márgara russotto
amado dueño míoEsa ignorante mujer / cuyo estudio no ha pasado / de ratos / lame la sal de la ausencia / y te extraña / y agita su celo de perra / en la calma espera tanta. / Corta las venas / la aguda canción de las estrellas
cilicios, cruces, azotes, mordazas¡Señor ten piedad! / Para un solo instante / es mucha la turbulencia. / Es húmeda la espalda del jardinero / al final del día / y hasta mí se desliza su cansancio / que me enternece / y pierde. / Hasta aquí llega
como a nosotros el tiempoLos mangos en el plato / como en desmesurado desierto / no se asoman al tiempo. / No abren sus fisuras de luz / ni vibra / la cerrazón de su carne, / carne compacta que transcurre para nada, / carne de monja. / Y
de todas las que soyDe todas las que soy / poco prefiero / la abeja industriosa en su trajín, / o la cigarra aplastada en el verano, / tampoco aquella cebra distraída en las alturas / que tan diversas de mí / siempre andan. / De t
las siete virtudes capitalesHe de alcanzar / Señor mío / prometo / la abnegación total / la obediencia irrestricta / la perfecta docilidad / la mortificación a toda costa / la castidad incorrupta / la soledad contenta / la paciencia con los l
manjar de cebollasSe hace el almíbar como siempre / y así que esté pronto / desde lo alto se le añade / con displicencia / una flor de mantequilla / y ya en su punto se le chan huevos con clara y todo todo / bien batido / y herv
un cuerpo¿Cuántas veces has pecado? / ¿Qué partes de ti has palpado / en medio de la noche? / ¿Has sentido delectación al introducirte los dedos? / Oh, india libidinosa, / ¿Has mirado con espejo invertido / tus partes