luis antonio de villena
andaluzNo me di cuenta al principio, / me fijé después porque le hablabas. / Y se iba y volvía, llevando cosas, / sonriéndote, con gracia desusada… / Vi entonces sus bellos ojos negros, / sobre la piel oscura, y l
balada de un joven canallitaAnoche, dando vueltas como siempre, / camino de la alta madrugada / (bares y discotecas, calle estrecha, / negros que venden hasta el alma blanca) / pensé que al encontrarte era mi suerte / recorriendo el b
brillos del otoño idoEra el centro elegante. El lugar de las perfumerías / con sillas delante del mostrador, el lugar de los sastres / y de las sederías donde te tomaban medida para un abrigo… / ¿Te acuerdas mamá, de aquell
celebración mediterráneaDicen los maldicientes: ¡Qué poco le queda a Miguelito! / Fue rey -como tantos- de unas horas: Cinco o seis primaveras. / Poca cosa. El tiempo se lo lleva. ¿Quién recordará su edad maravillosa? / Tambié
celebrando delicia y ternuraY aquel círculo sacro cerró entorno nuestro. / Todo era oscuridad y atmósfera callada. / Un centro nos unía y una emoción muy cálida. / Los cuerpos se rozaban exactos y encendidos, / y la piel profería su
ciparisoHemos venido a verte al sórdido escenario / donde hombres y mujeres agradecidos adulan tu / belleza. .. / Adolescente en el filo del reino, / tu cuerpo tiene la hermosura blanca de rosas tropicales / y el v
corsarioPiernas tensas. Tacones sonoros. Revuelto el cabello negro… / Era o había sido, hasta que la noche descubrió su cuerpo / largo, fibroso, duro. La magnífica belleza angular de su rostro, / la piel tan fi
cortesaníaTumbado en una suite de lujo: / Hermoso, delicado, con la piel canela / y el negro cabello en amado desorden, / lentamente desnudo en entresueño / giras, y se curvan los brazos / y las piernas muy largas co
costura propiaHe ido muchas veces ataviado de tristeza, / hundiéndoseme el mundo a cada rato, / fingiendo entre los amigos que me interesaba algo… / Me da miedo quien me mirase, / y angustia me producía no ser perfecto
cuarto de duchasNo, no me gusta. En realidad detesto la crápula / de las saunas: Cópulas en la tristeza del anonimato. .. / ¿Pero las líneas de los poemas mejores, sus ritmos, / su ceniza, su carmín, no conducen a la b
dominio de la nocheEl cabello se esparce suavemente en el lino, / como un mar que es el oro si despacio amanece. / Suavemente se pliegan las pestañas, y los / besos se duermen en los labios y respiran flores. / Ignora la ci
el ciruelo blanco y el ciruelo rojoFue afortunado, en verdad, Ogata Korin. / Gozó del esplendor de la juventud en / los barrios de licencia, frecuentó el paladar / sagrado del deseo. Ordenó sus kimonos / en la seda más fina; pintó un fondo
el desterradoEl cuerpo envuelto en un gabán azul, muy ancho; / la corbata cuidada, y alborotado el pelo por el viento / de tarde, pasea el hombre solo, por una gris ciudad, / hurgando en sus bolsillos cigarrillos ru
el invierno de la edad mediaDesaté tus sandalias / y te besé los pies. Fríos, estaban fríos / y hermosamente rojos de la nieve. / Tumbados junto a un fuego de encina, / entre ese olor vegetal y cálido del mundo, / oíamos a los monjes
el joven de los pendientes de plataLlevaba días viéndole en el bar, / apoyado en la barra y bebiendo cerveza. / Jamás respondió a mis miradas / (que probablemente no viese) y cuando / pregunté a los parroquianos si sabían de él, / ninguno -n
el nombre de la desesperanzaLos viejos pederastas lloran por la noche. / No es extraño. / Entre el riesgo y el milagro su vida toda, / dudan de si es el Bien o el Mal / quien los posee. / Soñaron siempre una Hélade turbia. / Una paterni
el perfumistaQuiero darte mis señas, por si vuelves, / y sospecho que seguramente vas a hacerlo. / Mi tienda está (ya ves) bien dentro del zoco, / muy cerca de las paredes de la Gran Mezquita / que se llama Az-Zituma,
el viaje infinito del arte modernoDicen que se quedaba en silencio. / Largas horas. En silencio. / Se llama sufrir. No es agua muerta. Un pantano / en silencio. Hay vértigos adentro. / Una sierra eléctrica, brutal, que zumba a veces. / Y no
emblema sobre un tópico antiguoMe gustaría invitarte una noche (y aún lo espero) / a charlar, para que te vieran, y a tomar una copa juntos. / (Porque es emocionante discurrir junto a un cuerpo tan hermoso / y tan joven, y verlo con
en la noche perdidaEsta es la dama rara. / Ojos de tizne negro y pelo negro tinto… / ¿Cuántos años tiene la dama rara? / Vieja es y eternamente joven… / Los abalorios, el turbante, los anillos, su extrañeza… / ¿Porqué despren
epinicioSalta al aire, y arde al sol en un brillo encendido. / El músculo se estira victorioso. Ondea el pelo rubio, / y bailan sedas de agua sobre una piel de oro. / Bulle un río, y el cuerpo es la sed de una
