PAIS POEMA

Libros de lope de vega

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lope de vega

a cristo en la cruz
¿Quién es aquel Caballero / herido por tantas partes, / que está de expirar tan cerca, / y no le socorre nadie? / «Jesús Nazareno» dice / aquel rétulo notable. / ¡Ay Dios, que tan dulce nombre / no promete muer
a don luis de góngora
Claro cisne del Betis que, sonoro / y grave, ennobleciste el instrumento / más dulce, que ilustró músico acento, / bañando en ámbar puro el arco de oro, / a ti lira, a ti el castalio coro / debe su honor, s
a la muerte de carlos félix
[Fragmento] / Éste de mis entrañas dulce fruto, / con vuestra bendición, oh Rey eterno, / ofrezco humildemente a vuestras aras; / que si es de todos el mejor tributo / un puro corazón humilde y tierno, / y el
a la muerte de cristo nuestro señor
La tarde se escurecía / entre la una y las dos, / que viendo que el Sol se muere, / se vistió de luto el sol. / Tinieblas cubren los aires, / las piedras de dos en dos / se rompen unas con otras, / y el pecho d
a la muerte de don luis de góngora
Despierta, oh Betis, la dormida plata, / y coronado de ciprés, inunda / la docta patria, en Sénecas fecunda, / todo el cristal en lágrimas desata. / Repite soledades, y dilata, / por campos de dolor, vena p
a la noche
137 / Noche fabricadora de embelecos, / loca, imaginativa, quimerista, / que muestras al que en ti su bien conquista, / los montes llanos y los mares secos; / habitadora de celebros huecos, / mecánica, filóso
a la nueva lengua
-Boscán, tarde llegamos -¿Hay posada? / -Llamad desde la posta, Garcilaso. / -¿Quién es? -Dos caballeros del Parnaso. / -No hay donde nocturnar palestra armada. / -No entiendo lo que dice la criada. / Madon
a la santísima madalena
LXVIII / Buscaba Madalena pecadora / un hombre, y Dios halló sus pies, y en ellos / perdón, que más la fe que los cabellos / ata sus pies, sus ojos enamora. / De su muerte a su vida se mejora, / efecto en Cri
a la sepultura de teodora de urbina
178 / Mi bien nacido de mis propios males, / retrato celestial de mi Belisa, / que en mudas voces y con dulce risa, / mi destierro y consuelo hiciste iguales; / Ciego, llorando, niña de mis ojos, / segunda ve
a lupercio leonardo
66 / Pasé la mar cuando creyó mi engaño / que en él mi antiguo fuego se templara, / mudé mi natural, porque mudara / naturaleza el uso, y curso el daño. / En otro cielo, en otro reino extraño, / mis trabajos
a mis soledades voy
A mis soledades voy, / de mis soledades vengo, / porque para andar conmigo / me bastan mis pensamientos. / No sé qué tiene el aldea / donde vivo y donde muero, / que con venir de mí mismo, / no puedo venir más
a un peine que no sabía el poeta
Sulca del mar de Amor las rubias ondas, / barco de Barcelona, y por los bellos / lazos navega altivo, aunque por ellos / tal vez te muestres y tal vez te escondas. / Ya no flechas, Amor, doradas ondas / tej
a una calavera
XLIII / Esta cabeza, cuando viva, tuvo / sobre la arquitectura destos huesos / carne y cabellos, por quien fueron presos / los ojos que mirándola detuvo. / Aquí la rosa de la boca estuvo, / marchita ya con ta
a una calavera de mujer
Esta cabeza, cuando viva, tuvo / sobre la arquitectura de estos huesos / carne y cabellos, por quien fueron presos / los ojos que mirándola detuvo. / Aquí la rosa de la boca estuvo, / marchita ya con tan he
a una dama que salió revuelta una mañana
Hermoso desaliño, en quien se fía / cuanto después abrasa y enamora, / cual suele amanecer turbada aurora, / para matar de sol al mediodía. / Solimán natural, que desconfía / el resplandor con que los cielo
a una rosa
XXXVII / ¡Con qué artificio tan divino sales / de esa camisa de esmeralda fina, / oh rosa celestial alejandrina, / coronada de granos orientales! / Ya en rubíes te enciendes, ya en corales, / ya tu color a pú
al contador gaspar de barrionuevo
151 / Gaspar, si enfermo está mi bien, decidle / que yo tengo de amor el alma enferma, / y en esta soledad desierta y yerma, / lo que sabéis que paso persuadilde. / Y para que el rigor temple, advertilde / qu
al maestro vicente espinel
Aquesta pluma, célebre maestro, / que me pusisteis en las manos cuando / los primeros caracteres firmando / estaba, temeroso y poco diestro; / mis verdes años, que al gobierno vuestro / crecieron, aprendier
al nacimiento de cristo
Repastaban sus ganados / a las espaldas de un monte / de la torre de Belén / los soñolientos pastores, / alrededor de los troncos / de unos encendidos robles, / que, restallando a los aires, / daban claridad al
al pie de un roble escarchado
Al pie de un roble escarchado / donde Belardo el amante / desbarató un tosco nido / que habían tejido las aves, / de breves pasadas glorias, / de presentes largos males, / así se queja diciendo: / quien tal hac
al ponerle en la cruz
En tanto que el hoyo cavan / a donde la cruz asienten, / en que el Cordero levanten / figurado por la sierpe, / aquella ropa inconsútil / que de Nazareth ausente / labró la hermosa María / después de su parto a
