PAIS POEMA

Libros de leopoldo marechal

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leopoldo marechal

a un angelito
Solo tocó el umbral / de este mundo y se fue. / Con vino y aguardiente / nos alegramos todos, / porque no se llevaba de la tierra / ni una palabra dura / ni una gota de hiel, / sino un trébol pegado / a su talón
a un domador de caballos
1 / Cuatro elementos en guerra / forman el caballo salvaje. / Domar un potro es ordenar la fuerza / y el peso y la medida; / es abatir la vertical de fuego / y enaltecer la horizontal de agua; / poner un freno
a veces me pregunto…
A veces me pregunto: / ¿Qué hará la grey humana, / si algún día descubre con angustia / que ya no tiene que alcanzar más nada?
al domador celedonio barral
Domó en la pampa todos los caballos, / menos uno. / Por eso duerme aquí Celedonio Barral, / con sus manos prendidas / a la crin de la tierra. / El doradillo, el moro, el alazán / entre sus piernas fueron / máqu
al resero facundo corvalán
Aquí yace Facundo / Corvalán, un resero. / Porque había nacido en la cama del viento, / sopló todo su día. / Empujando furiosas / novilladas al Sur, / atropelló el desierto, vio su cara de hiel, / y le dejó una
así, pues, elbiamante, recogerás los frutos…
1 / Así, pues, Elbiamante, recogerás los frutos / que yo he cortado en otras latitudes / y a favor de otros climas, / tal un grumete niño que ha encontrado en las playas / el cinturón de Ulises navegante. / 2
balada para los niños
I / La reina Til desnuda una risa de fragua. / Todos los pájaros de la danza nacen en su pie volátil. / Sus ojos parecen dos lebreles recién castigados… / Desde un país en donde se abre el huevo de las ma
canción
¡Has de hacer un gran ramo / con todas tus palabras, hilandera! / Con las grandes palabras que llovieron / más redondas que frutas en un día sin hiel; / con tus grandes palabras / caídas como soles hasta el
canción para que una mujer madure
¡Fruto nuevo, amasijo de tierra y de agua! / Cristalizó en el gajo más curvado del mundo / la sal de tu ternura. / ¡Afilando puñales de sed, / trenzando los cabellos de una esperanza niña, / desvaneciendo s
canto de otras vidas
Silencio, / sangre de campanas muertas. / Llanto de las casas vacías / que imploran un retorno de niños… / Yo sé un canto sin nombre / que fructifica en el silencio. / Una canción de aquellas que soldaban tus
credo a la vida
Creo en la vida todopoderosa, / en la vida que es luz, fuerza y calor; / porque sabe del yunque y de la rosa / creo en la vida todopoderosa / y en su sagrado hijo, el buen Amor. / Tal vez nació cual el vehe
cuando, ya sea en la mañana pura…
Cuando, ya sea en la mañana pura, / Ya en la temida noche del espanto, / La mujer admirable de mi canto / Se adelanta sin velo ni atadura, / Descuida el alma su pelea obscura, / Las armas rinde, y su fervor
de la adolescente
Entre mujeres alta ya, la niña / quiere llamarse Viento. / Y el mundo es una rama que se dobla / casi junto a sus manos, / y la niña quisiera / tener filos de viento. / Pero no es hora, y ríe / ya entre mujeres
de la cordura
Con pie de pluma recorrí tu esfera, / Mundo gracioso del esparcimiento; / Y no fue raro que jugara el viento / Con la mentira de mi primavera. / Dormido el corazón, extraño fuera / Que hubiese dado lumbre y
de la rosa prudente
A su espinoso mundo sometida, / vive y muere la rosa colorada: / su pura soledad, ¡qué bien guardada!, / su bandera de amor, ¡qué defendida! / Guerra, pero entre dardos florecida; / cielo, mas al arrimo de
de la soledad
Desatado de guerras, / oigo cantar mi viento. / Yo recogí mi corazón perdido / sobre la muchedumbre de las aguas. / Yo soy un desertor entre las huestes / que asaltaron el día. / Bellos como las armas relucen
de sophía
Entre los bailarines y su danza / la vi cruzar, a mediodía, el huerto, / sola como la voz en el desierto, / pura como la recta de una lanza. / Su idioma era una flor en la balanza: / justo en la cifra, en e
definiciones
Te propongo, con ánimo docente, / Varias definiciones de tu cuerpo. / La viajera: “Es un traje de turismo, / entre los muchos que ha de usar tu ser / cumpliendo su moción helicoidal”. / La tenebrosa: “Es el
del adiós a la guerra
