País Poema - Autores

lope de vega

a cristo en la cruz
¿Quién es aquel Caballero / herido por tantas partes, / que está de expirar tan cerca, / y no le socorre nadie? / «Jesús Nazareno» dice / aquel rétulo notable. / ¡Ay Di
a don luis de góngora
Claro cisne del Betis que, sonoro / y grave, ennobleciste el instrumento / más dulce, que ilustró músico acento, / bañando en ámbar puro el arco de oro, / a ti lira
a la muerte de carlos félix
[Fragmento] / Éste de mis entrañas dulce fruto, / con vuestra bendición, oh Rey eterno, / ofrezco humildemente a vuestras aras; / que si es de todos el mejor tribut
a la muerte de cristo nuestro señor
La tarde se escurecía / entre la una y las dos, / que viendo que el Sol se muere, / se vistió de luto el sol. / Tinieblas cubren los aires, / las piedras de dos en do
a la muerte de don luis de góngora
Despierta, oh Betis, la dormida plata, / y coronado de ciprés, inunda / la docta patria, en Sénecas fecunda, / todo el cristal en lágrimas desata. / Repite soledade
a la noche
137 / Noche fabricadora de embelecos, / loca, imaginativa, quimerista, / que muestras al que en ti su bien conquista, / los montes llanos y los mares secos; / habitad
a la nueva lengua
-Boscán, tarde llegamos -¿Hay posada? / -Llamad desde la posta, Garcilaso. / -¿Quién es? -Dos caballeros del Parnaso. / -No hay donde nocturnar palestra armada. / -
a la santísima madalena
LXVIII / Buscaba Madalena pecadora / un hombre, y Dios halló sus pies, y en ellos / perdón, que más la fe que los cabellos / ata sus pies, sus ojos enamora. / De su m
a la sepultura de teodora de urbina
178 / Mi bien nacido de mis propios males, / retrato celestial de mi Belisa, / que en mudas voces y con dulce risa, / mi destierro y consuelo hiciste iguales; / Ciego
a lupercio leonardo
66 / Pasé la mar cuando creyó mi engaño / que en él mi antiguo fuego se templara, / mudé mi natural, porque mudara / naturaleza el uso, y curso el daño. / En otro cie
a mis soledades voy
A mis soledades voy, / de mis soledades vengo, / porque para andar conmigo / me bastan mis pensamientos. / No sé qué tiene el aldea / donde vivo y donde muero, / que co
a un peine que no sabía el poeta
Sulca del mar de Amor las rubias ondas, / barco de Barcelona, y por los bellos / lazos navega altivo, aunque por ellos / tal vez te muestres y tal vez te escondas
a una calavera
XLIII / Esta cabeza, cuando viva, tuvo / sobre la arquitectura destos huesos / carne y cabellos, por quien fueron presos / los ojos que mirándola detuvo. / Aquí la ro
a una calavera de mujer
Esta cabeza, cuando viva, tuvo / sobre la arquitectura de estos huesos / carne y cabellos, por quien fueron presos / los ojos que mirándola detuvo. / Aquí la rosa d
a una dama que salió revuelta una mañana
Hermoso desaliño, en quien se fía / cuanto después abrasa y enamora, / cual suele amanecer turbada aurora, / para matar de sol al mediodía. / Solimán natural, que d
a una rosa
XXXVII / ¡Con qué artificio tan divino sales / de esa camisa de esmeralda fina, / oh rosa celestial alejandrina, / coronada de granos orientales! / Ya en rubíes te en
al contador gaspar de barrionuevo
151 / Gaspar, si enfermo está mi bien, decidle / que yo tengo de amor el alma enferma, / y en esta soledad desierta y yerma, / lo que sabéis que paso persuadilde. / Y
al maestro vicente espinel
Aquesta pluma, célebre maestro, / que me pusisteis en las manos cuando / los primeros caracteres firmando / estaba, temeroso y poco diestro; / mis verdes años, que
al nacimiento de cristo
Repastaban sus ganados / a las espaldas de un monte / de la torre de Belén / los soñolientos pastores, / alrededor de los troncos / de unos encendidos robles, / que, re
al pie de un roble escarchado
Al pie de un roble escarchado / donde Belardo el amante / desbarató un tosco nido / que habían tejido las aves, / de breves pasadas glorias, / de presentes largos mal
al ponerle en la cruz
En tanto que el hoyo cavan / a donde la cruz asienten, / en que el Cordero levanten / figurado por la sierpe, / aquella ropa inconsútil / que de Nazareth ausente / labr
al sepulcro de amor, que contra el filo
Al sepulcro de amor, que contra el filo / del tiempo hizo Artemisia vivir claro, / a la torre bellísima de Faro, / un tiempo de las naves luz y asilo; / al templo E
al son de los arroyuelos
Al son de los arroyuelos / cantan las aves de flor en flor, / que no hay más gloria que amor / ni mayor pena que celos. / Por estas selvas amenas / al son de arroyos
al triunfo de judit
94 / Cuelga sangriento de la cama al suelo / el hombro diestro del feroz tirano, / que opuesto al muro de Betulia en vano, / despidió contra sí rayos al cielo. / Revu
amada pastora mía
