PAIS POEMA

Libros de leopoldo de luis

Autores

leopoldo de luis

aunque siegue la voz con que tu nombre
Aunque siegue la voz con que tu nombre / digo, tu nombre irá, como una hoguera, / abrasando estos huesos y esta carne de hombre / con perpetuo verdor de primavera. / Aunque ciegue la herida de mis ojos / do
con los míos estoy. he aquí mis cartas
Con los míos estoy. He aquí mis cartas, / descubro claramente el juego: / miro la realidad y a este costado / se me inclina la voz por donde muero, / por donde el corazón ligeramente / me vence cada día con
cumpleaños
Un año es como un torpe dromedario / y abrimos sobre él otro desierto. / Hemos venido en un camello muerto / sobre el que cabalgamos a diario. / ¿Será cada año otra cabalgadura? / ¿Cumplir años será algo má
el espejo
Con los ojos vendados nos miramos / cada día delante de un espejo / para ser sólo imágenes / nuestras que no veremos. / Desfilamos, retratos fidelísimos, / copias exactas, calcos o reflejos, / resbalamos por
el mueble viejo
Al carpintero hoy he suplantado / y estoy manipulando la madera. / Los clavos vienen, el martillo espera / y un viejo mueble llora desclavado. / (Nadie recuerda aquel árbol herido / que de su corazón sacó e
el paisaje eres tú
No hay paisaje sin ti. Qué roca oscura, / qué mar de plomo, qué amarillo cielo. / Es sólo tu mirada la que infunde / belleza y claridad. Máquina extraña / que elabora el prodigio del paisaje. / Sólo es rosa
el puzzle
Frente a frente y el puzzle en medio. Sé / que pude acertar solo el acertijo / pero es más llevadero buscar juntos / las piezas que completen el diseño. / Nunca damos con todas: huecos hay / porque ignoramo
elegía
Con sus alas de plomo va la tarde; / pasa en la piel ceniza de los campos. / Difusamente cunde la penumbra, / vellón de sucia lana en el ocaso. / Tú eras también de luna y de paisaje… / Se ha oscurecido el
elegía de otoño
Las hojas del otoño flotan sobre tu brisa / y caen en el estanque solitario del alma. / Un dolor de ser otros parece que nos pesa / como unas rotas alas. / (Acaso nunca el hombre es él mismo.) Escuchamos /
es como el agua en gracias generosas
Es como el agua en gracias generosas / por el frescor humilde de la arena: / un albo deshojar de húmedas rosas, / líquido florecer que de amor suena. / Sencillamente fluyes, te derramas / en amorosa ofrenda
es como levantarte con los ojos
Es como levantarte con los ojos, / con las húmedas alas de los ojos, / al imborrable cielo del recuerdo. / Pasan nubes oscuras, tristes pájaros. / Lentamente tu nombre al fin se queda / solo, desnudo, inmóv
huelen las rosas
Sobre la mesa han puesto un barro humilde / con unas rosas que lo justifican / igual que justifica el hombre / un claro destello, una esperanza, una sonrisa. / Huelen las rosas, y sentir su aroma / también
la asamblea
Como en una asamblea nos hallamos. / No sabemos quién es el que nos llama. / Una luz o una lengua se derrama / sobre la mesa. Todos nos miramos. / ¿Quién nos reúne? ¿Cuál es el motivo? / La razón del encuen
la extraña amiga
Cuando tú llegues no estaré yo, amiga / extraña, no veré tus ojos tristes. / Nunca podré, contra lo que se diga, / levantar el tapiz con que te vistes. / Sé bien, amiga, que eres sólo invento / de quienes s
la mano
Toca mi mano. Apenas es un guante / para el amor y la desesperanza, / apenas en las cosas se afianza, / apenas palpa todo un breve instante. / Toca en mi mano esta sombría tela / para el ansia de asir tanta
la muerte
‘Yo no puedo vivir mi muerte’ / Wittgenstein / Nadie puede vivir su propia muerte. / No es la muerte un afán ni una experiencia. / Morir no es más que un vaso que se vierte, / un motor que ha perdido su efi