¡No ya la guerra de brillantes ojos, / La que aventando plumas y corceles / Dejó un escalofrío de broqueles / En los frutales mediodías rojos! / Si el orgullo velaba sus despojos / Y el corazón dormía entre
del admirable pescador
Perdido manantial, llanto sonoro / Dilapidado ayer en la ribera / De la tribulación, quién me dijera / ¡Que pesarías en balanza de oro! / Rumbo de hiel que todavía lloro, / Crucero sin honor y sin bandera, /
del amor navegante
Porque no está el Amado en el Amante / Ni el Amante reposa en el Amado, / Tiende Amor su velamen castigado / Y afronta el ceño de la mar tonante. / Llora el Amor en su navío errante / Y a la tormenta libra
del árbol
Hay en la casa un Árbol / que no planto la madre ni riegan los abuelos: / solo es visible al niño, al poeta y al perro. / Su primavera no es la que fundan las rosas: / no es la vaca encendida ni el huevo
del hombre, su color, su sonido y su muerte
Nuestros idiomas en guerra / son alabanza del día. / El día nuevo tiene la forma de un vaso: / pide colmarse de nuestra música. / Somos ligeros / y en nuestro baile no se fatiga la tierra; / vamos unidos, alt
descubrimiento de la patria
1 / Dije yo en la ciudad de la Yegua Tordilla: / “La Patria es un dolor que aún no tiene bautismo”. / Los apisonadores de adoquines / me clavaron sus ojos de ultramar; / y luego devoraron su pan y su ceboll
edad
Al rumbo amoroso del viento / se alzaron veletas de hierro. / A la sed amorosa del viento, / árboles de hierro con frutas de hierro. / A los ejércitos del viento, / doble muralla de hierro / Y la paloma de fu
el amor es un robo me dijiste una tarde
El amor es un robo -me dijiste una tarde- / robamos y nos roban, y así pasa de modo / que en los senderos quedan nuestras mejores galas / resecas como lirios que marchitó el otoño. / Han pasado los años y
el buey
I / Si el buey cae de rodillas / en el avenal sonoro, / no podrá castigarlo el innoble boyero / ni a tiro de piedra / ni a filo de palabra: / Conduzca su buey al río / todo innoble boyero, / para que corran junta
el ingeniero de robot; se dijo…
El ingeniero de Robot; se dijo: / «Hagamos a Robot a nuestra imagen / y nuestra semejanza». / Y compuso a Robot, cierta noche de hierro, / bajo el signo del hierro y en usinas más tristes / que un parto min
el río de tu sueño cantará el abecedario del agua…
El Río de tu Sueño cantará el abecedario del agua. / Tendrá árboles, como llamas verdes / chisporroteando alondras; / y altos bambúes cazarán el girasol de las lunas / en el Río de tu Sueño que sólo tú re
en la inocencia de tus ojos muertos…
En la inocencia de tus ojos muertos / recuperó su dignidad el cielo: / la muerte nunca tuvo / dos tréboles más castos / que tus ojos. / La tarde se perfuma con el silencio / que brota de tu piel. / Bajo tus pat
en una tierra que amasan potros de cinco años…
En una tierra que amasan potros de cinco años / el olor de tu piel hace llorar a los adolescentes. / ¡Yo sé que tu cielo es redondo y azul como los huevos de perdiz / y que tus mañanas tiemblan, / gotas p
entre los bailarines y su danza…
Entre los bailarines y su danza / la vi cruzar, a mediodía, el huerto, / sola como la voz en el desierto, / pura como la recta de una lanza. / Su idioma era una flor en la balanza: / justo en la cifra, en e
horóscopo
«Es la noche -dijiste- pon tu espejo / debajo de la almohada al acostarte / y en él verás, si sueñas, el reflejo / de la mujer que nunca ha de olvidarte.» / Llegó la noche al fin. Bajo la almohada, / record
ídolo
Alfarero sobre el tapiz de los días, / ¿con qué barro modelé tu garganta de ídolo / y tus piernas que se tuercen como arroyos? / Mi pulgar afinó tu vientre / más liso que la piel de los tambores nupciales
introducción a la oda
Varón callado y hembra silenciosa / me dieron la privanza de la tierra: / El último yo soy, y el que despunta. / Los hombres de mi sangre cosechaban el mar, / pero no levantaron la canción entre peces: / Ju
la antigua canción
Yo cantara tus ojos en estrofas sutil / porque el arte me ha dado su lira de marfil; / pero al mirar tus ojos de un azul tan profundo, / solo se la canción mas antigua del mundo… / Yo podría decir el fres
la erótica
