leopoldo lugones
a la patriaPatria, digo, y los versos de la oda / Como aclamantes brazos paralelos, / Te levantan Ilustre, Unica y Toda / En unanimidad de almas y cielos. / Visten en pompa de
a rubén darío y otros cómplicesAut insanit homo, aut versus facit / HOR., Sat. VII, lib. II / Habéis de saber / Que en cuitas de amor, / Por una mujer / Padezco dolor. / Esa mujer es la luna, / Que en
a ti, única(Quinteto de la luna y del mar) / PIANO / Un poco de cielo y un poco de lago / donde pesca estrellas el grácil bambú, / y al fondo del parque, como íntimo halago, / l
al jorobadoSabio jorobado, pide a la taberna, / Comadre del diablo, su teta de loba. / El vino te enciende como una linterna / Y en turris ebúrnea trueca tu joroba, / Porque d
alma venturosaAl promediar la tarde de aquel día, / cuando iba mi habitual adiós a darte, / fue una vaga congoja de dejarte / lo que me hizo saber que te quería. / Tu alma, sin c
amorAmor que en una soledad de perla / veló el misterio de su aristocracia, / donde, sino el encanto de tu gracia, / no hay otro que estar triste de no verla. / Dichosa
amor eternoDeja caer las rosas y los días / una vez más, segura de mi huerto. / Aún hay rosas en él, y ellas, por cierto, / mejor perfuman cuando son tardías. / Al deshojarse
ausenciaTodo, amada, en tu ausencia siempre larga te llora: / El silencio y la estrella, la sombra y la canción, / Lo que duda en la dicha, la que en la duda implora. / Y
balada del fino amorBajo el remoto azul de un cielo en calma, / y al susurrar de la alameda umbría, / para tu elogio he de contar un día / cómo fue que el amor nos llegó al alma. / Cóm
conjunciónSahumáronte los pétalos de acacia / que para adorno de tu frente arranco, / y tu nervioso zapatito blanco / llenó toda la tarde con su gracia. / Abrióse con erótica
contrabajoDulce luna del mar que alargas la hora / de los sueños del amor; plácida perla / que el corazón en lágrimas atesora / y no quiere llorar por no perderla. / Así el f
de la musa al académicoSeñor Arcadio, hoy es la fiesta, / Es la fiesta del Carnaval. / Estalla al sol como una orquesta / Toda su cháchara jovial. / Lindos están el mar y el cielo; / Fermen
delectación amorosaLa tarde, con ligera pincelada / que iluminó la paz de nuestro asilo, / apuntó en su matiz crisoberilo / una sutil decoración morada. / Surgió enorme la luna en la
divagación lunarSi tengo la fortuna / De que con tu alma mi dolor se integre, / Te diré entre melancólico y alegre / Las singulares cosas de la luna. / Mientras el menguante exiguo
el astro propicioAl rendirse tu intacta adolescencia, / emergió, con ingenuo desaliño, / tu delicado cuello, del corpiño / anchamente floreado. En la opulencia, / del salón solitari
el canto de la angustiaYo andaba solo y callado / Porque tú te hallabas lejos; / y aquella noche / Te estaba escribiendo, / Cuando por la casa desolada / Arrastró el horror su trapo siniest
el color exóticoCon tu pantalla oval de anea rara, / tus largos alfileres y tus flores, / parecías, cargada de primores / una ambigua musmé del Yoshivara. / Hería en los musgosos s
el éxtasisDormía la arboleda; las ventanas / llenábanse de luz como pupilas; / las sendas grises se tornaban lilas; / cuajábanse la luz en densas granas. / La estrella que co
el nido ausenteSolo ha quedado en la rama / un poco de paja mustia / y, en la arboleda, la angustia / de un pájaro fiel que llama. / Cielo arriba y senda abajo, / no halla tregua a
el picaflorRun … dun, run … dun … Y al tremolar sonoro / Del vuelo audaz y como un dardo, intenso, / Surgió de pronto, ante una flor suspenso, / En vibrante ascua de esmeral
emoción aldeanaNunca gocé ternura más extraña, / Que una tarde entre las manos prolijas / Del barbero de campaña, / Furtivo carbonario que tenía dos hijas. / Yo venía de la montañ
historia de mi muerteSoñé la muerte y era muy sencillo; / una hebra de seda me envolvía, / y a cada beso tuyo, / con una vuelta menos me ceñía / y cada beso tuyo / era un día; / y el tiempo
holocaustoLlenábanse de noche las montañas, / y a la vera del bosque aparecía / la estridente carreta que volvía / de un viaje espectral por las campañas. / Compungíase el vi
la alcoba solitariaEl diván dormitaba; las sortijas / brillaban frente a la oxidada aguja, / y un antiguo silencio de Cartuja / bostezaba en las lúgubres rendijas. / Sentía el violín
