manuel machado
adelfosA Miguel de Unamuno / Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron / ??soy de la raza mora, vieja amiga del Sol??, / que todo lo ganaron y todo lo perdieron. / Tengo el alma de nardo del árabe español.
al mariscal joffre, vencedor del marneEste que veis aquí, grave y sereno, / Con la tranquila majestad del roble, / Fue el paladín más noble de lo noble, / Como otro Alonso de Quijano, el Bueno. / Por los eternos bárbaros hollada, / Francia inmo
alfa y omegaCabe la vida entera en un soneto / empezado con lánguido descuido, / y apenas iniciado ha transcurrido / la infancia, imagen del primer cuarteto. / Llega la juventud con el secreto / de la vida, que pasa in
antífonaVen, reina de los besos, flor de la orgía, / amante sin amores, sonrisa loca… / Ven, que yo sé la pena de tu alegría / y el rezo de amargura que hay en tu boca. / Yo no te ofrezco amores que tú no quieres
antonio, en los acentos de cleopatra encantado…Antonio, en los acentos de Cleopatra encantado, / la copa de oro olvida que está de néctar llena. / Y, creyente en los sueños que evoca la sirena, / toda en los ojos tiene su alma de soldado. / La reina,
ars moriendiI / Morir es… Una flor hay, en el sueño / que, al despertar, no está ya en nuestras manos, / de aromas y colores imposibles… / Y un día sin aurora la cortamos. / II / Dichoso es el que olvida / el porqué del vi
ausenciaNo tienes quien te bese / tus labios de grana, / Ni quien tu cintura elástica estreche, / dice tu mirada. / No tienes quien hunda / Las manos amantes / en tu pelo hermoso, y a tus ojos negros / no se asoma nadi
cabe la vida entera en un sonetoCabe la vida entera en un soneto / empezado con lánguido descuido, / y, apenas iniciado, ha transcurrido / la infancia, imagen del primer cuarteto. / Llega la juventud con el secreto / de la vida, que pasa
cancionesMe dijo una tarde / de la primavera: / Si buscas caminos / en flor en la tierra, / mata tus palabras / y oye tu alma vieja. / Que el mismo albo lino / que te viste, sea / tu traje de duelo, / tu traje de fiesta. / Am
cantaresVino, sentimiento, guitarra y poesía, / hacen los cantares de la patria mía… / Cantares… / Quien dice cantares, dice Andalucía. / A la sombra fresca de la vieja parra, / un mozo moreno rasguea la guitarra… /
cante hondoA todos nos han cantado / en una noche de juerga / coplas que nos han matado… / Corazón, calla tu pena; / a todos nos han cantado / en una noche de juerga. / Malagueñas, soleares / y seguiriyas gitanas… / Histori
canto a andalucíaCádiz, salada claridad. Granada, / agua oculta que llora. / Romana y mora, Córdoba callada. / Málaga cantaora. / Almería, dorada. / Plateado, Jaén. Huelva, la orilla / de las tres carabelas. / Y Sevilla.
castillaA Manuel Reina. Gran poeta / El ciego sol se estrella / en las duras aristas de las armas, / llaga de luz los petos y espaldares / y flamea en las puntas de las lanzas. / El ciego sol, la sed y la fatiga. / P
chouetteEn cualquier parte hay un espejo, / un poco de agua clara y un peine. Y si la nena / es bonita, ¡ya esta! La noche pasa, / y el nuevo día llega. / Y no se te conoce / la batalla de amor ni a ti ni a ella. / Y
desnudos de mujer¡Oh la dorada carne triunfadora / de esta gentil madona veneciana, / que ha sido Venus, Dánae, Diana, / Eva, Polymnia, Cipris y Pandora!… / ¡Oh gloria de los ojos, golosina / eterna del mirar, dulce y fecun
dice la fuenteNo se callaba la fuente, / no se callaba… / Reía, / saltaba, / charlaba… Y nadie sabía / lo que decía, / Clara, alegre, polifónica, / columnilla salomónica / perforaba / el silencio del Poniente / y, gárrula, se empi
dolientes madrigalesI / Por una de esas raras reflexiones / de la luz, que los físicos / explicarán llenando / de fórmulas un libro… / Mirándome las manos / como hacen los enfermeros de continuo / veo en la faceta de un diamante,
el caballeroEste desconocido es un cristiano / de serio porte y negra vestidura, / ¡donde brilla no más la empuñadura, / de su admirable estoque toledano. / Severa faz de palidez de lirio / surge de la golilla escarola
el caballero de la mano en el pechoEste desconocido es un cristiano / de serio porte y negra vestidura, / donde brilla no más la empuñadura, / de su admirable estoque toledano. / Severa faz de palidez de lirio / surge de la golilla escarolad
el camino de la muerteEs el camino de la muerte. / Es el camino de la vida… / En la frescura de las rosas / ve reparando. Y en las lindas / adolescentes. Y en los suaves / aromas de las tardes tibias. / Abraza los talles esbeltos /
el jardín grisA Francisco Villaespesa / ¡Jardín sin jardinero! / ¡Viejo jardín, / viejo jardín sin alma, / jardín muerto! Tus árboles / no agita el viento. En el estanque, el agua / yace podrida. ¡Ni una onda! El pájaro / no
el jardín negroEs noche. La inmensa / palabra es silencio… / Hay entre los árboles / un grave misterio… / El sonido duerme, / el color se ha muerto. / La fuente está loca, / y mudo está el eco. / ¿Te acuerdas?… En vano / quisimos
el poeta de «adelfos» dice al finYa el pobre corazón eligió su camino. / Ya a los vientos no oscila, ya a las olas no cede, / al azar no suspira, ni se entrega al Destino… / Ahora sabe querer, y quiere lo que puede. / Renunció al imposib
el príncipeSiete soles forman / el solio del príncipe / de los siete soles. / Su cetro de oro / es un haz de llamas / de mil arreboles. / Su rostro, que nadie / miró porque ciega, / las nubes esconden. / Su imperio, los mundo
el quererEn tu boca roja y fresca / beso, y mi sed no se apaga, / que en cada beso quisiera / beber entera tu alma. / Me he enamorado de ti / y es enfermedad tan mala, / que ni la muerte la cura, / ¡bien lo saben los qu
eleusisA Miguel Sawa / Se perdió en las vagas / selvas de un ensueño, / y sólo de espaldas / la vi desde lejos… / Como una caricia / dorada, el cabello, / tendido, sus hombros / cubría. Y, al verlo, / siguióla mi alma / y f
elogio de la soleáCanto de soleares, / hondo cantar del corazón, / hondo cantar. / Reina de los cantares. / Madre del canto popular. / Llora tu son, / copla sin par. / Y en mi vacío corazón / se oye sonar / el De profundis del bordó
encajesAlma son de mis cantares, / tus hechizos… / Besos, besos / a millares. Y en tus rizos, / besos, besos a millares. / ¡Siempre amores! ¡Nunca amor! / Los placeres / van de prisa: / una risa / y otra risa, / y mil nombr
fantasía de puckA Silvio Rebello / El hada pequeñita / de las piedras preciosas / que vive en un coral / busca al gnomo que habita / la corteza rugosa / de un antiguo nogal. / Y, juntos, de la mano / para hacer travesuras, / aquel
felipe ivA Antonio de Zayas / Nadie más cortesano ni pulido / que nuestro Rey Felipe, que Dios guarde, / siempre de negro hasta los pies vestido. / Es pálida su tez como la tarde, / cansado el oro de su pelo undoso,
figulinasA Jacinto Benavente / ¡Qué bonita es la princesa! / ¡Qué traviesa! / ¡Qué bonita! / ¡La princesa pequeñita / de los cuadros de Watteau! / ¡Yo la miro, yo la admiro, / yo la adoro! / Si suspira, yo suspiro; / si ell
gerineldos, el pajeDel color del lirio tiene Gerineldos / dos grandes ojeras; / del color del lirio, que dicen locuras / de amor de la reina. / Al llegar la tarde, / pobre pajecillo, / con labios de rosa, / con ojos de idilio; / al
la buena canción¡Oh la paz, oh la paz, oh la bendita / paz de un paisaje matinal!… ¡Cristales / de mi ventana al campo!… ¡Oh la chocita / de la copla entre los cañaverales! / Frente al sol generoso, junto al río / sonoro,
la coplaHasta que el pueblo las canta, / las coplas, coplas no son, / y cuando las canta el pueblo, / ya nadie sabe el autor. / Tal es la gloria, Guillén, / de los que escriben cantares: / oír decir a la gente / que no
la copla andaluzaDel placer que irrita, / y el amor, que ciega, / escuchad la canción, que recoge / la noche morena. / La noche sultana, / la noche andaluza, / que estremece la tierra y la carne / de aroma y lujuria. / Bajo el pl
la corteA Jean Moreas / El conde, orgullo y gloria, las damas galantea / y a los nobles zahiere madrigal y epigrama, / cuando un paje, de lejos y por señas, le llama. / No lleva el paje escudo ni señorial librea.
