juan de dios peza
a méxicoEN LAS ÚLTIMAS DESGRACIAS DE ESPAÑA / Allá del revuelto mar / Tras los secos arenales, / Donde sus limpios cristales / Las ondas van a estrellar, / Donde en lucha singular / Disputando a la Fortuna / Las ciudad
a mis hijasMi tristeza es un mar; tiene su bruma / que envuelve densa mis amargos días; / sus olas son de lágrimas; mi pluma / está empapada en ellas, hijas mías. / Vosotras sois las inocentes flores / nacidas de ese
adúlteraTienes como Luzbel, formas tan bellas / e el hombre olvida al verte, enamorado, / que son tus ojos negros dos estrellas / veladas por la sombra del pecado. / Y no turbas, hipócrita el reposo / el Pobre hoga
bebéCuenta Bebé dos meses no cumplidos, / pero burlando al tiempo y sus reveses, / como todos los niños bien nacidos / parece un señorón de 20 meses. / Rubio, y con ojos como dos luceros / lo vi con traje de co
cartaCon letras ya borradas por los años, / en un papel que el tiempo ha carcomido, / símbolo de pasados desengaños, / guardo una carta que selló el olvido. / La escribió una mujer joven y bella. / ¿Descubriré s
césar en casaJuan, aquel militar de tres abriles, / que con gorra y fusil sueña en ser hombre, / y que ha sido en sus guerras infantiles / un glorioso heredero de mi nombre; / ayer, por tregua al belicoso juego, / dejan
confidencias a una estrellaSigue, sigue blanca estrella, / Por el cielo en que naciste, / Sin dejar ninguna huella… / Siempre te hallaré más bella, / Siempre te hallaré más triste. / Hoy vengo con mi dolor, / Cual antes feliz venía; / Ma
del escenario a la celdaLeyendas de la calle de Las Damas, 1726 / I / Hermosa como la estrella / de la alborada de mayo / fue en Méjico hará dos siglos / doña Ana María de Castro. / Ninguna logró excederle / en la elegancia y el garbo
el callejón del besoUna noche invernal, de las más bellas / con que engalana enero sus rigores / y en que asoman la luna y las estrellas / calmando penas e inspirando amores; / noche en que están galanes y doncellas / olvidado
el cuento de margotVamos Margot, repíteme esa historia / Que estabas refiriéndole á María, / Ya vi que te la sabes de memoria / y debes de enseñármela, hija mía. / -La sé porque yo misma la compuse. / -¿Y así no me la dices ?
el indio tristeLeyenda mexicana / Es media noche; la luna / irradia en el firmamento; / y riza al pasar el viento / las ondas de la laguna. / En el bosque secular, / y entre el tupido ramaje, / turba el pájaro salvaje / la quie
el nidoMira ese árbol que a los cielos / sus ramas eleva erguido; / en ellas columpia un nido / en que duermen tres polluelos. / Ese nido es un hogar; / no lo rompas, no lo hieras: / sé bueno y deja a las fieras, / el
el reloj de palacioLeyenda de las calles del Reloj / Lector: escúchame atento / esta tosca narración / y júzgala la tradición, / fábula, conseja ó cuento. / En un libro polvoriento / la encontré leyendo un día, / y hoy entra a la
el “cacahuatal” de san pabloCasi mediando por filo / el siglo decimosexto, / pues sólo faltaba un año / para diez lustros completos, / un pregón del Santo Oficio / puso en gran alarma a México / asombrando a la nobleza / y a la plebe dand
en cada corazón arde una llamaEn cada corazón arde una llama, / si aún vive la ilusión y amor impera, / pero en mi corazón desde que te ama / sin que viva ilusión, arde una hoguera. / Oye esta confesión; te amo con miedo, / con el miedo
en las ruinas de mitlaMaravillas de otra edad; / Prodigios de lo pasado; / Páginas que no ha estudiado / La indolente humanidad. / ¿Por qué vuestra majestad / causa entusiasmo y pavor? / Porque de tanto esplendor / Y de tantas muert
en mi barrioSobre la rota ventana antigua / Con tosco alféizar, con puerta exigua, / Que hacia la oscura callejada, / Pasmando al vulgo como estantigua / Tallada en piedra, la santa está. / Borró la lluvia los mil colo
