julio flórez
a colombiaGolpea el mar el casco del navío / que me aleja de ti, patria adorada. / Es medianoche; el cielo está sombrío; / negra la inmensidad alborotada. / Desde la yerta proa, la mirada / hundo en las grandes sombr
a mi hijo, león julio¿Ves ese roble que abatir no pudo / ayer el huracán que asoló el monte / y que finge en el monte un alto y rudo / centinela que mira el horizonte? / El rayo apenas lo agrietó; sereno / sobre su vieja alfomb
abstracciónA veces melancólico me hundo / en mi noche de escombros y miserias, / y caigo en un silencio tan profundo / que escucho hasta el latir de mis arterias. / Más aún: oigo el paso de la vida / por la sorda cave
algo se muere en mí todos los días…Algo se muere en mí todos los días; / la hora que se aleja me arrebata, / del tiempo en la insonora catarata, / salud, amor, ensueños y alegrías. / Al evocar las ilusiones mías, / pienso: “¡yo, no soy yo!”
apocalípticaY me senté en el carro de la sombra, / presa del más horrendo paroxismo, / y comencé a rodar sobre una alfombra, / formada por el cosmos del abismo. / Y abarqué el infinito en una sola / mirada, llena de fu
aúnMil veces me engañó; más de mil veces / abrió en mi corazón sangrienta herida; / de los celos la copa desabrida / me hizo beber hasta agotar las heces. / Fue en mi vida, con todas sus dobleces, / la causa d
azul… azul… azul estaba el cielo…Azul… azul… azul estaba el cielo. / El hálito quemaste del estío / comenzaba a dorar el terciopelo / del prado, en donde se remansa el río. / A lo lejos, el humo de un bohío, / tal de una novia el intocado
boda negraOye la historia que contome un día / el viejo enterrador de la comarca: / era un amante a quien por suerte impía / su dulce bien le arrebató la parca. / Todas las noches iba al cementerio / a visitar la tum
candorAzul… azul… azul estaba el cielo. / El hálito quemaste del estío / comenzaba a dorar el terciopelo / del prado, en donde se remansa el río. / A lo lejos, el humo de un bohío, / tal de una novia el intocado
cárcel perpetuaYo vivo encadenado a tu hermosura, / lo mismo que a su roca, Prometeo; / sin poder quebrantar la ligadura / que me une a ti… por más que forcejeo. / ¿De qué delito bárbaro fui reo, / para tener que soportar
castigoDos puñales agudos / templados al fuego, / yo quisiera clavarte en los ojos, / azules y grandes rincones de cielo; / sacar los puñales / después, los terribles puñales de acero, / ver en tus cuencas vacías y
cuando bajo la comba de la nave…Cuando bajo la comba de la nave, / del vasto templo, rezas con fervor, / y tu oración se eleva, como un ave, / del órgano al gemido vibrador, / desde un rincón oscuro te contemplo, / fijos los ojos en el vi
cuando lejos muy lejos, en hondos maresCuando lejos muy lejos, en hondos mares, / en lo mucho que sufro pienses a solas, / si exhalas un suspiro por mis pesares, / mándame ese suspiro sobre las olas. / Cuando el sol con sus rayos desde el orie
cuentan que un rey soberbio y corrompido…Cuentan que un rey soberbio y corrompido / cerca del mar, con su conciencia a solas, / sobre la playa se quedó dormido; / y agregan que aquel mar lanzó un rugido / y sepultó al infame entre sus olas! / Hoy,
