omar khayyam
4.- la voz en el desiertoI. La voz en el desierto / Suspendidas de sus hilos, del Señor entre las manos, / bajo el techo de amatista las estrellas se estremecen; / la luna como un alfanje, y los vientos me parecen / traerme voces
agua y salCuando la sed la lengua paraliza / y el sol arroja chispas de su fragua, / toda la tierra en coro diviniza / la gota de agua. / Yo aplico el labio a la impregnada greda, / bebo con ansia convulsiva y larga;
ayer, hoy, mañana27 / A aquellos que en el hoy aguardan su ventura, / y a los que en el mañana fijaron su esperanza, / un muezín les grita desde la Torre Oscura: / -«¡Locos! ni aquí, ni allí, vuestra paga es segura!» / 28 / E
bautismo de sangreArrebatada por la loca rueda / de la fortuna caprichosa y vana, / que sólo a los mediocres favorece, / en angustia y dolor mi vida pasa. / Y en el jardín de las terrenas cosas / mi alma como un capullo está
círculo vicioso¡Oh, rueda eterna del cielo / que no para un solo día, / cómo tu voltear me hastía, / cómo mi descanso anhelo! / En vano mi ciencia apuro / por librarme de su giro; / en vano a esa dicha aspiro / y al mismo Cre
corazónMás que cien Kaabas hechas de agua y tierra / vale en la vida un noble corazón; / en los países del mañana aferra / cuantos puedas al propio corazón, / y en las tierras del hoy, de un puro amigo / adhiérete
cuántos la gloria buscan en este mundo vano13 / ¡Cuántos la gloria buscan en este mundo vano! / ¡Cuántos van tras los goces futuros del Profeta! / ¡Oh! tu oro, poco o mucho, asegura en tu mano… / Ni te seduzca el eco de ese tambor lejano. / 14 / Si lo
divina complicidadCuando Dios mi barro hacía / y mi cuerpo modelaba, / ya sabía, ya ordenaba / todo lo que yo sería. / Y si un pecador he sido, / Él parte en mi sino fue: / Entonces, digo, ¿por qué / en el infierno me ha hundido
el ánfora simbólicaEsta exhumada ánfora de arcilla / fue en su tiempo lo que yo soy ahora: / Un amante no amado, mas que adora, / y de fe y de pasión es maravilla. / Y estas dos asas de su cuello erguido / que al libador ofré
el coloquio de las ánforas89 / Oye más: una noche, entre el rumor postrero / del Ramazán, y antes que la luna se alzara, / quedéme solo dentro de un taller de alfarero, / por su pueblo de arcilla rodeado y prisionero. / 90 / Y esta ve
el goce vedado¡Oh!, nunca lo pensaste, ¿por qué al abrir la puerta / de su rosal la aurora, canta alektrión su alerta? / Es que quiere advertirte que otro día ha pasado, / y en la misma ignorancia el nuevo te ha enco
el gran secreto34 / Por la séptima puerta, sidéreo peregrino, / volé y fui a sentarme de Saturno en el trono: / Muchos cerrados nudos desaté en mi camino, / mas no el nudo maestro del humano destino. / 35 / Y allí estaba la
el heraldo del solAyer, antes que el Alba despuntara, / en compañía de la Amiga leal / y de una copa de rosado vino, / me hallé junto a un torrente de cristal. / Frente de mí la copa, concha fina, / Cuya fluida perla un bril
el lenguaje misteriosoEste rubí precioso fue extraído / del fondo de una mina ignota y rara, / y esta perla purísima y sin copia / en seno oculto de la mar fue hallada… / Mas digo mal: ni mina ni océano / de otras minas u océano
el más fuerteHe visto un hombre que al huir del mundo / halló su paz en tierra desolada: / no fue un hereje ni un muzlim profundo, / no tuvo bienes ni creencia en nada, / ni en verdades, ni en dudas, ni en la muerte. /
el ocaso del astro98 / Ah! reanimad con la uva mi marchitada vida; / ungidme en sus aromas si es ya mi último sueño; / y envuelto de hojas frescas en túnica florida / dejadme entre las frondas de una huerta escondida; / 99 / P