la karmesseDel sol flamenco a las postreras llamas / entre escarlatas, oro y brocado; / -carmín y nácar- por el bello prado, / ricos galanes y esplendentes damas. / Ella escuchaba la frase violadora, / jugoso el labio
la manzanillaLa manzanilla es mi vino / porque es alegre, y es buena / y porque -amable sirena- / su canto encanta el camino. / Es un poema divino / que en la sal y el sol se baña… / La médula de una caña / más rica que la
la primavera¡Oh, el sotto voce balbuciente, oscuro, / de la primer lujuria!… ¡Oh, la delicia / del beso adolescente, casi puro!… / ¡Oh, el no saber de la primer caricia!… / ¡Despertarse de amor entre cantares / y humed
las mujeres de romero de torresRico pan de esta carne morena, moldeada / en un aire caricia de suspiro y aroma… / Sirena encantadora y amante fascinada, / los cuellos enarcados, de sierpe o de paloma… / Vuestros nombres, de menta y de
lirioCasi todo alma, / vaga Gerineldos / por esos jardines / del rey, a lo lejos, / junto a los macizos / de arrayanes… / Besos / de la reina dicen / los morados cercos / de sus ojos mustios, / dos idilios muertos. / Casi t
los días sin solA M. Leo Rouanet / El lobo blanco del invierno, / el lobo blanco viene, / con los feroces ojos inyectados / en sangre helada, fijos y crueles. / ¡Maldito lobo invierno, que te llevas / los viejos y los débile
mariposa negraA Rubén Darío / La hora cárdena… La tarde / los velos se va quitando… / El velo de oro…, el de plata. / La hora cárdena… / «Aún es temprano». / «Nada veo sino el polvo / del camino…» / «Aún es temprano». / «¿Gritar
melancolíaMe siento, a veces, triste / como una tarde del otoño viejo; / de saudades sin nombre, / de penas melancólicas tan lleno… / Mi pensamiento, entonces, / vaga junto a las tumbas de los muertos / y en torno a lo
misterioEn sueños te conocí, / y, del amor peregrino, / he adivinado el camino / para llegar hasta ti. / Tras de aquel sueño corrí / con el dulce y loco empeño / de ser tu esclavo y tu dueño… / Pero aún tú no me contas
morir, dormir«Hijo, para descansar, / es necesario dormir, / no pensar, / no sentir, / no soñar…» / «Madre, para descansar, / morir».