«–Amada pastora mía, / tus descuidos me maltratan, / tus desdenes me fatigan, / tus sinrazones me matan. / A la noche me aborreces / y quiéresme a la mañana; / ya te of
amor con tan honesto pensamiento
Amor con tan honesto pensamiento / arde en mi pecho, y con tan dulce pena, / que haciendo grave honor de la condena, / para cantar me sirve de instrumento. / No al
anticipó la púrpura olorosa
Anticipó la púrpura olorosa / un temprano clavel; Fabio admirado / dijo a Fenisa que bajaba al prado: / «Corta su breve vida, Parca hermosa». / «Lástima fuera», res
apartaste, ingrata filis
«¿Apartaste, ingrata Filis, / del amor que me mostrabas / para ponerlo en aquel / que pensando en ti se enfada? / ¡Plegue a Dios no te arrepientas / cuando conozcas t
atada al mar andrómeda lloraba…
Atada al mar Andrómeda lloraba, / los nácares abriéndose al rocío, / que en sus conchas cuajado en cristal frío, / en cándidos aljófares trocaba. / Besaba el pie, l
ay, amargas soledades
«–¡Ay, amargas soledades / de mi bellísima Filis, / destierro bien empleado / del agravio que la hice! / Envejézcanse mis años / en estos montes que vistes, / que quien
belleza singular
Belleza singular, ingenio raro, / fuera del natural curso del cielo, / Etna de amor, que de tu mismo hielo / despides llamas entre mármol paro; / sol de hermosura,
belleza singular, ingenio raro…
Belleza singular, ingenio raro, / fuera del natural curso del cielo, / Etna de amor, que de tu mismo hielo / despides llamas entre mármol paro; / sol de hermosura,
buscaba madalena pecadora…
Buscaba Madalena pecadora / un hombre, y Dios halló sus pies, y en ellos / perdón, que más la fe que los cabellos / ata sus pies, sus ojos enamora. / De su muerte a
canción
¡Oh libertad preciosa, / No comparada al oro, / Ni al bien mayor de la espaciosa tierra! / Más rica y más gozosa / Que el precioso tesoro / Que el mar del sur entre s
canta amarilis
Canta Amarilis, y su voz levanta / mi alma desde el orbe de la luna / a las inteligencias, que ninguna / la suya imita con dulzura tanta. / De su número luego me tr
canta pájaro amante
Canta pájaro amante en la enramada / selva a su amor, que por el verde suelo / no ha visto al cazador que con desvelo / le está escuchando, la ballesta armada. / Ti
cayó la torre
Cayó la torre que en el viento hacían / mis altos pensamientos castigados, / que yacen por el suelo derribados / cuando con sus extremos competían. / Atrevidos al s
céfiro blando que mis quejas tristes
Céfiro blando que mis quejas tristes / tantas veces llevaste, claras fuentes / que con mis tiernas lágrimas ardientes / vuestro dulce licor ponzoña hicistes; / selv
celso al peine de clavelia
Por las ondas del mar de unos cabellos / un barco de marfil pasaba un día / que, humillando sus olas, deshacía / los crespos lazos que formaban de ellos; / iba el A
cleopatra a antonio en oloroso vino
Cleopatra a Antonio en oloroso vino / dos perlas quiso dar de igual grandeza, / que por muestra formó naturaleza / del instrumento del poder divino. / Por honrar su
con nuevos lazos
Con nuevos lazos, como el mismo Apolo, / hallé en cabello a mi Lucinda un día, / tan hermosa, que al cielo parecía / en la risa del alba, abriendo el polo. / Vino u
contemplando estaba filis
Contemplando estaba Filis / a la media noche sola / una vela [a] cuya lumbre / labrando estaba una cofia, / porque andaba en torno della / una blanca mariposa, / quemán
corría un manso arroyuelo
Corría un manso arroyuelo / entre dos valles al alba, / que sobre prendas de aljófar / le prestaban esmeraldas. / Las blancas y rojas flores / que por las márgenes ba
cortando la pluma hablan los dos
?Pluma, las musas de mi genio autoras / versos me piden hoy. ¡Alto, a escribillos! / ?Yo sólo escribiré, señor Burguillos, / éstas que me dictó rimas sonoras. / ?¿A
cuán bienaventurado
¡Cuán bienaventurado / aquel puede llamarse justamente, / que sin tener cuidado / de la malicia y lengua de la gente, / a la virtud contraria, / la suya pasa en vida
cuando imagino de mis breves días
Cuando imagino de mis breves días / los muchos que el tirano amor me debe, / y en mi cabello anticipar la nieve, / más que los años, las tristezas mías, / veo que s
cuando las secas encinas
Cuando las secas encinas, / álamos y robles altos, / los secos ramillos visten / de verdes hojas y ramos; / y las fructíferas plantas / con mil pimpollos preñados / bro
cuando me paro a contemplar
Cuando me paro a contemplar mi estado, / y a ver los pasos por donde he venido, / me espanto de que un hombre tan perdido / a conocer su error haya llegado. / Cuand
cuando me paro a contemplar mi estado
Cuando me paro a contemplar mi estado, / y a ver los pasos por donde he venido, / me espanto de que un hombre tan perdido / a conocer su error haya llegado. / Cuand
cuántas veces, señor, me habéis llamado
¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado, / y cuántas con vergüenza he respondido, / desnudo como Adán, aunque vestido / de las hojas del árbol del pecado! / S
cuelga sangriento de la cama al suelo…
Cuelga sangriento de la cama al suelo / el hombro diestro del feroz tirano, / que opuesto al muro de Betulia en vano, / despidió contra sí rayos al cielo. / Revuelt
daba sustento a un pajarillo
Daba sustento a un pajarillo un día / Lucinda, y por los hierros del portillo / fuésele de la jaula el pajarillo / al libre viento en que vivir solía. / Con un susp
de andrómeda
86 / Atada al mar Andrómeda lloraba, / los nácares abriéndose al rocío, / que en sus conchas cuajado en cristal frío, / en cándidos aljófares trocaba. / Besaba el pie
de europa y júpiter
87 / Pasando el mar el engañoso toro, / volviendo la cerviz, el pie besaba / de la llorosa ninfa, que miraba / perdido de las ropas el decoro. / Entre las aguas y las
de hoy más las crespas sienes de olorosa
De hoy más las crespas sienes de olorosa / verbena y mirto coronarte puedes, / juncoso Manzanares, pues excedes / del Tajo la corriente caudalosa. / Lucinda en ti b
de jasón
84 / Encaneció las ondas con espuma / Argos, primera nave, y sin temellas / osó tocar la gavia las estrellas, / y hasta el cerco del sol volar sin pluma. / Y aunque A
de pechos sobre una torre
De pechos sobre una torre / que la mar combate y cerca, / mirando las fuertes naves / que se van a Inglaterra, / las aguas crece Belisa / llorando lágrimas tiernas, / d
de qué me avisas
«–Di, Zaida, ¿de qué me avisas? / ¿Quieres que muera y que calle? / No des crédito a mujeres / no fundadas en verdades; / que si pregunto en qué entiendes / o quién v
de una recia calentura
De una recia calentura, / de un amoroso accidente, / con el frío de los celos / Belardo estaba a la muerte. / Pensando estaba en la causa, / que quiso hallarse presen
de una virgen hermosa
De una Virgen hermosa / celos tiene el sol, / porque vio en sus brazos / otro sol mayor. / Cuando del Oriente / salió el sol dorado, / y otro sol helado / miró tan ardien
dedicatoria de la lira
A ti la lira, a ti de Delfo y Delo, / Juana, la voz, los versos y la fama, / que mientras más tu hielo me desama, / más arde Amor en su inmortal desvelo. / Crióme a
desde que viene la rosada aurora
Desde que viene la rosada Aurora / hasta que el viejo Atlante esconde el día, / lloran mis ojos con igual porfía / su claro sol que otras montañas dora; / y desde q
deseando estar dentro de vos propia
Deseando estar dentro de vos propia, / Lucinda, para ver si soy querido, / miré ese rostro que del cielo ha sido / con estrellas y sol natural copia; / y conociendo
desmayarse, atreverse, estar furioso
Desmayarse, atreverse, estar furioso, / áspero, tierno, liberal, esquivo, / alentado, mortal, difunto, vivo, / leal, traidor, cobarde y animoso; / no hallar fuera d
después que acabó belardo
Después que acabó Belardo / de distribuir sus bienes, / estando presente Filis / por cuya causa padece, / mandó que su testamento / segunda vez se leyese, / porque quie
después que rompiste, ingrata
«–Después que rompiste, ingrata, / de amor el estrecho nudo, / pruebo a sujetar el cuello / y no consiente otro yugo. / Gocé libertad tres años, / si aquel es libre y
di, zaida, ¿de qué me avisas?…
«-Di, Zaida, ¿de qué me avisas? / ¿Quieres que muera y que calle? / No des crédito a mujeres / no fundadas en verdades; / que si pregunto en qué entiendes / o quién v
dice el mes en que se enamoró
Érase el mes de más hermosos días, / y por quien más los campos entretienen, / señora, cuando os vi, para que penen / tantas necias de Amor filaterías. / Imposibles
dios, centro del alma
Si fuera de mi amor verdad el fuego, / él caminara a tu divina esfera; / pero es cometa que corrió ligera / con resplandor que se deshizo luego. / ¡Qué deseoso de t
dulce desdén, si el daño que me haces
Dulce desdén, si el daño que me haces / de la suerte que sabes te agradezco, / qué haré si un bien de tu rigor merezco, / pues sólo con el mal me satisfaces. / No s
dulce filis, si me esperas
Dulce Filis, si me esperas, / de favor has de ir mudando, / que es mucho para burlando, / y poco para de veras. / Si fías en mis amores, / pon en sus llamas sosiego, /
dulce jesús de mi vida…
Dulce Jesús de mi vida, / ¡qué dije!, espera, no os vais: / que no es bien que vos seáis / de una vida tan perdida. / Pero si no sois de mí, / yo, mi Jesús, soy de vo
dulce señor, mis vanos pensamientos
Dulce Señor, mis vanos pensamientos / fundados en el viento me acometen, / pero por más que mi quietud inquieten / no podrán derribar tus fundamentos. / No porque d
dura necesidad, madre afrentosa