(fragmento) / Tuve un segundo encuentro en el Tuyú, / junto al mar que bramaba como un toro / y en cierto mediodía de salitre. / Acostado en las algas vi el Amor, / doble y uno en su forma de andrógino admi
la reina til desnuda una risa de fragua…
I / La reina Til desnuda una risa de fragua. / Todos los pájaros de la danza nacen en su pie volátil. / Sus ojos parecen dos lebreles recién castigados… / Desde un país en donde se abre el huevo de las ma
largo día de cólera
En el corazón del silencio / los hombres clavan sus pasos. / Cada talón golpea la bigomia del mundo. / Se tejen las pisadas en collares de fuga / y el tiempo, castigado de invisibles otoños, / en los camino
niña de encabritado corazón
Su nombre, pensamiento / levantado del agua / o miel para la boca / de silencios añosos. / dicho bajo las ramas que otra vez aprendían / el gesto inútil de la primavera. / Mi nombre atado al suyo / castigó la v
nocturno
En el gastado corazón del Tiempo / se clavan las agujas de todos los cuadrantes. / Hay un pavor de soles que naufragan sin ruido: / la noche se cansé de enterrar a sus mundos. / ¡Llora por los relojes que
nuestros idiomas en guerra…
Nuestros idiomas en guerra / son alabanza del día. / El día nuevo tiene la forma de un vaso: / pide colmarse de nuestra música. / Somos ligeros / y en nuestro baile no se fatiga la tierra; / vamos unidos, alt
oda didáctica de la mujer
Por eje de la tierra la pusieron, / de norte a sur atravesada. / El mundo gira sobre su mujer. / Escritos en su tabla resplandecen / los números primarios de la tierra: / el número que aguza / las pasiones de
poema sin título
En una tierra que amasan potros de cinco años / el olor de tu piel hace llorar a los adolescentes. / Yo sé que tu cielo es redondo y azul como los huevos de perdiz / y que tus mañanas tiemblan, / ¡gotas p
por eje de la tierra la pusieron…
Por eje de la tierra la pusieron, / de norte a sur atravesada. / El mundo gira sobre su mujer. / Escritos en su tabla resplandecen / los números primarios de la tierra: / el número que aguza / las pasiones de
segundo encuentro con amor (fragmento)
En un anochecer, al oriente, mi duelo / buscaba por amor las figuras del cielo, / pues ya temía el alma su peligrosa ruta, / el sol en la Balanza y el otoño sin fruta. / Lejos de tu verdor aguerrido, Espe
silencio…
Silencio, / sangre de campanas muertas. / Llanto de las casas vacías / que imploran un retorno de niños… / Yo sé un canto sin nombre / que fructifica en el silencio. / Una canción de aquellas que soldaban tus
solo de silencio
¡Rama frutal llena de pájaros / enmudecidos, estanque negro, / raíz en curva de león / es tu silencio! / Arranca de tus ojos en dos ríos unánimes; / se escurre como el agua pluvial, de tus cabellos; / cuelga
unco, el idiota, cortador de juncos…
Unco, el idiota, cortador de juncos, / yace aquí sin machete ni juncal. / Para el techo del hombre cortó juncos: / Para el amor del hombre / cortaba juncos verdes: / juncos llenos de viento, / para el hombre
varón callado y hembra silenciosa…
Varón callado y hembra silenciosa / me dieron la privanza de la tierra: / El último yo soy, y el que despunta. / Los hombres de mi sangre cosechaban el mar, / pero no levantaron la canción entre peces: / Ju
vestida y adornada como para sus bodas…
Vestida y adornada como para sus bodas / la Muerta va: dos niños / la conducen, llorando. / Y es en el mismo carro de llevar las espigas / maduras en diciembre. / El cuerpo va tendido sobre lanas brillantes
¡fruto nuevo, amasijo de tierra y de agua!…
¡Fruto nuevo, amasijo de tierra y de agua! / Cristalizó en el gajo más curvado del mundo / la sal de tu ternura. / ¡Afilando puñales de sed, / trenzando los cabellos de una esperanza niña, / desvaneciendo s
¿cómo sabrá el amor llevarte un día?…
¿Cómo sabrá el amor llevarte un día / por su ancha miel y su camino estrecho, / si, abroquelada soledad, tu pecho / le niega el aire y la caballería? / ¿Y cómo depondrá su altanería / de antiguo cazador baj
¿y más allá?
Un extraño viajero musitaba en la noche: / -Yo escalaré la cima; profanarán mis huellas / la nieve que cien siglos dejaron al pasar / y en lo alto, cara a cara, miraré las estrellas… / -¿Y más allá? / -Romp