leopoldo alas mínguez
al filo de los cuarentaHasta cuándo podré querer a muchos sin entregarme a nadie. / Cuántos días de espontánea indefinición me quedan por delante. / Él me espera y tiene mis facciones. / Cuarenta años, hermano. / Lo prefiero a
al filo de los treintaSupón que todo sigue… / La voz que siempre escuchas por las tardes / cuando a solas suspiras para aliviar el peso, / con ganas de cambiar y miedo a las personas / y cierta desazón de estar sin ellas. / Oigo
el ángel desde dentroDesangelados, sin alas, sin brillo, / en las brasas de los últimos fuegos. / Así hemos llegado a creernos, / avanzando entre el lodo como vehículos / sin ruta y sin pasajeros. / Pero el ángel está en nuestr
el ángel y el vampiroPasé la vida entre vampiros y ángeles, / libando con paciencia los unos mi energía, / los otros trasvolando mis días más sentidos. / Todos los trances de luz fueron suyos: / al ángel los del cuerpo, los d
el corazón en casaNo levantan la mirada. No hay nada / más que el aliento gris / que emanan sus marrones, / un resuello que va espesando arriba / y les deja rendidos al asfalto. / Ni sueñan: no hace falta. Ni recuerdan. / Ni d
el extraño que vino de lejosNo sé cómo aprendimos a querernos, / qué hubo en vosotros de mí, qué nos dimos. / Corre la vida y estáis al pie de otros edificios, / zarandeados, llevados, retenidos en la trama. / Pero decidme si habéis
espectros de una vida que se agota¿A qué viene esconderse los espectros? / Entonces no era así. / Íbamos juntas las almas en busca de cuerpos / porque en uno solo no cabía la conciencia. / Qué arteras artimañas usamos por no vernos, / qué o
la aureola azulEn la roca de esmeraldas que imagina, / el anciano defiende su aureola. / Con diecisiete años, le dijo que era azul / una mujer del norte / y le advirtió que nunca la perdiera. / Vendrán las nubes que ensom
la rueda de los azaresDe un día para otro, todo cambia. / Si ayer amanecías deslumbrado / y tus ideas parecían claras, / hoy mismo, en el espejo del lavabo, / has visto al perdedor de las facciones neutras / inflado de bostezos /
mi olor a tiToda mi ropa huele a cuando estabas. / Sería al abrazarte -no lo entiendo- / o que estuviste cerca y se quedó prendido. / Si arrimo mi nariz al hombro o a la manga, te respiro. / Al ponerme la chaqueta, e
pasión de afectoEn el amor fatal no brilla el pensamiento. / La mente se coagula cuando la sangre estalla. / Vuelve sombrío el ingenio y sin gracia / la fatuidad fanática del fuego. / Yo creo en un amor clarividente, / una
posesión del miedo¿A qué fuerza convoco, yo que un tiempo hice brotar / los tallos con mi aliento y ahuyenté las sombras? / Hoy esta sal en los labios, ¿de qué mar la traigo? / ¿De dónde este temblor que me desarma? / Cono
razón de amorNo es sólo la pasión de los abrazos, / la saliva, el aroma, el vértigo, los besos / o el plácido desvelo de la ausencia. / Mi amor es la fábula y la trama, / el relato interior que sigue a cada encuentro,
soledad es la hierbaSoledad entre cosas cargadas de sentido. / Mientras hierve en el fuego la pasta o la verdura, / no merece la pena ya ni hablar por teléfono / con amigos que comparten de lejos / la misma desazón en silenc
un canto y unos versosNos han visto postrados al rumor de unos rezos / que aprendimos de niños, cuando todo era bueno. / Después de haber crecido como la mala hierba, / pletóricos de ausencia y en pantanosas tierras; / de habe