País Poema - Autores

pedro bonifacio palacios

a la libertad
Como del fondo mismo de los cielos / el sol eterno rutilante se alza, / como el seno turgente de una virgen / al fuego de la vida se dilata: / Así radiosa, / y así ga
a la primavera
¡Salud, primavera, princesa encantadora! / saludo engrandecido las gasas de tu velo; / ya orlan tus vestidos el argentino suelo. / ¡Salud, reina galana que el tró
a tus pies
Nocturno canto de amor / que ondulas en mis pesares, / como en los negros pinares / las notas del ruiseñor. / Blanco jazmín entre tules / y carnes blancas perdido, / po
adiós a la maestra
Obrera sublime, / bendita señora: / la tarde ha llegado / también para vos. / ¡La tarde, que dice: / descanso!…la hora / de dar a los niños / el último adiós. / Pero no des
ayer te vi… no estabas bajo el techo…
Ayer te vi… No estabas bajo el techo / de tu tranquilo hogar / ni doblando la frente arrodillada / delante del altar, / ni reclinando la gentil cabeza / sobre el augu
ayer y hoy
I / Humilde como el voto del creyente, / bendito como el ángel de mi guarda, / tímido, solitario, romancesco, / fe y esperanza. / II / Como tú, virginal y sin mancilla,
bajo la curva de la noche, fúnebre…
Bajo la curva de la noche, fúnebre, / sobre la arena del desierto, cálida, / se conturba la mente del proscrito, / su pie desnudo, vacilante, marcha; / y allá en la
cantar de cantares
Níveo cáliz de magnolia / decorando los retoños de la rama / como ánfora de sueños es tu frente. / Sí, tu frente / hija mía, madre mía, novia mía, / es el gótico rema
cantar de los cantares
(fragmento IX) / Minarete de alabastro,- / Torrecilla de alabastro cimbradora / Cual pedúnculo vibrátil, -¡es tu cuello! / Si tu cuello, / Hija mía, madre mía, novia
castigo
I / Yo te juré mi amor sobre una tumba, / sobre su mármol santo! / ¿Sabes tú las cenizas de qué muerta / conjuré temerario? / ¿Sabes tú que los hijos de mi temple / sal
como la lluvia copiosa sobre el suelo…
I / Como la lluvia copiosa sobre el suelo, / como rayo de sol sobre la planta, / como cota de acero sobre el pecho, / como noble palabra sobre el alma, / para los hij
como los bueyes
Ser bueno, en mi sentir, es lo más llano / y concilia deber, altruismo y gusto: / con el que pasa lejos, casi adusto, / con el que viene a mi, tierno y humano. / Ha
como una sola estrella no es el cielo…
Como una sola estrella no es el cielo, / ni una gota que salta, el océano; / ni una falange rígida, la mano; / ni una brizna de paja, el santo suelo, / tu gimnasia
cristianas
Aristarco feroz que acaricias / la labor de los otros con garras, / de la propia manera que aquellas / mujeres sin hijos los hijos que amparan: / no te guardo ojeri
décimas
Yo soy flor que se marchita / al sol de la adversidad, / el arbolito en mitad / de la llanura infinita. / La paloma, pobrecita / que arrastran los aquilones, / entre os
dios te salve
Cuando se haga en ti la sombra; / cuando apagues tus estrellas; / cuando abismes en el fango más hediondo, más infecto, / más maligno, más innoble, más macabro,-m
el drama del calvario
Giró el genio en derredor / después de pisar la cumbre; / y una fantástica lumbre / llenó a la sombra de horror: / y un gemebundo clamor / taladró la inmensidad, / y se
el mundo miserable es un estrado…
El mundo miserable es un estrado / donde todo es estólido y fingido, / donde cada anfitrión guarda escondido / su verdadero ser, tras el tocado: / No digas tu verda
el soñador
Le aserraron el cráneo; / le estrujaron los sesos, / y el corazón ya frío / le arrancaron del pecho. / Todo lo examinaron / los oficiales médicos / mas no hallaron la c
en pos de su nivel se lanza el río…