cviii—¿La luz más refulgente? / —Está en tus ojos. / —¿La mayor alegría? / —En tu presencia. / —¿La miel más dulce? / —Entre tus labios rojos. / —¿El vergel más florido? / —En tu existencia / —¿La sombra más oscura? / —
dime, niño adorado…Dime, niño adorado / de los labios de rosa, / de ojos grandes y verdes / como el verde del mar: / De qué estrella caíste / y en qué trágica fosa: / Tan bello eres que, al verte, / dan ganas de llorar. / Tal vez p
el poder del cantoTañe Orfeo su cítara y avanza / con pie seguro hacia el remoto oriente; / canta y su voz desbórdase en torrente / de fe y amor, de vida y esperanza. / Camina… y la brumosa lontananza / despéjase ante el lír
en el salónEn tu melena, do la noche habita, / temblaba una opulenta margarita / como un astro fragante entre la sombra; / de pronto, con tristeza, / doblaste la cabeza / y rodó la la alta flor sobre la alfombra. / Sin
en la agonía(Últimos versos del poeta) / Nó, retira esa droga, que no luche / por más tiempo del doctor… ¡Es muy tenaz! / Ven, que el latido de tu pecho escuche. / ¡Ven, acércate más! / Dime, ¿quieres curarme? ¿Sí? Pue
en tu melena, do la noche habita…En tu melena, do la noche habita, / temblaba una opulenta margarita / como un astro fragante entre la sombra; / de pronto, con tristeza, / doblaste la cabeza / y rodó la alta flor sobre la alfombra. / Sin ver
entoncesJamás con mi recuerdo estarás sola: / viviré sin cesar en tu presencia, / mientras el lago aquél tenga una ola; / mientras el bosque aquél… guarde una esencia. / Mientras que de tu pecho en los ardores / de
entre las hojas de laurel, marchitas…Entre las hojas de laurel, marchitas, / de la corona vieja, / que en lo alto de mi lecho suspendida, / un triunfo no alcanzado me recuerda, / una araña ha formado / su lóbrega vivienda / con hilos tembladores
esperaré, y en día no lejano…Esperaré, y en día no lejano, / cuando se apiade mi contraria suerte / y me depare el ósculo de muerte / que ha de salvarme del contagio humano, / pienso que tierra y cielo y océano / de gozo temblarán… y q
flores negrasOye: bajo las ruinas de mis pasiones, / y en el fondo de esta alma que ya no alegras, / entre polvos de ensueños y de ilusiones / yacen entumecidas mis flores negras. / Ellas son el recuerdo de aquellas h
fuego y cenizaY llegué a mi aposento. De la orgía, / vibraba aún, en mi cerebro ardiente, / la estruendosa y horrenda algarabía. / Y con el alma sorda y con la frente / en sudor copiosísimo empapada, / me desplomé en el
fulminado¡Vibras, rayo! La muerte va contigo: / tronchas el árbol y huye tu reflejo; / las aves lloran al frondoso amigo; / ¿cómo no han de llorar al árbol viejo / que les dio sombra y bienestar amigo? / Salta el ra
gotas de ajenjoTú no sabes amar: ¿acaso intentas / darme calor con tu mirada triste? / El amor nada vale sin tormentas, / sin tempestades el amor no existe. / Y sin embargo ¿dices que me amas? / No, no es amor lo que hací
guardo en mi pecho un trono…Guardo en mi pecho un trono / para la madre mía: / que aunque ella me dio el ser, yo la perdono… / porque no supo el daño que me hacía.
