PAIS POEMA

Libros de luis cernuda

Autores

luis cernuda

a un poeta muerto
Así como en la roca nunca vemos / La clara flor abrirse, / Entre un pueblo hosco y duro / No brilla hermosamente / El fresco y alto ornato de la vida. / Por esto te mataron, porque eras / Verdor en nuestra ti
adolescente fui en días idénticos a nubes
Adolescente fui en días idénticos a nubes, / cosa grácil, visible por penumbra y reflejo, / y extraño es, si ese recuerdo busco, / que tanto, tanto duela sobre el cuerpo de hoy. / Perder placer es triste /
amando en el tiempo
El tiempo, insinuándose en tu cuerpo, / tal la nube de polvo en fuente pura, / aquella gracia antigua desordena / y clava en mí una pena silenciosa. / Otros antes que yo vieron un’ día, / y otros luego verá
atardecer en la catedral
Por las calles desiertas, nadie. El viento / y la luz sobre las tapias / que enciende los aleros al sol último. / Tras una puerta se queja el agua oculta. / Ven a la catedral, alma de soledad temblando. / C
cómo llenarte, soledad
Cómo llenarte, soledad, / sino contigo misma… / De niño, entre las pobres guaridas de la tierra, / quieto en ángulo oscuro, / buscaba en ti, encendida guirnalda, / mis auroras futuras y furtivos nocturnos, /
contigo
¿Mi tierra? / Mi tierra eres tú. / ¿Mi gente? / Mi gente eres tú. / El destierro y la muerte / para mí están adonde / no estés tú. / ¿Y mi vida? / Dime, mi vida, / ¿qué es, si no eres tú?
dans ma péniche
Quiero vivir cuando el amor muere; / muere, muere pronto, amor mío. / Abre como una cola la victoria purpúrea del deseo, / aunque el amante se crea sepultado en un súbito otoño, / aunque grite: / Vivir así
desdicha
Un día comprendió cómo sus brazos eran / Solamente de nubes; / Imposible con nubes
deseo (por el campo tranquilo de septiembre)
Por el campo tranquilo de septiembre, / del álamo amarillo alguna hoja, / como una estrella rota, / girando al suelo viene. / Si así el alma inconsciente, / Señor de las estrellas y las hojas, / fuese, encend
diré cómo nacisteis
Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos, / Como nace un deseo sobre torres de espanto, / Amenazadores barrotes, hiel descolorida, / Noche petrificada a fuerza de puños, / Ante todos, incluso el más rebel
donde habite el olvido
Donde habite el olvido, / En los vastos jardines sin aurora; / Donde yo sólo sea / Memoria de una piedra sepultada entre ortigas / Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios. / Donde mi nombre deje / Al c
durango
Las palabras quisieran expresar los guerreros, / Bellos guerreros impasibles, / Con el mañana gris abrazado, como un amante, / Sin dejarles partir hacia las olas. / Por la ventana abierta / Muestra el desti
el andaluz
Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. / Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. / Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quié
el viento y el alma
Con tal vehemencia el viento / viene del mar, que sus sones / elementales contagian / el silencio de la noche. / Solo en tu cama le escuchas / insistente en los cristales / tocar, llorando y llamando / como per
epílogo
Playa de la Roqueta: / Sobre la piedra, contra la nube, / Entre los aires estás, conmigo / Que invisible respiro amor en torno tuyo. / Mas no eres tú, sino tu imagen. / Tu imagen de hace años, / Hermosa como
eras, instante, tan claro
Eras, instante, tan claro. / Perdidamente te alejas, / dejando erguido al deseo / con sus vagas ansias tercas. / Siento huir bajo el otoño / pálidas aguas sin fuerza, / mientras se olvidan los árboles / de las
escondido en los muros
Escondido en los muros / este jardín me brinda / sus ramas y sus aguas / de secreta delicia. / Qué silencio. ¿Es así / el mundo?… Cruz al cielo / desfilando paisajes, / risueño hacia lo lejos. / Tierra indolente.