al sepulcro de amor, que contra el filo
Al sepulcro de amor, que contra el filo / del tiempo hizo Artemisia vivir claro, / a la torre bellísima de Faro, / un tiempo de las naves luz y asilo; / al templo Efesio de famoso estilo, / al Coloso del so
al son de los arroyuelos
Al son de los arroyuelos / cantan las aves de flor en flor, / que no hay más gloria que amor / ni mayor pena que celos. / Por estas selvas amenas / al son de arroyos sonoros / cantan las aves a coros / de celos
al triunfo de judit
94 / Cuelga sangriento de la cama al suelo / el hombro diestro del feroz tirano, / que opuesto al muro de Betulia en vano, / despidió contra sí rayos al cielo. / Revuelto con el ansia el rojo velo / del pabel
amada pastora mía
«–Amada pastora mía, / tus descuidos me maltratan, / tus desdenes me fatigan, / tus sinrazones me matan. / A la noche me aborreces / y quiéresme a la mañana; / ya te ofendo a medio día, / ya por la tarde me lla
amor con tan honesto pensamiento
Amor con tan honesto pensamiento / arde en mi pecho, y con tan dulce pena, / que haciendo grave honor de la condena, / para cantar me sirve de instrumento. / No al fuego, al celestial atento, / en alabanza
anticipó la púrpura olorosa
Anticipó la púrpura olorosa / un temprano clavel; Fabio admirado / dijo a Fenisa que bajaba al prado: / «Corta su breve vida, Parca hermosa». / «Lástima fuera», respondió piadosa, / y dejóle con vida y enoj
apartaste, ingrata filis
«¿Apartaste, ingrata Filis, / del amor que me mostrabas / para ponerlo en aquel / que pensando en ti se enfada? / ¡Plegue a Dios no te arrepientas / cuando conozcas tu falta, / mas no te conocerás, / que aun pa
atada al mar andrómeda lloraba…
Atada al mar Andrómeda lloraba, / los nácares abriéndose al rocío, / que en sus conchas cuajado en cristal frío, / en cándidos aljófares trocaba. / Besaba el pie, las peñas ablandaba / humilde el mar, como
ay, amargas soledades
«–¡Ay, amargas soledades / de mi bellísima Filis, / destierro bien empleado / del agravio que la hice! / Envejézcanse mis años / en estos montes que vistes, / que quien sufre como piedra / es bien que en piedra
belleza singular
Belleza singular, ingenio raro, / fuera del natural curso del cielo, / Etna de amor, que de tu mismo hielo / despides llamas entre mármol paro; / sol de hermosura, entendimiento claro, / alma dichosa en cri
belleza singular, ingenio raro…
Belleza singular, ingenio raro, / fuera del natural curso del cielo, / Etna de amor, que de tu mismo hielo / despides llamas entre mármol paro; / sol de hermosura, entendimiento claro, / alma dichosa en cri
buscaba madalena pecadora…
Buscaba Madalena pecadora / un hombre, y Dios halló sus pies, y en ellos / perdón, que más la fe que los cabellos / ata sus pies, sus ojos enamora. / De su muerte a su vida se mejora, / efecto en Cristo de
canción
¡Oh libertad preciosa, / No comparada al oro, / Ni al bien mayor de la espaciosa tierra! / Más rica y más gozosa / Que el precioso tesoro / Que el mar del sur entre su nácar cierra; / Con armas, sangre y guer
canta amarilis
Canta Amarilis, y su voz levanta / mi alma desde el orbe de la luna / a las inteligencias, que ninguna / la suya imita con dulzura tanta. / De su número luego me trasplanta / a la unidad, que por sí misma e
canta pájaro amante
Canta pájaro amante en la enramada / selva a su amor, que por el verde suelo / no ha visto al cazador que con desvelo / le está escuchando, la ballesta armada. / Tirale, yerra. Vuela, y la turbada / voz en
cayó la torre
Cayó la torre que en el viento hacían / mis altos pensamientos castigados, / que yacen por el suelo derribados / cuando con sus extremos competían. / Atrevidos al sol llegar querían, / y morir en sus rayos
céfiro blando que mis quejas tristes
Céfiro blando que mis quejas tristes / tantas veces llevaste, claras fuentes / que con mis tiernas lágrimas ardientes / vuestro dulce licor ponzoña hicistes; / selvas que mis querellas esparcistes, / áspero
celso al peine de clavelia
Por las ondas del mar de unos cabellos / un barco de marfil pasaba un día / que, humillando sus olas, deshacía / los crespos lazos que formaban de ellos; / iba el Amor en él cogiendo en ellos / las hebras q
cleopatra a antonio en oloroso vino
Cleopatra a Antonio en oloroso vino / dos perlas quiso dar de igual grandeza, / que por muestra formó naturaleza / del instrumento del poder divino. / Por honrar su amoroso desatino, / que fue monstruo en a
con nuevos lazos
Con nuevos lazos, como el mismo Apolo, / hallé en cabello a mi Lucinda un día, / tan hermosa, que al cielo parecía / en la risa del alba, abriendo el polo. / Vino un aire sutil, y desatólo / con blando golp
contemplando estaba filis
Contemplando estaba Filis / a la media noche sola / una vela [a] cuya lumbre / labrando estaba una cofia, / porque andaba en torno della / una blanca mariposa, / quemándose los extremos / y quería arderse toda.