la blanca soledadBajo la calma del sueño, / Calma lunar de luminosa seda, / La noche / Como si fuera / El blanco cuerpo del silencio, / Dulcemente en la inmensidad se acuesta… / Y desat
la garzaEn su abstracto candor, el tiempo vano / inmoviliza eterno, hondo, distante, / la soledad obscura del pantano / y una línea de tiza interrogante…
la muerte de la lunaEn el parque confuso / Que con lánguidas brisas el cielo sahúma, / El ciprés, como un huso, / Devana un ovillo de de bruma. / El telar de la luna tiende en plata su
la torcazEl pleno sol goza enhiesta / sobre un seco y alto tronco. / Desgrana en su arrullo ronco / su áurea mazorca la siesta. / El follaje, más umbrío, / le ofrece en vano s
las manos entregadasEl insinuante almizcle de las bramas / se esparcía en el viento, y la oportuna / selva estaba olorosa como una / mujer. De los extraños panoramas / surgiste en tu c
los celos del sacerdoteObsta con densa máscara de seda / el cruel carmín de tu inviolada boca, / y la gran noche azul de tus pupilas, / y el cielo de tu fuente luminosa. / Destrenza tus c
los doce gozosCabe una rama en flor busqué tu arrimo. / La dorada serpiente de mis males / circuló por tus púdicos cendales / con la invasora suavidad de un mimo. / Sutil vapor a
luna de los amoresDesde que el horizonte suburbano, / El plenilunio crepuscular destella, / En el desierto comedor, un lejano / Reflejo, que apenas insinúa su huella. / Hay una mesa
nocturnoGrave fue nuestro amor, y más callada / aquella noche frescamente umbría, / polvorosa de estrellas se ponía / cual la profundidad de una cascada. / Con la íntima du
oceánidaEl mar, lleno de urgencias masculinas, / bramaba en derredor de tu cintura, / y como un brazo colosal, la oscura / ribera te amparaba. En tus retinas, / y en tus ca
oda a la denudez¡Qué hermosas las mujeres de mis noches! / En sus carnes, que el látigo flagela, / pongo mi beso adolescente y torpe, / como el rocío de las noches negras / que res
olas grisesLlueve en el mar con un murmullo lento. / La brisa gime tanto, que da pena. / El día es largo y triste. El elemento / duerme el sueño pesado de la arena. / Llueve.
paradisíacaCabe una rama en flor busqué tu arrimo. / La dorada serpiente de mis males / circuló por tus púdicos cendales / con la invasora suavidad de un mimo. / Sutil vapor a
paseo sentimentalÍbamos por el pálido sendero / hacia aquella quimérica comarca, / donde la tarde, al rayo del lucero, / se pierde en la extensión como una barca / Deshojaba tu amor
pianoUn poco de cielo y un poco de lago / donde pesca estrellas el glácil bambú, / y al fondo del parque, como íntimo halago, / la noche que mira como miras tú. / Florec
primer violínLargamente, hasta tu pie / se azula el mar ya desierto, / y la luna es de oro muerto / en la tarde rosa té. / Al soslayo de la luna / recio el gigante trabaja, / susurr
romance del perfecto amorOye, Amada, la noche. Qué serena / la luna se levanta / sobre la mar y sobre tu hermosura. / La noche canta. / Oye, Amada, la fuente. En lo profundo / de la calma son
rosa de otoñoAbandonada al lánguido embeleso / que alarga la otoñal melancolía, / tiembla la última rosa que por eso / es más hermosa cuanto más tardía. / Tiembla… un pétalo cae
rosa marchitaRosa marchita que el amante guarda / entre viejos y pálidos papeles / que a ese recuerdo vagamente fieles / siente pasar bajo su mano tarda. / Quizá recuerda un alg
salmo pluvialTormenta / Érase una caverna de agua sombría el cielo; / el trueno, a la distancia, rodaba su peñón; / y una remota brisa de conturbado vuelo, / se acidulaba en ten
segundo violínLa luna te desampara / y hunde en le confín remoto / su punto de huevo roto / que vierte en el mar su clara. / Medianoche van a dar, / y al gemido de la ola / te angust
tentaciónCalló por fin el mar, y así fue el caso: / En un largo suspiro violeta, / se extenuaba de amor la tarde quieta / con la ducal decrepitud del raso. / Dios callaba ta
venus victaPidiéndome la muerte, tus collares / desprendiste con trágica alegría / y en su pompa fluvial la pedrería / se ensangrentó de púrpuras solares. / Sobre tus bizantin
violoncheloDivina calma del mar / donde la luna dilata / largo reguero de plata / que induce a peregrinar. / En la pureza infinita / en que se ha abismado el cielo, / un ilusorio