PAIS POEMA

Libros de joseph brodsky

Autores

joseph brodsky

a eugenio
Yo estuve en México, escalé las pirámides / impecables moles geométricas / desparramadas por el istmo de Tehuantepec. / Quiero creer que las hicieron visitantes del cosmos / pues estas obras suelen edific
amicum-philosophum de melancholia, mania et plica polonica
(«Al amigo-filósofo, de la manía, de la melancolía y de la plica / polaca»: título de un tratado del siglo XVIII que se conserva en la / biblioteca de la Universidad de Vilnius. [Nota del autor.]) / Ins
canción de amor
Si te estuvieras ahogando, acudiría a salvarte, / a taparte con mi manta y a ofrecerte té caliente. / Si yo fuera comisario, te arrestaría y te / encerraría en una celda con la llave echada. / Si fueras u
carta a un amigo romano
(De Marcial) / Sopla el viento hoy, las olas se encaraman. / Se acerca el otoño y trocará toda la vista. / Y, Póstumo, este mudar de tonos te llega más al alma / que ver cómo se cambia de vestido la amiga
divertimento mexicano
A Octavio Paz / Cuernavaca / En el jardín donde M., un protegé francés / mantuvo a una beldad de espesa sangre indígena / hoy canta un hombre venido de muy lejos. / En el jardín tupido como un trazo cirílic
el busto de tiberio
Yo te saludo, pasados dos mil años. / También tú fuiste marido de una puta. / Es algo que tenemos en común. Por lo demás, / en torno a ti está tu urbe. Estruendo, coches, / chusma con jeringas en húmedos
el explorador polar
Todos los perros devorados. En el diario / no queda una hoja en blanco. La foto de la esposa / se cubre de palabras a modo de rosario, / clavado en su mejilla el lunar de una fecha dudosa. / Le sigue la f
el fuego, oyes, se empieza a apagar
El fuego, oyes, se empieza a apagar. / En los ángulos las sombras se agitan. / Y ya no hay modo de poderlas señalar, / gritarles que se queden quietas. / Cerrando filas, se han puesto a formar. / No, esta h
el nuevo jules verne
3. Conversación en el salón de pasajeros / «¿El archiduque? ¡Un monstruo, sin duda! Aunque, si bien lo / miras, / es imposible negarle al hombre cierta virtud…» / «Los esclavos critican al señor. Y los se
en la región de los lagos
En aquel tiempo, en el país de los dentistas, / -sus hijas mandaban a Londres los pedidos, / sus tenazas izaban bien sujeta en bandera / una muela del juicio que no tenía dueño-, / yo, ocultas en la boca
me han culpado de todo, salvo del tiempo
Me han culpado de todo, salvo del tiempo, / yo mismo me he solido amenazar con un duro rescate. / Mas pronto me arrancaré, como se dice, los galones, / y me convertiré en una simple estrella. / Y brillaré
mi verso mudo, mi callado verso
Mi verso mudo, mi callado verso / pero aciago -mal le pesen las riendas-, / ¿a dónde de este yugo iremos a quejamos / y a quién decir la vida que llevamos? / Por mucho que, pasadas ya las doce, buscando / d
música sueca
K.J. / Cuando la nieve cubre el mar y el crujir del pino / deja en el aire más honda huella que el trineo, / ¿a qué azul pueden llegar los ojos?, ¿a qué silencio / puede caer la voz desamparada? / Perdido d
no hay sólo andar, también silencio, en tu reloj
No hay sólo andar, también silencio, en tu reloj, / que además ignora el caminar en círculo. / Así en su caja hay gato y hay ratón, / nacidos, se diría, el uno para el otro. / