PAIS POEMA

Libros de rafael de león

Autores

rafael de león

así te quiero
A Conchita Piquer / El día trece de julio / yo me tropecé contigo. / Las campanas de mi frente, / amargas de bronce antiguo, / dieron al viento tu nombre / en repique de delirio. / Mi corazón de madera / muerto d
auto de fe
Esta noche de agosto / he quemado tus cartas… / ¡Ocho años de vida apasionada! / Mi corazón ardía / en medio de las llamas, / rodeado de fechas, / ¡cenizas de mi alma! / Los abrazos crujían, / los besos se quejab
baladilla de los tres puñales
He comprado tres puñales / para que me des la muerte… / El primero, indiferencia, / sonrisa que va y que viene / y que se adentra en la carne / como una rosa de nieve. / El segundo, de traición; / mi espalda ya
centinela de amor
Te puse tras la tapia de mi frente / para tenerte así mejor guardado, / y te velé, ay, amor diariamente / con bayoneta y casco de soldado. / Te quise tanto, tanto, que la gente / me señalaba igual que a un
cuatro sonetos de amor
I / Decir «te quiero» con la voz velada / y besar otros labios dulcemente, / no es tener ser, es encontrar la fuente / que nos brinda la boca enamorada. / Un beso así no quiere decir nada, / es ceniza de amor
decir “te quiero” con la voz velada…
I / Decir “te quiero” con la voz velada / y besar otros labios dulcemente, / no es tener ser, es encontrar la fuente / que nos brinda la boca enamorada. / Un beso así no quiere decir nada, / es ceniza de amor
despedida
Se iba el tren, y quedaba, / en el aire una mancha / no sé si negra o blanca / de tu brazo… / ¡Ay distancia / floridamente amarga! / que tajaba y borraba / aquella línea larga / Y corta y hielo y ascua / que era tu
duda
¿Por qué tienes ojeras esta tarde? / ¿Dónde estabas, amor, de madrugada, / cuando busqué tu palidez cobarde / en la nieve sin sol de la almohada? / Tienes la línea de los labios fría, / fría por algún beso
el día trece de julio…
El día trece de julio / yo me tropecé contigo. / Las campanas de mi frente, / amargas de bronce antiguo, / dieron al viento tu nombre / en repique de delirio. / Mi corazón de madera / muerto de flor y de nidos,
en el estanque del día
En el estanque del día / se han mojado tus palabras. / El «no» sin eco posible / de tu voz embalsamada, / se está muriendo de frío / en los cristales del agua. / Mis «te quiero», salvavidas / inútiles de mis an
encuentro
Me tropecé contigo en primavera, / una tarde de sol, delgada y fina, / y fuiste en mi espalda enredadera, / y en mi cintura, lazo y serpentina. / Me diste la blandura de tu cera, / y yo te di la sal de mi s
esta noche de agosto…
Esta noche de agosto / he quemado tus cartas… / ¡Ocho años de vida apasionada! / Mi corazón ardía / en medio de las llamas, / rodeado de fechas, / ¡cenizas de mi alma! / Los abrazos crujían, / los besos se quejab
fue hacia la tercera luna…
Fue hacia la tercera luna / cuando lo sintió en los centros. / Estaba sobre la hierba, / tumbada de cara al cielo / —viendo la tarde morirse / sobre sus ojos abiertos— / cuando notó en la cintura / como un pája
glosa a la soleá
¿Te acuerdas de aquella copla / que escuchamos aquel día / sin saber quién la cantaba / ni de qué rincón salía? / Pero qué estilo, qué duende, / qué sentimiento y qué voz; / creo que se nos saltaron / las lágri
hora
Me acordaré de ti / ¡todas las noches a las once!… / En la plaza sin luna de tu ausencia / pronunciaré tu nombre / con el mismo temblor del primer día / ¡todas las noches, a las once!… / Y aunque esté en un c
hubiera podido ser…
Hubiera podido ser / hermoso como un jacinto / con tus ojos y tu boca / y tu piel color de trigo, / pero con un corazón / grande y loco como el mío. / Hubiera podido ir, / las tardes de los domingos, / de mi mano
iba convaleciente…
Iba convaleciente / de una herida de amor en el costado; / iba casi inconsciente / cuando te vi a mi lado / y hasta el pulso por ti se me ha parado… / Buscaba mi cintura / un brazo que de noche la ciñera, / ans
las muertes de sevilla
De laurel, no de acero, / con falda de campanas y cristales, / la torre es un arquero / cuyos leves puñales / aun mojados de rosas son mortales. / El primero fue el río, / lo mató una magnolia en primavera / y
lluvia
¡Te quiero!, -me dijiste, / y la flor de tu mano / puso un arpegio triste / sobre el viejo piano. / ( En al ventana oscura / la lluvia sonreía… / Tamboril de dulzura. / Gong de melancolía.) / -¿Me querrías tú lo