En pos de su nivel se lanza el río / por el gran desnivel de los breñales; / el aire es vendaval, y hay vendavales / por la ley del no fin, del no vacío; / la más h
fúnebre
I / La montaña que tiembla, porque siento / germen de cataclismo en sus entrañas; / el huracán que gemebundo emigra / quién sabe a qué región y qué distancia; / el ma
hijos y padres
I / Como la lluvia copiosa sobre el suelo, / como rayo de sol sobre la planta, / como cota de acero sobre el pecho, / como noble palabra sobre el alma, / para los hij
humilde como el voto del creyente…
I / Humilde como el voto del creyente, / bendito como el ángel de mi guarda, / tímido, solitario, romancesco, / fe y esperanza. / II / Como tú, virginal y sin mancilla,
íntima
Ayer te vi… No estabas bajo el techo / de tu tranquilo hogar / ni doblando la frente arrodillada / delante del altar, / ni reclinando la gentil cabeza / sobre el augu
invernal
La tarde es lluviosa; del ramaje / penden como harapos destrozados, / los nidos de las aves enlutados / como el pálido verde del follaje. / Solo y silencioso aquel
la canción de un hombre
Para una joven / Me pides versos y quiero, / sin pomerme ni quitarme, / para tu bien demostrarme / tal como soy, todo entero. / Pues conjeturo y espero / que la faz de
la tarde es lluviosa; del ramaje…
La tarde es lluviosa; del ramaje / penden como harapos destrozados, / los nidos de las aves enlutados / como el pálido verde del follaje. / Solo y silencioso aquel
la yapa
Como una sola estrella no es el cielo, / ni una gota que salta, el océano, / ni una falange rígida, la mano, / ni una brizna de paja, el santo suelo: / tu gimnasia
letanías a jesús
Jesús de Galilea / Para mí no eres Dios, / Eres sólo una idea / De la que marcho en pos. / No me humillo ni ruego / A tus plantas Jesús, / Llego a ti como un ciego / Que
llega a mis sienes, tímida, temblando…
Llega a mis sienes, tímida, temblando, / tan perfumada como un rosal / la tibia brisa, su andar es blando. / ¡Primer suspiro primaveral! / Llega tan suave, tan dila
lo que yo quiero
I / Quiero ser las dos niñas de tus ojos, / las metálicas cuerdas de tu voz, / el rubor de tu sien cuando meditas / y el origen tenaz de tu rubor. / Quiero ser esas m
los que vierten sus lágrimas amantes…
Los que vierten sus lágrimas amantes / sobre las penas que no son sus penas; / los que olvidan el son de sus cadenas / para limar las de los otros antes; / Los que
mi alma
(Paralela) / Bajo la curva de la noche, fúnebre, / sobre la arena del desierto, cálida, / se conturba la mente del proscripto, / su pie desnudo, vacilante, marcha; /
no te des por vencido, ni aun vencido…
No te des por vencido, ni aun vencido, / no te sientas esclavo, ni aun esclavo; / trémulo de pavor, piénsate bravo, / y arremete feroz, ya mal herido. / Ten el tesó
obrera sublime…
Obrera sublime, / bendita señora: / la tarde ha llegado / también para vos. / ¡La tarde, que dice: / descanso!…la hora / de dar a los niños / el último adiós. / Mas no dese
pasión
I / Tú tienes, para mí, todo lo bello / que cielo, tierra y corazón abarcan; / la atracción estelar ¡de esas estrellas / que atraen como tus lágrimas!; / II / La sinfon
si en vez de las estúpidas panteras…
Si en vez de las estúpidas panteras / y los férreos estúpidos leones, / encerrasen dos flacos mocetones / en esa frágil cárcel de las fieras. / No habrían de yacer
si te postran diez veces, te levantas…
Si te postran diez veces, te levantas / otras diez, otras cien, otras quinientas: / no han de ser tus caídas tan violentas / ni tampoco, por ley, han de ser tanta
sin tregua