corría un manso arroyuelo
Corría un manso arroyuelo / entre dos valles al alba, / que sobre prendas de aljófar / le prestaban esmeraldas. / Las blancas y rojas flores / que por las márgenes baña, / dos veces eran narcisos / en el espejo
cortando la pluma hablan los dos
?Pluma, las musas de mi genio autoras / versos me piden hoy. ¡Alto, a escribillos! / ?Yo sólo escribiré, señor Burguillos, / éstas que me dictó rimas sonoras. / ?¿A Góngora me acota a tales horas? / Arrojar
cuán bienaventurado
¡Cuán bienaventurado / aquel puede llamarse justamente, / que sin tener cuidado / de la malicia y lengua de la gente, / a la virtud contraria, / la suya pasa en vida solitaria! / ¡Dichoso el que no mira / del a
cuando imagino de mis breves días
Cuando imagino de mis breves días / los muchos que el tirano amor me debe, / y en mi cabello anticipar la nieve, / más que los años, las tristezas mías, / veo que son sus falsas alegrías / veneno que en cri
cuando las secas encinas
Cuando las secas encinas, / álamos y robles altos, / los secos ramillos visten / de verdes hojas y ramos; / y las fructíferas plantas / con mil pimpollos preñados / brotando fragantes flores / hacen de lo verde
cuando me paro a contemplar
Cuando me paro a contemplar mi estado, / y a ver los pasos por donde he venido, / me espanto de que un hombre tan perdido / a conocer su error haya llegado. / Cuando miro los años que he pasado, / la divina
cuando me paro a contemplar mi estado
Cuando me paro a contemplar mi estado, / y a ver los pasos por donde he venido, / me espanto de que un hombre tan perdido / a conocer su error haya llegado. / Cuando miro los años que he pasado, / la divina
cuántas veces, señor, me habéis llamado
¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado, / y cuántas con vergüenza he respondido, / desnudo como Adán, aunque vestido / de las hojas del árbol del pecado! / Seguí mil veces vuestro pie sagrado, / fáci
cuelga sangriento de la cama al suelo…
Cuelga sangriento de la cama al suelo / el hombro diestro del feroz tirano, / que opuesto al muro de Betulia en vano, / despidió contra sí rayos al cielo. / Revuelto con el ansia el rojo velo / del pabellón
daba sustento a un pajarillo
Daba sustento a un pajarillo un día / Lucinda, y por los hierros del portillo / fuésele de la jaula el pajarillo / al libre viento en que vivir solía. / Con un suspiro a la ocasión tardía / tendió la mano,
de andrómeda
86 / Atada al mar Andrómeda lloraba, / los nácares abriéndose al rocío, / que en sus conchas cuajado en cristal frío, / en cándidos aljófares trocaba. / Besaba el pie, las peñas ablandaba / humilde el mar, co
de europa y júpiter
87 / Pasando el mar el engañoso toro, / volviendo la cerviz, el pie besaba / de la llorosa ninfa, que miraba / perdido de las ropas el decoro. / Entre las aguas y las hebras de oro, / ondas el fresco viento l
de hoy más las crespas sienes de olorosa
De hoy más las crespas sienes de olorosa / verbena y mirto coronarte puedes, / juncoso Manzanares, pues excedes / del Tajo la corriente caudalosa. / Lucinda en ti bañó su planta hermosa; / bien es que su do
de jasón
84 / Encaneció las ondas con espuma / Argos, primera nave, y sin temellas / osó tocar la gavia las estrellas, / y hasta el cerco del sol volar sin pluma. / Y aunque Anfitrite airada se consuma, / dividen el c
de pechos sobre una torre
De pechos sobre una torre / que la mar combate y cerca, / mirando las fuertes naves / que se van a Inglaterra, / las aguas crece Belisa / llorando lágrimas tiernas, / diciendo con voces tristes / al que se apar
de qué me avisas
«–Di, Zaida, ¿de qué me avisas? / ¿Quieres que muera y que calle? / No des crédito a mujeres / no fundadas en verdades; / que si pregunto en qué entiendes / o quién viene a visitarte, / son fiestas de mi torm
de una recia calentura
De una recia calentura, / de un amoroso accidente, / con el frío de los celos / Belardo estaba a la muerte. / Pensando estaba en la causa, / que quiso hallarse presente / para mostrar que ha podido / hallarse a
de una virgen hermosa
De una Virgen hermosa / celos tiene el sol, / porque vio en sus brazos / otro sol mayor. / Cuando del Oriente / salió el sol dorado, / y otro sol helado / miró tan ardiente, / quitó de la frente / la corona bella, /
dedicatoria de la lira
A ti la lira, a ti de Delfo y Delo, / Juana, la voz, los versos y la fama, / que mientras más tu hielo me desama, / más arde Amor en su inmortal desvelo. / Crióme ardiente salamandra el cielo, / como sirena
desde que viene la rosada aurora
Desde que viene la rosada Aurora / hasta que el viejo Atlante esconde el día, / lloran mis ojos con igual porfía / su claro sol que otras montañas dora; / y desde que del caos adonde mora / sale la noche pe
deseando estar dentro de vos propia
Deseando estar dentro de vos propia, / Lucinda, para ver si soy querido, / miré ese rostro que del cielo ha sido / con estrellas y sol natural copia; / y conociendo su bajeza impropia, / vime de luz y respl
desmayarse, atreverse, estar furioso
Desmayarse, atreverse, estar furioso, / áspero, tierno, liberal, esquivo, / alentado, mortal, difunto, vivo, / leal, traidor, cobarde y animoso; / no hallar fuera del bien centro y reposo, / mostrarse alegr
después que acabó belardo
Después que acabó Belardo / de distribuir sus bienes, / estando presente Filis / por cuya causa padece, / mandó que su testamento / segunda vez se leyese, / porque quiere confirmallo / por si desta vez muriese;
después que rompiste, ingrata
«–Después que rompiste, ingrata, / de amor el estrecho nudo, / pruebo a sujetar el cuello / y no consiente otro yugo. / Gocé libertad tres años, / si aquel es libre y seguro / que de llorar tus mudanzas / no ti
di, zaida, ¿de qué me avisas?…
«-Di, Zaida, ¿de qué me avisas? / ¿Quieres que muera y que calle? / No des crédito a mujeres / no fundadas en verdades; / que si pregunto en qué entiendes / o quién viene a visitarte, / son fiestas de mi torm
dice el mes en que se enamoró
