País Poema - Autores

miguel rash-isla

a una onda
Onda del mar, padezco tu inquietud: a tu modo / vibro, sollozo, canto, me agito sin cesar; / como tú no hallo nunca concreción ni acomodo, / como tú sufro el sign
amor errante
Así dijo en la noche, desolado, el viajero: / vengo de las diversas comarcas del amor; / crucé por muchas almas y en todas fui extranjero; / de todas salí siempre
de bohemia
Noche invernal. En torno de la mesa / transcurre humildemente la velada; / ella calla y me mira; en su mirada / tiembla su corazón hecho promesa. / Callo también y
dedicatoria
En un ejemplar de Para leer en la tarde / Gasté la ilusa juventud primera / esperando un amor que nunca vino, / y a la sombra de un árbol del camino, / me senté a v
dualidad fatal
Cuando se daba entera a mi albedrío, / muchas veces salí de entre sus brazos / con mi pobre ilusión hecha pedazos / y con el corazón turbio de estío. / Y hoy que, p
eclipse
En medio a mis congojas, en mitad de mi hastío, / tu recuerdo lejano, tu recuerdo clemente, / vino, desde las sombras, a posarse en mi frente / y a decirme que aú
edén de los edenes
En la grata penumbra de la alcoba / todo, indecisamente sumergido / y ella, desmelenada en el mullido / y perfumado lecho de caoba; / tembló mi carne enfebrecida y
el nido
Cuando llegué a tus brazos, mi corazón rendido / venía del desierto de una pena tenaz; / tus brazos eran tibios y muelles como un nido, / y en ellos me ofreciste
el retrato de la amada
Ella es así: la frente marfileña, / a sol bruñidos los cabellos de oro, / y dichoso compendio del sonoro / brazo de un arpa la nariz risueña. / Su perfil reproduce
el secreto
Guardo en mi triste corazón inquieto / un recóndito amor. Nadie lo ha visto / ni lo verá jamás, pues lo revisto / -para hacerlo más mío- del secreto. / Ella lo insp
el tesoro
Dos columnas pulidas, dos eternas / columnas que relucen de blancura, / forja la línea irreprochable y pura, / como trazada en mármol, de tus piernas. / Con qué nob
elogio primaveral
Estábamos a solas en el parque silente / la tarde en desmayadas medias tintas moría, / y era tal el encanto que en las cosas había / que daban como anhelos de bes
espasmo
Después de que con lúbrico recreo / ávidos besos en tu boca imprima, / como quien logra ambicionada cima / te escalaré en la fiebre del deseo. / Buscaré el montecil
éxtasis
En la noche de enero plenamente estrellada, / como acaso en los siglos no lo ha sido ninguna, / parecían los cielos constelados de luna, / florestas por donde iba
grito de amor
Qué demencia, con soplo arrebatado, / me impulsa a ti en un vértigo? Lo ignoro, / sólo sé que te ansío, que te adoro, / y que en ti el universo he compendiado. / Tu
idilio columbino
Sobre el techo rojizo de la iglesia aldeana / se congregan en corte las palomas. El día / confunde con el d’ellas su blancor: se diría / que milagrosamente las br
iniciación
Sobre el busto de mármol se contornan los senos, / y apartando con nimias complacencias la bata, / succiono los erguidos pezones de escarlata: / pomos donde se ac
las manzanas del edén (fragmento)
A ti viciosamente me encadena, / tu cuerpo insano en que la muerte aspiro: / eres sierpe o mujer, hada o vampiro, / o ángel con maleficios de sirena? / Da sopor com
obsesión
Nunca te encontraré; nunca a mi lado / veré fulgir tu cándida silueta, / novia de mis ensueños de poeta, / que a través del vivir tánto he buscado. / Con insistente
redes y sueños
Tejedora incansable que en la noche y el día, / tejes calladamente las más gráciles mallas, / dime: ¿en el ritmo lento de tus labores hallas / alguna consonancia
silueta
Es tierno su mirar; su voz discreta; / del bohemio vivir tiene el encanto / y en el rostro de nácar el quebranto, / la marchitez de lánguida griseta. / Ilusiona mi
tu boca
Escollo de buriles y pinceles, / es tu boca una vívida granada / que pide, tentadora y encarnada, / un beso audaz que la disuelva en mieles. / Cuando a la risa aban
tu palidez
Tu noble palidez forma tu encanto: / es como aquella palidez extraña / del lirio matinal de la montaña / que al reflejo del sol sufre quebranto. / A veces logra esc
tus ojos
Estábamos a solas en el parque silente / la tarde en desmayadas medias tintas moría, / y era tal el encanto que en las cosas había / que daban como ganas de besar
valse nocturno
En la paz de la alcoba sosegada, / bajo la media noche en agonía, / llega a mí, desde incierta lejanía, / una llorona música olvidada. / Entra en mi corazón como un