estoy cansado
Estar cansado tiene plumas, / tiene plumas graciosas como un loro, / plumas que desde luego nunca vuelan, / mas balbucean igual que loro. / Estoy cansado de las casas, / prontamente en ruinas sin un gesto; /
he venido para ver
He venido para ver semblantes / Amables como viejas escobas, / He venido para ver las sombras / Que desde lejos me sonríen. / He venido para ver los muros / En el suelo o en pie indistintamente, / He venido p
hubo un día en que el día no engañaba
Hubo un día en que el día no engañaba, / En que sus manos tristes no sostenían un cuervo / Indiferente como los labios de la lluvia, / Como el rojizo hastío. / Mas hoy es imposible / Buscar la luz entre bar
la sombra
Al despertar de un sueño, buscas / Tu juventud, como si fuera el cuerpo / Del camarada que durmiese / A tu lado y que al alba no encuentras. / Ausencia conocida, nueva siempre, / Con la cual no te hallas. Y
la visita de dios
Pasada se halla ahora la mitad de mi vida. / El cuerpo sigue en pie y las voces aún giran / y resuenan con encanto marchito en mis oídos, / mas los días esbeltos ya se marcharon lejos; / sólo recuerdos pá
las islas
Recuerdo que tocamos puerto tras larga travesía, / y dejando el navío y el muelle, por callejas / (entre el polvo mezclados pétalos y escamas), / llegué a la plaza, donde estaban los bazares. / Era grande
limbo
La plaza sola (gris el aire, / negros los árboles, la tierra / manchada por la nieve), / parecía, no realidad, mas copia / triste sin realidad. Entonces, / ante el umbral, dijiste: / viviendo aquí serías / fant
los espinos
Verdor nuevo los espinos / tienen ya por la colina, / toda de púrpura y nieve / en el aire estremecida. / Cuántos cielos florecidos / les has visto; aunque a la cita / ellos serán siempre fieles, / tú no lo ser
los fantasmas del deseo
Yo no te conocía, tierra; / con los ojos inertes, la mano aleteante, / lloré todo ciego bajo tu verde sonrisa, / aunque, alentar juvenil, sintiera a veces / un tumulto sediento de postrarse, / como huracán
los marineros son las alas del amor
Los marineros son las alas del amor, / son los espejos del amor, / el mar les acompaña, / y sus ojos son rubios lo mismo que el amor / rubio es también, igual que son sus ojos. / La alegría vivaz que vierte
no decía palabras
No decía palabras, / acercaba tan sólo un cuerpo interrogante, / porque ignoraba que el deseo es una pregunta / cuya respuesta no existe, / una hoja cuya rama no existe, / un mundo cuyo cielo no existe. / La
no es el amor quien muere
No es el amor quien muere, / somos nosotros mismos. / Inocencia primera / Abolida en deseo, / Olvido de sí mismo en otro olvido, / Ramas entrelazadas, / ¿Por qué vivir si desaparecéis un día? / Sólo vive quien
no intentemos el amor nunca
Aquella noche el mar no tuvo sueño. / Cansado de contar, siempre contar a tantas olas, / quiso vivir hacia lo lejos, / donde supiera alguien de su color amargo. / Con una voz insomne decía cosas vagas, / ba
no quiero, triste espíritu, volver
No quiero, triste espíritu, volver / por los lugares que cruzó mi llanto, / latir secreto entre los cuerpos vivos / como yo también fui. / No quiero recordar / un instante feliz entre tormentos; / goce o pena
orillas del amor
Como una vela sobre el mar / resume ese azulado afán que se levanta / hasta las estrellas futuras, / hecho escala de olas / por donde pies divinos descienden al abismo, / también tu forma misma, / ángel, demo
oscuridad completa
No sé por qué, si la luz entra, / Los hombres andan bien dormidos, / Recogiendo la vida su apariencia / Joven de nuevo, bella entre sonrisas, / No sé por qué he de cantar / o verter de mis labios vagamente
país
Tus ojos son de donde / la nieve no ha manchado / la luz, y entre las palmas / el aire / invisible es de claro. / Tu deseo es de donde / a los cuerpos se alía / lo animal con la gracia / secreta / de mirada y sonri
peregrino
¿Volver? Vuelva el que tenga, / tras largos años, tras un largo viaje, / cansancio del camino y la codicia / de su tierra, su casa, sus amigos, / del amor que al regreso fiel le espere. / Mas ¿tú? ¿volver?
