julia uceda valiente
a edith piafTe han condenado. / Una oración, / como limosna insuficiente, / ha caído / sobre la tapa de tu féretro. / Te han condenado, Edith, / por no querer ser / la excepción que
cartaLa página inundada de silencio. / ¿La entiende alguien? / Escribiría: «Oigo / voces de muchos pájaros», o / «Se murió en el olvido», pero / ¿lo entiende alguien? / Hábi
confesión en negroAhora puedo decir: esto era / la mayor parte de la vida. Lamento / sin embargo, aunque no / con excesiva pena, / no haber tenido nunca un dormitorio, / aunque por otr
decía hielo¿Qué dijo? / ¿Qué decía? Palabras, eso sí, / palabras eran, pero ¿qué palabras? / Caían sobre una mesa. Y había luz. / Una luz muy oscura. / Ahora las manos se agriet
drivingMe pregunto si alguien, alguna vez, / podrá imaginarme, como yo no puedo, / formando parte de estos bosques, en los que no pienso, / de este mar, que a veces igno
el silencioHay un vacío en el que no se oyen las zapatillas. / Y otro más profundo: el que disuelve nuestras manos. / Y nuestro cuerpo. Y sólo flotan unos ojos / que no lo p
el tiempo me recuerdaRecordar no es siempre regresar a lo que ha sido. / En la memoria hay algas que arrastran extrañas maravillas; / objetos que no nos pertenecen o que nunca flota
eterno oleajeSerá primero una ola niña / sobre la ciega playa. Luego / una delgada espuma persistente, / más tarde / un redoblar de todo el horizonte / que avanza, que se empuja / p
hablo de la infanciaEscalera crujiente, / trozo de bosque organizado / por el que ir hasta la cumbre / de aquel desván lleno de sueños, / pájaros silenciosos / que viajan sin ruido. / Sobr
inclusiones en un zafiro violetaQuizá en el territorio del zafiro / los puedas encontrar. / Se reconocen en la lejanía / de haber sido, sin ser jamás ni voz ni tiempo / sino sólo recuerdo que, com
la dama extrañaEn la ciudad donde la lluvia / es una dama extraña / que viniera de paso y sin propósito, / me dijo, después de larga ausencia: «Yo no entiendo / tus poemas, ahora»
la extrañaMe levanté sin que se dieran cuenta / y salí sin hacerme notar. / Había estado todo el día / entre ellos, intentando / hacerme oír, / procurando decirles / lo que me ha
margaritaYo no te conocí, / pero te ofrezco, sobre tu tumba abierta en primavera, / este pequeño sol para tus huesos. / Yo no te conocí. Oí tu nombre / cuando la luz del sur
nada se oye¿Estuve sola / a través de los tiempos y los grupos / dorados del otoño, a través de la sombra / del árbol en el agua / inquieta o dura, y más y más allá? / ¿Fui o fu
palabras iiSon palabras ya ajenas / recogidas por otro aire, / y en no sé qué otro ámbito, / pero sobre este libro que ahora ojeo, / tarde, y en la noche, / es como si vivieran.
portas faxeirasPerdida en un café de esta ciudad de niebla / y de soslayo, oyendo una música vieja que no sé dónde / oí, respondo a esa canción, a ese olvidado / lugar, que no e
raícesSi ya soy una vela estremecida / colmada por tu viento. Si has llegado / al último escalón. Si me has tomado / por la raíz más honda y más henchida. / Si yo soy ya
secretoNo pesa. No se toca, no se mueve. Nacido / del hueco, del silencio: un hoyo grave, / un monte, un abandono. / ¿Se querían? / Silencio. / Vuelan hacia el oeste / lejanos
semanasCuántos lunes y martes / en el polvo, detrás, por los caminos. / Serían diferentes entre sí, pero todos / parecían el mismo. / Busco las sillas, las ventanas, los l