País Poema - Autores

maría eugenia vaz ferreira

canto verbal
A ti, palabra mi suprema dea, / tiende sus alas la esperanza mía / águila errante del desierto humano / sin altas cumbres donde reposar / el tedio de las rutas infi
el ataúd flotante
Mí esperanza, yo sé que tú estás muerta. / No tienes de los vivos / más que la instable fluctuación perpetua; / no sé si un tiempo vigorosa fuiste, / ahora, estás m
elegía crepuscular
Viento suave del crepúsculo, / viento de las leves alas, / azulmente silenciosas / y azulmente solitarias, / anónimo pasajero / fugaz en todas las patrias, / en las mis
hacia la noche
Oh noche, yo tendría / una palma futura, desplegada / sobre el gran desierto, / si tú me das por una sola noche / tu corazón de terciopelo negro, / y yo, al compás de
heroica
Yo quiero un vencedor de toda cosa, / invulnerable, universal, sapiente, / inaccesible y único. / En cuya grácil mano / se quebrante el acero, / el oro se diluya / y el
historia póstuma
Todo me lo diste, todo: / el ritmo azul de las cunas / en cuentos maravillosos / glosados de suaves músicas… / Las palabras melodiosas / divinas como el silencio, / las
holocausto
Quebrantaré en tu honra mi vieja rebeldía / si sabe combatirme la ciencia de tu mano, / si tienes la grandeza de un templo soberano / ofrendaré mi sangre para tu
invocación
Oh noche embriagadora / hecha de soledad y de desesperanza, / que brindas en tu copa de azabache y de estrellas / sobre la tierra ardiente en quietud derramada. / N
la estrella misteriosa
Yo no sé dónde está, pero su luz me llama, / ¡oh misteriosa estrella de un inmutable sino!… / Me nombra con el eco de un silencio divino / y el luminar oculto de
la rima vacua
Grito de sapo / llega hasta mí de las nocturnas charcas… / la tierra está borrosa y las estrellas / me han vuelto las espaldas. / Grito de sapo, mueca / de la armonía
las quimeras
Sangre bullente de las bocas rojas, / sangre que brilla / y en recónditos vasos se retrae / cuando fervientes labios se avecinan… / Paladar calcinado, / lengua de fue
los vampiros
Dos nidos con mis cabellos / tejí en mis sienes y en ellos / se vino a posar un día / de tu boca el ave roja, / pérfida madre alegría / de mi incurable congoja, / Y en
oda a la belleza
Oh Belleza, que tú seas bendita, / ya que eres absolutamente pura, / ya que eres inviolada, / límpida, firme, sana e impoluta. / Fuente de la divina complacencia, / O
regreso
He de volver a ti, propicia tierra / como una vez surgí de tus entrañas; / con un sacro dolor de carne viva / y la pasividad de las estatuas. / He de volver a ti gl
tu rosa y mi corazón
Antes que entre tus labios y mi oído / el ciprés del silencio, largo y mudo, / alce su quieta cima, / de tu palabra en el cristal sonoro / dame una roja rosa, que s
unico poema
Mar sin nombre y sin orillas / Soñé con un mar inmenso, / Que era infinito y arcano / Como el espacio y los tiempos. / Daba máquina a sus olas, / Vieja madre de la vi
vaso furtivo
Por todo lo breve y frágil, / superficial, fugitivo, / por lo que no tiene bases, / argumentos ni principios; / por todo lo que es liviano, / veloz, mudable y finito;
voz del retorno
Nada le queda al náufrago; ya nada: ni siquiera / la dulce remembranza de un viejo sueño vano, / ni la marchita y frágil ala de una quimera / que al estrecharse d