PAIS POEMA

Libros de maría victoria atencia

Autores

maría victoria atencia

amor
Cuando todo se aquieta / en el silencio, vuelvo / al borde de la cuna / en que mi niño duerme / con ojos tan cerrados / que apenas si podría / entrar hasta su sueño / la moneda de un ángel. / Dejados al abrigo / de
baño
Comienza a serme infiel / la piel de la garganta; / pero ahora que se pierden tras de mí las orillas, / tómame una vez más, mi desdeñoso amante, / mientras las algas ponen / un collar en mi cuello.
casa de blanca
No llamaré a tus puertas, aldaba de noviembre: / el árbol de las venas bajo mi piel se pudre / y una astilla de palo el corazón me horada. / Porque tu no estás, Blanca, tu costurero antiguo / se olvida de
casa de los baños
En dañados espejos un azogue de muerte / revoca el esplendor morado de los lirios. / ¿Podréis reconoceros bajo el palio sin techo / de las aguas hediondas? Ocho columnas cercan / la majestad del baño, mie
con las luces del alba
A mitad de camino entre la mar y el suelo / que hace fértil un gesto de vida proseguida, / sobre la arena oscura expuesta al sol, propongo / yo misma mi balance entre fruta y olvido; / entre amor y despec
cuando sobrepasemos la raya que separa…
Cuando sobrepasemos la raya que separa / la tarde de la noche, pondremos un caballo / a la puerta del sueño y, tal Lady Godiva, / puesto que así lo quieres, pasearé mi cuerpo / -los postigos cerrados- por
el año que viene
Para Sharon Keefe Ugalde / Hacer girar el corazón contra su aguja, / contra el tiempo y su sangre, contra la memoria, / desploma mi pared. ¿Seré un rechazo / de piedra más, herida en el escombro? / No cruja
el conde d.
Cada noche te espero desde antes de acostarme, / y cuando sobrevienes, agregada presencia / a mi quehacer, pareja de topacios que rompe / contra la piedra azul serena de los míos, / dócilmente interrumpo
epitafio para una muchacha
Porque te fue negado el tiempo de la dicha / tu corazón descansa tan ajeno a las rosas. / Tu sangre y carne fueron tu vestido más rico / y la tierra no supo lo firme de tu paso. / Aquí empieza tu siembra
escucho las campanas del puente de los barcos…
Escucho las campanas del puente de los barcos: / septiembre es mes de tránsito y una goleta viene / a llamarme a las islas, o el cuarto se desplaza / lentamente. ¿Quién parte / junto a los marineros o qui
ghetto
Denso es el aire aquí. Y tibio. Lo respiro / entre casas que quiebran su fachada en el agua. / Un gato mansamente se me enreda en las piernas / y me retiene inmóvil delante de Yahveh.
godiva en blue jeans
Cuando sobrepasemos la raya que separa / la tarde de la noche, pondremos un caballo / a la puerta del sueño y, tal Lady Godiva, / puesto que así lo quieres, pasearé mi cuerpo / -los postigos cerrados- por
jorge manrique
A esa luz que nos crea y nos destruye a un tiempo / bajan desde sus nidos a abrevar las palomas: / abaten en la orilla su cuello hasta las aguas / y lo yerguen, y el río que se lleva su imagen / viene a d
la ardilla
En el hayedo, sobre la cruz de un árbol / salta una ardilla y me parecen propias / y conforme a la naturaleza sus movilidades / y afán frente a un otoño ocre y ya inminente, / su alternativa de árbol, su
la casa
Me adentraba en ella -ante mí en la cubierta del libro-, / en su planta cuadrada y un silencio en sus muebles que adivino o invento: / podría pintarla como cuando era niña y abrir con una cuchilla sus
la concertada cita entre desconocidos…
La concertada cita entre desconocidos / me conduce a tu puerta: voy pisando y me oigo / y soy mi propio eco y mi propia cautela / hasta que te me abres, belleza desmedida / que abarco en mi pañuelo, alta
la madre de héctor
Por esa ley antigua que obliga a los amantes / a sucederse en otras y otras generaciones, / yo misma a un joven héroe di vida en mis entrañas. / Me doblegué a las lunas y en su espera de júbilo / los hibi
la marcha
Éramos gente hechas al don de mansedumbre / y a la vaga memoria de un camino a algún sitio. / Y nadie dio la orden. -Quién sabría su instante.- / Pero todos, a un tiempo y en silencio, dejamos / el cobijo
la memoria del agua -no el agua- sostenía…
La memoria del agua -no el agua- sostenía / las frágiles, antiguas columnas de alabastro / -o confundo los sitios-, y un perfume de cedro / -no el cedro- me invitaba a un patio en el que apenas / puse el
la rueda
Verdad es que en el mapa figuraba distante, que una rueda / de mi maleta iba gimiendo, y que en las bocacalles / su cansancio exponían con razón mis tacones. / Signos quizás de pérdida -de la esperanza
laguna de fuentepiedra
Llegué cuando una luz muriente declinaba. / Emprendieron el vuelo los flamencos dejando / el lugar en su roja belleza insostenible. / Luego expuse mi cuerpo al aire. Descendía / hasta la orilla un suelo d
