manuel altolaguirre
a una muchacha que se llamaba nievesRojo dará su luz cuando la aurora / negra de tus miradas ilumine / tu bello despertar de primavera; / cuando tus grandes ojos sean las nubes, / tu corazón un sol, tu piel la tierra / sonrosada de un mundo d
a veces las más tristesA veces las más tristes realidades / no llegan por mis ojos a mi alma, / ni devastan con llantos y tormentas / las tierras interiores de mi sueño. / No me dejo apresar por lo aparente, / lo transitorio de e
abandono¡Qué dulce dolor de ancla / en el corazón sentías! / Tu corazón reteniendo, / duro coral, mi partida. / Ahogada en amor, tu amor / como un mar me sostenía. / Altos vientos me empujaron / solitario a la deriva. /
al ver por donde huyesAl ver por donde huyes / dichoso cambiaría / las sendas interiores de tu alma / por la de alegres campos. / Que si tu fuga fuera / sobre verdes caminos / o sobre las espumas / y te vieran mis ojos, / seguirte yo
amorMi forma inerte grande como un mundo / no tiene noche alrededor ni día / pero tiniebla y claridad por dentro / hacen que yo, que tú, vivamos. / Mares y cielos de mi sangre tuya / navegamos los dos. No me de
amor oscuroSi para ti fui sombra / cuando cubrí tu cuerpo, / si cuando te besaba / mis ojos eran ciegos, / sigamos siendo noche, / como la noche inmensos, / con nuestro amor oscuro, / sin límites, eterno… / Porque a la luz
amor, sólo te muestrasAmor, sólo te muestras / por lo que de mí arrancas, / aire invisible eres / que despojas mi alma / manchando el limpio cielo / con suspiros y lágrimas. / Al pasar me has dejado / erizado de ramas, / defendido del
árbolesLa primavera vendrá / cuando tu mano cerrada / iracunda contra el frío, / se abra despacio en el aire; / cuando tu boca pronuncie / sus nuevas flores de música; / cuando tus dos ojos negros / formen su nido en
bajo tu sombraA la sombra de tu vida / quiero detener mi tiempo, / que tu profundo horizonte / me haga perderme en su seno; / que tu silencio recubra, / con arboleda de sueños, / este corazón que guarda / tantas soledades de
beso¡Qué sola estabas por dentro! / Cuando me asomé a tus labios / un rojo túnel de sangre, / oscuro y triste, se hundía / hasta el final de tu alma. / Cuando penetró mi beso, / su calor y su luz daban / temblores
blancuraEl ciego amor no sabe de distancias / y sin embargo el corazón desierto / —todo su espacio para mucho olvido— / lugar le da para perderse a solas / entre cielos, abismos y horizontes. / Cuando me quieres, a
cerrando los ojosHuyo del mal que me enoja / buscando el bien que me falta. / Más que las penas que tengo / me duelen las esperanzas. / Tempestades de deseos / contra los muros del alba / rompen sus olas. Me ciegan / los tumult
como un ala negraComo un ala negra de aire / desprendida de hombro alto, / cuerpo de un muerto reflejo / en duras tierras ahogado, / la sombra quieta, tendida, / flota sobre el liso campo. / La nube, sombra en el viento / de la
contigoNo estás tan sola sin mí. / Mi soledad te acompaña. / Yo desterrado, tú ausente. / ¿Quién de los dos tiene patria? / Nos une el cielo y el mar. / El pensamiento y las lágrimas. / Islas y nubes de olvido / a ti
desnudoEl cielo de tu tacto / amarillo cubría / el oculto jardín / de pasión y de música. / Altas yedras de sangre / abrazaban tus huesos. / La caricia del alma / -brisa en temblor- movía / todo lo que tú eras. / ¡Qué cre
el alma es igual que el aireEl alma es igual que el aire. / Con la luz se hace invisible, / perdiendo su honda negrura. / Sólo en las profundas noches / son visibles alma y aire. / Sólo en las noches profundas. / Que se ennegrezca tu al
el amorCreí que no habría un árbol / de raíces tan profundas, / que en mí se alimentara. / Estaba tan hundido, / que, para que mi alma / se asomara a las verdes / cumbres de la alegría, / tenían que ser tus frondas / la