Érase el mes de más hermosos días, / y por quien más los campos entretienen, / señora, cuando os vi, para que penen / tantas necias de Amor filaterías. / Imposibles esperan mis porfías, / que como los favor
dios, centro del alma
Si fuera de mi amor verdad el fuego, / él caminara a tu divina esfera; / pero es cometa que corrió ligera / con resplandor que se deshizo luego. / ¡Qué deseoso de tus brazos llego / cuando el temor mis culp
dulce desdén, si el daño que me haces
Dulce desdén, si el daño que me haces / de la suerte que sabes te agradezco, / qué haré si un bien de tu rigor merezco, / pues sólo con el mal me satisfaces. / No son mis esperanzas pertinaces / por quien l
dulce filis, si me esperas
Dulce Filis, si me esperas, / de favor has de ir mudando, / que es mucho para burlando, / y poco para de veras. / Si fías en mis amores, / pon en sus llamas sosiego, / y si burlas de mi fuego, / no le atices co
dulce jesús de mi vida…
Dulce Jesús de mi vida, / ¡qué dije!, espera, no os vais: / que no es bien que vos seáis / de una vida tan perdida. / Pero si no sois de mí, / yo, mi Jesús, soy de vos, / porque quiero hallar en Dios / esto que
dulce señor, mis vanos pensamientos
Dulce Señor, mis vanos pensamientos / fundados en el viento me acometen, / pero por más que mi quietud inquieten / no podrán derribar tus fundamentos. / No porque de mi parte mis intentos / seguridad alguna
dura necesidad, madre afrentosa
Dura necesidad, madre afrentosa / de la vergüenza y vil atrevimiento, / escuridad del claro entendimiento / tal vez en los peligros ingeniosa; / inventora de máquinas famosa, / pensión del generoso nac
el firme amor
Miré, señora, la ideal belleza, / guiándome el amor por vagarosas / sendas de nueve cielos, / y absorto en su grandeza, / las ejemplares formas de las cosas / bajé a mirar en los humanos velos, / y en la vues
el humo que formó cuerpo fingido…
El humo que formó cuerpo fingido, / que cuando está más denso para en nada; / el viento que pasó con fuerza airada / y que no pudo ser en red cogido; / el polvo en la región desvanecido / de la primera nube
el lastimado belardo
El lastimado Belardo / con los celos de su ausencia / a la hermosísima Filis / humildemente se queja. / «–¡Ay, dice, señora mía, / y cuán caro que me cuesta / el imaginar que un hora / he de estar sin que te ve
el nacimiento del señor jesús
De una Virgen hermosa / Celos tiene el sol, / Porque vio en sus brazos / Otro Sol mayor. / Cuando del oriente / Salió el sol dorado, / Y otro Sol helado / Miró tan ardiente, / Quitó de la frente / la corona bella, /
el pastor que en el monte
El pastor que en el monte anduvo al hielo, / al pie del mismo, derribando un pino, / en saliendo el lucero vespertino / enciende lumbre y duerme sin recelo. / Dejan las aves con la noche el vuelo, / el camp
el tronco de ovas vestido
El tronco de ovas vestido / de un álamo verde y blanco, / que entre espadañas y juncos / bañaba el agua de Tajo, / y las puntas de su altura / del ardiente sol los rayos, / y en todo el árbol dos vides / entret
en tanto que el hoyo cavan…
En tanto que el hoyo cavan / a donde la cruz asienten, / en que el Cordero levanten / figurado por la sierpe, / aquella ropa inconsútil / que de Nazareth ausente / labró la hermosa María / después de su parto a
en una playa amena
En una playa amena, / a quien el Turia perlas ofrecía / de su menuda arena, / y el mar de España de cristal cubría, / Belisa estaba a solas, / llorando al son del agua y de las olas. / «¡Fiero, cruel esposo!»
encaneció las ondas con espuma…
Encaneció las ondas con espuma / Argos, primera nave, y sin temellas / osó tocar la gavia las estrellas, / y hasta el cerco del sol volar sin pluma. / Y aunque Anfitrite airada se consuma, / dividen el cris
ensíllenme el potro rucio
«–Ensíllenme el potro rucio / del alcaide de los Vélez, / denme el adarga de Fez / y la jacerina fuerte; / una lanza con dos hierros, / entrambos de agudos temples, / y aquel acerado casco / con el morado bonet
entro en mí mismo para verme
Entro en mí mismo para verme, y dentro / hallo, ¡ay de mí!, con la razón postrada, / una loca república alterada, / tanto que apenas los umbrales entro. / Al apetito sensitivo encuentro, / de quien la volun
era la alegre víspera del día
Era la alegre víspera del día, / que la que sin igual nació en la tierra, / de la cárcel mortal y humana guerra / para la patria celestial salía; / y era la edad en que más viva ardía / la nueva sangre que
es la mujer del hombre lo más bueno
Es la mujer del hombre lo más bueno, / y locura decir que lo más malo, / su vida suele ser y su regalo, / su muerte suele ser y su veneno. / Cielo a los ojos, cándido y sereno, / que muchas veces al infiern
esparcido el cabello por la espalda
Esparcido el cabello por la espalda / que fue del sol desprecio y maravilla, / Silvia cogía por la verde orilla / del mar de Cádiz conchas en su falda. / El agua entre el hinojo de esmeralda, / para que ent
esta cabeza, cuando viva, tuvo…
Esta cabeza, cuando viva, tuvo / sobre la arquitectura de estos huesos / carne y cabellos, por quien fueron presos / los ojos que mirándola detuvo. / Aquí la rosa de la boca estuvo, / marchita ya con tan he
estaba maría santa…
Estaba María santa / Contemplando las grandezas / De la que de Dios sería / Madre santa y Virgen bella / El libro en la mano hermosa, / Que escribieron los profetas, / Cuanto dicen de la Virgen. / ¡Oh qué bien
estaba mi enemiga en su ventana
Estaba mi enemiga en su ventana / como suele estar el enemigo, / mostrando en el mirar tan poco amigo / desdén amoroso de una sombra vana. / Con el rubor del sol en la mañana / que en sus purpúreas sienes s
esto de imaginar
Esto de imaginar si está en su casa, / si salió, si la hablaron, si fue vista; / temer que se componga, adorne y vista, / andar siempre mirando lo que pasa; / temblar del otro que de amor se abrasa, / y con
éstos los sauces son
Éstos los sauces son y ésta la fuente, / los montes éstos, y ésta la ribera / donde vi de mi sol la vez primera / los bellos ojos, la serena frente. / Éste es el río humilde y la corriente, / y ésta la cuar
estos los sauces son, y esta la fuente