las ciudades nocturnas, sus paisajes…
Las ciudades nocturnas, sus paisajes, / sus fachadas, su tacto abierto a un aire / que alza sus brazos hasta mi estatura, / mínima piel o dimensión que alcanza sus perfiles / en un desarraigado mundo prop
lavadero viejo
Cóncavas piedras vienen a recibir mi hato / con un frescor que acepta mi mano en su recinto. / Guardo turno en el húmedo corredor subterráneo: / doy paso a las rameras y al ajuar de los muertos. / Pública
los sábados
Los sábados teníamos de par en par los ojos / enseñando las luces doradas del domingo, / mientras iban las horas resbalando su carga / de ilusión en nosotras. / Sentadas en pupitres, en filas o en recreos
mar
Bajo mi cama estáis, conchas, algas, arenas: / comienza vuestro frío donde acaban mis sábanas. / Rozaría una jábega con descolgar los brazos / y su red tendería del palo de mesana / de este lecho flotante
marta y maría
Una cosa,amor mío, me será imprescindible / para estar reclinada a tu vera en el suelo: / que mis ojos te miren y tu gracia me llene; / que tu mirada colme mi pecho de ternura / y enajenada toda no encuen
muchacha
Llevas un vaso lleno de transparencias / entre inquietas manos y escurridizos dedos. / Puedes cantar el cielo, el amor, las estrellas: / todo nacerá nuevo de tus labios hermosos. / Descubrirás en sueños l
muñeca rota
¡Qué me intenta decir tu deterioro? Vente, / muñeca frágil y doliente y herida, / sin faldones que cubran tu cuerpo descompuesto, / sin un alma mecánica que te cubra, desastre / de los años y el trato. / No
naufragio
Para Floreal y Pepe Bornoy / Como arreciaban más las olas, y la casa / seguía en su costumbre sin aviso, / asomé a la terraza mi aprensión, y era cierto: / ya no veía el faro y perdíamos pie / e íbamos zozo
no llamaré a tus puertas, aldaba de noviembre
No llamaré a tus puertas, aldaba de noviembre: / el árbol de las venas bajo mi piel se pudre / y una astilla de palo el corazón me horada. / Porque tú no estás, Blanca, tu costurero antiguo / se olvida de
noviembre
A Juan Bernier / Oigo crujir tus hojas y vuelvo a estremecerme, / memoria de noviembre con la fruta en los labios, / pervertido jardín que hollé una vez, descalza, / y en el que, de rodillas, llevé mi fre
orilla
Para Manuel Alvar / Los postigos abiertos, ni siquiera yo misma / tras el sueño baldío, desalentada aguardo / su cumplida palabra en el mar del encuentro. / Cuando luego me llegue hasta su abrazo húmedo / p
puerto
Para Biruté Ciplijauskaité / Escucho las campanas del puente de los barcos: / septiembre es mes de tránsito y una goleta viene / a llamarme a las islas, o el cuarto se desplaza / lentamente. ¿Quién parte /
reproche a holan
Para Clara Janés / Si ves Moldava abajo, río abajo / -frente a la Isla de Kampa y el Molino del Búho- / un cubo de basura tiernamente mecido, / dulcemente mecido hasta el agotamiento, / no pienses en el cue
rosa
En el joyero Tiffany′s se marchita una joven / rosa de Jericó. / Sólo al costado mismo de la muerte comienzan / su plenitud las rosas / tras la ruptura última del quicio de la sed.
sazón
Ya está todo en sazón. Me siento hecha, / me conozco mujer y clavo al suelo / profunda la raíz, y tiendo en vuelo / la rama, cierta en ti, de su cosecha. / ¡Cómo crece la rama y qué derecha! / Todo es hoy e
suceso
¿Quién desvía tu vuelo y me desea ahora? / Estaba yo ocupándome de la compra, el teléfono, / la ropa de los niños, y se me quedó fija / en un punto brillante del quinqué la mirada / cuando tú prorrumpiste
ternura
Quizás no sea ternura la palabra precisa / para este cierto modo compartido / de quedar en silencio ante lo bello exacto, / o de hablar yo muy poco y ser tú la belleza / misma, su emblema, aunque tan próx
testigo
Apenas alentaba. / Pero atendí su canto / queriendo darle vida. Proseguía / el mirlo en aquel árbol de flores de papel / pasándome el relevo / cuando vino su hedor, como un hocico frío / a decirme la hora.
una brisa
Con no previsto acuerdo a mitad del verano, / en el torpe sofoco del hueco de la siesta / me recorre una brisa, nuca abajo, la espalda. / Me doblego al quehacer de su oficio envolvente, / y al sueño al qu
una cosa, amor mío, me será imprescindible…
Una cosa, amor mío, me será imprescindible / para estar reclinada a tu vera en el suelo: / que mis ojos te miren y tu gracia me llene; / que tu mirada colme mi pecho de ternura / y enajenada toda no encue
venda
De un espeso tejido me rodea tu mundo / por todos los contornos. / Me abarcas como un pecho abierto a la ternura, / como una gran maroma que en surcos se me clava. / Has llegado a cubrirme, definitivo páj
victoria
Estaba abierto el cielo y mi hijo en mis brazos, / tan indefenso y tibio y aterido y fragante / que lo sentí una obra sólo mía, victoria / de un cuerpo paso a paso ofrecido a su cuerpo. / Lo envolví con m