manuel felipe rugeles
el hombreEste Hombre es el mismo que conocen los siglos. / Vencedor o vencido, filósofo o esclavo, / justo o impenitente, conforme o vengativo. / Este hombre es el mismo / que ha tirado el guijarro o ha aromado la
la aldeaEn mi aldea / cuando niño / nunca creí en otra aldea, / nunca soñé en otra tierra. / Recortaba sus crepúsculos / y apacentaba sus nieblas. / Cristales me daba el río, / pájaros me dio la huerta. / Con un caracol
la vaquita de ordeñoLuz de la mañana y verde mansedumbre en todo el campo. / Suelta va la vieja copla sobre los lentos rebaños. / ¡Ay, la vaquita de ordeño, tan mansa, tan silenciosa! / ¡Cómo lame al becerrito y cómo mueve
lorito real¡Ay mi lorito / lorito real! / ¡Ay mi lorito! / vamos a hablar / mas no de España / ni de Portugal. / ¡Cuántas palabras / repites ya / con increíble / facilidad! / El vecindario / quiere escuchar / tu repertorio / de no ac
por mi corazón adentroSoy montañés y lo digo / porque montañés me siento. / Madre: mirando uno el mar / de cerca se sueña lejos. / Parece que el agua tiene / la luz de todos los puertos. / Y en cada puerto hay un barco / que nos lle
tu presencia y la míaVamos a entrar ahora en el bosque / donde ya han esperado tanto tiempo los pájaros / tu presencia y la mía. / Vamos a oír las voces / del viento que en los árboles / se hermanan con el canto de los pájaros.
yo, solitario en la sombraSiempre al caer de la tarde. / Yo, solitario en la sombra, / mirando el final del valle. / Oyendo la voz del río / que jamás cambia de cauce. / Yo, solitario en la sombra, / sintiéndome otra vez niño, / volvien