lorenzo oliván
ausenciaTu ausencia llena todo / el espacio que tú y yo compartíamos. / Se hace dueña del aire, se introduce / en el último hueco de la casa, / impregna cada prenda. / De repente / fija sus hondos ojos sobre mí, / y tr
bancos de arena¿De dónde hemos salido tantos muertos / con este falso aspecto de turistas? / Un reluciente sol, / con un brillo de plástico, / incongruente en medio del invierno implacable, / se ha sumado a la farsa / y pro
centroTocar tu mano y no sentir el hueso / frío que desde dentro ahora la mueve, / sólo la piel caliente, el roce leve / de una carne hecha espíritu, sin peso; / morder luego tus labios, y en el beso / quitarle a
el paisaje interiorLa oscuridad te hace / mirar siempre hacia dentro, / hacia un dentro sin fondo / que se abre en uno mismo. / Quizás por eso sueñas / que caes y nunca acabas / de llegar al final / de tan hondo vacío.
el puro discurrirCórtate con el filo / de un verso que se impone, extiende el brazo / y deja poco a poco que mane así el poema, / sangre que llama a sangre, agua que fluye / desde siempre y que brota ahora en tu piel. / Los
imagen de tus manosHay manos que acarician / y casi casi ven. / Ven y acaríciame y haz que yo sea / la imagen que de mí tienen tus manos.
insomnioTe has tendido de bruces en la cama deshecha, / y en el mapa impreciso de las sábanas blancas, / en el muro caído que frente a ti tenías / has buscado un camino, has buscado una puerta / que te llevara, a
la negra losa de la noche inmensaLa dilatada noche / parece estar clavada, / por temblorosos astros / en el techo del cielo. / Aguzando el oído / interior, uno escucha / chirriar a esas luces / casi casi metálicas. / Ya no resisten más. Imaginan
la tramaHay días en que abro / los ojos y pareces / la simple proyección / de la luz que da en ti. / Eres esa película / de misterio en que haces / el papel de otra tú / que me tiene intrigado. / Y no hay mejor actriz / me
manosMiras la palma abierta de tus manos. / ¿Qué te dicen? ¿Realmente son tuyas? / ¿No te interrogan al interrogarlas? / ¿No te miran, extrañas, si las miras? / Mueves, mueven, un poco, tus, sus dedos / haciéndo
nudoCuando duermes, tu aliento / es el único signo / que te queda de vida. / Con qué fuerza te ata / al mundo un soplo de aire.
paisaje tras la piedraTú levanta la piedra por si acaso, / por más que sea gris, opaca, plana, / y se aferre a un pedazo / limitado de tierra. / Por si acaso, levántala. / Los días / remotos en que el mundo / se te ofrecía igual que
piedraLa piedra, quieta, / callada, ocupa siempre / con violencia un espacio. / Con la fija obsesión / de no dejarlo.
presa fácilTu sueño forma un quieto remolino / que absorbe lo que cae en su constante / girar sobre sí mismo y lo conduce al centro / de su propia espiral vertiginosa. / Sobre la superficie de tu cuerpo / dormido, hay
saber morirEl sol se va / olvidando, olvidando / de sí mismo y, de pronto, / anochece. / Qué bien saben morir / algunas cosas que ya estaban muertas.
teseo en el laberintoDentro del aparente / sinsentido de calles / que enmarañan mis pasos indecisos, / permanezco ligado / todavía a la externa realidad / por un fino, invisible, leve hilo. / ¿O he de decir, mejor, / que la oscura,
tren en la mitad de la nocheTendido en la litera / estrecha de este tren, como en un nicho, / atraviesas la noche ignorada de Francia. / Del paisaje de fuera nada sabes. / No sabes si te adentras en bosques que te acosan / con sus ram
vértigoDuermes al borde siempre / del mismo precipicio. / De pronto a veces saltas hacia atrás. / Y aunque por el momento te libras de caer, / no te libras del vértigo.