País Poema - Autores

luis zalamea borda

a una desposada
Blancas. Blancas serán tus bodas. / Las nuestras ya lo fueron de musgo, sangre, tierra, / inexhausto ritual, surgido desde el templo del mar. / La tribu. Concurri
a una mujer cosmopolita
Nueva, impoluta, pura, / compañera de mañaneras risas, / lejana madre-niña, fuente de la ternura, / ancla de nuestras lágrimas y mutuo desvarío. / Así quisiera vert
amor salvaje
¡Ah, qué nidada de caricias salvajes descubrí! / Guardadas en tu bosque, desde el alba del mundo, / esperaban la mano que llegara a arrancarlas, / la mirada que l
como en los días de julio
No quiero oír tu voz, / ni adivinar tu angustia / desde el destierro, / ni revivir en momentos de celo o de locura / aquella nuestra entrecortada despedida. / (Las vo
despedida
Te fuiste. / Como se va la primavera. / Como se van todas las cosas. / Como se pierden en el mar las velas. / Y yo me quedé solo, / con las uñas clavadas en la arena,
en el comienzo
Eres el comienzo, la luz y la esperanza. / Antes de ti era la nada y no habían nacido las palomas. / Qué angustioso vacío el vivir sin saberte, / aunque mis ojos
germinación del alba
Dueña de los crepúsculos, / tú en mí todo lo sabes y me has visto llorar. / conoces mi congoja cuando la tarde llega / meciendo entre su eclipse mi diaria solitud
ínsula
Mujer mía: / quiero que tú y yo limitemos / a una isla, / unidas, nuestras dos vidas / para descubrir las razones / de Dios / dentro de sus confines, / para cantar nuestr
para maggie en una tarde de ventarrón de miami
Desflorada por la tormenta / entregada a un viento / de rafaguillas verdes / y súbitos berridos / planea una paloma / y yo sin ser sonámbulo / floto en medio / de azulina
partida de la mujer rosada
¿Te acuerdas, acaso, de los barcos cargueros, / que arrimaban sus lomos andrajosos al muelle, / para escuchar más cerca el quejido terrestre, / en noches en que h
regreso
Acabas de llegar. / Cruzaste, en solitaria caravana, un desierto de sábanas, / las venas en sus múltiples ramas abrazando. / Atrás están quedando los montes calci
testamento del hombre
Oh Dios: me colmaste de tu árbol derribado, / llevaste hasta mi barro la fruta de la risa, / y me soltaste, raudo y feliz, por tu campiña / con la lanza del canto
viajera
Duendecilla encantada, surgida de los bosques y el ayer: / me invitas a la fuga. Tenemos que viajar. No importa a dónde sea. / En el vagar hay ansiedad, a veces