Dura necesidad, madre afrentosa / de la vergüenza y vil atrevimiento, / escuridad del claro entendimiento / tal vez en los peligros ingeniosa; / inventora de m
el firme amor
Miré, señora, la ideal belleza, / guiándome el amor por vagarosas / sendas de nueve cielos, / y absorto en su grandeza, / las ejemplares formas de las cosas / bajé a
el humo que formó cuerpo fingido…
El humo que formó cuerpo fingido, / que cuando está más denso para en nada; / el viento que pasó con fuerza airada / y que no pudo ser en red cogido; / el polvo en
el lastimado belardo
El lastimado Belardo / con los celos de su ausencia / a la hermosísima Filis / humildemente se queja. / «–¡Ay, dice, señora mía, / y cuán caro que me cuesta / el imagin
el nacimiento del señor jesús
De una Virgen hermosa / Celos tiene el sol, / Porque vio en sus brazos / Otro Sol mayor. / Cuando del oriente / Salió el sol dorado, / Y otro Sol helado / Miró tan ardien
el pastor que en el monte
El pastor que en el monte anduvo al hielo, / al pie del mismo, derribando un pino, / en saliendo el lucero vespertino / enciende lumbre y duerme sin recelo. / Dejan
el tronco de ovas vestido
El tronco de ovas vestido / de un álamo verde y blanco, / que entre espadañas y juncos / bañaba el agua de Tajo, / y las puntas de su altura / del ardiente sol los ra
en tanto que el hoyo cavan…
En tanto que el hoyo cavan / a donde la cruz asienten, / en que el Cordero levanten / figurado por la sierpe, / aquella ropa inconsútil / que de Nazareth ausente / labr
en una playa amena
En una playa amena, / a quien el Turia perlas ofrecía / de su menuda arena, / y el mar de España de cristal cubría, / Belisa estaba a solas, / llorando al son del agu
encaneció las ondas con espuma…
Encaneció las ondas con espuma / Argos, primera nave, y sin temellas / osó tocar la gavia las estrellas, / y hasta el cerco del sol volar sin pluma. / Y aunque Anfi
ensíllenme el potro rucio
«–Ensíllenme el potro rucio / del alcaide de los Vélez, / denme el adarga de Fez / y la jacerina fuerte; / una lanza con dos hierros, / entrambos de agudos temples, / y
entro en mí mismo para verme
Entro en mí mismo para verme, y dentro / hallo, ¡ay de mí!, con la razón postrada, / una loca república alterada, / tanto que apenas los umbrales entro. / Al apetit
era la alegre víspera del día
Era la alegre víspera del día, / que la que sin igual nació en la tierra, / de la cárcel mortal y humana guerra / para la patria celestial salía; / y era la edad en
es la mujer del hombre lo más bueno
Es la mujer del hombre lo más bueno, / y locura decir que lo más malo, / su vida suele ser y su regalo, / su muerte suele ser y su veneno. / Cielo a los ojos, cándi
esparcido el cabello por la espalda
Esparcido el cabello por la espalda / que fue del sol desprecio y maravilla, / Silvia cogía por la verde orilla / del mar de Cádiz conchas en su falda. / El agua en
esta cabeza, cuando viva, tuvo…
Esta cabeza, cuando viva, tuvo / sobre la arquitectura de estos huesos / carne y cabellos, por quien fueron presos / los ojos que mirándola detuvo. / Aquí la rosa d
estaba maría santa…
Estaba María santa / Contemplando las grandezas / De la que de Dios sería / Madre santa y Virgen bella / El libro en la mano hermosa, / Que escribieron los profetas, /
estaba mi enemiga en su ventana
Estaba mi enemiga en su ventana / como suele estar el enemigo, / mostrando en el mirar tan poco amigo / desdén amoroso de una sombra vana. / Con el rubor del sol en
esto de imaginar
Esto de imaginar si está en su casa, / si salió, si la hablaron, si fue vista; / temer que se componga, adorne y vista, / andar siempre mirando lo que pasa; / tembl
éstos los sauces son
Éstos los sauces son y ésta la fuente, / los montes éstos, y ésta la ribera / donde vi de mi sol la vez primera / los bellos ojos, la serena frente. / Éste es el rí
estos los sauces son, y esta la fuente
Estos los sauces son, y esta la fuente, / los montes estos, y esta la ribera, / donde vi de mi sol la vez primera / los bellos ojos, la serena frente. / Este es el
fuerza de lágrimas
Con ánimo de hablarle en confianza / de su piedad entré en el templo un día, / donde Cristo en la cruz resplandecía / con el perdón de quien le mira alcanza. / Y au
gallardo pasea zaide
Gallardo pasea Zaide / puerta y calle de su dama, / que desea en gran manera / ver su imagen y adorarla, / porque se vido sin ella / en una ausencia muy larga, / que de
gaspar, si enfermo está mi bien, decidle…
Gaspar, si enfermo está mi bien, decidle / que yo tengo de amor el alma enferma, / y en esta soledad desierta y yerma, / lo que sabéis que paso persuadilde. / Y par
guzmán el bravo
Vengada la hermosa Filis / de los agravios de Fabio / a verle viene al aldea / enfermo de desengaños. / A ruego de los pastores / baja de su monte al prado, / que como
