paul verlaine
a una mujerA usted, estos versos, por la consoladora gracia / De sus ojos grandes donde se ríe y llora un dulce sueño; / A su alma pura y buena, a usted / Estos versos desde
aria de antañoLucen vagamente las teclas del piano / a la luz del suave crepúsculo rosa, / y bajo los finos dedos de su mano / un aire de antaño canta y se querella / en la dimin
aunque no esté paradaAunque no esté parada / lo mismo me deleita tu miembro / que cuelga -oro pálido- entre tus muslos / y sobre tus huevos, esplendores sombríos, / semejantes a fieles
canción de otoñoLos sollozos más hondos / del violín del otoño / son igual / que una herida en el alma / de congojas extrañas / sin final. / Tembloroso recuerdo / esta huida del tiempo / q
el hogar y la lámpara…El hogar y la lámpara de resplandor pequeño; / la frente entre las manos en busca del ensueño; / y los ojos perdidos en los ojos amados; / la hora del té humeante
en el balcónEn el balcón las amigas miraban ambas como huían las golondrinas / Una pálida sus cabellos negros como el azabache, la otra rubia / Y sonrosada, su vestido lige
greenTe ofrezco entre racimos, verdes gajos y rosas, / mi corazón ingenuo que a tu bondad se humilla; / no quieran destrozarlo tus manos cariñosas, / tus ojos regocije
grotescoSus piernas por toda montura, / Por todo bien el oro de sus miradas, / Por el camino de las aventuras / Marchan harapientos y huraños. / El prudente, indignado, los
id pues, vagabundos, sin treguaId pues, vagabundos, sin tregua, / Errad, funestos y malditos / A lo largo de los abismos y las playas / Bajo el ojo cerrado de los paraísos. / (…) / Y nosotros, a lo
las conchasCada concha incrustada / En la gruta donde nos amamos, / Tiene su particularidad. / Una tiene la púrpura de nuestras almas, / Hurtada a la sangre de nuestros corazo
lasitudEncantadora mía, ten dulzura, dulzura… / calma un poco, oh fogosa, tu fiebre pasional; / la amante, a veces, debe tener una hora pura / y amarnos con un suave car
mi sueñoSueño a menudo el sueño sencillo y penetrante / de una mujer ignota que adoro y que me adora, / que, siendo igual, es siempre distinta a cada hora / y que las hue
mujer y gataLa sorprendí jugando con su gata, / y contemplar causóme maravilla / la mano blanca con la blanca pata, / de la tarde a la luz que apenas brilla. / ¡Como supo escon
pensionistasUna tenía quince años, la otra dieciséis / Y ambas dormían en la misma pequeña habitación / Esto sucedió una sofocante noche de septiembre / ¡Quebrantables asunto
pon tu frente sobre mi frente“Pon tu frente sobre mi frente y tu mano / en mi mano. / Y hazme los juramentos que romperás / mañana. / Y lloremos hasta que amanezca, / mi pequeña fogosa”.
primaveraTiernamente la joven mujer de cabello rojizo / Conmovida ante tanta inocencia / Le dijo a la rubia muchacha / Estas palabras en suave voz / “Savia que se eleva; flo
serenataComo la voz de un muerto que cantara / desde el fondo de su fosa, / amante, escucha subir hasta tu retiro / mi voz agria y falsa. / Abre tu alma y tu oído al son / de
soñé contigo esta nocheSoñé contigo esta noche: / Te desfallecías de mil maneras / Y murmurabas tantas cosas… / Y yo, así como se saborea una fruta / Te besaba con toda la boca / Un poco po
sueño a menudoSueño a menudo el sueño extraño y penetrante / De una mujer ignota que adoro y que me adora, / Que, siendo igual, es siempre distinta a cada hora / Y que las huel
tú crees en el ron del caféTú crees en el ron del café, en los presagios, / y crees en el juego; / yo no creo más que en tus ojos azulados. / Tú crees en los cuentos de hadas, en los días / n