manuel maría flores
adiósAdiós para siempre, mitad de mi vida, / un alma tan sólo teníamos los dos; / mas hoy es preciso que esta alma divida / la amarga palabra del último adiós. / ¿Por qué nos separan? ¿No saben acaso / que pasa
adoraciónComo al ara de Dios llega el creyente, / trémulo el labio al exhalar el ruego, / turbado el corazón, baja la frente, / así, mujer, a tu presencia llego. / ¡No de mí apartes tus divinos ojos! / Pálida está m
amémonosBuscaba mi alma con afán tu alma, / buscaba yo la virgen que mi frente / tocaba con su labio dulcemente / en el febril insomnio del amor. / Buscaba la mujer pálida y bella / que en sueño me visita desde niñ
ausencia¡Quién me diera tomar tus manos blancas / para apretarme el corazón con ellas, / y besarlas…, besarlas, escuchando / de tu amor las dulcísimas querellas! / ¡Quién me diera sentir sobre mi pecho, / reclinada
bajo las palmasMorena por el sol de mediodía / que en llama de oro fúlgido la baña, / es la agreste beldad del alma mía, / la rosa tropical de la montaña. / Diole la selva su belleza ardiente; / diole la palma su gallardo
ecosMirad la aurora, / madre del día, / ¡cómo derrama / luz, alegría! / Allá en el cielo / todo es fulgores; / ¡todo en la tierra / cantos y flores! / Sobre las hojas / tiemblan las perlas, / vienen las brisas / a recogerl
el besoLa luz de ocaso moribunda toca / del pinar los follajes tembladores; / suspiran en el bosque los rumores / y las tórtolas gimen en la roca. / Es el instante que el amor invoca, / ven junto a mí; te sostendr
el solY no buscaste un sol, no; le tenías / dentro del corazón, y ya el instante / de su feliz oriente presentías… / ¡Ese sol era Amor! Astro fecundo / que el corazón inflama / y, con su fuego iluminando el mundo
en el bañoAlegre y sola en el recodo blando / que forma entre los árboles el río / al fresco abrigo del ramaje umbrío / se está la niña de mi amor bañando. / Traviesa con las ondas jugueteando / el busto saca del rem
flor de un díaYo di un eterno adiós a los placeres / cuando la pena doblegó mi frente, / y me soñé, mujer, indiferente / al estúpido amor de las mujeres. / En mi orgullo insensato yo creía / que estaba el mundo para mí d
francescaLa tierra en donde vi la luz primera / es vecina del golfo en que suspende / el Po, ya fatigado, su carrera. / Amor, que sin sentir el alma prende, / a éste prendó del don, que arrebatado / me fue de modo q
frío(Cuento Bohemio) / La tarde era triste, / la nieve caía, / su blanco sudario / los campos cubría; / ni un ave volaba, / ni oíase rumor. / Apenas la nieve / dejando su huella, / pasaba muy triste, / muy pálida y bella
mi ángel¡Oh! niña de mis sueños, / tan pálida y hermosa / como los lirios blancos / que besa el Atoyac; / tú la de mis recuerdos / imagen luminosa, / el ángel cuyas alas. / tocáronme al pasar; / perdona, dulce niña, / perd
no te olvido¿Y temes que otro amor mi amor destruya? / Qué mal conoces lo que pasa en mí; / no tengo más que un alma, que es ya tuya, / y un solo corazón, que ya te di. / ¿Y temes que placeres borrascosos / arranquen ¡
nupcialEn el regazo frío / del remanso escondido en la floresta, / feliz abandonaba / su hermosa desnudez el amor mío / en la hora calurosa de la siesta. / El agua que temblaba / al sentirla en su seno, la ceñía / con
orgía¡Ven, cortesana…! ¡Abrásame en delicias! / Quiero las tempestades del placer, / tropicales, frenéticas caricias / con que reanime mi cansado ser. / El fuego del deleite reverbera / en tu pupila brilladora…
pasión¡Háblame! Que tu voz, eco del cielo, / sobre la tierra por doquier me siga… / con tal de oír tu voz, nada me importa / que el desdén en tu labio me maldiga. / ¡Mírame!… Tus miradas me quemaron, / y tengo se
soñaba(Heine) / Soñaba yo: mis párpados henchidos / de lágrimas sentía; / soñé que estabas en la tumba, muerta, / y muerta te veía… / Era un sueño no más , pero despierto / lloraba todavía. / Estaba yo soñando, y por
soñandoAnoche te soñaba, vida mía, / estaba solo y triste en mi aposento, / escribía… no sé qué; mas era algo / de ternura, de amor, de sentimiento. / Porque pensaba en ti. Quizás buscaba / la palabra más fiel par
tu cabelleraDéjame ver tus ojos de paloma / cerca, tan cerca que me mire en ellos; / déjame respirar el blando aroma / que esparcen destrenzados tus cabellos. / Déjame así, sin voz ni pensamiento, / juntas las manos y
tu imagenTu imagen vino a visitarme en sueños; / sentí un aliento acariciar mi frente, / y luego un labio trémulo y ardiente / que buscaba mi labio… y desperté. / La sombra nada más, la triste sombra, / la muda sole
un beso nada másBésame con el beso de tu boca, / cariñosa mitad del alma mía: / un solo beso el corazón invoca, / que la dicha de dos… me mataría. / ¡Un beso nada más! Ya su perfume / en mi alma derramándose la embriaga / y
ven¿Me visita tu espíritu, amor mío? / Yo no lo sé; pero tu imagen bella / vino a mi lado, y en el mundo vago / del sueño, anoche, deliré con ella. / Era Chapultepec, y la ancha sombra / del canoso Alruehuelt