hermosas alamedas
Hermosas alamedas / deste prado florido / por donde entrar el sol pretende en vano; / fuentes puras y ledas, / que con manso rüido / a las aves lleváis el canto
hipérbole a los pies de su dama
Juanilla, por tus pies andan perdidos / más poetas que bancos, aunque hay tantos, / que tus paños lavando entre unos cantos / oscureció su nieve a los tendidos. / V
hombre mortal
Hombre mortal mis padres me engendraron, / aire común y luz de los cielos dieron, / y mi primera voz lágrimas fueron, / que así los reyes en el mundo entraron. / La
hortelano era belardo
Hortelano era Belardo / de las huertas de Valencia, / que los trabajos obligan / a lo que el hombre no piensa. / Pasado el hebrero loco, / flores para mayo siembra, / q
ir y quedarse
Ir y quedarse, y con quedar partirse, / partir sin alma, y ir con alma ajena, / oír la dulce voz de una sirena / y no poder del árbol desasirse; / arder como la vel
ir y quedarse, y con quedar partirse…
Ir y quedarse, y con quedar partirse, / partir sin alma y ir con alma ajena, / oír la dulce voz de una sirena / y no poder del árbol desasirse; / arder como la vela
juanilla, por tus pies andan perdidos…
Juanilla, por tus pies andan perdidos / más poetas que bancos, aunque hay tantos, / que tus paños lavando entre unos cantos / oscureció su nieve a los tendidos. / V
judit
Cuelga sangriento de la cama al suelo / El hombro diestro del feroz tirano, / Que opuesto al muro de Betulia en vano, / Despidió contra sí rayos al cielo. / Revuelt
la anunciación – encarnación
Estaba María santa / Contemplando las grandezas / De la que de Dios sería / Madre santa y Virgen bella / El libro en la mano hermosa, / Que escribieron los profetas, /
la nena astuta
La nena astuta / Un lobito muy zorro junto a un cortijo / se ha encontrado a una niña / y así le dijo: / – Mira niña, vente conmigo a mi viña / y te daré uvas y casta
la niña a quien dijo el ángel
La Niña a quien dijo el Ángel / que estaba de gracia llena, / cuando de ser de Dios madre / le trujo tan altas nuevas, / ya le mira en un pesebre, / llorando lágrimas
laméntase manzanares de tener tan gran puente
HABLA EL RÍO / ¡Quítenme aquesta puente que me mata, / señores regidores de la villa, / miren que me ha quebrado una costilla, / que aunque me viene grande me maltr
las mañanicas
En las mañanicas / del mes de mayo / cantan los ruiseñores. / Retumba el campo. / En las mañanicas, / como son frescas, / cubren ruiseñores / las alamedas. / Ríense las fue
las pajas del pesebre
Las pajas del pesebre, / niño de Belén, / hoy son flores y rosas, / mañana serán hiel. / Lloráis entre las pajas / de frío que tenéis, / hermoso niño mío, / y de calor ta
llenos de lágrimas tristes
Llenos de lágrimas tristes / tiene Belardo los ojos, / porque le muestra Belisa / graves los suyos hermosos. / Celos mortales han sido / la causa injusta de todo, / y p
lo que hiciera paris si viera a juana
Como si fuera cándida escultura / en lustroso marfil de Bonarrota, / a Paris pide Venus en pelota / la debida manzana a su hermosura. / En perspectiva Palas su figu
los que tienen por amor crueles celos
Los que tienen por amor crueles celos, / temen que los engañen los que aman; / pero yo, que en mi bien tales señuelos / falsos no vi jamás, mil veces viéronme / lid
los ratones
Juntáronse los ratones / para librarse del gato; / y después de largo rato / de disputas y opiniones, / dijeron que acertarían / en ponerle un cascabel, / que andando e
lucinda, yo me siento arder
Lucinda, yo me siento arder, y sigo / el sol que deste incendio causa el daño, / que porque no me encuentre el desengaño / tengo al engaño por eterno amigo. / Sient
maestro mío, ved si ha sido engaño…
Maestro mío, ved si ha sido engaño / regular por amor el movimiento, / que hace en paralelos de su intento / el sol de Fili, discurriendo el año. / Tomé su altura e
mano amorosa a quien amor solía
Mano amorosa a quien amor solía / dar el arco y las flechas de su fuego, / porque como era niño, y al fin ciego, / matases tú mejor lo que él no vía. / El cielo ha
marcio, yo amé, y arrepentime amando
Marcio, yo amé, y arrepentime amando / de ver mal empleado el amor mío; / quise olvidar, y del olvido el río / huyome como a Tántalo, en llegando. / Remedios vanos
matilde, no te espantes que felino
Matilde, no te espantes que Felino / ame a Valeria en público y secreto, / que el albedrío no ha de estar sujeto / y cada cual lo vive a su destino. / ¿Qué nombre p
mi bien nacido de mis propios males…
Mi bien nacido de mis propios males, / retrato celestial de mi Belisa, / que en mudas voces y con dulce risa, / mi destierro y consuelo hiciste iguales; / Ciego, ll
mil años ha que no canto