qué ruido tan triste
Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando se aman, / parece como el viento que se mece en otoño / sobre adolescentes mutilados, / mientras las manos llueven, / manos ligeras, manos egoístas, ma
quiero, con afán soñoliento
Quiero, con afán soñoliento, / Gozar de la muerte más leve / Entre bosques y mares de escarcha, / Hecho aire que pasa y no sabe. / Quiero la muerte entre mis manos, / Fruto tan ceniciento y rápido, / Igual al
quisiera estar solo en el sur
Quizá mis lentos ojos no verán más el sur / de ligeros paisajes dormidos en el aire, / con cuerpos a la sombra de ramas como flores / o huyendo en un galope de caballos furiosos. / El sur es un desierto q
quisiera saber por qué esta muerte
Quisiera saber por qué esta muerte / al verte, adolescente rumoroso, / mar dormido bajo los astros ciegos, / aún constelado por escamas de sirenas, / o seda que despliegan / cambiante de fuegos nocturnos / y
razón de lágrimas
La noche por ser triste carece de fronteras. / Su sombra en rebelión como la espuma, / rompe los muros débiles / avergonzados de blancura; / noche que no puede ser otra cosa sino noche. / Acaso los amantes
remordimiento en traje de noche
Un hombre gris avanza por la calle de niebla; / No lo sospecha nadie. Es un cuerpo vacío; / Vacío como pampa, como mar, como viento, / Desiertos tan amargos bajo un cielo implacable. / Es el tiempo pasado
ser de sansueña
Acaso allí estará, cuatro costados / bañados en los mares, al centro la meseta / ardiente y andrajosa. Es ella, la madrastra / original de tantos, como tú, dolidos / de ella y por ella dolientes. / Es la ti
si el hombre pudiera decir
Si el hombre pudiera decir lo que ama, / Si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo / Como una nube en la luz; / Si como muros que se derrumban, / Para saludar la verdad erguida en medio, / Pudiera
si el hombre pudiera decir lo que ama
Si el hombre pudiera decir lo que ama, / si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo / como una nube en la luz; / si como muros que se derrumban, / para saludar la verdad erguida en medio, / pudiera
soliloquio del farero
Cómo llenarte, soledad, / Sino contigo misma. / De niño, entre las pobres guaridas de la tierra, / Quieto en ángulo oscuro, / Buscaba en ti, encendida guirnalda, / Mis auroras futuras y furtivos nocturnos, /
sombras blancas
Sombras frágiles, blancas, dormidas en la playa, / dormidas en su amor, en su flor de universo, / el ardiente color de la vida ignorando / sobre un lecho de arena y de azar abolido. / Libremente los besos
te quiero
Te quiero. / Te lo he dicho con el viento, / jugueteando como animalillo en la arena / o iracundo como órgano impetuoso; / Te lo he dicho con el sol, / que dora desnudos cuerpos juveniles / y sonríe en todas
todo esto por amor
Derriban gigantes de los bosques para hacer un durmiente, / derriban los instintos como flores, / deseos como estrellas / para hacer sólo un hombre con su estigma de hombre. / Que derriben también imperio
tres misterios gozosos
El cantar de los pájaros, al alba, / cuando el tiempo es más tibio, / alegres de vivir, ya se desliza / entre el sueño, y de gozo / contagia a quien despierta al nuevo día. / Alegre sonriendo a su juguete / p
tristeza del recuerdo
Por las esquinas vagas de los sueños, / alta la madrugada, fue conmigo / tu imagen bien amada, como un día / en tiempos idos, cuando Dios lo quiso. / Agua ha pasado por el río abajo, / hojas verdes perdidas
un muchacho andaluz
Te hubiera dado el mundo, / muchacho que surgiste / al caer de la luz por tu Conquero, / tras la colina ocre, / entre pinos antiguos de perenne alegría. / Eras emanación del mar cercano? / Eras el mar aún más
unos cuerpos son como flores
Unos cuerpos son como flores, / otros como puñales, / otros como cintas de agua; / pero todos, temprano o tarde, / serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden, / convirtiendo por virtud del fuego a una
ventana huérfana con cabellos habituales
Ventana huérfana con cabellos habituales, / Gritos del viento, / Atroz paisaje entre cristal de roca, / Prostituyendo los espejos vivos, / Flores clamando a gritos / Su inocencia anterior a obesidades. / Esas
yo fui
Yo fui. / Columna ardiente, luna de primavera. / Mar dorado, ojos grandes. / Busqué lo que pensaba; / pensé, como al amanecer en sueño lánguido, / lo que pinta el deseo en días adolescentes. / Canté, subí, / fu