fusiles y muñecasJuan y Margot, dos ángeles hermanos / que embellecen mi hogar con sus cariños, / se entretienen en juegos tan humanos / que parecen personas desde niños. / Mientras Juan, de tres años, es soldado / y monta
juegos del almaMientras yo á carcajadas me reía, / en otra habitación Margot lloraba; / ¡Qué contraste formó con mi alegría / la pena que su llanto revelaba! / Corro al instante a verla y la pregunto: / ¿Por qué con tal d
la caja milagrosaLeyenda del exconvento de La Concepción< / I / Para honrar la siempre limpia / Concepción Inmaculada / en la hermosa y opulenta / capital de Nueva España, / un vecino muy devoto / y de riquezas muy vastas, / trat
la calle de la cadenaAún estaba conmovido / el bajo pueblo de Anáhuac / recordando el fin postrero / de los dos hermanos Ávila; / aún al cruzar por las noches / la anchurosa y triste plaza, / al mirar en pie las horcas / las gentes
la calle de “xicotencatl”Cuando al formidable empuje / de la justicia del pueblo, / el joven príncipe Hapsburgo / subió al cadalso en Querétaro, / al recoger su cadáver / sobre el memorable cerro / en cuyas peñas abruptas / saltó en as
la calle del calvarioLeyenda del clavo / Joseph Ramírez Dorantes, / era, hablando con verdad, / uno de los estudiantes / más cumplidos y galantes / de nuestra Universidad. / Era de honrada ascendencia, / su padre cifró su afán / en i
la calle del niño perdidoAl rayar de una mañana / serena, apacible y pura, / cuando el alba su hermosura / envuelve en manto de grana, / cuando entre vivos fulgores / y entre céfiros suaves, / el espacio todo es aves / y la tierra toda
la princesa aztecaLeyenda de la alberca de Chapultepec. / A la inspirada poetisa y virtuosa señora Ángela G. de Alcalde. / El bosque centenario / en sus antros encierra / ese silencio eterno que acompaña / a las salvajes pom
la vela de piedraSacude el mar su melena / y son las olas montañas / que coronan refulgentes / ricas diademas de plata. / Niega el sol su viva lumbre / al titán que tiembla y brama, / y el huracán, monstruo negro, / abre sus fú
las bodas¡Dos sillones sirviéndoles de altares! / Los dos niños cogidos de la mano, / de blanco y coronada de azahares / se va a casar Margot con Juan su hermano. / Por infantil y extraña anomalía / que no sé si a l
mi mejor lauroCon sus seis primaveras muy ufana, / quebrando con sus pies las hojas secas, / me recitó en el campo una mañana / mi hija mayor : Fusiles y muñecas. / Repitiendo mis versos no sabía / que colmaba el mayor d
mi padreYo tengo en el hogar un soberano / único a quien venera el alma mía; / es su corona de cabello cano, / la honra es su ley y la virtud su guía. / En lentas horas de miseria y duelo, / lleno de firme y varoni
nieve de estíoComo la historia del amor me aparta / de las sombras que empañan mi fortuna, / yo de esa historia recogí esta carta / que he leído a los rayos de la luna. / Yo soy una mujer muy caprichosa / y que me juzgue
post-umbraCon letras ya borradas por los años, / en un papel que el tiempo ha carcomido, / símbolo de pasados desengaños, / guardo una carta que selló el olvido. / La escribió una mujer joven y bella. / ¿Descubriré s
reír llorandoViendo a Garrick -actor de la Inglaterra- / el pueblo al aplaudirlo le decía: / “Eres el más gracioso de la tierra, / y más feliz…” y el cómico reía. / Víctimas del spleen, los altos lores / en sus noches m
sin sobreAbro tu carta y reconozco ufano / Tu letra fácil, tu dicción hermosa; / Tú la trazaste con tu propia mano / Pues el papel trasciende a tuberosa. / Al escribirla estabas intranquila / Y ya estoy sospechando
un consejo de familia¿Quién en la miseria y el amor concilia? / Esto más que un problema es un misterio. / Para hablar de un asunto que es tan serio, / hubo ayer un consejo de familia. / Hizo de presidente del concejo / un homb
«este era un rey...»Ven mi Juan, y toma asiento / en la mejor de tus sillas; / siéntate aquí, en mis rodillas, / y presta atención a un cuento. / Así estás bien, eso es, / muy cómodo, muy ufano, / pero ten quieta esa mano, / vamos