lo mataron en granada…
I / Lo mataron en Granada, / una tarde de verano / y todo el cielo gitano / recibió la puñalada… / Sangre en verso derramada, / poesía dulce y roja / que toda la vega moja / en amargo desconsuelo / «sin paño de ter
maría manuela, me escuchas
Yo de vestíos no entiendo, / pero… ¿te gusta de veras / ese que te estás poniendo? / Tan fino, tan transparente, / tan escaso y tan ceñío, / que a lo mejor por la calle / te vas a morir de frío. / Te sienta que
mazazo
Sonó la palabra “dinero” / y todo lo echaste a rodar / y en vez de decirte: “Te quiero”, / te dije: -¿Qué quieres cobrar?- / Y me valoraste las rosas, / poniéndole precio al jardín / y fueron tomando las cosa
me acordaré de ti…
Me acordaré de ti / ¡todas las noches a las once!… / En la plaza sin luna de tu ausencia / pronunciaré tu nombre / con el mismo temblor del primer día / ¡todas las noches, a las once!… / Y aunque esté en un c
me tropecé contigo en primavera…
Me tropecé contigo en primavera, / una tarde de sol delgada y fina, / y fuiste en mi espalda enredadera / y en mi cintura, lazo y serpentina. / Me diste la blandura de tu cera / y yo te di las sal de mi sal
menos faltarle a mi mare…
Menos faltarle a mi mare / to te lo consiento, serrana / menos faltarle a mi mare / que a una mare no se encuentra / y a ti te encontré en la calle. / ¡Vete, vete! si no te tié cuenta. / ¿Te acuerdas de aquel
mira cómo se me pone…
Mira cómo se me pone / la piel cuando te recuerdo. / Por la garganta me sube / un río de sangre fresco / de la herida que atraviesa / de parte a parte mi cuerpo. / Tengo clavos en las manos / y cuchillos en los
muerto de amor
No lo sabe mi brazo, ni mi pierna, / ni el hilo de mi voz, ni mi cintura, / ni lo sabe la luna que está interna / en mi jardín de amor y calentura. / Y yo estoy muerto, sí, como una tierna / rosa, o una gac
necesito de ti, de tu presencia
Necesito de ti, de tu presencia, / de tu alegre locura enamorada. / No soporto que agobie mi morada / la penumbra sin labios de tu ausencia. / Necesito de ti, de tu clemencia, / de la furia de luz de tu mir
no
¿Cómo quieres que deje mi vida entre tus manos / y mi jardín de sueños y mi luna y mi rosa? / ¿Cómo quieres ponerle orillas a este río / que corre libre y ancho desde que yo naciera? / Me brindas una dulc
no lo sabe mi brazo, ni mi pierna…
No lo sabe mi brazo, ni mi pierna, / ni el hilo de mi voz, ni mi cintura, / ni lo sabe la luna que está interna / en mi jardín de amor y calentura. / Y yo estoy muerto, sí, como una tierna / rosa, o una gac
ojos verdes
I / Apoyá en er quisio de la mansebía / miraba ensenderse la noche de mayo; / pasaban los hombres y yo sonreía / hasta que a mi puerta paraste el caballo. / «Serrana, ¿me das candela?» / Y yo te dije: «Gaché,
para mis manos tumbagas…
Para mis manos tumbagas, / para mis caprichos monea / y para mi cuerpo lucirlo / mantones bordaos, vestidos de sea. / La luna que yo pía / la luna que me dan. / Que para eso mi payo “abiya más parné” / que tien
pena y alegría del amor
A José González Marín / Mira cómo se me pone / la piel cuando te recuerdo. / Por la garganta me sube / un río de sangre fresco / de la herida que atraviesa / de parte a parte mi cuerpo. / Tengo clavos en las ma
por la arena de la playa…
Por la arena de la playa / va con un hombre “la Lirio”. / La tarde pone en sus ojos / un barco de plata y vidrio, / mientras que Cádiz se enciende / a lo lejos como un cirio, / en un altar encalado / de torres
profecía
«Y me bendijo a mi mare; / y me bendijo a mi mare. / Diez séntimos le di a un pobre / y me bendijo a mi mare. / ¡Ay! qué limosna tan chiquita, / qué recompensa tan grande. / ¡Qué limosna tan chiquita, / qué rec
pulso de amor
Iba convaleciente / de una herida de amor en el costado; / iba casi inconsciente / cuando te vi a mi lado / y hasta el pulso por ti se me ha parado… / Buscaba mi cintura / un brazo que de noche la ciñera, / ans
requiem por federico
I / Lo mataron en Granada, / una tarde de verano / y todo el cielo gitano / recibió la puñalada… / Sangre en verso derramada, / poesía dulce y roja / que toda la vega moja / en amargo desconsuelo / «sin paño de ter
romance (yo me acerqué hasta tu vera)
Yo me acerqué hasta tu vera / con miedo, ¿por qué negarlo? / En las sienes me latían / cincuenta y dos desengaños; / gris de paisaje en los ojos, / risas sin sol en los labios, / y el corazón jadeante / como un
