PAIS POEMA

Libros de pablo garcía baena

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pablo garcía baena

agatha 2
Empezar, todo joven, de nuevo aquel amor / es como abrir de pronto cerrado gabinete irrespirable / de agonía suntuosa / por donde ibas o flotabas, galgos, / crisantemos, formol, caobas rubias. / Tendida en
alma feliz
Alma feliz por siempre, pues lo fuiste un instante, / vuelve, ligera corza de la dicha pasada, / junto al frío torrente donde flota el recuerdo, / donde la rosa última de fugitivas horas / aún perfuma sua
amantes
El que todo lo ama con las manos / despierta la caricia de las cítaras, / siente el silencio y su pesada carne / fluyendo como ungüento entre los dedos, / lame la lenta lengua de sus manos / el hueso d
antiguo muchacho
Entre la noche era la madreselva como de música / y el sueño en nuestros párpados abejas que extraían / de las lluviosas arpas del otoño / un panal de violetas y silencio. / Con un escalofrío se presentía
antrim road
Vienes con el amanecer / o ya estás, estás sentado aún con las estrellas / en el duro escalón del arriate / donde encañados crecen los guisantes de olor / y el botón estallante de la amapola india, / el peq
arca de lágrimas
¿Quién sois, Señora, que dejáis vuestra casa sobre la cuesta, / vuestro camarín de buganvillas y luces / y vais llorosa en noche de tambores / -otra vez los tambores, ahora en gloria fúnebre-, / Señora en
bajo la dulce lámpara
Bajo la dulce lámpara, / el dedo sobre el atlas entretenía al muchacho en ilusorios viajes / y un turbador perfume de aventuras / salpicaba de sangre el mar antiguo de los corsarios. / Los galeones, como
bajo tu sombra, junio, salvaje parra
Bajo tu sombra, Junio, salvaje parra, / ruda vid que coronas con tus pámpanos las dríadas desnudas, / que exprimes tus racimos fecundos en las siestas / sobre los cuerpos que duermen intranquilos, / unido
bobby
No era el amor y se llamaba Antonio. / Hablaba como un indio del Far- West: / «hombre alto», «boca larga». Era de Fuengirola. / y siempre había un teléfono donde llamarlo cuando / -y reía- / la noche era má
cándido
Tanto tiempo en silencio, tantos días / juntos sobre el jergón encarnizado, / sobre el ara o caverna de la cama / que altas cortinas, como altivos muros, / defendían de gritos y de música. / Amablemente pre
como el árbol dorado sueña la hoja verde
Como el árbol dorado sueña la hoja verde, / ahora que no estás y en los bosques nevados / cruje lívidas urnas, fantasmal, el invierno, / los jóvenes deseos a la deriva quieren / cubrir tu memorial de húme
como el árbol dorado sueña la hoja verde ii
Como el árbol dorado sueña la hoja verde, / ahora que no te tengo, que no te temo, invento / aquellos días, fueron ciento cincuenta días, / larga vida de hombre solo con su infortunio, / de leproso que ve
elegía
Me envuelvo en tu recuerdo / como en nieblas secretas que me apartan del mundo. / En la calle sonrío al amigo que pasa, / y nadie, / nunca nadie / adivinó mi muerte bajo aquella sonrisa / ni el frío sin consu
galán
Aquí está ya el amor. / La luna crece en el espacio virgen. / Desnudo, el desvelado hacia la aurora siente / resbalar por su cuerpo un agua de sonrisas. / Los álamos palpitan de finos corazones / y lento va
hace ya tiempo que no sé de ti
Hace ya tiempo que no sé de ti / y está la sierra como te gustaba / con el otoño. / Por Escalonias y por San Calixto / a las primeras lluvias han crecido / las hierbas y una seña silenciosa / me entregan tuya
infame turba
Nunca supimos qué pájaro era aquel / que cantaba al besarnos… / Al besarnos el alba / sería la alondra ilustre, / el vano timbalero de Verona, / diana floreciendo en el dormido alféizar, / salvas inoportunas,
jardín
La sonrisa apagada y el jardín en la sombra. / Un mundo entre los labios que se aprietan en lucha. / Bajo mi boca seca que la tuya aprisiona / siento los dientes fuertes de tu fiel calavera. / Hay un rumo
jazmín
Amiga mía, a veces si estoy leyendo y llueve / como ahora, tu voz parece oírse cerca, / por entre los grabados del pasillo y la cal / que intenta ser imagen de un callejón de Córdoba. / Brilla en el vaso
junio
Oh, sé que he de buscarte / cuando el otoño abrume con sus frutos goteantes / la tierra, / cuando las mozas pasen mordiendo los racimos / como si fueran labios, / cuando las piernas rudas de los hombres / se
la calle de armas
Así te amaba, voz lejana, cuando decías: / Amanecía entonces en la calle de Armas… / Era un carro ruidoso de gaseosas, sifones y aguas medicinales / donde la aurora, dulce, sonreía / como en triunfal cuad
narciso
No, no quiero volver… / Sé que está entre los mimbres secreto y aguardándome. / Sé que me espera. Piso estos verdes helechos / que llevan su sombra. Pero no he de ir. / ¿No he de ir? Aún el estío / como un
noche oscura
San Juan de la Cruz / Porque es de noche y va cayendo el agua / nos abrazamos, solos, en el viejo / regazo del sofá en tanto suena / la voz de Nat King Cole, triste y cálida / rama de broncas ascuas crepita
otro adiós
I / La mermelada duró más que el amor… / no tendré que bajar ya por la confitura. / Chillan los gorriones no informados: / ¡Levantaos amantes que dormís las mañanas frías! / Terminaron los desayunos para do
palacio del cinematógrafo
Impares. Fila 13. Butaca 3. Te espero como siempre. / Tú sabes que estoy aquí. Te espero. / A través de un oscuro bosque de ilusionismo / llegarás, si traído por el haz nigromántico / o por el sueño trist
pinar de la piedra
Hay una débil música enredada en mis dedos / como indolentes, verdes algas dormidas, / cuando Mayo desnuda de negros pabellones / mi errante pensamiento. / Hay un tejido espeso como aroma de mieles y de t
rondel para un joven violinista
Mi canto, para aquél que no sabe / mi nombre. Para aquél que no sabe, / mi sonrisa. Y mi amor para mí, / creciendo ante la luna, alzándose a la luna / inmóvil bajo el ropaje rígido, / bajo el plegado áureo
sólo tu amor y el agua
Sólo tu amor y el agua….Octubre junto al río / bañaba los racimos dorados de la tarde, / y aquella luna odiosa iba subiendo, clara, / ahuyentando las negras violetas de la sombra. / Yo iba perdido, náufra
tentación en el aire
Sabía que vendrías a hablarme / y no te huía / demonio, ángel mío, tentación en el aire. / Sabía que tus ojos ahogarían mis ojos / cansados ya de largos horizontes de hastío / y de copiar tranquilos paisaje
todos los santos
Suena la noche, suena el cautiverio / tenebroso, cadenas arrastradas / por el mármol. Inician !as maderas / y el metal la batalla de la orquesta, / la nublada obertura crece suave, / gotea la cera sobre el
viernes santo
Hace frío en los atrios esta noche, / ascuas de cobre sobre los braseros aviva la criada / y la helada ginebra enfría el labio. / Roberto Carlos baja tu voz desde el Brasil, oh cuerpo tuyo, / oh alma mía