humanaHermosa y sana, en el pasado estío, / murmuraba en mi oído, sin espanto: / «Yo quisiera morirme, amado mío; / más que el mundo me gusta el camposanto». / Y de fiebre voraz bajo el imperio, / moribunda ayer
huyeron las golondrinasHuyeron las golondrinas / de tus alegres balcones; / ya en la selva no hay canciones / sino lluvias y neblinas. / Me dan pesar sus espinas / sólo porque a otras regiones / huyeron las golondrinas / de tus alegr
idilio eternoRuge el mar, y se encrespa y se agiganta; / la luna, ave de luz, prepara el vuelo / y en el momento en que la faz levanta, / da un beso al mar, y se remonta al cielo. / Y aquel monstruo indomable, que res
introducciónEl verso debe ser claro y sonoro / como el agua del mar y como el oro. / El verso debe ser firme y radiante, / lo mismo que el acero y el diamante. / Debe ceñir inmarcesibles galas, / subyugar o abatir… y t
justiciaCuentan que un rey soberbia y corrompido / cerca del mar, con su conciencia a solas, / sobre la playa se quedó dormido; / y agregan que aquel mar lanzó un rugido / y sepultó al infame entre sus olas! / Hoy,
la balada inéditaSentado en una piedra del camino, / y como presa de pesar tremendo, / una tarde cantaba un peregrino / una canción que me quedó doliendo. / Una canción que el alma me penetra / como un escalofrío, una balad
la gran tristezaUna inmensa agua gris, inmóvil, muerta, / sobre un lúgubre páramo tendida: / a trechos, de algas lívidas cubierta, / ni un árbol, ni una flor, todo sin vida, / todo sin alma en la extensión desierta. / Un p
ley implacable¡Ay! ¿Cómo quieres que tu madre encuentre / en este mundo bienhechora calma, / si le desgarras, al nacer, el vientre, / y le desgarras, al morir, el alma? / ¡Y esa madre infeliz, cómo a porfía / quiere dart
lloró cuando le dije: adiós mi vidaLloró cuando le dije: adiós mi vida; / y a través de las gotas de su llanto, / sus inquietas pupilas parecían / dos góndolas azules naufragando.
lucerosDicen que los poetas / se convierten en astros / cuando la muerte fría / viene a apagar sus melodiosos cantos. / Cuántas noches, mirando a las estrellas, / a solas he exclamado: / ¡Oh! si es cierto, si es cie
madrigal¿Me quieres?… ¡Que tu acento me lo diga / ante aquel sol que muere en el ocaso! / Tú, que mitigas mi pesar… ¡mitiga / esta fiebre voraz en que me abraso! / Tembló su labio y balbució: ¡Lo juro! / Sus tachon
martaI / En el islote de la azul laguna / (hoy extinta) del parque abandonado / de una antigua ciudad, solo y callado, / hallé un mancebo (un loco acaso) en una / noche glacial en que la blanca luna / subía por un
mi tumbaCuando yo espire a la empinada sierra / transportad mi cadáver y en la cumbre, / ¡no lo arrojéis debajo de la tierra, / sino encima, del sol bajo la lumbre! / Donde me cante el impetuoso viento / sus largos
naufragioLloró cuando la dije: adiós mi vida; / y al través de las gotas de su llanto, / sus inquietas pupilas parecían / dos góndolas azules naufragando.
nunca mayor quietud se vio en la muerte…Nunca mayor quietud se vio en la muerte; / ni frío más glacial que el de esta mano / que tú alargaste al espirar en vano / y que cayó en las sábanas inerte. / ¡Ah… yo no estaba allí! Mi aciaga suerte / no q
oye: bajo las ruinas de mis pasiones…Oye: bajo las ruinas de mis pasiones, / en el fondo de ésta alma que ya no alegras, / entre polvo de ensueños y de ilusiones / brotan entumecidas mis flores negras. / Ellas son mis dolores, capullos hecho
por qué se mató silvaEn lo más abrupto y alto / de un gran peñón de basalto, / detuvo un águila el vuelo: / miró hacia arriba, hacia arriba, / y se quedó pensativa / al ver que el azul del cielo / siempre alejándose iba. / Escrutó
primavera¡La campiña! / Sobre el césped del cortijo va la niña / tierna, rubia, frágil, blanca; / bajo el brazo la muñeca / de cartón rosada y hueca / salta, corre, canta, grita, / y sus fúlgidos ojazos copian toda / la