romance de 'la lirio'
Por la arena de la playa / va con un hombre «la Lirio». / La tarde pone en sus ojos / un barco de plata y vidrio, / mientras que Cádiz se enciende / a lo lejos como un cirio, / en un altar encalado / de torres
romance de aquel hijo
Hubiera podido ser / hermoso como un jacinto / con tus ojos y tu boca / y tu piel color de trigo, / pero con un corazón / grande y loco como el mío. / Hubiera podido ir, / las tardes de los domingos, / de mi mano
romance de aquel hijo que no tuve contigo
Hubiera podido ser / hermoso como un jacinto / con tus ojos y tu boca / y tu piel color de trigo, / pero con un corazón / grande y loco como el mío. / Hubiera podido ir, / las tardes de los domingos, / de mi mano
romance de la viuda enamorada
Siempre pegada a tu muro / y al filo de tus almenas; / siempre rondando el castillo / de tu amor; siempre sedienta / de una sed mala y amarga / de desengaño y arena. / Por qué te querré tanto? / Por qué viniste
romance de la voz en la sangre
Fue hacia la tercera luna / cuando lo sintió en los centros. / Estaba sobre la hierba, / tumbada de cara al cielo / -viendo la tarde morirse / sobre sus ojos abiertos- / cuando notó en la cintura / como un pája
romance de los ojos verdes
-¿De dónde vienes tan tarde? / ¡Dime, di! ¿De dónde vienes? / -Vengo de ver unos ojos / verdes como el trigo verde. / El sueño juega y se esconde / en la plaza de mi frente; / cabalgo por las ojeras / de unos o
siempre pegada a tu muro…
Siempre pegada a tu muro / y al filo de tus almenas; / siempre rondando el castillo / de tu amor; siempre sedienta / de una sed mala y amarga / de desengaño y arena. / ¿Por qué te querré yo tanto? / ¿Por qué vi
soneto (bebiéndome la dulce primavera)
Bebiéndome la dulce primavera / me sorprendió la tarde junto al río / y pude contemplar a mi albedrío / el idilio del agua y la palmera. / Me zambullí desnudo en la pecera / buscando un corazón igual que el
te puse tras la tapia de mi frente…
Te puse tras la tapia de mi frente / para tenerte así mejor guardado / y te velé, ¡ay, amor!, diariamente / con bayoneta y casco de soldado. / Te quise tanto, tanto, que la gente / me señalaba igual que a u
triniá
I / Al Museo de Sevilla / iba a diario Juan Miguel / a copiar la maravillas / de Murillo y Rafael. / Y por las tardes, como una rosa / de los jardines que hay en la entrá, / pintaba a Trini, pura y hermosa, / com
y me bendijo a mi mare…
«Y me bendijo a mi mare; / y me bendijo a mi mare. / Diez séntimos le di a un pobre / y me bendijo a mi mare. / ¡Ay! qué limosna tan chiquita, / qué recompensa tan grande. / ¡Qué limosna tan chiquita, / qué rec
ya se me olvidaba, amigos…
Ya se me olvidaba, amigos, / que ayer prometí contaros / los motivos y razones / de por qué soy Legionario. / Mientras leía esta carta, / los estaba recordando. / Yo era el chaval más humilde, / más bueno y más
yo de vestíos no entiendo…
Yo de vestíos no entiendo, / pero… ¿te gusta de veras / ese que te estás poniendo? / Tan fino, tan transparente, / tan escaso y tan ceñío, / que a lo mejor por la calle / te vas a morir de frío. / Te sienta que
yo me acerqué hasta tu vera…
Yo me acerqué hasta tu vera / con miedo, ¿por qué negarlo? / En las sienes me latían / cincuenta y dos desengaños; / gris de paisaje en los ojos, / risas sin sol en los labios, / y el corazón jadeante / como un
¡te quiero!, me dijiste…
¡Te quiero!, me dijiste, / y la flor de tu mano / puso un arpegio triste / sobre el viejo piano. / (En la ventana oscura / la lluvia sonreía… / Tamboril de dulzura. / Gong de monotonía). / -¿Me querrás tú lo mism
¿de dónde vienes tan tarde?…
-¿De dónde vienes tan tarde? / ¡Dime, di! ¿De dónde vienes? / -Vengo de ver unos ojos / verdes como el trigo verde. / El sueño juega y se esconde / en la plaza de mi frente; / cabalgo por las ojeras / de unos o
¿por qué tienes ojeras esta tarde?…
¿Por qué tienes ojeras esta tarde? / ¿Dónde estabas, amor, de madrugada, / cuando busqué tu palidez cobarde / en la nieve sin sol de la almohada? / Tienes la línea de los labios fría, / fría por algún beso
¿te acuerdas de aquella copla…
¿Te acuerdas de aquella copla / que escuchamos aquel día / sin saber quién la cantaba / ni de qué rincón salía?… / ¡Qué encanto! ¿Verdad? / ¡Qué duende, qué sentimiento, / pero qué estilo, qué voz! / Creo que s