Estos los sauces son, y esta la fuente, / los montes estos, y esta la ribera, / donde vi de mi sol la vez primera / los bellos ojos, la serena frente. / Este es el río humilde y la corriente, / y esta la cu
fuerza de lágrimas
Con ánimo de hablarle en confianza / de su piedad entré en el templo un día, / donde Cristo en la cruz resplandecía / con el perdón de quien le mira alcanza. / Y aunque la fe, el amor y la esperanza / a la
gallardo pasea zaide
Gallardo pasea Zaide / puerta y calle de su dama, / que desea en gran manera / ver su imagen y adorarla, / porque se vido sin ella / en una ausencia muy larga, / que desdichas le sacaron / desterrado de Granada
gaspar, si enfermo está mi bien, decidle…
Gaspar, si enfermo está mi bien, decidle / que yo tengo de amor el alma enferma, / y en esta soledad desierta y yerma, / lo que sabéis que paso persuadilde. / Y para que el rigor temple, advertilde / que el
guzmán el bravo
Vengada la hermosa Filis / de los agravios de Fabio / a verle viene al aldea / enfermo de desengaños. / A ruego de los pastores / baja de su monte al prado, / que como se ve querida / da a entender que la forza
hermosas alamedas
Hermosas alamedas / deste prado florido / por donde entrar el sol pretende en vano; / fuentes puras y ledas, / que con manso rüido / a las aves lleváis el canto llano; / monte de nieve cano, / a quien te m
hipérbole a los pies de su dama
Juanilla, por tus pies andan perdidos / más poetas que bancos, aunque hay tantos, / que tus paños lavando entre unos cantos / oscureció su nieve a los tendidos. / Virgilio no los tiene tan medidos, / las mu
hombre mortal
Hombre mortal mis padres me engendraron, / aire común y luz de los cielos dieron, / y mi primera voz lágrimas fueron, / que así los reyes en el mundo entraron. / La tierra y la miseria me abrazaron, / paños
hortelano era belardo
Hortelano era Belardo / de las huertas de Valencia, / que los trabajos obligan / a lo que el hombre no piensa. / Pasado el hebrero loco, / flores para mayo siembra, / que quiere que su esperanza / dé fruto a la
ir y quedarse
Ir y quedarse, y con quedar partirse, / partir sin alma, y ir con alma ajena, / oír la dulce voz de una sirena / y no poder del árbol desasirse; / arder como la vela y consumirse, / haciendo torres sobre ti
ir y quedarse, y con quedar partirse…
Ir y quedarse, y con quedar partirse, / partir sin alma y ir con alma ajena, / oír la dulce voz de una sirena / y no poder del árbol desasirse; / arder como la vela y consumirse / haciendo torres sobre tier
juanilla, por tus pies andan perdidos…
Juanilla, por tus pies andan perdidos / más poetas que bancos, aunque hay tantos, / que tus paños lavando entre unos cantos / oscureció su nieve a los tendidos. / Virgilio no los tiene tan medidos, / las mu
judit
Cuelga sangriento de la cama al suelo / El hombro diestro del feroz tirano, / Que opuesto al muro de Betulia en vano, / Despidió contra sí rayos al cielo. / Revuelto con el ansia el rojo velo / Del pabellón
la anunciación – encarnación
Estaba María santa / Contemplando las grandezas / De la que de Dios sería / Madre santa y Virgen bella / El libro en la mano hermosa, / Que escribieron los profetas, / Cuanto dicen de la Virgen / ¡Oh qué bien q
la nena astuta
La nena astuta / Un lobito muy zorro junto a un cortijo / se ha encontrado a una niña / y así le dijo: / – Mira niña, vente conmigo a mi viña / y te daré uvas y castañas. / Y respondió la niña: / – No, que me e
la niña a quien dijo el ángel
La Niña a quien dijo el Ángel / que estaba de gracia llena, / cuando de ser de Dios madre / le trujo tan altas nuevas, / ya le mira en un pesebre, / llorando lágrimas tiernas, / que obligándose a ser hombre, /
laméntase manzanares de tener tan gran puente
HABLA EL RÍO / ¡Quítenme aquesta puente que me mata, / señores regidores de la villa, / miren que me ha quebrado una costilla, / que aunque me viene grande me maltrata! / De bola en bola tanto se dilata, / qu
las mañanicas
En las mañanicas / del mes de mayo / cantan los ruiseñores. / Retumba el campo. / En las mañanicas, / como son frescas, / cubren ruiseñores / las alamedas. / Ríense las fuentes / tirando perlas / a las florecillas / qu
las pajas del pesebre
Las pajas del pesebre, / niño de Belén, / hoy son flores y rosas, / mañana serán hiel. / Lloráis entre las pajas / de frío que tenéis, / hermoso niño mío, / y de calor también. / Dormid, cordero santo, / mi vida, n
llenos de lágrimas tristes
Llenos de lágrimas tristes / tiene Belardo los ojos, / porque le muestra Belisa / graves los suyos hermosos. / Celos mortales han sido / la causa injusta de todo, / y porque lo aprenda dice / con lágrimas y sol
lo que hiciera paris si viera a juana
Como si fuera cándida escultura / en lustroso marfil de Bonarrota, / a Paris pide Venus en pelota / la debida manzana a su hermosura. / En perspectiva Palas su figura / muestra por más honesta, más remota; /
los que tienen por amor crueles celos
Los que tienen por amor crueles celos, / temen que los engañen los que aman; / pero yo, que en mi bien tales señuelos / falsos no vi jamás, mil veces viéronme / lidiar con el rigor de mi tormento, / sin otr
los ratones
Juntáronse los ratones / para librarse del gato; / y después de largo rato / de disputas y opiniones, / dijeron que acertarían / en ponerle un cascabel, / que andando el gato con él, / librarse mejor podrían. / S
lucinda, yo me siento arder
Lucinda, yo me siento arder, y sigo / el sol que deste incendio causa el daño, / que porque no me encuentre el desengaño / tengo al engaño por eterno amigo. / Siento el error, no siento lo que digo, / a mí
maestro mío, ved si ha sido engaño…
Maestro mío, ved si ha sido engaño / regular por amor el movimiento, / que hace en paralelos de su intento / el sol de Fili, discurriendo el año. / Tomé su altura en este desengaño, / y en mi sospecha, que
mano amorosa a quien amor solía
Mano amorosa a quien amor solía / dar el arco y las flechas de su fuego, / porque como era niño, y al fin ciego, / matases tú mejor lo que él no vía. / El cielo ha sido autor de tu sangría / para poner a tu