el ausenteAunque no estés aquí, sigues estando / en la memoria de los que te vieron, / en quienes yo me sé, / a quienes pido / entrada por sus ojos / para poder llegar a tu presencia. / Aunque no estés aquí sigues esta
el bosque alegreÁrbol que me señalas / el lugar de la cita, / te recuerdo no tanto / por tu sombra y tus luces, / cuanto porque señalas / el sitio en que ella estuvo. / Árboles crezcan siempre / donde el amor no puede / dejar si
el ciego amor no sabe de distanciasEl ciego amor no sabe de distancias / y, sin embargo, el corazón desierto / todo su espacio para mucho olvido / le da lugar para perderse a solas / entre cielos abismos y horizontes. / Cuando me quieres, al
encuentro nocturnoProfeta de mis fines no dudaba / del mundo que pintó mi fantasía / en los grandes desiertos invisibles. / Reconcentrado y penetrante, solo, / mudo, predestinado, esclarecido, / mi aislamiento profundo, mi h
era mi dolor tan altoEra mi dolor tan alto, / que la puerta de la casa / de donde salí llorando / me llegaba a la cintura. / ¡Qué pequeños resultaban / los hombres que iban conmigo! / Crecí como una alta llama / de tela blanca y ca
fin de un amorNo sé si es que cumplió ya su destino, / si alcanzó perfección o si acabado / este amor a su límite ha llegado / sin dar un paso más en su camino. / Aún le miro subir, de donde vino, / a la alta cumbre dond
fugaAl ver por dónde huyes / dichoso cambiaría / las sendas interiores de tu alma / por las de alegres campos. / Que si tu fuga fuera / sobre verdes caminos / y sobre las espumas, / y te vieran mis ojos, / seguirte y
hice bien en herirteHice bien en herirte, / mujer desconocida. / Al abrazarte luego / de distinta manera, / ¡qué verdadero amor, / el único, sentimos, / y qué besos eléctricos / se dieron nuestras nubes! / Como el mueble y la tela,
hoy puedo estar contigoHoy puedo estar contigo. He deseado / para ti todo el bien y me acompaña / la bondad del amor. A ti te debo / gozar en soledad la compañía / más difícil del hombre, la que tiene / consigo mismo. No me causa
la nubeOh libertad errante, soñadora, / desnuda de verdor, libre de venas, / arboleda del mar, errante nube; / si en lluvia el desengaño te convierte, / la forma de mi copa podrá darte / una pequeña sensación de c
la poesíaNo hay ningún paso, / ni atraviesa nadie / los dinteles de luz y de colores, / cuando la rosa se abre, / porque invisibles son los paraísos / donde invisibles aves / los cantos melodiosos del silencio / a oscur
la rocaTanto mundo que he visto, todo el cielo, / ahora cuando estoy solo no me basta / para mi vida ni para mi sueño. / Y sin embargo, cuando estoy contigo, / a flor de esa imprecisa superficie / que es el tiempo
la ternuraTu fortaleza hermosa / es mi debilidad. / Por ti me muero. / Vencido estoy por ti, / mas mi derrota, / mi ternura, / mi traspasado corazón se eleva / hasta ti, protegiéndote. / Aunque estás victoriosa / y yo vencid
la última muerteLa última muerte de esta guerra / se desprendió de su ruina. / Un huracán. Quedó la tierra / adolescente, matutina. / El virginal renacimiento / iluminó al superviviente. / Enmudecido quedó el viento / ante la
la voz cruelA Octavio Paz / Alzan la voz cruel / quienes no vieron el paisaje, / los que empujaron por el declive pedregoso / la carne ajena, / quienes debieron ser almas de todos / y se arrancaban de ellos mismos / cuerpo
las caricias¡Qué música del tacto / las caricias contigo! / ¡Qué acordes tan profundos! / ¡Qué escalas de ternuras, / de durezas, de goces! / Nuestro amor silencioso / y oscuro nos eleva / a las eternas noches / que separan
las sendas que me obligo a recorrer por tiLas sendas que me obligo / a recorrer por ti, / no las borra la vida, / y en vez de flores, una venda, / dura como una máscara, / va dividiendo el campo. / Quisiera haber nacido junto a ti, / vivir de rama en r
lluviaEl cielo se ha despeinado, / su melena de cristal / se destrenza en el sembrado.
