juan carlos suñén
a pocos kilómetrosA pocos kilómetros / el autocar le deja donde la piedra se abre / al cielo. En lo más alto / de abajo, en lo más bajo / de arriba. Tanto cielo, / incomprensible desde la casa. / Allí comienza un breve / ascenso
allí los corazonesAllí los corazones / claman sin descubrirse. El sufrimiento dicta / sin vergüenza su precio. Le susurra / su confidencia el hombre / al lobo. La costumbre / se ciñe a ese rencor. La casa firme, / dura má
bebíamos para el hombreBebíamos para el hombre, / para el honor del vino. / Y ellos hicieron esta raya donde / antes no había más que piedra añil, / olor a nailon, a erosión, a tinta. / Santificábamos nuestro designio en la embaj
el que ahora acompañaEl que ahora acompaña / a la pequeña al parque. Me ha pegado / ese niño, papá: nada que pueda / no arreglarse con una coca-cola.
espabílate, diceEspabílate, dice, / que ya es tarde. / Íbamos al dolor sin desengaño: / teníamos la prisa de las navajas, sí, / pero ¿qué hicimos? / ¿qué, cuando nos dijeron / de este lado ya no sois más, no hay nada, / esta e
está mirando a todas las mamás, y a esaEstá mirando a todas las mamás, y a esa / niña mayor y ya no tan segura / de que todo el amor le pertenezca, y lee / de reojo a un poeta / alemán (cierra su libro, / y deja el pensamiento en ese charco / dond
esta sin arroganciaEsta sin arrogancia / no ha reclamado nunca mi soledad vencida. / Ni esa que extraviada en los jardines puede olvidar el / sitio de cada mano, / ni la que demorándose en alcoholes / puede decir el sitio de
fuera de tiFuera de ti la tierra no es distinta, / ni es distinta la copa, / pero bajo esta carpa nadie contrata al huésped, y ningún / hombre llega hasta su muerto / antes de estar vivido. / Y allí rendiré cuentas / a
hasta el sólido bancoHasta el sólido banco de la paciencia los días / pasarán sus arrojos, y sus acatos las noches. / Sobre el último ay caerá el escombro del tiempo / y aún bailarás descalza entre mis huesos pelados.
íbamos al dolor pero no a esteÍbamos al dolor pero no a este / tan tratable y tan corto, / egoísta en su mal. / Y del hombre ejercido / (¿para qué sin ejemplo, sin pereza?), / tras callar su jornada y su descanso, / y sin mas compañía que
íbamos al dolor sin desengaño1. Íbamos al dolor sin desengaño: / teníamos la prisa de las navajas. Pero / aquella noche el vino vació sus hechuras, / y se alzó en nuestro sueño destapando su gato, / y comenzó a dolernos / no ya la sole
junto al rescoldo ha dormidoJunto al rescoldo ha dormido / un perro rojo como la miel. La boca / le sabe a color malva, a religión y a cuarzo. / El animal vigila cada gesto y su propio / miedo. No toma el pan de la mano. / Tampoco sal
la que cuenta mi doteLa que cuenta mi dote no me anda buscando, pero / junta las cáscaras de mi alma; y ello a pesar de muertos / de fortuna, de mujeres de celda. / Cuando junte sus voces en la mía, / cuando ponga en mis labi
la rosa se ha propuestoLa rosa se ha propuesto / ceder, su voluntad es esa sobre los tréboles. / Su voluntad es puro / sedimento, un dolor del que otro / no podría echar mano. El viento deja / quieto al milano y humo / dulce en los
le pido al ángelLe pido al ángel que te traiga aquí a rastras. / Quemo esa vela virgen. / La noche flota fuera / floja como un enfermo. / Las chicharras alisan el reposo, parece / como si hubiera esperanza. / Salgo aunque no
mamá persigueMamá persigue, es el juego. / Al final del corredor la pared nos detiene. / Se adelanta el instante desde lo asegurado: / llega el abrazo, mimoso. / La mano izquierda sobre su pecho firme, pequeño / bajo un
paso junto a la piedraA veces pienso que podría arrancarme / esa marca de cuajo, echar la hueca / palabra al ascua de otra rancia escritura: / Paso junto a la piedra, como ese pájaro chino / que sólo entiende su mundo. En otro
pero ocurrePero ocurre / tan pronto el corazón, y tarda tanto / la vida. Ya no quiere / sino una potestad e ir hacia ella, / salir de suyo a la espesura, presto / al mundo levantado, / al pavor de estar vivo / y solo. Tú
pues si ahora te dejara mi cansancioPues si ahora te dejara mi cansancio, / como el pájaro deja su vuelo a la corriente / del aire, ¿a cuántas, dime, / tendría que negar; / y en cuántas lenguas, dime, andaría a empujones; ardería / saliente e
se ha acercadoSe ha acercado / por fin, reclina el peso / de la cabeza sobre / las rodillas desnudas del centésimo mono.
sí a aquel pagadoSí a aquel pagado / y sobrio que medía / sin ardor sus maneras varoniles: / altivo contra el torpe / divagar de los buenos ciudadanos. / O a ese otro consciente, / de adversario adquirido / y amigo devorado. / O
si el instante reclamaSi el instante reclama / su derecho al pasado, / si tanto se parecen / la luz, el vaso, el libro, / tanto él mismo, esa mano, el derrotero / del día. Si no hay otra diferencia / que el momento siguiente, ¿a q
siente la soledad del adversarioSiente la soledad del adversario / frente a su copa de coñac, su poco / de entereza (orgullosa / mentira) mientras mira la idiotez de la suerte / dispuesta en varios cofres / gigantes, cuando entra / su mujer
tan sólo unas semanas y algo hurgaTan sólo unas semanas y algo hurga / sin pasado en la tierra, / solo y de buen humor en los pulgares / del domingo; aunque siga / volviéndose sin causa / cuando es la voz pequeña la que llama. / Bajo los sopo
uno se queda soloUno se queda solo / sin entrar en detalles. / Uno se queda a medias en su vaso de vino, / a medias en su pan. Y cómo puede / no volverse su embozo tan pesado, / tan gastado en el hombre, que alguien sepa / po
vuélvase harina el pan bajo su blusa(Vuélvase harina el pan bajo su blusa, / 28 levadura el azogue en su espejo de leche. / Vuélvase tierra el diezmo, / harapo el atavío, / Hágase enigma mineral su tumba / que allí seguirá el hule).
vuelve a mirarla, sabeVuelve a mirarla, sabe / que aprenderá a cruzar las piernas, / a sostener su vaso narrativo / y su beso poético. No hay nada / más en el mundo, quieres / decirle, sólo / la canción de tus años sobre el atril
y ahora me preguntas¿Y ahora me preguntas si he hecho cosa alguna del tamaño / de la felicidad o del tamaño de la tristeza? / ¿Ahora vuelves hermosa y saludable, decidida a la barra de / mi insatisfacción, para lucir la in
y cierraY cierra / la puerta, vuelve / el rostro: mira al perro / por encima del hombro / izquierdo. Siente la punzada. / También ha sido / zarandeado por la noche, pero / pensando en ello nunca / se salva cosa. Vale / sól
y ella pulsaY ella pulsa, / pero al aire, su miedo: / se prueba en ese hombre / de mirada derecha. / Se desea apiadada entre las otras / imágenes, tenida, / solamente tenida, en esos ojos / que la inclinan, en esa / mano que
y hoy va sin testamento, sin lección, se figuraY hoy va sin testamento, sin lección, se figura, / ebrio tal vez, que va dispuesto a darse, / ahora sí, para siempre; / a entregarse jurando: / nunca mds, no y no. Pero ¿qué hizo? / Quizá esa misma tarde / al
y ladra dueñoY ladra dueño / a la que da a la calle. / Despierta al del sofá. / Sólo han sido dos días y dos noches / cuando el pelo sudado y la lengua inservible / no son forma de abrir. Nadie ha venido / pero tiene la l
y los preceptos se desordenaban en nuestra bocaY los preceptos se desordenaban en nuestra boca / para que el número no tuviese lugar, / Y allanaba las noches nuestra lengua (entrenada) / para estorbar la falsedad del número. / Pero fue condenado y ore
y quien se rinde al sueñoY quien se rinde al sueño / de luchar contra un ángel / ¿cómo verá a los otros?, / ¿con qué desenvoltura irá pagado / y andará descubierto entre los hombres / sin verdugo posible / ni horizonte bastante? ¿Y c
y se vencíaY se vencía / implacable en sus naipes, áspera en su tabaco: / ante las puertas, bajo las ventanas, / y así entraba en el hueso de luz de los vecinos, / así caía en la palma de las buenas mujeres, / aireand
y, enterrado el silencio, ¿qué lenguaje(Y, enterrado el silencio, ¿qué lenguaje / resiste? Tienes algo / de ensaladilla en la nevera. El martes / cumple años tu hermana, no te olvides / de llamar al despacho. Y unos pocos / trazaron esa raya.) / Í
¿cuánto si por su lápiz¿Cuánto si por su lápiz, / cada lunes, / su lápiz requerido, / era otra ambición la consolada? / ¿Y quién reclamaría un solo paso, / a este que ahora murmura nunca más, entre dientes, / y también no y no?
¿y qué ciudad es esta¿Y qué ciudad es esta / que para otro se apremia bajo el gastado palio / de sus reclamos, bajo / sus pretenciosos pájaros sin resplandor? / Avergonzada en su ácida demanda, / ¿cómo puede guardarse / tanta nos