Mil años ha que no canto / porque ha mil años que lloro / trabajos de mi destierro, / que fueran de muerte en otros. / Sin cuerdas el instrumento, / desacordado de lo
mira, zaide, que te digo
«Mira, Zaide, que te aviso / que no pases por mi calle / ni hables con mis mujeres, / ni con mis cautivos trates, / ni preguntes en qué entiendo / ni quién viene a vi
muere la vida, y vivo yo sin vida
Muere la vida, y vivo yo sin vida, / ofendiendo la vida de mi muerte, / sangre divina de las venas vierte, / y mi diamante su dureza olvida. / Está la majestad de D
nace el alba maría
Nace el alba María / y el sol tras ella, / desterrando la noche / de nuestras penas. / Nace el alba clara, / la noche pisa, / del cielo la risa / su paz declara; / el tiemp
no sabe qué es amor quien no te ama
No sabe qué es amor quien no te ama, / celestial hermosura, esposo bello, / tu cabeza es de oro, y tu cabello / como el cogollo que la palma enrama. / Tu boca como
no se atreve a pintar su dama
Bien puedo yo pintar una hermosura, / y de otras cinco retratar a Elena, / pues a Filis también, siendo morena, / ángel Lope llamó de nieve pura. / Bien puedo yo fi
noche fabricadora de embelecos…
Noche fabricadora de embelecos, / loca, imaginativa, quimerista, / que muestras al que en ti su bien conquista, / los montes llanos y los mares secos; / habitadora
oh libertad preciosa
¡Oh libertad preciosa, / no comparada al oro / ni al bien mayor de la espaciosa tierra! / Más rica y más gozosa / que el precioso tesoro / que el mar del Sur entre su
oh, engaño de los hombres, vida breve
¡Oh, engaño de los hombres, vida breve, / loca ambición al aire vago asida!, / pues el que más se acerca a la partida, / más confiado de quedar se atreve. / ¡Oh, fl
pasando el mar el engañoso toro…
Pasando el mar el engañoso toro, / volviendo la cerviz, el pie besaba / de la llorosa ninfa, que miraba / perdido de las ropas el decoro. / Entre las aguas y las he
pasé la mar cuando creyó mi engaño
Pasé la mar cuando creyó mi engaño / que en él mi antiguo fuego se templara, / mudé mi natural, porque mudara / naturaleza el uso, y curso el daño. / En otro cielo,
pasos de mi primera edad
Pasos de mi primera edad que fuistes / por el camino fácil de la muerte, / hasta llegarme al tránsito más fuerte / que por la senda de mi error pudistes; / ¿qué bas
pastor que con tus silbos amorosos
Pastor que con tus silbos amorosos / me despertaste del profundo sueño, / Tú que hiciste cayado de ese leño, / en que tiendes los brazos poderosos, / vuelve los ojo
perderá de los cielos la belleza
Perderá de los cielos la belleza, / el ordinario curso, eterno y fuerte; / la confusión, que todo lo pervierte, / dará a las cosas la primer rudeza. / Juntáranse el
picó atrevido
Picó atrevido un átomo viviente / los blancos pechos de Leonor hermosa, / granate en perlas, arador en rosa / breve lunar del invisible diente; / ella dos puntas de
picó atrevido un átomo viviente
Picó atrevido un átomo viviente / los blancos pechos de Leonor hermosa, / granate en perlas, arador en rosa / breve lunar del invisible diente; / ella dos puntas de
pluma, las musas de mi genio autoras…
—Pluma, las musas de mi genio autoras / versos me piden hoy. ¡Alto, a escribillos! / —Yo solo escribiré, señor Burguillos, / estas que me dictó rimas sonoras. / —¿A
pobre barquilla mía
Pobre barquilla mía, / entre peñascos rota, / sin velas desvelada, / y entre las olas sola: / ¿Adónde vas perdida? / ¿Adónde, di, te engolfas? / Que no hay deseos cuerd
por la florida orilla…
I / Por la florida orilla / de un claro y manso río / de salvia y de verbena coronado, / al tiempo que se humilla / al planeta más frío / con templado calor el sol dora
por las riberas famosas
Por las riberas famosas / de las aguas de Jarama, / junto del mesmo lugar / que Tajo las acompaña, / alegre sale Belardo / a recibir justa paga / de tantos años de amor
pregónase el poeta
Quien supiere, señores, de un pasante / que de Juana a esta parte anda perdido, / duro de cama y roto de vestido, / que en lo demás es blando como un guante; / de c
propone lo que ha de cantar
Celebró de Amarilis la hermosura / Virgilio en su bucólica divina, / Propercio de su Cintia, y de Corina / Ovidio en oro, en rosa, en nieve pura; / Catulo de su Les
pues andáis en las palmas
Pues andáis en las palmas, / Ángeles santos, / Que se duerme mi Niño, / Tened los ramos, / Palmas de Belén / Que mueven, airados, / Los furiosos vientos / Que suenan tant
pululando de culto
Pululando de culto, Claudio amigo, / minotaurista soy desde mañana; / derelinquo la frasi castellana, / vayan las Solitúdines conmigo. / Por precursora, desde hoy m
qué ceguedaz me trujo a tantos daños
¿Qué ceguedaz me trujo a tantos daños? / ¿Por dónde me llevaron desvaríos, / que no traté mis años como míos, / y traté como propios sus engaños? / ¡Oh puerto de mi
