miguel otero silva
anchas sílabasQue mi pie te despierte, sombra a sombra / he bajado hasta el fondo de la patria. / Hoja a hoja, hasta dar con la raíz / amarga de mi patria. / Que mi fe te levante
calma mi sed, amor, en tus vertientesCalma mi sed, amor, en tus vertientes, / enraízame, amor, en tus sembrados, / llévame, amor, por mares encrespados, / clávame, amor, tus uñas y tus dientes. / Di pa
corrío del negro lorenzo¡Yo soy el Negro Lorenzo! / Negro del Tuy, negro negro. / Noche con alma. Tambor / dormido bajo mi pecho. / Dormido bajo mi pecho / tengo un dolor de candelas, / corazó
cuerpo de la mujerCuerpo de la mujer, río de oro / donde, hundidos los brazos, recibimos / un relámpago azul, unos racimos / de luz rasgada en un frondor de oro. / Cuerpo de la mujer
el aire ya no es aire, sino alientoEl aire ya no es aire, sino aliento; / el agua ya no es agua, sino espejo, / porque el agua es apenas tu reflejo / y ruta de tu voz es sólo el viento. / Ya mi verso
encrucijadaNos separaba de la calle / el cristal empañado de lluvia. / Yo estaba lejos del mundo, / hoja caída en el remanso de su llanto. / Ella era menuda y tierna / y se hací
enterrar y callarSi han muerto entre centellas fementidas / inmolados por cráteres de acero, / ahogados por un río de caballos, / aplastados por saurios maquinales, / degollados por
hallazgo de la piedraHallazgo de la piedra: / la piedra es el rescate de formas y volúmenes / que fueron soterrados por el talón del viento. / Paráfrasis del lirio: / el lirio es el des
la poesíaIII / Tú, poesía, / sombra más misteriosa / que la raíz oscura de los añosos árboles, / más del aire escondida / que las venas secretas de los profundos minerales, / lu
la sexta voz del oro de este lagoEn mi vasta extensión de llanto y plata, / en el asalto azul de mis espadas, / en mis enardecidos bosques de agua, / arteria soy para latir su muerte. / En las fauc
poema de tu vozTu voz puebla de lirios / los barrancos soleados donde silban mis versos de combate. / Tu voz siembra de estrellas y de azul / el cielo pequeñito de mi alma. / Tu v
siembraCuando de mí no quede sino un árbol, / cuando mis huesos se hayan esparcido / bajo la tierra madre; / cuando de ti no quede sino una rosa blanca / que se nutrió de
tres variaciones alrededor de la muerte1 / ¡No! No es posible vivir cual los ríos / cantando entre laderas y lirios / o entre agudos peñascos y ramajes tronchados, / sin presentir el mar que los espera, /
tú, poesíaTú, poesía, / sombra más misteriosa / que la raíz oscura de los añosos árboles / más del aire escondida / que las venas secretas de los profundos minerales, / lucero
vine hacia élCésar Vallejo ha muerto. Muerto está / que yo lo vi / en Montrouge, una tarde / de abril. / Iba con Carlos Espinosa, / y / llevábamos los Poemas / humanos y España, apart