manuel josé othón
a través de la lluviaLlueve. Del sol glorioso / los rayos fulgurantes / refléjanse en el agua, / cual sobre níveo tul. / Topacios encendidos / y diáfanos brillantes / desfilan temblorosos, / rayando el cielo azul. / El oro de la tard
angelus dominiSobre el tranquilo lago, occiduo el día, / flota impalpable y misteriosa bruma / y a lo lejos vaguísima se esfuma / profundamente azul, la serranía. / Del cielo en la cerúlea lejanía / desfallece la luz. Ti
canto nupcialUn nuevo hogar es huerto florecido / de jazmines, y lirios, y azahares, / entre cuyas alburas estelares / se estremece el amor como un latido. / Surge de cada flor, de cada nido, / un verso del Cantar de lo
crepúsculosI / Rubia la aroma luce en el oriente / sus galas más espléndidas de fiesta, / que amorosa y rendida ya se apresta / del esposo a besar la roja frente. / Para verle asomar alza su ingente / tajada cumbre la m
en la estepa malditaEn la estepa maldita, bajo el peso / de sibilante brisa que asesina, / irgues tu talla escultural y fina / como un relieve en el confín impreso. / El viento, entre los médanos opreso, / canta como una músic
en tus aras quemé mi último inciensoEn tus aras quemé mi último incienso / y deshojé mis postrimeras rosas. / Do se alzaban los templos de mis diosas / ya sólo queda el arenal inmenso. / Quise entrar en tu alma, y qué descenso, / ¡qué andar p
envíoEn tus aras quemé mi último incienso / y deshojé mis postrimeras rosas. / Do se alzaban los templos de mis diosas / ya sólo queda el arenal inmenso. / Quise entrar en tu alma, y ¡qué descenso, / qué andar p
frons in mareCada vida mortal es una hoja / que el árbol guarda a octubre amarillento; / cuando secas están se agita el viento / y al bramador torrente las arroja. / Mas ¿por qué de la tuya nos despoja, / si era fronda
idilio salvajeI / ¿Por qué a mi helada soledad viniste / cubierta con el último celaje / de un crepúsculo gris?… Mira el paisaje, / árido y triste, inmensamente triste. / Si vienes del dolor y en él nutriste / tu corazón,
invocaciónNo apartes, adorada Musa mía, / tu divino consuelo y tus favores / del alma que, nutrida en los dolores, / abrasa el sol y el desaliento enfría. / Aparece ante mí como aquel día / primero de mis jóvenes amo
la campana¿Qué te dice mi voz a la primera / luz auroral? «La muerte está vencida, / ya en todo se oye palpitar la vida, / ya el surco abierto la simiente espera». / Y de la tarde en la hora postrimera: / «Descansa y
la llanura amarguísima y salobreLa llanura amarguísima y salobre, / enjuta cuenca de océano muerto, / y en la gris lontananza, como puerto, / el peñascal, desamparado y pobre. / Unta la tarde en mi semblante yerto / aterradora lobreguez,
mira el paisaje: inmensidad abajoMira el paisaje: inmensidad abajo, / inmensidad, inmensidad arriba; / en el hondo perfil, la sierra altiva / al pie minada por horrendo tajo. / Bloques gigantes que arrancó de cuajo / el terremoto, de la ro
noctiferTodo es cantos, suspiros y rumores. / Agítanse los vientos tropicales / zumbando entre los verdes carrizales, / gárrulos y traviesos en las flores. / Bala el ganado, silban los pastores, / las vacas van mug
nocturnoJunto al rojo fogón de la cocina, / bajo el techo de paja del bohío, / ni lluvia torrencial, ni viento frío / temo, cuando la noche se avecina. / Después, el sueño mi cerviz inclina, / me arrulla el manso m
nostálgicaEn estos días tristes y nublados / en que pesa la niebla sobre mi alma / cual una losa sepulcral, ¡ay! cómo / mis ojos se dilatan / tras esos limitados horizontes / que cierran las montañas, / queriendo penet
ocasoHe aquí, pintor, tu espléndido paisaje: / un lago oscuro, ráfagas marinas / empapadas en tintas cremesinas / y en el azul profundo del celaje, / un tronco que columpia su ramaje / al soplo de las auras vesp
pulchérrima deaDel mar de Chipre en la rosada orilla, / blonda, a través de transparente bruma, / aparece flotando entre la espuma / de Citeres la virgen sin mancilla. / Es blanca la color de su mejilla / como del cisne d
qué enferma y dolorida lontananza¡Qué enferma y dolorida lontananza! / ¡Qué inexorable y hosca la llanura! / Flota en todo el paisaje tal pavura / como si fuera un campo de matanza. / Y la sombra que avanza, avanza, avanza, / parece, con s
voz internaEn las noches tediosas y sombrías / buscan su nido en mi cerebro enfermo, / plegando el ala ensangrentada y rota, / mis antiguos recuerdos. / No vienen como alegres golondrinas / de la rústica iglesia a los
y no sabré decirteIrás por el camino gloriosamente quieta / glosando los perfumes y las cadencias todas, / y en torno de tus ojos lucirá la violeta / y en tu traje la nieve….así como en las bodas. / Te besarán las trenzas
ya de gliceris la mirada ardienteYa de Gliceris la mirada ardiente, / de las blondas pestañas bajo el manto, / hizo latir tu corazón, y en tanto / probaste el agua en la Castalia fuente. / Viste bañarse en la húmeda corriente / faunos y ni
¡es mi adiós...! allá vas, bruna y austera¡Es mi adiós…! Allá vas, bruna y austera, / por las planicies que el bochorno escalda, / al verberar tu ardiente cabellera, / como una maldición, sobre tu espalda. / En mis desolaciones ¿qué te espera? / -y