marcio, yo amé, y arrepentime amando
Marcio, yo amé, y arrepentime amando / de ver mal empleado el amor mío; / quise olvidar, y del olvido el río / huyome como a Tántalo, en llegando. / Remedios vanos sin cesar probando, / venció mi amor, crec
matilde, no te espantes que felino
Matilde, no te espantes que Felino / ame a Valeria en público y secreto, / que el albedrío no ha de estar sujeto / y cada cual lo vive a su destino. / ¿Qué nombre pierdes? ¿qué valor divino? / ¿qué estimaci
mi bien nacido de mis propios males…
Mi bien nacido de mis propios males, / retrato celestial de mi Belisa, / que en mudas voces y con dulce risa, / mi destierro y consuelo hiciste iguales; / Ciego, llorando, niña de mis ojos, / segunda vez de
mil años ha que no canto
Mil años ha que no canto / porque ha mil años que lloro / trabajos de mi destierro, / que fueran de muerte en otros. / Sin cuerdas el instrumento, / desacordado de loco, / con cuatro clavijas menos, / cubierto
mira, zaide, que te digo
«Mira, Zaide, que te aviso / que no pases por mi calle / ni hables con mis mujeres, / ni con mis cautivos trates, / ni preguntes en qué entiendo / ni quién viene a visitarme, / qué fiestas me dan contento / o q
muere la vida, y vivo yo sin vida
Muere la vida, y vivo yo sin vida, / ofendiendo la vida de mi muerte, / sangre divina de las venas vierte, / y mi diamante su dureza olvida. / Está la majestad de Dios tendida / en una dura cruz, y yo de su
nace el alba maría
Nace el alba María / y el sol tras ella, / desterrando la noche / de nuestras penas. / Nace el alba clara, / la noche pisa, / del cielo la risa / su paz declara; / el tiempo se para / por sólo vella, / desterrando la
no sabe qué es amor quien no te ama
No sabe qué es amor quien no te ama, / celestial hermosura, esposo bello, / tu cabeza es de oro, y tu cabello / como el cogollo que la palma enrama. / Tu boca como lirio, que derrama / licor al alba; de mar
no se atreve a pintar su dama
Bien puedo yo pintar una hermosura, / y de otras cinco retratar a Elena, / pues a Filis también, siendo morena, / ángel Lope llamó de nieve pura. / Bien puedo yo fingir una escultura, / que disculpe mi amor
noche fabricadora de embelecos…
Noche fabricadora de embelecos, / loca, imaginativa, quimerista, / que muestras al que en ti su bien conquista, / los montes llanos y los mares secos; / habitadora de cerebros huecos, / mecánica, filósofa,
oh libertad preciosa
¡Oh libertad preciosa, / no comparada al oro / ni al bien mayor de la espaciosa tierra! / Más rica y más gozosa / que el precioso tesoro / que el mar del Sur entre su nácar cierra, / con armas, sangre y guerr
oh, engaño de los hombres, vida breve
¡Oh, engaño de los hombres, vida breve, / loca ambición al aire vago asida!, / pues el que más se acerca a la partida, / más confiado de quedar se atreve. / ¡Oh, flor al hielo!, ¡oh, rama al viento leve / l
pasando el mar el engañoso toro…
Pasando el mar el engañoso toro, / volviendo la cerviz, el pie besaba / de la llorosa ninfa, que miraba / perdido de las ropas el decoro. / Entre las aguas y las hebras de oro, / ondas el fresco viento leva
pasé la mar cuando creyó mi engaño
Pasé la mar cuando creyó mi engaño / que en él mi antiguo fuego se templara, / mudé mi natural, porque mudara / naturaleza el uso, y curso el daño. / En otro cielo, en otro reino extraño, / mis trabajos se
pasos de mi primera edad
Pasos de mi primera edad que fuistes / por el camino fácil de la muerte, / hasta llegarme al tránsito más fuerte / que por la senda de mi error pudistes; / ¿qué basilisco entre las flores vistes / que de su
pastor que con tus silbos amorosos
Pastor que con tus silbos amorosos / me despertaste del profundo sueño, / Tú que hiciste cayado de ese leño, / en que tiendes los brazos poderosos, / vuelve los ojos a mi fe piadosos, / pues te confieso por
perderá de los cielos la belleza
Perderá de los cielos la belleza, / el ordinario curso, eterno y fuerte; / la confusión, que todo lo pervierte, / dará a las cosas la primer rudeza. / Juntáranse el descanso y la pobreza, / será el alma inm
picó atrevido
Picó atrevido un átomo viviente / los blancos pechos de Leonor hermosa, / granate en perlas, arador en rosa / breve lunar del invisible diente; / ella dos puntas de marfil luciente / con súbita inquietud ba
picó atrevido un átomo viviente
Picó atrevido un átomo viviente / los blancos pechos de Leonor hermosa, / granate en perlas, arador en rosa / breve lunar del invisible diente; / ella dos puntas de marfil luciente / con súbita inquietud ba
pluma, las musas de mi genio autoras…
—Pluma, las musas de mi genio autoras / versos me piden hoy. ¡Alto, a escribillos! / —Yo solo escribiré, señor Burguillos, / estas que me dictó rimas sonoras. / —¿A Góngora me acota a tales horas? / Arrojar
pobre barquilla mía
Pobre barquilla mía, / entre peñascos rota, / sin velas desvelada, / y entre las olas sola: / ¿Adónde vas perdida? / ¿Adónde, di, te engolfas? / Que no hay deseos cuerdos / con esperanzas locas. / Como las altas
por la florida orilla…
I / Por la florida orilla / de un claro y manso río / de salvia y de verbena coronado, / al tiempo que se humilla / al planeta más frío / con templado calor el sol dorado, / libre, solo y armado / de acero, olvid
por las riberas famosas
Por las riberas famosas / de las aguas de Jarama, / junto del mesmo lugar / que Tajo las acompaña, / alegre sale Belardo / a recibir justa paga / de tantos años de amor, / celos, temor y mudanza. / ¡Dichoso el pa
pregónase el poeta
Quien supiere, señores, de un pasante / que de Juana a esta parte anda perdido, / duro de cama y roto de vestido, / que en lo demás es blando como un guante; / de cejas mal poblado, y de elefante / de teta
propone lo que ha de cantar
Celebró de Amarilis la hermosura / Virgilio en su bucólica divina, / Propercio de su Cintia, y de Corina / Ovidio en oro, en rosa, en nieve pura; / Catulo de su Lesbia la escultura / a la inmortalidad pórfi
pues andáis en las palmas
