marosa di giorgio
a la hora en que los robles se cierran dulcementeA la hora en que los robles se cierran dulcemente, y estoy en el hogar junto a las abuelas, las madres, las otras mujeres; y ellas hablan de años remotos, de cosas que ya parecen de polvo; y me da
al mediodía, las ásperas magnoliasAl mediodía, las ásperas magnolias y las peras, los topacios con patas y con alas; azucenones, claros, rojos, semiabiertos; la casa de siempre, el patio familiar, parecían el paraíso, por el brill
anoche realicé el retornoAnoche realicé el retorno; todo sucedió como lo preví. El plantío de hortensias. La Virgen —paloma de la noche— vuela que vuela, vigila que vigila. Pero, los plantadores de hortensias, los recolec
árbol de magnoliasÁrbol de magnolias, / te conocí el día primero de mi infancia, / a lo lejos te confundes con la abuela, de cerca, eres el aparador / de donde ella sacaba el almíbar y las tazas. / De ti bajaron los ladron
bajó una mariposa a un lugar oscuroBajó una mariposa a un lugar oscuro; al parecer, de / hermosos colores; no se distinguía bien. La niña más chica / creyó que era una muñeca rarísima y la pidió; los otros / niños dijeron: -Bajo las alas
clavel y tenebrario (fragmentos)A mi hermana Nidia / (‘…su nombre, Nidia, brilló en las / más altas torres por muchos años ‘.) / 1 / Cuando se dieron cuenta, la tragedia ya había empezado. Una nube vino, rápida, del sur, y se posó sobre
cuando nací había muchísimos higosCuando nací había muchísimos higos. No puede ser, me diran, si era invierno y hacía frío. / Sin embargo fue así; estaban en todos los árboles, áun los que no eran higueras, y en medio de las floes.
domingo a la tardeDomingo a la tarde, y voy por el huerto sin recordar cómo salí y llegué hasta acá. El cielo es de oro, deslumbrador, y de los naranjos caen frutas y flores. / Trepo a uno, según mi costumbre antigua
empecé a ver casas y casasEmpecé a ver casas y casas. Y casas que estaban más allá de las casas. Que no se podían ver. Y cosas que sucedían hectáreas más allá, y una flor que nació en los lejanos jardines de la abuela, le
era la noche de mi casamientoEra la noche de mi casamiento. / Aunque, asombrosamente, los preparativos hubieran empezado años antes; antes de que yo naciese, antes de las bodas de mis padres. / Pero, esa noche, bajo los dorados s
está en llamas el jardín natal (fragmentos)1 / Fui desde mi casa, a la casa de los abuelos, desde la chacra de mis padres a la chacra de los abuelos. Era una tarde gris, pero, suave, alegre. Como lo hacían las niñas de entonces, me disfracé
estoy sentada en medio de la soledad del bosqueEstoy sentada en medio de la soledad del bosque. Los nogales –con qué precisión– acomodan sus frutos exquisitos dentro de las bolsitas de madera. Se oye el breve alarido de las martas que buscan a
la arboleda luctuosa giraba como el marLa arboleda luctuosa giraba como el mar. Cayó lluvia. / Sobre la calle quedaron unas piedras, chicas, y otras más grandes; eran / muchísimas; parecían pedazos de estrellas. / Brillaban con furia, con de
la hija del diablo se casaLa hija del diablo se casa. No sabíamos si ir o no ir. En casa resolvieron no ir. Ella paseaba con la trenza brillando como un vidrio al sol. Vestido celeste. Y las pezuñas delicadísimas, cincelad
la naturaleza de los sueñosAl alba bebía la leche, minuciosamente, bajo la mirada vigilante de mi madre; pero, luego, ella apartaba un poco, / volvía a hilar la miel, a bordar a bordar, y yo huía hacia la inmensa pradera, ver
la tierra que papá compró cuando éramos niñasLa tierra que papá compró cuando éramos niñas, quedaba frente del infierno; pero, era tan hermosa; los árboles gigantescos, y las achiras que parecían mujeres con la mantilla negra y la canastita
las flores de zapallo corren por el aireLas flores de zapallo corren por el aire y por la tierra como una enredadera de bengalas; mi madre las siega, las pone en el cesto; de pronto, se estremece, queda inmóvil; pero, huye hacia la casa
los hongos nacen en silencioLos hongos nacen en silencio; algunos nacen en silencio; otros con un breve alarido, un leve trueno. Unos son blancos, otros rosados, ése es gris y parece una paloma, la estatua a una paloma, la e
los leones rondaban la casaLos leones rondaban la casa. / Los leones siempre rondaron. / Siempre se dijo que los leones rondaron siempre. / Parecían salir de los paraísos y el rosal. / Los leones eran sucios y dorados. / Ellos eran m
misa del árbolAl despegarse del árbol tomó por la callejuela, que iba empinada y en tramos y hechas con baldosas rudas. Al rato, pasaban / las mujeres; jóvenes y viejas eran iguales bajo los negros hábitos y la t
misal de la virgen-Usted nunca tuvo hijos. / -No. Aunque, un día, cuando era chica, surgieron de mí, de mi pelvis, tres / lagartos. En cartílago grueso y anillado. Tres. / -Eh. / -Sí. Iban por la hierba. Al parecer tenían
murciélago de fantasíaEsta noche un solitario habitante de las paredes / se decidió a andar, / oh, murciélago de oro y azul, / bicheja / todo de luz y telaraña, / te vi de cerca, / vimos gotear tus orejitas / adornadas con brillante
no sé de dóndeNo sé de dónde lo había sacado mi padre —él no salía nunca—; tal vez, desde el linde mismo del campo; allí estaba, el nuevo cuidador de las papas. Le miré la cara color tierra, llena de brotes, de
nuestros padres dijeron que iban a salirNuestros padres dijeron que iban a salir, y que fuéramos nosotras a pasar el día a casa de la abuela; iba a pedir que no, pero, no pude. Tomamos el jardín que partía el plantío. Eran las nueve de
poema xEste melón es una rosa, / este perfuma como una rosa, / adentro debe tener un ángel / con el corazón y la cintura siempre en llamas. / Este es un santo, / vuelve de oro y de perfume / todo lo que toca; / posee
siempre salgoNos encontramos en el manzano. Era una noche cerrada, oscura. Me dijo: ¿Paseas? / Contesté: Siempre salgo. / El dijo: Yo, también, siempre salgo. / Pero, en ese momento, irrumpió la luna. Con todos sus
todas la muerte y la vida se colmaron de tulTodas la muerte y la vida se colmaron de tul. / Y en el altar de los huertos, los cirios humean. Pasan los animales del crepúsculo, con las astas llenas de cirios encendidos y están el abuelo y la a
yendo por aquel campo, aparecían, de prontoYendo por aquel campo, aparecían, de pronto, esas extrañas / cosas. Las llamaban por allí, virtudes o espíritus. Pero, en / verdad eran la producción de seres tristes, casi inmóviles, / que nunca se sal