que otras veces amé negar no puedo
Que otras veces amé negar no puedo, / pero entonces amor tomó conmigo / la espada negra, como diestro amigo, / señalando los golpes en el miedo. / Mas esta vez que
qué tengo yo que mi amistad procuras
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras? / ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío, / que a mi puerta cubierto de rocío / pasas las noches del invierno escuras? / ¡Oh cuá
quejosas, dorotea, están las flores
Quejosas, Dorotea, están las flores, / que las colores las habéis hurtado; / y la frígida nieve se ha quejado / de que mayores son vuestros rigores. / Quejoso está
querido manso mío
Querido manso mío, que venistes / por sal mil veces junto aquella roca, / y en mi grosera mano vuestra boca / y vuestra lengua de clavel pusistes, / ¿por qué montañ
quien amores tiene, no los quiere
Quien amores tiene, no los quiere, / quien los quiere, no los tiene, / quien los tiene, tiene pena, / quien los pierde, no la siente. / Y es la pena tan crecida, / qu
quién mata con más rigor
¿Quién mata con más rigor? / Amor. / ¿Quién causa tantos desvelos? / Celos. / ¿Quién es el mal de mi bien? / Desdén / ¿Qué más que todos también / una esperanza perdida, /
quiero escribir
Quiero escribir, y el llanto no me deja, / pruebo a llorar, y no descanso tanto, / vuelvo a tomar la pluma, y vuelve el llanto, / todo me impide el bien, todo me
repastaban sus ganados…
Repastaban sus ganados / a las espaldas de un monte / de la torre de Belén / los soñolientos pastores, / alrededor de los troncos / de unos encendidos robles, / que, re
rota barquilla mía
Rota barquilla mía, que arrojada / de tanta envidia y amistad fingida, / de mi paciencia por el mar regida / con remos de mi pluma y de mi espada, / una sin corte y
sale la estrella de venus
Sale la estrella de Venus / al tiempo que el sol se pone, / y la enemiga del día / su negro manto descoge, / y con ella un fuerte moro / semejante a Rodamonte / sale de
satisfacciones de celos
Si entré, si vi, si hablé, señora mía, / ni tuve pensamiento de mudarme, / máteme un necio a puro visitarme, / y escuche malos versos todo un día. / Cuando de hacer
sentado en esta peña
Sentado en esta peña, / donde mis tiernas lágrimas se imprimen, / a imitación pequeña / de las que el alma y corazón me oprimen, / presumo enternecella / con soledade
sentado endimión
Sentado Endimión al pie de Atlante, / enamorado de la Luna hermosa, / dijo con triste voz y alma celosa: / «En tus mudanzas, ¿quién será constante? / Ya creces en m
sentimientos de ausencia
Señora mía, si de vos ausente / en esta vida duro y no me muero, / es porque como y duermo, y nada espero, / ni pleiteante soy ni pretendiente. / Esto se entiende e
serrana celestial de esta montaña
Serrana celestial de esta montaña, / por quien el sol, que sus peñascos dora, / sale más presto a ver la blanca Aurora / que a la noche venció, que el mundo engañ
serrana hermosa
Serrana hermosa, que de nieve helada / fueras como en color en el efeto, / si amor no hallara en tu rigor posada; / del sol y de mi vista claro objeto, / centro del
si culpa el concebir
Si culpa el concebir, nacer tormento, / guerra vivir, la muerte fin humano; / si después de hombre, tierra y vil gusano, / y después de gusano, polvo y viento; / si
silvio a una blanca corderilla suya
Silvio a una blanca corderilla suya, / de celos de un pastor, tiró el cayado, / con ser la más hermosa del ganado; / ¡oh amor!, ¿qué no podrá la fuerza tuya? / Huyó
sirvió jacob los siete largos años
Sirvió Jacob los siete largos años, / breves, si el fin cual la esperanza fuera; / a Lía goza y a Raquel espera / otros siete después, llorando engaños. / Así guard
soliloquio i
Dulce Jesús de mi vida, / ¡qué dije!, espera, no os vais: / que no es bien que vos seáis / de una vida tan perdida. / Pero si no sois de mí, / yo, mi Jesús, soy de vo
soneto de repente
Un soneto me manda hacer Violante; / en mi vida me he visto en tal aprieto, / catorce versos dicen que es soneto, / burla burlando van los tres delante. / Yo pensé
suelta mi manso
Suelta mi manso, mayoral extraño, / pues otro tienes de tu igual decoro, / deja la prenda que en el alma adoro, / perdida por tu bien y por mi daño. / Ponle su esqu
suelta mi manso, mayoral extraño
Suelta mi manso, mayoral extraño, / Pues otro tienes tú de igual decoro: / Suelta la prenda que en el alma adoro, / Perdida por tu bien y por mi daño. / Ponle su es
temores en el favor
Cuando en mis manos, Rey eterno, os miro, / y la cándida víctima levanto, / de mi atrevida indignidad me espanto / y la piedad de vuestro pecho admiro. / Tal vez el
túrbase el poeta de verse favorecido
