País Poema - Autores

paulina vinderman

cónsul honoraria ii
Finalmente una tarde a punto de extinguirse / llega la notificación. / Habla de un destino remoto, tropical, casi ansiado, / de una inseguridad sutil. / Pero esta c
cruces
De golpe es muy extraño sobrevivir, / recordar a la mujer hechizada / y no el momento en que se fue: / más errante que nunca pero muy poco sabia, / torpe en el bull
el canje
En algunos poemas el arte es la acuarela, / el arte de la dilución, escribo, / y los cisnes de Natales se esfuman ante la palabra cisne. / La vida se esconde detr
el mundo en jaque
Su gata murió de vieja este verano / y el gomero se dejó secar, poco después, obstinado / en el balcón. / ¿A quién contar esta historia de locos, / esta encomienda
escalera de incendio
Me asomo a la ventana como todas las tardes / para escribirte. / Este cielo es tan pálido que da miedo mirarlo / (y de los jacarandáes con el abuelo basta.) / Sé qu
este verano
Este verano se parece a un pueblo todavía humeante / después de un bombardeo. / Del otro lado del río, en la bruma, un bote / está listo para llevarme a la fronte
fin de estación
Es todo lo que hay: una roca que brilla al fin del día. / Habíamos viajado noches enteras y extraviadas / muy cerca del esplendor de lo esencial: / lluvia sobre l
invenciones del viento
Pertenecer. Pertenecerse. Un lugar para estar y un lugar para morir. Sabíamos sin decirlo cuál era el lugar y la cantidad exacta / de aire que había que aspir
la balada de cordelia
IV / Gracias Juan, me apena / tu partida. / Pero no puedo viajar, no tengo pies. / Me he convertido / en una enorme raíz, / una especie de anti-árbol / de memoria y de mi
la cita
a la memoria de Ana Calabrese / Íbamos a tomar el vino del atardecer / sentadas en el piso, / a desplegar el dolor y los amores literarios / como un mantel: algunos
la luna que no vi
En Palenque / la sombra empieza a caer sobre el palacio. / El último visitante conserva el sombrero sobre la cabeza / y el ojo iluminado por el bajo relieve. / Mira
la muerte de la imaginación
«Lo que más temo es la muerte de la imaginación» / Sylvia Plath / El corazón no tiene quien le escriba, / nadie se atreve a cruzar la noche remando / en la intemper
los días se han vuelto cada vez más escasos
Los días se han vuelto cada vez más escasos. / «Si yo fuera el invierno mismo», hablaría / de culpas, frías como el alcohol sobre la piel, / frías como la cama al
los espejos y los puentes
XXII / La robaron el sueño, amor, se lo robaron. / La muñequita tonta, vestida de alfileres / que siempre muere acunando un sueño púrpura / entre brazos que no le p
otra vez cúpulas en el poema, otra vez la ciudad
Otra vez cúpulas en el poema, otra vez la ciudad. / Las travesías se volvieron copias / de ciudades tocadas sólo por supervivencia, / para regresar a la mía. / Como
pongo un vaso y una flor
Pongo un vaso y una flor / en la mesita atestada junto a su cama, / pero él no los mira. / En realidad lo hago para mí. / La vida todavía debe ser para mí, / el vient
tan antiguo esto de robar un sueño
Tan antiguo esto de robar un sueño / a alguien que pasa. / El mismo sueño que rueda por entre las mesas / de esta fiesta abandonada. / De esta ciudad vacía de celeb
transparencias
Escríbanme. / Resuelvo en medio de la crisis / volverme carta: / papeles que atraviesen los océanos / como frágiles balsas / (para dar importancia a las tormentas) / An
vivir para contarlo iii
Agua dulce es el nombre del café / y el nombre que me susurraba mi primer amante. / Yo no era dulce, la furia asomaba en el verano / a lo largo de una partida de
voy hacia el nombre
Y es siempre el terror a los veranos / y el lento no saber. / Voy hacia el nombre. / Tal vez me llame invierno / en el país del lenguaje. / Cuando no hay viento, / y el
y si hubiera nacido hombre
Y si hubiera nacido hombre / habría sido marinero / con una azul mortaja como lecho. / Madre, no me dijiste nunca / que había que pagar un precio / para hablar con la