PAIS POEMA

Libros de luzmaría jiménez faro

Autores

luzmaría jiménez faro

ángeles barrocos
Bajo la nervaduras y los arcos / ángeles puros en racimos ebrios / con sus risas de lirios nos deslumbran. / Sobre su piel la pátina del tiempo / difumina los ópalos dormidos / prolongando los oros en su ho
cita con mis poetas
Oblicuamente noche llegas / a sacudir la fiebre que recorre / el azulado horóscopo que anudo. / Abro las manos torpe / y cuento mis diez dedos / que como diez cuchillos afilados / apuñalan lo oscuro. / Y yo, / y
coro de ángeles
Un coro de ángeles juega con sus voces: / trisagios, improperios, dies irae; / antífonas, kirieleison, misereres; / benedictus, baladas, sinfonías; / magníficat, angélicas, salmodias… / Los ángeles se cansa
de este talado tránsito
De este talado tránsito del que nunca podrás vol- / ver sobre tus huellas, lo verdadramente útil es el / tiempo. Tal vez nunca ha tenido buena prensa por / aquello de desgastar la piel y restar a los cu
derribado el crepúsculo se alza
Derribado el crepúsculo se alza / el hueco de tu frente en el ensueño / por el ámbito oscuro de la alcoba. / Tu perfil transfundido se dibuja / en la pared de cal, y dulcemente / en su blancor se unen nuest
echa a volar, gaviota de mi puerto
Echa a volar, gaviota de mi puerto, / por las rotas arterias de mis olas, / y en las blancas estelas de mis pechos / dibújame tu sombra en la distancia. / Allí, donde parece que se estrellan / mi inquieta e
el ángel caído
¡Ciudad mía! Hablo de ti, / de tu opulento parque. / Allí, donde tus árboles crecían / con la misma ternura que mi infancia. / Hojas…pájaros…ramas desprendidas / por un viento secreto que jugaba / con el gozo
el ángel de la muerte
Usted y yo tenemos una cita. / Se que jamás se retrasó en la hora. / Tal vez pueda darme algo ti tiempo / para mirar mi vida. / ¿Podré volver la vista hasta mi patio? / Allí la madreselva era alegría / su aro
el ángel del amor
Dicen que llevas una venda… / Otros hablan de tu total ceguera, / y yo… / ni siquiera podría comentarte / nada de nuestro encuentro. / Sí, sé de aquella tarde / que cubriste de ardor mi indiferencia, / que una
en un salón de la habana
Hay mujeres que empapadas en ron / hacen memoria de las cosas perdidas. / La lumbre de sus cuerpos, / el tibio don donde la fruta canta / y se desborda el júbilo, / es un manjar del trópico / para bocas de or
fueron tus manos
Fueron tus manos tercas y / desnudas / las que me deshojaron. / Yo fui la eterna margarita / del sí y del no: / pétalo a pétalo / talada en tu cintura. / Toda ya cicatriz / abierta hacia la lluvia.
la memoria es sólo un espejismo
Granos de arena. Travesía del polvo. / Piélago rendido a la distancia. / Vaharada de tiempo que sofoca / la ráfaga encendida. / Fiebre sedienta y ávida. / La memoria es sólo un espejismo. / No remuevas la are
los ángeles pequeños de las cosas
Y se abrió esa Janua caeli / para llenar tu hogar de acompañadas horas. / Crecieron tras de ti predestinados frutos. / Han llovido los mayos y dorado los junios, / y por tu casa habitan / los ángeles pequeñ
madrid era
Cuando estoy contigo / no cambio la gloria / por la dicha grande / de estar en tu historia. / Madrid era la luz y la penumbra en los años / sesenta. Era tan solamente luz su pavimiento para / aquellos zapatos
mujer sin alcuza
La mujer deja la alcuza sobre su soledad. / Observa / la ciudad nocturna con sus negras pupilas / donde habitan, furiosos, sólo pájaros ciegos. / Mira las luces de neón, su colorido / de acompasado parpadeo
para contar cualquier historia
Para contar cualquier historia vieja. Para que el tiempo / reconozca que sangre, o grito, o verso es vida. Para de- / cir tu nombre y no caer en un proyecto de monotonía. Pa- / ra que las flores de Baud
para contar cualquier historia vieja
Para contar cualquier historia vieja. Para que el tiempo / reconozca que sangre, o grito, o verso es vida. Para decir / tu nombre y no caer en un proyecto de monotonía. Para / que las flores de Baudelai
querida olga: tu voz
Ódiame por piedad, yo te lo pido, / ódiame sin medida ni clemencia. / Odio quiero yo mejor que indiferencia, / porque solamente se odia lo querido. / Querida Olga: tu voz como una algaida contaminaba / nues
reloj
Reloj: no marques las horas / porque voy a enloquecer; / ella se irá para siempre / cuando amanezca otra vez.
un ángel pasa
Rosas con alas en el aire mudas. / Latido sin latido de la sangre. / Relámpago de pura luz sin trueno. / Música que, sin notas, acompaña. / La voz amada sin rumor alguno. / Hay un silencio pleno de alegría…
usted, el ángel de la muerte
Usted y yo tenemos una cita. / Sé que jamás se retrasó en la hora. / Tal vez pueda darme algo de tiempo / para mirar mi vida. / ¿Podré volver la vista hasta mi patio? / Allí la madreselva era alegría, / su ar
y nos llegó la hora
Y nos llegó la hora de bailar. La música caía como / lluvia agitada y un mar en nuestros muslos acentuaba / el vértigo. Llegó la savia nueva con un ritmo de trópicos / y germinó en la piel. Olvidamos la
yo soy la amada
Yo soy la amada, amante, soy la amada: / voy andando las horas que separan / mi cuerpo de tu cuerpo / y restañando las frágiles heridas / de huellas que volaron con tu nombre. / Yo soy la amada, amante, soy