la pareja
Tenerte cerca. Hablarte. / Y besarte en silencio. / Y sentir el contacto / caliente de tu cuerpo. / Sentir que vives, trémula, / aquí, contra mi pecho. / Que mis brazos abarcan / tus límites perfectos. / Que tu p
la realidad
No, no quiero los sueños. Es la vida, / la realidad la que nos llama. Escucha. / Son las cosas estrictas que tocamos / las que nos prestan su difícil música. / Difícil, sí, difícil es alzarse / desde el sil
la ropa en la ventana
Como falsos ahorcados en el aire / sus cuerpos vacilantes y vacíos, / desnudos de nosotros, brazos, piernas, / cinturas, pechos, cuellos, suspendidos. / Pasa la luz de enero entre los blancos / fantasmas co
la señal
Mirad los valles claros, los tranquilos / campos de Dios que abril puro hermosea. / Los horizontes donde azules hilos / tejen la luz, como ave que aletea. / Ved los hondos paisajes reflejados / en el humano
la vuelta
Soy tu hijo. Tu hermano. No es posible. / Sin duda que hay aquí un mal entendido / ¿Soy el que quise ser o éste que he sido? / La casa es familiar ciclo increíble. / -Yo soy tu hijo, madre; soy el niño / de
los nombres de las cosas
Si decimos madera, se oye el viento / poniendo entre los árboles su música, / como cuando al nombrar el pan nos llega / un vaho caliente de la mies madura / y al decir vino es un otoño claro / lo que nos to
me espera
Aquí, en la habitación, sobre la cama, / me está esperando un muerto que aún respira. / Mira, como mirar, ya no me mira. / Mirar, como llamar, sí que me llama. / La luz apenas roza su figura / como un pájar
me siento extraño
Somos una costumbre, un gesto, un modo, / una manera de mirar, acaso. / Pequeños movimientos nos distinguen, / leves fórmulas marcan signos, rasgos / que se hacen peculiares nos conducen / por rutas diferen
naufragio
El mar en Santa Bárbara es un claro / mastín de espuma. Ladra entre las rocas, / lame las finas manos de la arena, / va y viene por las conchas, / y a los lentos corderos de la tarde / hasta el redil del ho
otra vez
Vamos a repetir la misma escena. / Tú y yo. Nos aprendimos los papeles. / Miles y miles antes lo dijeron. / Pero la vieja historia nunca muere. / Nos vimos… ¿Qué mas da? Viejo escenario / donde el telón de
patria, mujer
Digo patria, y a veces me parece / que mujer digo y que su cuerpo beso, / digo mujer y siento que me mece / una cuna de tierra desde el hueso. / Se me viene a la boca un nombre como / un sabor de tristeza y
poema para octubre
La tarde es una rosa vagamente / en la rama desnuda del ocaso. / Una rosa ceniza, como un frío / beso crecido en unos muertos labios. / Leve sombra desliza / su palidez de hielo entre mis manos. / Las pupilas
recordando un perfume
La vida me adelanta un mensajero / delgado. Pone cada / cosa viva en el aire su existencia / como invisibles alas. / A ciegas avanzamos / y el olor es un hilo / de Ariadna que nos lleva de la mano / fuera del l
será sencillamente
¿Cómo decirte cómo? Será como las flores / que nievan de blancura un corazón de ramas. / Como el sol de la tarde, que madura colores / y matiza la sierra de doradas escamas. / Será con esa dulce sencillez
tránsito
Como la música del tiempo / suena tu paso próximo. Resbala / tu sombra cual los días en fluyente / transitar por mis surcos, como un agua. / Flotamos en el tiempo, en el continuo / ir del río. Nos lleva. No
una mujer en la escalera
Escalón a escalón, una cansada / mujer asciende como si del centro / de la tierra subiera. De allá adentro / honda sombra retiene en la mirada / Implacable le impone la escalera / su destino de tramos suces