maría elvira lacaci
a la poesíaMe siento vagabunda de las Letras. / Quiero comer mi pan con el mendigo. / Beber vino de todos. / Tomar el sol / tendida / sobre la hierba húmeda. / Tener una guitarra / con cuerdas de latidos, entregados. / Toca
árbol enamoradoSe llamaba Dolor / y era un extraño / árbol enamorado sin viscosas resinas de deseos umbríos. / Se llamaba Dolor, Elvira, a veces. / Y era el Norte de Dios. / Pero sus hojas / se desprendían lentas hacia el s
cantaY me pesó tu dedo / lo mismo que un gran manto / de hierro / que pendiera / de mis desnudos hombros. / Y me pesó tu dedo / cuando me señalaste el corazón -esta mañana-, / mientras el aire, / el aire enrarecido de
cine de barrioLloraba / sórdidamente por mi leve garganta, / por donde resbalaban / tímidamente las palabras húmedas, / las palabras sin nombre todavía. / Respiraba / con lentitud / forzada, para que mi agonía / no se lanzara
con tacones altosY yo llevaba un gorro / muy moderno. Parecía / una extraña cazuela. / Unos tacones leves y muy altos. / Un abrigo atrevido. / Unos guantes y un bolso de color avellana. / Los labios y los ojos pintarrajeados.
el espejo ovaladoUn espejo ovalado. / Un radiador pequeño de calefacción. / Mis manos calentándose. / Mis ojos / se clavaron en él. / Un rostro, que no reconocí, / me miraba / paralíticamente avejentado. / Afloraba / a los oscuros
el traje nuevoVoy a vestirme el traje de etiqueta. / Cuidaré mis maneras. / Perfumaré mi aliento -respirando el estiércol tanto tiempo…- / No. No es correcto. Lo sé, / el presentarme así todos los días. / A mi modo. Rebe
inciensoIncienso. / Olor que me penetra / rasgando los sentidos. / Y huyo. / Me siento acorralada / por ese olor vivísimo. / Partículas quebradas / de una luz lejanísima / se adentran en mi alma, hoy todo sombra. / Inciens
la palabraYo te quiero sencilla. Acaso pobre. / A veces, / vas a brotarme de organdí vestida (sin querer / me florece el lenguaje de otros seres). / Con amor te desnudo. / Quedas como mi carne. / Como mi corazón y sus
la posteridadCon frecuencia, oigo hablar a poetas / de la posteridad. / “Tenemos que intentar –dicen con énfasis– / que las generaciones venideras…” / Y yo digo que sí –siempre me incluyen–. Pero mi corazón / sonríe / al
la vozAquella tarde me dolía el cuerpo. / Era un dolor vulgar / de materia imperfecta que se quiebra. / Aquella gente extraña / con quienes compartía diariamente / el techo, el pan y el agua -claro que les pagaba
las cosas viejasQué boba soy, Señor, / -me da vergüenza que lo sepa alguien-, / con cuántas cosas cargo. Sin motivo. / Esta pluma así vieja que ha girado mi llanto. / Este abrigo teñido, o mejor, desteñido, / porque c
ropa tendidaHa cesado la nieve, la pertinaz llovizna de estos días. / El sol / se extiende larga y perezosamente / sobre las negras charcas del suburbio. / El cielo luce azul. El aire es fuerte / y sacude / los miles de
vida prestadaSeñor, / esta vida prestada / que sostengo / a fuerza de dolor / hecho ya aliento, / aliento que me pesa / estancado remanso / que no fluye / ni se renueva con cada latido- / es como las demás. También prestada. / Pe