I / Al clásico del compás establecido / para cantar las cosas soberanas: / invocando al amor y al buen sentido, / musas que deben ser hermanas: / sin temer ni a la cr
te argüirán, entre muecas desdeñosas…
Te argüirán, entre muecas desdeñosas, / los nenitos, de Juan el carpintero: / “que sería más útil un obrero / si ambas manos tuviese habilidosas”. / Y después
tempestad
Agrupándose ligeras / vienen nubes tenebrosas, / y montañas espantosas / en el cielo acongojado / de sus senos, derramado / como un colosal torrente, / agua pura y tran
tú eres joven, como un lirio de los valles…
Tú eres joven, como un lirio de los valles, / que recién abre su cáliz, / ¡que recién! / los cendales candorosos de sus pétalos de seda / suelta al viento de la aur
tú tienes, para mí, todo lo bello…
I / Tú tienes, para mí, todo lo bello / que cielo, tierra y corazón abarcan; / la atracción estelar ¡de esas estrellas / que atraen como tus lágrimas!; / II / La sinfon
v moltissimo piu avanti ancora
Si en vez de las estúpidas panteras y los férreos estúpidos leones, / encerrasen dos flacos mocetones en esa frágil cárcel de las fieras, / no habrían de yacer
vade retro
Tu eres joven, como un lirio de los valles, / que recién abre su cáliz, / ¡que recién! / los cendales candorosos de sus pétalos de seda / suelta al viento de la aur
vencidos
Como van al ajenjo los beodos / protestando su horror a los licores, / y al salón de jugar, los jugadores, / componiendo a su vicio mil apodos; / Como van susurrand
vera violeta
En pos de su nivel se lanza el río / por el gran desnivel de los breñales; / el aire es vendaval, y hay vendavales / por la ley del no fin, del no vacío; / la más h
verano
Velado por fulíginos elásticos de llamas, / con galas y atavíos y aromas turbadores, / de ignotos lares llega con áureas oriflamas, / el príncipe verano, custodia
yo soy flor que se marchita…
I / Yo soy flor que se marchita / al sol de la adversidad, / el arbolito en mitad / de la llanura infinita. / La paloma pobrecita / que arrastran los aquilones, / entre o
¡avanti!
Si te postran diez veces, te levantas / otras diez, otras cien, otras quinientas: / no han de ser tus caídas tan violentas / ni tampoco, por ley, han de ser tanta
¡moltissimo piu avanti ancora!
Si en vez de las estúpidas panteras / y los férreos estúpidos leones, / encerrasen dos flacos mocetones / en esa frágil cárcel de las fieras, / No habrían de yacer
¡molto piu avanti ancora!
El mundo miserable es un estrado / donde todo es estólido y fingido, / donde cada anfitrión guarda escondido / su verdadero ser, tras el tocado: / No digas tu verda
¡molto piu avanti!
Los que vierten sus lágrimas amantes / sobre las penas que no son sus penas; / los que olvidan el son de sus cadenas / para limar las de los otros antes; / Los que
¡piu avanti!
No te des por vencido, ni aun vencido, / no te sientas esclavo, ni aun esclavo; / trémulo de pavor, piénsate bravo, / y arremete feroz, ya mal herido. / Ten el tesó
¡pobre juan!
Te argüirán, entre muecas desdeñosas, / los nenitos, de Juan el carpintero: / que sería más útil un obrero / si ambas manos tuviese habilidosas". / Y después de sol
¡salud, primavera, princesa encantadora!…
¡Salud, primavera, princesa encantadora! / saludo engrandecido las gasas de tu velo; / ya orlan tus vestidos el argentino suelo. / ¡Salud, reina galana que el tró
¿flores a mi?
I / Ayer me diste una flor, / una flor a mí, señora, / que no consagré una hora / ni al más poderoso amor. / ¿Flores a mí? ¡si es mejor!, / en un páramo arrojarlas, / o t
¿por qué no mandas?
Como al nacer el sol en el oriente / los negros lomos de la tierra inflama, / como Dios al mirar sobre los pueblos / de ansias de lo mejor llena las almas / en mis