el telar de la cienciaFabricante de tiendas fue tu padre, / y tú, Khayyám, ingrato al noble oficio, / tras no sé qué ignorado beneficio, / tiendas de ciencia te pusiste a hacer. / La Parca con sus fúnebres tijeras / cortó en ped
el veneno y el antídotoDe este viejo Khayyám oye el consejo: / Busca siempre del sabio la amistad; / de los que viven en honestidad / sea la vida para ti un espejo. / Que la distancia de la tierra al cielo / te aleje del estulto
el viaje eternoTriste Khayyám, tu cuerpo es una tienda, / y el alma que la habita es su Sultán; / su horizonte, desierto y más desierto; / la Nada, su final. / Cuando el Sultán la tienda ha abandonado / sepultureros a des
el vino del amorMi pobre corazón de angustia herido / y de locura, no podrá curarse / de esta embriaguez de amor, ni libertarse / de la prisión donde quedó sumido. / Pienso que el día de la creación / en que el vino de amo
el vuelo del alma67 / Y caso extraño ¿no? De las vidas aquéllas / que primero pasaron tras la cortina oscura, / ninguna aquí retorna a mostrarnos sus huellas, / para abrir nuevas rutas por entre las estrellas. / 68 / Y las re
eucaristíaOra a los ojos te escondes / de tu angustiada criatura, / y en su vagar, insegura, / te llama y no le respondes; / ora en luminosas letras / fijas en tu firmamento, / y en voz, ritmo y movimiento / el Universo
fariseísmoSé de ignorantes que jamás pasaron / una vigilia en pos de una verdad, / y más allá de sus carnales muros / un solo paso no dieron jamás. / Pero son ellos los que visten toga / y en aire de señores graves v
final vanidadEn este instante de mi triste vida, / cuando mi corazón aun late y siente, / que todos mis problemas y mis dudas / resueltos han quedado, me parece. / Mas cuando llamo mi razón a cuentas / y en análisis hon
iconoclasta¿Crees tú que en el alma del artista / que un día ideó y cinceló la copa, / puede nacer el demoníaco sueño / de verla rota ? / ¡Oh! tú no crees, como yo no creo, / que la divina mente creadora / quiera destru
incógnitaSí, yo sé, mi persona toda es bella, / delicioso el perfume que ella exhala, / el rosa mío al de la rosa iguala, / mi línea al lado del ciprés, descuella. / Mas, con todo, esta incógnita me aterra: / ¿Por q
injusticia y desigualdad1 / ¡Oh, qué dolor que en este horno candente / donde se ha de fundir la masa humana, / sean los crudos más favorecidos / con el pan más cocido de la hornada! / Y que en este taller de forma y peso, / donde c
la caída de las hojasEL aura primaveral / despierta al jardín, mimosa, / y el ruiseñor, por la rosa / entona su himno nupcial. / Bajo la aromada sombra / de los tupidos rosales, / en las horas estivales / reposa en la muelle alfomb
la caravana en el desierto1 / ¡Despertad! Que ya el sol desde el remoto Oriente / dispersó las estrellas de su sesión nocturna, / y al escalar de nuevo el cielo iridiscente / la regia torre ciñe con su lazada ardiente. / 2 / Antes que
la copa vivaHoy ella vió del alfarero mago / de vasos la magnífica teoría, / de toda forma y toda edad, y había / en todos ellos un misterio vago. / Su emoción al sentir, dijo el artista: / -«Todos fuimos arcilla y ést
la gota de agua y el océanoLa gota de agua del mar, / desprendida y solitaria, / en playa inhospitalaria, / triste se puso a llorar. / El Océano al sentir / tan tierna lamentación / de aquella separación, / la piedad le hizo sonreír. / -«H
la hez del vinoSi de mi juventud es hoy la fiesta, / la ofrendaré del alba hasta el ocaso, / apurando a placer vaso tras vaso / el viejo vino que a soñar apresta. / Si la halláis en sus heces escondida, / no maldigáis, am
