rabindranath tagore
el último tratoUna mañana iba yo por la pedregosa carretera, / cuando espada en mano, llegó el Rey en su carroza. / “¡Me vendo!”, grité. el Rey me cogió de la mano y me dijo: /
en mi cielo al crepúsculoEn mi cielo al crepúsculo eres como una nube / y tu color y forma son como yo los quiero. / Eras mía, eres mía, mujer de labios dulces / y viven en tu vida mis in
juguetes¡Qué feliz eres, niño, sentado en el polvo, / divirtiéndote toda la mañana con una ramita rota! / Sonrío al verte jugar con este trocito de madera. / Estoy ocupad
las flores de la primavera salenLas flores de la primavera salen, / como el apasionado dolor del amor no dicho; / y con su aliento, vuelve el recuerdo de mis canciones antiguas. / Mi corazón, de
me parece, amor míoMe parece, amor mío, que antes de rayar el día de la vida / tú estabas en pie bajo una cascada de felices sueños, / llenando con su líquida turbulencia tu sangr
no puedo ofrecerte una sola florNo puedo ofrecerte una sola flor / de todo el tesoro de la primavera, / ni una sola luz de estas nubes de oro. / Pero abre tus puertas y mira; y coge, / entre la fl
para que yo no te conozca tan prontoPara que yo no te conozca tan pronto, juegas conmigo. / Me ciegas con tus repentinas risas para que no te vea tus lágrimas… / Conozco, conozco tu arte. ¡Nunca d
perdóname hoy mi impaciencia, amor míoPerdóname hoy mi impaciencia, amor mío. / Es la lluvia primera del verano, y la arboleda del río / está jubilosa, y los árboles de kadam, en flor, / tientan a los
puse en mi bandeja cuanto teníaPuse en mi bandeja cuanto tenía, y te lo di. / ¿Qué traeré a tus pies mañana? / Soy como el árbol que, huyendo el verano floreciente, / mira al cielo, levantadas
regalo de amanteAnoche, en el jardín, te ofrecí el vino espumeante / de mi juventud. Tú te llevaste la copa a los labios, / cerraste los ojos y sonreíste; / y mientras, yo alcé t
te amo, sí. ¡perdóname mi amor!Te amo, sí. ¡Perdóname mi amor! / Pajarito que yerras tu camino, como tú, estoy cazada. / Cuando mi corazón se estremeció de dicha, / perdió su velo y se quedó de
te cojo las manosTe cojo las manos, y mi corazón, buscándote a ti, / que siempre me eludes tras palabras y silencios, / se hunde en la oscuridad de tus ojos. / Sin embargo, sé que