Pues andáis en las palmas, / Ángeles santos, / Que se duerme mi Niño, / Tened los ramos, / Palmas de Belén / Que mueven, airados, / Los furiosos vientos / Que suenan tanto, / No le hagáis ruido, / Corred más paso; /
pululando de culto
Pululando de culto, Claudio amigo, / minotaurista soy desde mañana; / derelinquo la frasi castellana, / vayan las Solitúdines conmigo. / Por precursora, desde hoy más me obligo / al aurora llamar Bautista o
qué ceguedaz me trujo a tantos daños
¿Qué ceguedaz me trujo a tantos daños? / ¿Por dónde me llevaron desvaríos, / que no traté mis años como míos, / y traté como propios sus engaños? / ¡Oh puerto de mis blancos desengaños, / por donde ya mis j
que otras veces amé negar no puedo
Que otras veces amé negar no puedo, / pero entonces amor tomó conmigo / la espada negra, como diestro amigo, / señalando los golpes en el miedo. / Mas esta vez que batallando quedo, / blanca la espada y cie
qué tengo yo que mi amistad procuras
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras? / ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío, / que a mi puerta cubierto de rocío / pasas las noches del invierno escuras? / ¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras, / pues no t
quejosas, dorotea, están las flores
Quejosas, Dorotea, están las flores, / que las colores las habéis hurtado; / y la frígida nieve se ha quejado / de que mayores son vuestros rigores. / Quejoso está el amor, que los amores / se han remitido
querido manso mío
Querido manso mío, que venistes / por sal mil veces junto aquella roca, / y en mi grosera mano vuestra boca / y vuestra lengua de clavel pusistes, / ¿por qué montañas ásperas subistes / que tal selvatiquez
quien amores tiene, no los quiere
Quien amores tiene, no los quiere, / quien los quiere, no los tiene, / quien los tiene, tiene pena, / quien los pierde, no la siente. / Y es la pena tan crecida, / que de un mal se hace bien, / pues el mejor
quién mata con más rigor
¿Quién mata con más rigor? / Amor. / ¿Quién causa tantos desvelos? / Celos. / ¿Quién es el mal de mi bien? / Desdén / ¿Qué más que todos también / una esperanza perdida, / pues que me quitan la vida / amor, celos y
quiero escribir
Quiero escribir, y el llanto no me deja, / pruebo a llorar, y no descanso tanto, / vuelvo a tomar la pluma, y vuelve el llanto, / todo me impide el bien, todo me aqueja. / Si el llanto dura, el alma se me
repastaban sus ganados…
Repastaban sus ganados / a las espaldas de un monte / de la torre de Belén / los soñolientos pastores, / alrededor de los troncos / de unos encendidos robles, / que, restallando a los aires, / daban claridad al
rota barquilla mía
Rota barquilla mía, que arrojada / de tanta envidia y amistad fingida, / de mi paciencia por el mar regida / con remos de mi pluma y de mi espada, / una sin corte y otra mal cortada, / conservaste las fuerz
sale la estrella de venus
Sale la estrella de Venus / al tiempo que el sol se pone, / y la enemiga del día / su negro manto descoge, / y con ella un fuerte moro / semejante a Rodamonte / sale de Sidonia airado, / de Jerez la vega corre,
satisfacciones de celos
Si entré, si vi, si hablé, señora mía, / ni tuve pensamiento de mudarme, / máteme un necio a puro visitarme, / y escuche malos versos todo un día. / Cuando de hacerlos tenga fantasía, / dispuesto el genio,
sentado en esta peña
Sentado en esta peña, / donde mis tiernas lágrimas se imprimen, / a imitación pequeña / de las que el alma y corazón me oprimen, / presumo enternecella / con soledades de mi Celia bella. / ¡Ay Dios!, si el To
sentado endimión
Sentado Endimión al pie de Atlante, / enamorado de la Luna hermosa, / dijo con triste voz y alma celosa: / «En tus mudanzas, ¿quién será constante? / Ya creces en mi fe, ya estás menguante, / ya sales, ya t
sentimientos de ausencia
Señora mía, si de vos ausente / en esta vida duro y no me muero, / es porque como y duermo, y nada espero, / ni pleiteante soy ni pretendiente. / Esto se entiende en tanto que accidente / no siento de la fa
serrana celestial de esta montaña
Serrana celestial de esta montaña, / por quien el sol, que sus peñascos dora, / sale más presto a ver la blanca Aurora / que a la noche venció, que el mundo engaña, / a quien aquel Pastor santo acompaña, /
serrana hermosa
Serrana hermosa, que de nieve helada / fueras como en color en el efeto, / si amor no hallara en tu rigor posada; / del sol y de mi vista claro objeto, / centro del alma, que a tu gloria aspira, / y de mi v
si culpa el concebir
Si culpa el concebir, nacer tormento, / guerra vivir, la muerte fin humano; / si después de hombre, tierra y vil gusano, / y después de gusano, polvo y viento; / si viento nada, y nada el fundamento, / flor
silvio a una blanca corderilla suya
Silvio a una blanca corderilla suya, / de celos de un pastor, tiró el cayado, / con ser la más hermosa del ganado; / ¡oh amor!, ¿qué no podrá la fuerza tuya? / Huyó quejosa, que es razón que huya, / habiénd
sirvió jacob los siete largos años
Sirvió Jacob los siete largos años, / breves, si el fin cual la esperanza fuera; / a Lía goza y a Raquel espera / otros siete después, llorando engaños. / Así guardan palabra los extraños: / pero en efecto
soliloquio i
Dulce Jesús de mi vida, / ¡qué dije!, espera, no os vais: / que no es bien que vos seáis / de una vida tan perdida. / Pero si no sois de mí, / yo, mi Jesús, soy de vos, / porque quiero hallar en Dios / esto que
soneto de repente
Un soneto me manda hacer Violante; / en mi vida me he visto en tal aprieto, / catorce versos dicen que es soneto, / burla burlando van los tres delante. / Yo pensé que no hallara consonante / y estoy a la m
suelta mi manso
Suelta mi manso, mayoral extraño, / pues otro tienes de tu igual decoro, / deja la prenda que en el alma adoro, / perdida por tu bien y por mi daño. / Ponle su esquila de labrado estaño, / y no le engañen t
suelta mi manso, mayoral extraño
Suelta mi manso, mayoral extraño, / Pues otro tienes tú de igual decoro: / Suelta la prenda que en el alma adoro, / Perdida por tu bien y por mi daño. / Ponle su esquila de labrado estaño, / Y no le engañen
