PAIS POEMA

Libros de juan pablo riveros

Autores

juan pablo riveros

antártica i
Al crepúsculo de la última edad de hielo / quise ir lejos de los límites, / y reunir la quietud, / lo pacífico / en la soledad de un tiempo inexpugnable. / Eso era. / Cogido por vientos contrarios, / necesité a
antártica ii
Se trataba de invernar, / de pulsar las leyes del frío; / de escrutar la indigencia en la medianoche del mundo; / de buscar huellas de dioses / ahí donde la huella de las huellas / se ha perdido. / Se trataba
anthem
Bendíceme, Madre, / azulada nieve de cada día. / Amanéceme / y fecunda el olvidado dintel de la ventana / de este mundo. / Y junto al fuego frío, / bendice este incendio infinito.
génesis
En el principio / fue la luz o el hielo. / Sólo después amaneció la nieve. / Y durante millares de años, / sin prisa, / con controlada paciencia. / Como acogemos a un ser / largamente esperado, / un copo de nieve
huertos
La infinita descomposición de la luz / en la cristalería del hielo. / Barcos cargados de arcoiris / y navegaciones / en las que cualquier oro era nada. / Como esas rorantes matas de zarzaparrilla / con sus rú
interrogaciones
¿Que el universo no sería infinito? / ¿Termina el infinito? / ¿Y la gravedad de todas las masas / también es infinita ? / ¿El cielo ardería en infinita luz ? / Pero, / ¿Es mar allá ? / ¿Un acuario de peces, / de
nieve ix
La nieve con su frágil geografía, / sus suaves formas / y sus terribles miradas mitológicas. / Con sus estalactitas de aliento congelado, / sus cuernos, sus fauces, / sus barbas de chivo trágico / y sus alas
noche polar ii
La noche, / como finísimo granado, / madura en la lejana nieve azul. / Como niña perdida en los parques, / la noche canta con sus marineros a bordo del mundo. / Y un enigma de astros / corea la arquitectura s
noche primera
Noche vasta y hermosa. / Ni Salomón / ni las joyerías más célebres de este mundo, / podrán lucir jamás una pedrería, / un vestido, un diamante más fino / que este movimiento de inútiles estrellas. / Constelac
perros del campamento edén
Como los alacalufes ya no cazan, / los perros -inseparables trabajadores / en la captura de la nutria- participan / de la miseria general. ¡Polícía de aseo / de los excrementos! / No tardan en morir de inan
shukaku ii
Ni dalias, ni cactus, / ni avellanos. Ni el aroma del ciprés. / Tampoco la frescura del álamo. / Sólo / silbos de pájaros cordiales, alturas / vegetales que oran en silencio / y huellas de seres distantes com
watauinewa, el archiviejo
Cuando terminó su prédica John / Lawrence, vino a mí una yámana / y me habló: / Todo esto / ya nos lo había dicho Watauinewa Sef, / El Eterno en el Espacio de Arriba. / Él observa nuestros actos: / Que cada cua