PAIS POEMA

Libros de juan lozano y lozano

Autores

juan lozano y lozano

amanecer
Rosa ha tenido un vértigo, un incierto / malestar, un temblor desconocido, / y ella, para explicar, se ha referido / a un hartazgo de frutas en el huerto. / Pero algo siente en su anterior despierto / que t
el secreto
En la tibia quietud de nuestra sala / sentiré que te acercas a mi lado, / conteniendo el aliento fatigado / y en puntillas, como una colegiala. / Un secreto. Y tu mano, que resbala / por tus cabellos me ten
emociones
Cuando espiaba su gira vespertina, / sentí una facultad maravillosa / para hallar al través de cada cosa / un asomo de gracia femenina. / cuando sentí que su pisada fina / resonaba en la senda silenciosa, / t
es el alba que avanza
Ingenua colegiala de ojazos taciturnos / que a través de la reja de tu alcoba / indagas el misterio de los astros nocturnos. / Adivino que sueñas… / (Los ojos se prolongan / en las ojeras lánguidas, y los s
exhortación
Oyes, en medio de la selva, un trino, / ves en la noche cintilar tu estrella, / un alma de mujer cándida y bella / refulge a trechos en tu gris camino. / Tú sientes la emoción, el repentino / embrujamiento,
imposible
Mientras tu sien se tiñe de amapola / y enamorada sobre mí se inclina, / por tu traje de glauca muselina / cruza un marino fruncimiento de ola. / Tu austera doncellez, que no se inmola, / en vano bajo el pe
la entrega
Llegará para ti la suspirada / derrota, y una tarde florecida / la pasión morderá la pulpa henchida / de tus senos, como una llamarada. / Un velo cruzará por tu mirada / y sin memoria, contra mí ceñida, / sen
madre
Todo lo que hay de triste sobre el mundo / en tu espíritu, madre, resumiste, / porque no se dijera que lo triste / no es, además de místico, fecundo. / A tu inmenso mirar meditabundo / tal emoción de transp
naturalmente
Ciñe mi cuello, pero más ceñido; / estrecha el nudo, pero más estrecho; / más cerca. Que el latido de mi pecho / forme un solo vaivén con tu latido. / Tu beso, alondra que retorna al nido, / en mi labio se
sonata
Cuando escucho tu voz, tiene mi oído / una imposible sensación candente, / pues que fluyen tus labios sutilmente / el ritmo sideral, hecho sonido. / Rayo de sol caído sobre un lago / de miel, así tu cabelle
un recuerdo
El tren paró bajo la noche oscura. / -¡Viareggio! Diez minutos! gritó alguno. / Y los dos nos mirábamos, en uno / como albor repentino de ternura. / Amistades de viaje… La dulzura / de una voz que nos dice:
y nunca te canté
¡Y nunca te canté! Con graves / palabras me dirás: «Yo no te inspiro». / No, no es que falte inspiración, tú sabes, / es que las cosas que a decirte aspiro / son de aquellas tan hondamente suaves / que, men