temores en el favor
Cuando en mis manos, Rey eterno, os miro, / y la cándida víctima levanto, / de mi atrevida indignidad me espanto / y la piedad de vuestro pecho admiro. / Tal vez el alma con temor retiro, / tal vez la doy a
túrbase el poeta de verse favorecido
Dormido Manzanares discurría / en blanda cama de menuda arena, / coronado de juncia y de verbena, / que entre las verdes alamedas cría; / cuando la bella pastorcilla mía, / tan sirena de Amor como serena, / s
un soneto me manda hacer violante
Un soneto me manda hacer Violante / que en mi vida me he visto en tanto aprieto; / catorce versos dicen que es soneto; / burla burlando van los tres delante. / Yo pensé que no hallara consonante, / y estoy
una dama se vende a quien la quiera
Una dama se vende a quien la quiera. / En almoneda está. ¿Quieren compralla? / Su padre es quien la vende, que aunque calla, / su madre la sirvió de pregonera. / Treinta ducados pide y saya entera / de tafe
vengada la hermosa filis…
Vengada la hermosa Filis / de los agravios de Fabio / a verle viene al aldea / enfermo de desengaños. / A ruego de los pastores / baja de su monte al prado, / que como se ve querida / da a entender que la forza
versos de amor
Versos de amor, conceptos esparcidos, / engendrados del alma en mis cuidados, / partos de mis sentidos abrasados, / con más dolor que libertad nacidos; / expósitos al mundo, en que perdidos, / tan rotos and
versos de amor, conceptos esparcidos
Versos de amor, conceptos esparcidos, / engendrados del alma en mis cuidados, / partos de mis sentidos abrasados, / con más dolor que libertad nacidos: / Expósitos al mundo, en que perdidos, / tan rotos and
vierte racimos la gloriosa palma
Vierte racimos la gloriosa palma, / y sin amor se pone estéril luto; / Dafnes se queja en su laurel sin fruto, / Narciso en blancas hojas se desalma. / Está la tierra sin la lluvia en calma, / viles hierbas
vireno, aquel mi manso regalado
Vireno, aquel mi manso regalado / del collarejo azul; aquel hermoso / que con balido ronco y amoroso / llevaba por los montes mi ganado; / aquel del vellocino ensortijado, / de alegres ojos y mirar gracioso
vivas memorias
Vivas memorias, máquinas difundas, / que cubre el tiempo de ceniza y hielo, / formando cuevas, donde el eco al vuelo / sólo del viento acaba las preguntas. / Basas, colunas y arquitrabes juntas, / ya dividi
ya no quiero más bien
Ya no quiero más bien que sólo amaros, / ni más vida, Lucinda, que ofreceros / la que me dais, cuando merezco veros, / ni ver más luz que vuestros ojos claros. / Para vivir me basta desearos, / para ser ven
ya no quiero más bien que solo amaros
Ya no quiero más bien que solo amaros, / ni más vida, Lucinda, que ofreceros / la que me dáis, cuando merezco veros, / ni ver más luz que vuestros ojos claros. / Para vivir me basta desearos, / para ser ven
ya vengo con el voto y la cadena
Ya vengo con el voto y la cadena, / desengaño santísimo, a tu casa, / porque de la mayor coluna y basa / cuelgue de horror y de escarmiento llena. / Aquí la vela y la rompida entena / pondrá mi amor que el
yo dije siempre
Yo dije siempre, y lo diré, y lo digo, / que es la amistad el bien mayor humano; / mas ¿qué español, qué griego, qué romano / nos ha de dar este perfeto amigo? / Alabo, reverencio, amo, bendigo / aquel a qu
yo dije siempre, y lo diré, y lo digo
Yo dije siempre, y lo diré, y lo digo, / que es la amistad e bien mayor humano; / mas ¿qué español, qué griego, qué romano / nos ha de dar este perfecto amigo? / Alabo, reverencio, amo, bendigo / aquel a qu
yo me muero de amor
Yo me muero de amor, que no sabía, / aunque diestro en amar cosas del suelo, / que no pensaba yo que amor del cielo / con tal rigor las almas encendía. / Si llama la moral filosofía / deseo de hermosura a a
yo pagaré con lágrimas la risa
Yo pagaré con lágrimas la risa / que tuve en la verdura de mis años, / pues con tan declarados desengaños / el tiempo, Elisio, de mi error me avisa. / «Hasta la muerte» en la corteza lisa / de un olmo, a qu
yo que no sé de los, de li ni le-
Yo que no sé de los, de li ni le- / ni sé si eres, Cervantes, co ni cu-; / solo digo que es Lope Apolo y tú / frisón de su carroza y puerco en pie. / Para que no escribieses, orden fue / del Cielo que manca
yo vengo de ver
Yo vengo de ver, Antón, / un niño en pobrezas tales, / que le di para pañales / las telas del corazón.
zagalejo de perlas
Zagalejo de perlas, / hijo del Alba, / ¿dónde vais que bace frío / tan de mañana? / Como sois lucero / del alma mía, / al traer el día / nacéis primero; / pastor y cordero / sin choza y lana, / ¿dónde vais que bace f
¡con qué artificio tan divino sales…
¡Con qué artificio tan divino sales / de esa camisa de esmeralda fina, / oh rosa celestial alejandrina, / coronada de granos orientales! / Ya en rubíes te enciendes, ya en corales, / ya tu color a púrpura s
¡cuántas veces, amor, me prometiste!
¡Cuántas veces, Amor, me prometiste / que con olvido iguala el tiempo el daño! / Mas ya me falta en este desengaño / el bien que me ofreciste o que fingiste. / El alma y el deseo que me diste / se están mur
¡oh, qué secreto, damas, oh, galanes
¡Oh, qué secreto, damas, oh, galanes, / qué secreto de amor! ¡Oh! ¡Qué secreto! / ¡Qué ilustre idea! ¡Qué sutil conceto! / Por Dios que es hoja de me fecit Ioannes! / Hoy cesan los melindres y ademanes, / t
¿dónde vais, zagala…
¿Dónde vais, Zagala, / Sola en el monte? / Mas quien lleva el sol / no teme la noche. / ¿Dónde vais, María, / Divina Esposa, / Madre gloriosa / De quien os cría? / ¿Qué haréis si el día / Se va al ocaso, / Y en el mo
¿qué ceguedad me trujo a tantos daños?
¿Qué ceguedad me trujo a tantos daños? / ¿Por dónde me llevaron desvaríos, / que no traté mis años como míos, / y traté como propios sus engaños? / ¡Oh puerto de mis blancos desengaños, / por donde ya mis j
¿quién es aquel caballero…
¿Quién es aquel Caballero / herido por tantas partes, / que está de expirar tan cerca, / y no le socorre nadie? / «Jesús Nazareno» dice / aquel rétulo notable. / ¡Ay Dios, que tan dulce nombre / no promete muer