filósofo de cirene enamorado del amorY es que la belleza, en efecto, promete un infinito. / ¿Qué ves en el hermoso cuerpo joven? / Como un día al comienzo del verano – contestó – / cuando todo es brillo y delicia. / Y la carne vibra en éxtas
hécate divinaEs un sueño. Y en el sueño (que es despertar abrupto) / hay un amigo antiguo, ahora ilustre, / con gran batón barroco / en barcas que figuran el río del adiós / o del olvido… / Ese amigo ha traicionado la m
infancias y suicidiosSí, claro que pensé en el suicidio. Tenía dieciséis años / y habían logrado -tras un aparente primera felicidad- / mancharme de mí mismo hasta lo abyecto… / Ser como era me condenaba, me hundía. / La verd
inténtalo, sensitivoSi me lo hubieran descrito, hubiese dicho / no, no se puede vivir ahí. La oscuridad que hay / dentro quiere destruirte. Y el desprecio, / la desgana, la fatalidad buscan la muerte. / Claro que tampoco qui
la tarde dichosaEra una edad de libros y de escasos placeres. / Yo no pude, por tanto, haber sido uno de ellos, / y es otra cosa más que el Tiempo me adeuda. / * * * / En el extremo mismo de la juventud, uno es / frágil y
labios bellos, ámbar suaveCon sólo verte una vez te otorgué un nombre, / para ti levanté una bella historia humana. / Una casa entre árboles y amor a media noche, / un deseo y un libro, las rosas del placer / y la desidia. Imaginé
las rosasEntonces hubiera gritado: / ¡Señor, salva a Juan! / He visto deshacerse muchas bellezas; / sería bueno que quedase / una como emblema de nuestro / tiempo, un licor joven / que -contra el uso- / no envejeciera n
los monasterios más ocultosAludra dejó aquel inédito: Viajes solares… / ¿Era un sueño ese sur sarraceno y sarraceno? / ¿Guardaba un mundo acre la íntima piel del durazno? / En compañía de aquel pintor mexicano / penetramos los vast
magia en veranoMe recreo ante tu cuerpo como ante un paisaje / imprevisto. Me sorprende verte en la desnudez juvenil, / y ansío recorrerlo, como una anhelada geografía. / Me ves pensando en la umbría vegetal de alguna
martas cibelinasYo, señor, salí de Rusia por Crimea. / Era en 1919. / Hacía diseños vanguardistas para los ballets. / Pintaba colores infames, excesivos, caucásicos, / y vestía con delicado exotismo… / En Estambul, primero
mercedesAunque el tiempo nos haya separado / (no es el tiempo sino la vida quien aleja) / no debo, no sería lícito olvidarte y ser injusto contigo. / Porque si tu presente de mujer burguesa / está tan lejos de lo
morbosoLos ojos eran extremadamente hermosos. / Los labios de una carne muy dulce. / No era, en fin, tan joven como su belleza. / Gemía, se turbaba, descendía a los sótanos / más húmedos del cuerpo, / usaba su sal
ni memoria ni olvidoYo quise olvidar, estoy seguro. Incluso / aceleré tanto los caballos lujosos de mi vida / que pude haber llegado más allá del olvido. / Pero si hay arte en olvidar, cuando el recuerdo / vuelve, no como no
oratio amatoriaFueron dos o tres tardes de verano. Y esa noche / la primera casa prestada que recuerdo. / Si alguien me hubiese dicho entonces si te amaba, / ¿qué habría contestado? Quería tus ojos negros, / el río oscu
piscinaCon un ligero impulso la palanca palpita, / y el desnudo se goza un instante en el aire, / para astillar después en vibraciones verdes / el oro y el azul y la espuma que canta. / Desciendes un momento. Y
quimerasMi perfecto, mi ídolo de noche, provocación / de mis gozos solitarios mentales… / Te pienso, déjame que te piense. Me dirán / inmaduro, idealista, incapaz de amor. / Déjame suponerme entre tus piernas / (qu
satélite del amorEs hermoso y sagrado el reino de la noche, / lo pueblan suaves seres que maquillan sus ojos / y mezclan la tristeza con el sabor del júbilo. / Seres agrestes para quienes el amor tiene / todos los nombres
sed paganaYo miraba aquella noche arder la maravilla. / Os veía abrazándoos, bebidos, tan jóvenes los dos, / bailando entrelazados, alegres, entre la música / festiva y la entibidada luz de un lugar clandestino. /
tractatus de amoreI / No digas nunca: Ya está aquí el amor. / El amor es siempre un paso más, / el amor es el peldaño ulterior de la escalera, / el amor es continua apetencia, / y si no estás insatisfecho, no hay amor. / El am
un arte de vivirVivir sin hacer nada. Cuidar lo que no importa, / tu corbata de tarde, la carta que le escribes / a un amigo, la opinión sobre un lienzo, que dirás / en la charla, pero que no tendrás el torpe gusto / de
un cuento en azulSeguramente estaba sola. / Llevaba los ojos muy cercados de negro. / Era mayor, vieja, con ropas gastadas. / Por la noche -más aún en invierno- / se acercaba a los jardines del convento o del parque / con s
una escena del mundo flotanteFue, en cierto modo, una historia trivial. / Yo tuve, hace años, algunas parecidas. / Si acaso, aquí no era común su insólita belleza, / ni tampoco su bondad, su grata camaradería. / Lo había mirado varia