música di cameraYa galantes no más y delicados / madrigales haré -para las flores / y las mujeres-, sobrios de colores / y vagamente estilizados. / Pintaré la preciosa / gota de sangre, roja como guinda, / en el pétalo rosa
nadie más cortesano ni pulidoNadie más cortesano ni pulido / que nuestro Rey Felipe, que Dios guarde, / siempre de negro hasta los pies vestido. / Es pálida su tez como la tarde, / cansado el oro de su pelo undoso, / y de sus ojos, el
nessun maggior dolore¡Qué tristes almas en pena / son las viejas alegrías… / Y qué fantasmas de días / las noches de luna llena!… / ¡Qué lamentable cadena / de pobres melancolías / las horas largas y frías / de la barquilla en la a
oasisSueña el león. / Junto a las tres palmeras / se amansa el sol. Existe / el agua. Y Dios deja un momento / que los pobres camellos se arrodillen… / Junto a las tres palmeras, / el árabe, tendido, al fin, sonrí
ocasoEra un suspiro lánguido y sonoro / la voz del mar aquella tarde… El día, / no queriendo morir, con garras de oro / de los acantilados se prendía. / Pero su seno el mar alzó potente, / y el sol, al fin, como
oliveretto de fermo del tiempo de los médicisA Ricardo Calvo / Fue valiente, fue hermoso, fue artista. / Inspiró amor, terror y respeto. / En pintarle giadiando desnudo / ilustró su pincel Tintoretto. / Machiavelli nos narra su historia / de asesino ele
orienteFLORES / A Ramón del Valle Inclán / Antonio, en los acentos de Cleopatra encantado, / la copa de oro olvida que está de néctar llena. / Y, creyente en los sueños que evoca la sirena, / toda en los ojos tien
otoñoEn el parque, yo solo… / Han cerrado / y, olvidado / en el parque viejo, solo / me han dejado. / La hoja seca, / vagamente, / indolente, / roza el suelo… / Nada sé, / nada quiero, / nada espero. / Nada… / Solo / en el parque
puente genilDe celeste y blanco / viste el pueblecillo…, / de blanco y celeste. / Y el viejo a lo noble, / joven a lo alegre, / con sus dos colores / de blanco y celeste. / De árabe pasado / su sabor no pierde, / pero es hace
regresoLargas tardes campestres; / alamedas rosadas; / aire delgado que el aroma apenas / sostiene de la acacia; / huerto, pinar… Llanuras de oro viejo, / azul de la montaña… / Esquilas del arambre / y balido, sin fin
retabloYa están ambos a diestra del Padre deseado, / los dos santos varones, el chantre y el cantado, / el Grant Santo Domingo de Silos venerado / y el Maestre Gonzalo de Berceo nommado. / Yo veo al Santo como e
retratoEsta es mi cara y ésta es mi alma: leed. / Unos ojos de hastío y una boca de sed… / Lo demás, nada… Vida… Cosas… Lo que se sabe… / Calaveradas, amoríos… Nada grave, / Un poco de locura, un algo de poesía,
sandro boticelliLa primavera / ¡Oh el sotto voce balbuciente, oscuro, / de la primer lujuria!… ¡Oh la delicia / del beso adolescente, casi puro!… / ¡Oh el no saber de la primer caricia! / Despertase de amor entre cantares /
sé buena. es el secreto. llora, o ríe de verasI / Sé buena. Es el secreto. Llora, o ríe de veras. / Que se asome a tus ojos y a tus labios de grana / la ternura de tu corazón, sin las hueras / flores de trapo de la retórica vana. / ¡Oh la sabiduría en
se perdió en las vagas selvas de un ensueñoSe perdió en las vagas / selvas de un ensueño, / y sólo de espaldas / la vi desde lejos… / Como una caricia / dorada, el cabello, / tendido, sus hombros / cubría. Y, al verlo, / siguióla mi alma / y fuese muy lejos
veranoFrutales / cargados. / Dorados / trigales… / Cristales / ahumados. / Quemados / jarales… / Umbría / sequía, / solano… / Paleta / completa: / verano.
yo, poeta decadenteYo, poeta decadente, / español del siglo veinte, / que los toros he elogiado, / y cantado / las golfas y el aguardiente…, / y la noche de Madrid, / y los rincones impuros, / y los vicios más oscuros / de estos bi
¿te acuerdas?Es noche. La inmensa / palabra es silencio… / Hay entre los árboles / un grave misterio… / El sonido duerme, / el color se ha muerto. / La fuente está loca, / y mudo está el eco. / ¿Te acuerdas?… En vano / quisimos