Dormido Manzanares discurría / en blanda cama de menuda arena, / coronado de juncia y de verbena, / que entre las verdes alamedas cría; / cuando la bella pastorcill
un soneto me manda hacer violante
Un soneto me manda hacer Violante / que en mi vida me he visto en tanto aprieto; / catorce versos dicen que es soneto; / burla burlando van los tres delante. / Yo p
una dama se vende a quien la quiera
Una dama se vende a quien la quiera. / En almoneda está. ¿Quieren compralla? / Su padre es quien la vende, que aunque calla, / su madre la sirvió de pregonera. / Tr
vengada la hermosa filis…
Vengada la hermosa Filis / de los agravios de Fabio / a verle viene al aldea / enfermo de desengaños. / A ruego de los pastores / baja de su monte al prado, / que como
versos de amor
Versos de amor, conceptos esparcidos, / engendrados del alma en mis cuidados, / partos de mis sentidos abrasados, / con más dolor que libertad nacidos; / expósitos
versos de amor, conceptos esparcidos
Versos de amor, conceptos esparcidos, / engendrados del alma en mis cuidados, / partos de mis sentidos abrasados, / con más dolor que libertad nacidos: / Expósitos
vierte racimos la gloriosa palma
Vierte racimos la gloriosa palma, / y sin amor se pone estéril luto; / Dafnes se queja en su laurel sin fruto, / Narciso en blancas hojas se desalma. / Está la tier
vireno, aquel mi manso regalado
Vireno, aquel mi manso regalado / del collarejo azul; aquel hermoso / que con balido ronco y amoroso / llevaba por los montes mi ganado; / aquel del vellocino ensor
vivas memorias
Vivas memorias, máquinas difundas, / que cubre el tiempo de ceniza y hielo, / formando cuevas, donde el eco al vuelo / sólo del viento acaba las preguntas. / Basas,
ya no quiero más bien
Ya no quiero más bien que sólo amaros, / ni más vida, Lucinda, que ofreceros / la que me dais, cuando merezco veros, / ni ver más luz que vuestros ojos claros. / Pa
ya no quiero más bien que solo amaros
Ya no quiero más bien que solo amaros, / ni más vida, Lucinda, que ofreceros / la que me dáis, cuando merezco veros, / ni ver más luz que vuestros ojos claros. / Pa
ya vengo con el voto y la cadena
Ya vengo con el voto y la cadena, / desengaño santísimo, a tu casa, / porque de la mayor coluna y basa / cuelgue de horror y de escarmiento llena. / Aquí la vela y
yo dije siempre
Yo dije siempre, y lo diré, y lo digo, / que es la amistad el bien mayor humano; / mas ¿qué español, qué griego, qué romano / nos ha de dar este perfeto amigo? / Al
yo dije siempre, y lo diré, y lo digo
Yo dije siempre, y lo diré, y lo digo, / que es la amistad e bien mayor humano; / mas ¿qué español, qué griego, qué romano / nos ha de dar este perfecto amigo? / Al
yo me muero de amor
Yo me muero de amor, que no sabía, / aunque diestro en amar cosas del suelo, / que no pensaba yo que amor del cielo / con tal rigor las almas encendía. / Si llama l
yo pagaré con lágrimas la risa
Yo pagaré con lágrimas la risa / que tuve en la verdura de mis años, / pues con tan declarados desengaños / el tiempo, Elisio, de mi error me avisa. / «Hasta la mue
yo que no sé de los, de li ni le-
Yo que no sé de los, de li ni le- / ni sé si eres, Cervantes, co ni cu-; / solo digo que es Lope Apolo y tú / frisón de su carroza y puerco en pie. / Para que no es
yo vengo de ver
Yo vengo de ver, Antón, / un niño en pobrezas tales, / que le di para pañales / las telas del corazón.
zagalejo de perlas
Zagalejo de perlas, / hijo del Alba, / ¿dónde vais que bace frío / tan de mañana? / Como sois lucero / del alma mía, / al traer el día / nacéis primero; / pastor y cordero /
¡con qué artificio tan divino sales…
¡Con qué artificio tan divino sales / de esa camisa de esmeralda fina, / oh rosa celestial alejandrina, / coronada de granos orientales! / Ya en rubíes te enciendes
¡cuántas veces, amor, me prometiste!
¡Cuántas veces, Amor, me prometiste / que con olvido iguala el tiempo el daño! / Mas ya me falta en este desengaño / el bien que me ofreciste o que fingiste. / El a
¡oh, qué secreto, damas, oh, galanes
¡Oh, qué secreto, damas, oh, galanes, / qué secreto de amor! ¡Oh! ¡Qué secreto! / ¡Qué ilustre idea! ¡Qué sutil conceto! / Por Dios que es hoja de me fecit Ioanne
¿dónde vais, zagala…
¿Dónde vais, Zagala, / Sola en el monte? / Mas quien lleva el sol / no teme la noche. / ¿Dónde vais, María, / Divina Esposa, / Madre gloriosa / De quien os cría? / ¿Qué har
¿qué ceguedad me trujo a tantos daños?
¿Qué ceguedad me trujo a tantos daños? / ¿Por dónde me llevaron desvaríos, / que no traté mis años como míos, / y traté como propios sus engaños? / ¡Oh puerto de mi
¿quién es aquel caballero…
¿Quién es aquel Caballero / herido por tantas partes, / que está de expirar tan cerca, / y no le socorre nadie? / «Jesús Nazareno» dice / aquel rétulo notable. / ¡Ay Di