resurreccionesAlgo se muere en mi todos los días; / la hora que se aleja me arrebata, / del tiempo en insonora catarata, / salud, amor, ensueños y alegrías. / Al evocar las ilusiones mías, Pienso: / «¡yo, no soy yo!» ¿po
retoSi porque a tus plantas ruedo / como un ilota rendido, / y una mirada te pido / con temor, casi con miedo; / si porque ante ti me quedo / extático de emoción, / piensas que mi corazón / se va en mi pecho a romp
si supiérais con qué piedad os miro…Si supiérais con qué piedad os miro / y cómo os compadezco en esta hora. / En medio de la paz de mi retiro / mi lira es más fecunda y más sonora. / Si con ello un pesar mayor os causo / y el dedo pongo en v
sonetoEsperaré, y en día no lejano, / cuando se apiade mi contraria suerte / y me depare el ósculo de muerte / que ha de salvarme del contagio humano, / pienso que tierra y cielo y océano / de gozo temblarán… y q
soneto rondelCantaba el ruiseñor su serenata. / En el nocturno piélago se hundía / detrás de la imponente serranía / la luna como góndola de plata. / Cantaba el ruiseñor su melodía. / En mi mente el recuerdo de la ingra
sus ojos se entornaronSus ojos se entornaron; sobre los blancos hielos / de las altivas cumbres agonizaba el sol; / y de las densas brumas tras de los amplios velos / quedó flotando, a solas, inmóvil, en los cielos, / el lívid
todo nos llega tardeTodo nos llega tarde… ¡hasta la muerte! / Nunca se satisface ni alcanza / la dulce posesión de una esperanza / cuando el deseo acósanos más fuerte. / Todo puede llegar: pero se advierte / que todo llega tar
todo nos llega tarde... ¡hasta la muerte!Todo nos llega tarde… ¡hasta la muerte! / Nunca se satisface ni alcanza / la dulce posesión de una esperanza / cuando el deseo acósanos más fuerte. / Todo puede llegar: pero se advierte / que todo llega tar
tú no sabes amarTú no sabes amar; ¿acaso intentas / darme calor con tu mirada triste? / El amor nada vale sin tormentas, / ¡sin tempestades… el amor no existe! / Y sin embargo, ¿dices que me amas? / No, no es el amor lo qu
tus ojosOjos indefinibles, ojos grandes, / como el cielo y el mar hondos y puros, / ojos como las selvas de los Andes: / misteriosos fantásticos y oscuros. / Ojos en cuyas místicas ojeras / se ve el rastro de incóg
visión¿Eres un imposible? ¿Una quimera? / ¿Un sueño hecho carne, hermosa y viva? / ¿Una explosión de luz? Responde esquiva / maga en quien encarnó la primavera. / Tu frente es lirio, tu pupila hoguera, / tu boca
¡cuántas vivas antorchas apagadas…¡Cuántas vivas antorchas apagadas / en cuatro lustros de dolor apenas! / ¡Cuántas flores fragantes deshojadas, / del cauce de mi vida en las arenas! / Casi todos: mis padres, mis hermanos / y mis amigos, du
¡la campiña!…¡La campiña! / Sobre el césped del cortijo va la niña / tierna, rubia, frágil, blanca; / bajo el brazo la muñeca / de cartón rosada y hueca / salta, corre, canta, grita, / y sus fúlgidos ojazos co
¡oh luna!Melancólica reina pudibunda / que vagas por los ámbitos del cielo / como un místico témpano de hielo / entre la negra oscuridad profunda. / En esta noche en que tu faz circunda / un halo transparente como e
¡y no temblé al mirarla! el tiempo había…¡Y no temblé al mirarla! El tiempo había / su tez apenas marchitado; hacía / tanto… que ni de lejos la veía… / Vago tinte de aurora su semblante / inundó de repente, en el instante / en que me vio tan cerca
¿en qué piensas?Dime: cuando en la noche taciturna, / la frente escondes en tu mano blanca, / y oyes la triste voz de la nocturna / brisa que el polen de la flor arranca; / cuando se fijan tus brillantes ojos / en la plomi
¿quién oye?De noche, bajo el cielo desolado, / pienso en tu amor y pienso en tu abandono, / y miro, en mi interior, deshecho el trono / que te alcé como a un ídolo sagrado. / Al ver mi porvenir despedazado / por tu in