PAIS POEMA

Libros de leandro fernández de moratín

Autores

leandro fernández de moratín

a clori, histrionista, en coche simón
Esa que veis llegar máquina lenta, / de fatigados brutos arrastrada, / que en vano de rigor la diestra armada / vinoso auriga acelerar intenta, / no menos va dichosa y opulenta, / que la de cisnes cándidos
a flerida, poetisa
Basta Cupido ya, que a la divina / Ninfa del Turia reverente adoro: / ni espero libertad, ni alivio imploro, / y cedo alegre al astro que me inclina. / ¿Qué nuevas armas tu rigor destina / contra mi vida, s
a la capilla del pilar de zaragoza
Estos que levantó de mármol duro / sacros altares la ciudad famosa, / a quien del Ebro la corriente undosa / baña los campos y el soberbio muro, / serán asombro en el girar futuro / de los siglos, basílica
a la ciencia de hipócrates unida…
A la ciencia de Hipócrates unida, / dilata los instantes de la vida.
apenas, fabio, lo que dices creo…
Apenas, Fabio, lo que dices creo, / y leyendo tu carta cada día / más me confunde cuanto más la leo. / ¿Piensas que esto que llaman poesía, / cuyos primores se encarecen tanto, / es cosa de juguete o frusle
cupido no permite
Cupido no permite / que mi canto celebre / los héroes que la fama / coronó de laureles. / Él me inspira dulzuras / y amores inocentes, / olvidando de Marte / los horrores crüeles. / Tú, hermosa, si a mi vers
deja tu chipre amada
Deja tu Chipre amada, / Venus, reina de Pafos y de Gnido, / que Glycera adornada / estancia ha prevenido, / y te invoca con humos que ha esparcido. / Trae al muchacho ardiente / y las gracias, la ropa desceñi
el niño ceguezuelo
El niño ceguezuelo / adormeciose un día / en el recinto oscuro / de los bosques del Ida. / Venus temor concibe / al ver que no volvía / de tan largo reposo, / que al de la muerte imita. / Y en lágrimas hermosas / b
elegía a las musas
Esta corona, adorno de mi frente, / esta sonante lira y flautas de oro / y máscaras alegres, que algún día / me disteis, sacras Musas, de mis manos / trémulas recibid, el canto acabe, / que filera osado int
esta corona, adorno de mi frente…
Esta corona, adorno de mi frente, / Esta sonante lira y flautas de oro / Y máscaras alegres, que algún día / Me disteis, sacras Musas, de mis manos / Trémulas recibid, y el canto acabe, / Que fuera osado in
este es guadiela, cuyas ondas puras…
Este es Guadiela, cuyas ondas puras / van a crecer del Tajo la corriente; / esta la selva deliciosa, donde / gozan las Horas del ardor estivo / las bellas hamadríades, formando / ligeras danzas y festivos c
estos que levantó de mármol duro
Estos que levantó de mármol duro / sacros altares la ciudad famosa, / a quien del Ebro la corriente undosa / baña los campos y el soberbio muro, / serán asombro en el girar futuro / de los siglos: basílica
febo desde la tierna infancia mía
Febo desde la tierna infancia mía / quiso que el plectro de marfil pulsara, / y en las alturas de Helicón gozara / sus verdes bosques y su fuente fría. / Mas dudosa la mente desconfía, / Conti, aspirar al p
flumisbo, el celebrado
Flumisbo, el celebrado / cantor de Termodonte, / por quien grato a las musas / fue de Dorisa el nombre, / ya las sombras habita / de los elisios bosques. / Llorad, Venus hermosa, / llorad, dulces Amores. / Suelta
la despedida
Nací de honesta madre: diome el Cielo / fácil ingenio en gracias, afluente: / dirigir supo el ánimo inocente / a la virtud, el paternal desvelo. / Con sabio estudio, infatigable anhelo, / pude adquirir coro
los días
¡No es completa desgracia, / que por ser hoy mis días, / he de verme sitiado / de incómodas visitas! / Cierra la puerta, mozo, / que sube la vecina, / su cuñada y sus yernos / por la escalera arriba. / Pero, ¡qué
nací de honesta madre: diome el cielo…
Nací de honesta madre: diome el Cielo / fácil ingenio en gracias, afluente: / dirigir supo el ánimo inocente / a la virtud, el paternal desvelo. / Con sabido estudio, infatigable anhelo, / pude adquirir cor
no pretendas saber (que es imposible)
No pretendas saber (que es imposible) / cuál fin el cielo a ti y a mí destina, / Leucónoe, ni los números caldeos / consultes, no; que en dulce paz, cualquiera / suerte podrás sufrir. O ya el tonante / much
por nada, como ves
-Siete duros al mes de peluquero; / para calzarme, nueve; las criadas / -que necesito dos- no están pagadas / si no les doy cien reales en dinero. / Diez duros al bribón de mi casero; / telas, plumas, caire
quiero contarte…
Quiero contarte / que Don Miguel, / aquel pesado / que viste ayer, / me está moliendo / mas ha de un mes, / sin ser posible / zafarme de él, / para que compre / (mal haya, amén) / sus dos candongas / y su cupé. / Esta ma
rodrigo
Cesa en la octava noche el ronco estruendo / de la sangrienta militar porfía; / el campo godo destrozado ardía / con llama que descubre estrago horrendo. / Rodrigo en tanto, su peligro viendo, / por ignorad
¿que al fin, las riquezas?…
¿Que al fin, las riquezas / de la Arabia envidias, / Icio, y a los reyes, / no vencidos antes, / de Saba preparas / guerra luctuosa, / y al medo terrible / pesadas cadenas? / ¿Cuál servirte puede / bárbara cautiva,
¿ves cuán acelerados…
¿Ves cuán acelerados, / Nísida, corren a su fin los días? / ¿Y los tiempos pasados, / cuando joven reías, / ves que no vuelven, y en amar porfías? / Huyó la delicada / tez, y el color purísimo de rosa, / la voz