madreLa tierra endurecida / y densa se dilata, / frotando su ardorosa / ansiedad penetrante. / Mi cuerpo entre otros cuerpos / vuelve a estar no nacido. / Una futura madre, / que nos dará a otra vida, / brillando está
maldadEl silencio eres tú. / Pleno como lo oscuro, / incalculable / como una gran llanura / desierta, desolada, / sin palmeras de música, / sin flores, sin palabras. / Para mi oído atento / eres noche profunda / sin auro
miradasOjos de puente los míos / por donde pasan las aguas / que van a dar al olvido. / Sobre mi frente de acero / mirando por las barandas / caminan mis pensamientos. / Mi nuca negra es el mar, / donde se pierden los
mis prisionesSentirse solo en medio de la vida / casi es reinar, pero sentirse solo / en medio del olvido, en el oscuro / campo de un corazón, es estar preso, / sin que siquiera una avecilla trine / para darme noticias
noche a las onceÉstas son las rodillas de la noche. / Aún no sabemos de sus ojos. / La frente, el alba, el pelo rubio, / vendrán más tarde. / Su cuerpo recorrido lentamente / por las vidas sin sueño / en las naranjas de la t
para alcanzar la luzDicen que soy un ángel / y, peldaño a peldaño, / para alcanzar la luz / tengo que usar las piernas. / Cansado de subir, a veces ruedo / (tal vez serán los pliegues de mi túnica), / pero un ángel rodando no es
playaA Federico García Lorca / Las barcas de dos en dos, / como sandalias del viento / puestas a secar al sol. / Yo y mi sombra, ángulo recto. / Yo y mi sombra, libro abierto. / Sobre la arena tendido / como despojo
por dentroMis ojos grandes, pegados / al aire, son los del cielo. / Miran profundos, me miran / me están mirando por dentro. / Yo pensativo, sin ojos, / con los párpados abiertos, / tanto dolor disimulo / como desgracias
recuerdoLa tierra te devuelve a mí. / Si tú no hubieras muerto, / ni las aguas sin venas, / ni las frutas con piel, / ni los volcanes, / en su frescor, sabor y fuego, / me darían tu presencia. / Me sería indiferente / es
recuerdo de un olvidoSe agrandaban las puertas. Yo gigante, / con el recuerdo de mi olvido dentro, / atravesaba las estancias, / golpeando las paredes sordas. / ¡Qué collar interior en mi garganta / de palabras en germen, de la
retratoEstabas sola y alta. / Yo miraba cómo todos los pájaros / debajo de tu frente se escondían. / ¡Qué ir y venir y qué volver! / Cómo todas las cosas / quedándose se iban / a entrarse por tus ojos. / Cómo yo mismo
romanceSe levantó sin despertarme. / Andaba lenta, aplastándose tanto / hasta pasar bajo imposibles / sitios huecos, / o estirándose fina como un ala / atravesando puertas entreabiertas. / No tenía vista, / pero salva
separaciónMi soledad llevo dentro, / torre de ciegas ventanas. / Cuando mis brazos extiendo / abro sus puertas de entrada / y doy camino alfombrado / al que quiera visitarla. / Pintó el recuerdo los cuadros / que decoran
soledad sin olvido¡Qué pena ésta de hoy! / Haberlo dicho todo, / volcando por completo / lo que pesaba tanto, / y ver luego que todo / se queda siempre dentro, / que las palabras fueron / espejos engañosos, / cristales habitados / p
sólo sé que estoy en míSólo sé que estoy en mí / y nunca sabré quién soy, / tampoco sé adónde voy / ni hasta cuándo estaré aquí. / Vestido con vida o muerte / o desnudo sin morir, / en los muros de este fuerte / castillo de mi vivir,
tanto mundo que he vistoTanto mundo que he visto, todo el cielo, / ahora cuando estoy solo no me basta / para mi vida ni para mi sueño. / Y sin embargo, cuando estoy contigo, / a flor de esa imprecisa superficie / que es el tiempo
te quieroUn lago en una isla / eso es tu amor por mí, / y mi amor te rodea / como un inmenso mar / de silencios azules; / pero tienen también / tus grandezas ocultas. / Soy un niño de sal / sobre tu falda; / me sostienen tu
transparenciasHice bien en herirte, / mujer desconocida. / Al abrazarte luego / de distinta manera, / ¡qué verdadero amor, / el único, sentimos! / Como el mueble y la tela, tu desnudo / ya no tenía imponencia bajo el aire, / b
trinoQuiero vivir para siempre / en torre de tres ventanas, / donde tres luces distintas / den una luz a mi alma. / Tres personas y una luz / en esa torre tan alta. / Aquí abajo, entre los hombres, / donde el bien y
tu desnudoEl cielo de tu tacto / amarillo cubría / el oculto jardín / de pasión y de música. / La caricia del alma / —brisa en temblor— movía / todo lo que tú eras. / ¡Qué crepúsculo bello / de rubor y cansancio / era tu pie
tu soledad te defiendeTu soledad te defiende, / te limitan tus miradas, / que yo sé que tu alma llega / adonde tu vista alcanza, / adonde llegan tus sueños, / adonde tu amor acaba. / Este viento no es el viento, / es tu soledad alte
tus palabrasApoyada en mi hombro / eres mi ala derecha. / Como si desplegaras / tus suaves plumas negras, / tus palabras a un cielo / blanquísimo me elevan. / Exaltación. Silencio. / Sentado estoy a mi mesa, / sangrándome la
tuvo mi amor la forma de tu vidaTuvo mi amor la forma de tu vida. / Nunca el olvido le cerró los labios / a la estela ni al cauce, ni a la gruta / que atravesabas tú; límite era / que se quedaba estático afirmando / contra el tiempo engañ
veteMi sueño no tiene sitio / para que vivas. No hay sitio. / Todo es sueño. Te hundirías. / Vete a vivir a otra parte, / tú que estás viva. Si fueran / como hierro o como piedra / mis pensamientos, te quedarías.
viaje¡Qué golpe aquel de aldaba / sobre el ébano frío de la noche! / Se desclavaron las estrellas frágiles. / Todos los prisioneros percibimos / el descoserse de la cerradura. / ¿Por quién? ¿Adónde? / El sol su pá
yo y la luzYo y la luz te inventamos, / ciudad que ahora en un alba / de fantasía y de sol / naces al mundo; / ciudad aún imprecisa, / con sangre, luz y ensueño / en tus blancas fachadas. / No sé qué madrugada / sobre los e