la inquietud eternaAmor que sólo vive en este mundo, / fulgor de pensamiento no refleja, / y como el fuego a medias extinguido / ya no enviará calor hasta las venas. / Mas el amor que vive idea y alma / y alcanza la recóndita
la justa misericordia¡Oh, Dios! tú eres piadoso: / Misericordia y clemencia / son tu virtud y tu esencia / para este mundo afanoso. / ¿Por qué a nuestro padre Adán / del Edén echaste, cruel, / si las que juzgaste en él / culpas, en
la magia de la viña55 / ¡Oh!, no más te atormente lo humano o lo divino, / y que el mañana solo desate su madeja: / ¡Hunde tus dedos muelles en el ébano fino / de las trenzas de alguna flexible Hada del vino! / 56 / Y tu hora n
la sombra del astroOh, alma, si te vieses en libertad, un día, / de las cadenas de la carne vil, / ¡con qué diáfana albura tu esencia irradiaría / entre las rosas blancas del místico pensil! / Sólo así fueras alma, en toda
la suprema angustiaSi entre fe e incredulidad / un soplo apenas se mide / y el mismo espacio divide / al error y a la verdad; / si induciendo de esta suerte / hemos de llegar al fin / a suprimir el confín / entre la vida y la mue
la vida universalLa justicia es el alma de este mundo, / y este mundo es su cuerpo y nada más; / sus sentidos, los ángeles; sus miembros, / las cosas en su inmensa variedad: / Lo cierto es sólo la Unidad Eterna, / mentira l
la visión de lo eternoPorque del vino la ilusión te ofusca / te dan pavor la muerte y el olvido, / y el rayo de oro nunca has percibido / del sol eterno que tu alma busca. / Ni ves en tu incurable ceguedad, / que en ese abismo q
lo fugitivo y lo eternoSi quisieras escucharme / te podría aconsejar: / Sabes que la ciencia mía / es de verdad. / Mira, no vale la pena / de revestir el talar / manto de la hipocresía, / que es falsedad. / Vé que no tiene comienzo / ni
lo que pasa¡Qué raudo el tiempo pasó / de la ardiente adolescencia! / La primaveral esencia / del placer se evaneció. / De la Juventud el ave / de plumaje bizantino, / ¿Quién sabe cuándo aquí vino? / Y cuándo se fue ¿quié
lo único eternoAbre para mí tu puerta / pues Tú sólo abrirla puedes, / porque Tú sólo concedes / la gracia de verla abierta. / Tú el sendero me mostraste / de llegar a redimirme: / Y si no puedes abrirme, / ¿para qué a Ti me
mi interrogante¡Oh, pobrecita alma mía! / Si el llorar y el disolverte / hasta la sangre y la muerte / es tu condena sombría; / si el alba de cada día / te trae un nuevo tormento, / dime, alma, tu pensamiento: / ¿Qué has veni
mi último amigoYo mismo cerré la puerta / que siempre mantuve abierta, / del pecado, / y libre de aparcerías / y de infieles compañías / he quedado. / Y después de mi castigo / sólo me quedó un Amigo / para amar: / A Él puedo sin
mis dos secretos¿Cómo queréis que los secretos míos / con la misma confianza los revele / a justos y a malvados y no vele / por la intangible unción de mi ideal? / Yo no puedo a ignorantes y a impíos / explayar gérmenes de
moisés y jesúsLlegó el instante en que la tierra entera / va a adornarse de gracias y verdura, / y de Moisés por entre la espesura / la mano evocará a la Primavera; / En que, animados del divino aliento / De Jesús vivo q
nadaHas recorrido el mundo palmo a palmo / y todo aquello que en el mundo viste, / es nada, nada; / Has sentido pasar como un ensalmo / músicas y palabras: cuanto oíste, / es nada, nada; / Al Universo todo lo has
no hay alma que no llore por tu ausenciaNo hay alma que no llore por tu ausencia, / hasta fundirse en lágrimas de sangre; / no hay ser vidente que al mirar tus gracias / preso de sus hechizos no se encante. / Y al ver que tú por nadie te intere
ofuscaciónToros los que a la tumba han descendido, / en cenizas o en polvo se han disuelto; / sus átomos sin liga, se han revuelto, / y aquí y allí dispersos se han perdido. / ¡Ah, Señor! ¿qué diabólico brebaje / es
otra versión de «rubaiyat»Autor desconocido / 1. La aurora: felicidad y pureza. Un inmenso rubí cintila en cada copa. / Coge dos ramas de sándalo: haz con una de ellas un laúd y deja que / la otra te perfume. / 2. El alba vuelca s
pecado y perdón¿Por qué tanto llorar por tu pecado, / sabio Khayyám? ¿Qué suerte de consuelo / halla tu alma en arrojarte al suelo / en un auto-tormento así extremado? / Tú sabes, por tu ciencia y tu cordura, / que el per
perlas e ideasY ahora me voy a marchar, / y será triste este día: / de cien perlas que tenía / sólo una pude engarzar. / ¡Ay! de la vida al través, / las ideas por miriadas, / del hombre, deja ignoradas / la ceguera o la est
predestinación77 / Que el Doctor y el Filósofo sigan en su faena / de hablar de lo que quieran y de lo no pensado: / Todo no es más que un tramo de infinita cadena / que nadie mueve, corta, ni hace girar , ni enfrena. /
problema insolublePusiste en mí pasiones indomables / y un deseo tenaz que me devora; / su imperativo impúlsame a saciarlas, / pero lo vedan tus sagradas normas. / La pobre humanidad vacila y gime / entre los dos extremos de
renacimientoYa es la estación de las rosas: / El corazón renaciente, / anuncio heráldico siente / de libertades preciosas. / Tengo ideas primorosas, / de locuras sed ardiente, / desafiando irreverente / del Korán reglas fa
renovaciónLa rueda de los cielos rauda gira / aun después de mi muerte y de la tuya; / y porque nuestra pena no concluya, / contra tu alma y mi alma ella conspira. / Ven sobre el verde césped, dulce Amor, / reposa en
represaliaAnoche, en un arrebato, / después de vaciar mi vino, / en las piedras del camino / rompí mi copa, insensato. / Era la embriaguez, por cierto, / la que tal acto inspiró: / Mas lo que la copa habló / me dejó de a
sed inextinguibleMi amor está en la cima de su llama, / mi amada en el zenit de su hermosura, / mi corazón desborda de ternura / y ebrio de inspiración mi mente inflama. / Siento en mi alma desbordar los ríos / de mis palab
sordos y ciegos¡Oh, eterna tragedia humana! / En pos de Ti el mundo entero / corre, indaga y peregrina / por mares y por desiertos. / Los derviches y magnates, / con su oro y sus privilegios, / no han podido aproximarse / has
soy así¿Que yo del vino soy devoto ciego? / Y bien, lo soy. / ¿Que soy infiel, idólatra del fuego? / Y bien, lo soy. / Cada uno de mí en su idea fía; / mas yo, dueño de mí, tengo la mía: / Soy lo que soy.
transubstanciaciónMira esta copa transparente: era, / antes de modelada, ruda arcilla, / y revela al trasluz la maravilla / de un alma en sus entrañas prisionera. / De magos y rabinos en la idea, / con los blancos jazmines l
vida beata¡Oh, mil veces dichosa / alma del que pasó desconocido, / que el djubeh del magnate no ha vestido, / ni del soldado la derreh nudosa, / ni del Sufi la estola pretensiosa! / ¡Ah! pero él fue como el Simourg
vuelo inútilTuve un Edén, de mil que el cielo encierra, / sin cuitas y sin dudas ni temores; / y un día, ansiando ver cosas mejores, / como un halcón lancéme hacia la tierra. / Mas ¡ay! desde que aquí llegué, perdido
¿qué hacer?I / Armado de albedrío y de razones / guerra sin tregua libro a mis pasiones: / ¿Qué más hacer? / La aguda espina del remordimiento / de mis actos, aguza mi tormento: / No sé qué hacer. / No cesa mi conciencia
¿y después?Que a esta vida la has vivido / piensa, como lo has querido: / ¿Y después? / Imagínate, confiado, / que tu hora última ha llegado: / ¿Y después? / Que cien años transcurrieron / y tu plena dicha vieron, / sin pes