, / ya recobrados la quietud y el seso, / volvía de París en tren expreso; / y cuando estaba ajeno de cuidado, / como u
humorada
Háblame más… y más…, que tus acentos / me saquen de este abismo; / el día en que no salga de mí mismo, / se me van a comer los pensamientos.
inspiración nocturna
Por el éter resbala melancólica / la luna, y en mi frente se refleja; / a su brillo argentado se asemeja / el color de mi faz. / De la brisa nocturna el ala rápida / sutil bate mi rubia cabellera, / como las
la opinión
A mi querida prima Jacinta White de Llano, / en la muerte de su hija / ¡Pobre Carolina mía! / ¡Nunca la podré olvidar! / Ved lo que el mundo decía / viendo el féretro pasar: / Un clérigo. Empiece el canto. / El
la rueda del amor
Aquellas niñas hermosas / que en suma beldad conformes, / teniendo la tez cual nieve, / tengan los ojos cual soles, / y el alma sintiendo, tiernas, / herida de mal de amores, / tanto les falte de esquivas, / cu
la vida humana
Velas de amor en golfos de ternura / vuela mi pobre corazón al viento / y encuentra, en lo que alcanza, su tormento, / y espera, en lo que no halla, su ventura, / viviendo en esta humana sepultura / engañar
la virtud del egoísmo
Si anoche no estuve, Flora, / a adorar tu talle hermoso, / es porque soy virtuoso / y me da sueño a deshora. / ¡Pecadora! / Ya le contaré a tu madre / que, porque amo mi quietud / y salud, / dijiste hoy a mi comp
las hijas
Las hijas de las madres que amé tanto / me besan ya como se besa a un santo.
lo que hace el tiempo
Con mis coplas, Blanca Rosa, / Tal vez te cause cuidados / Por cantar / Con la voz ya temblorosa, / Y los ojos ya cansados / De llorar. / Hoy para ti solo hay glorias, / Y danzas y flores bellas; / Mas después, / S
lo que se piensa antes de morir
Cree la vulgar opinión / que el alma de un moribundo / piensa, más que en este mundo, / en Dios y en la salvación. / Oye, Leonor, la canción / que hirió el pensamiento mío / al son del eco sombrío / de mi funer
los dos miedos
I / Al comenzar la noche de aquel día, / ella, lejos de mí, / «¿Por qué te acercas tanto? – me decía -, / ¡Tengo miedo de ti!» / II / Y, después que la noche hubo pasado, / dijo, cerca de mí: / «¿Por qué te aleja
los egoístas
Vegeta sin sufrir, vive en mal hora, / amigo infiel y cómodo enemigo, / que, egoísta, jamás llevas contigo / la pena del tormento que se adora. / De premio indigna tu virtud traidora, / ni dignas son tus fa
los hijos y los padres
Ni arrastrada un pastor llevar podía / a una cabra infeliz que oía amante / balar detrás al hijo, que, inconstante, / marchar junto a la madre no quería. / -¡Necio! -al pastor un sabio le decía,- / al que l
los padres y los hijos
Un enjambre de pájaros metidos / en jaula de metal guardo un cabrero, / y a cuidarlos voló desde el otero / la pareja de padres afligidos. / -Si aquí, dijo el pastor, vienen unidos / sus hijos a cuidar con
los progresos del amor
Así un esposo le escribió a su esposa: / «O vienes o me voy. ¡Te amo de modo / que es imposible que yo viva, hermosa, / un mes lejos de ti! / ¡Mi amor es tan profundo, tan profundo, / que te prefiero a todo
murió por ti; su entierro al otro día…
Murió por ti; su entierro al otro día / pasar desde el balcón juntos miramos, / y, espantados tal vez de tu falsía, / en tu alcoba los dos nos refugiamos. / Cerrabas con terror los ojos bellos; / el requies
para tu boca
Para formar tan hermosa / esa boca angelical, / hubo competencia igual / entre el clavel y la rosa, / la púrpura y el coral. / Mintiendo sombras del bien, / en ella el mal se divisa, / por lo que juntos se ven /
porvenir de las almas
Para A. R., en la muerte de su hija / Si de vuestra hija fue estrella / dar tan niña el alma a Dios, / ¡ay, feliz mil veces vos! / ¡dichosa mil veces ella! / Pues ya huella / las celestiales alturas, / no halle
quién supiera escribir
«Escribidme una carta, señor cura.» / -Ya sé para quien es. / «¿Sabéis quién es, porque una noche oscura / nos visteis juntos?» / -Pues… / Perdonad; mas… . No extraño ese tropiezo. / La noche… la ocasión… / Dad
rasga su pecho el último romano…
Rasga su pecho el último romano / y exclama, deshonrando su memoria: / -Sueño es la libertad, humo la gloria, / y la austera virtud un nombre vano.- / Detén, Catón, la temeraria mano, / que en huir d
si de vuestra hija fue estrella…
Si de vuestra hija fue estrella / dar tan niña el alma a Dios, / ¡ay, feliz mil veces vos! / ¡dichosa mil veces ella! / Pues ya huella / las celestiales alturas, / no halle en vos nunca lugar / el pesar, / porque
tanto quiero creer, que no te creo…
Tanto quiero creer, que no te creo, / dicha y tormento de la vida mía, / veo tu amor tan claro como el día, / mas lo anubla una cosa que no veo. / ¡Cuando mis dudas en tu frente leo, / a poderte matar, te m
va una mariposa bella…
Va una mariposa bella / volando de rosa en rosa, / y de una en otra afanosa / corre una niña tras ella. / Su curso, alegre y festiva, / sigue con pueril afán, / y con airoso ademán / la mariposa se esquiva. / A v
velas de amor en golfos de ternura…
Velas de amor en golfos de ternura / suelta mi pobre corazón al viento, / y encuentra, en lo que alcanza, su tormento, / y espera, en lo que no halla, su ventura. / Viviendo en esta humana sepultura, / enga
y es que en el mundo traidor
Y es que en el mundo traidor / nada hay verdad ni mentira: / todo es según el color / del cristal con que se mira.
ya a traición, ya a traición en el costado…
Ya a traición, ya a traición en el costado / me hiciste, infame, la mortal herida, / y subo este calvario de la vida / el corazón de espinas coronado. / Nombre maldito a un tiempo y nombre amado / ¡quién pu
¡pobre carolina mía!…
¡Pobre Carolina mía! / ¡Nunca la podré olvidar! / Ved lo que el mundo decía / viendo el féretro pasar: / Un clérigo. Empiece el canto. / El doctor. ¡Cesó el sufrir! / El padre. ¡Me ahoga el llanto! / La madre.
¡sobre arena y sobre viento!…
¡Sobre arena y sobre viento / lo ha fundado el cielo todo! / Lo mismo el mundo de el lodo / que el mundo del sentimiento. / De amor y gloria el cimiento / sólo aire y arena son. / ¡Torres con que la ilusión / m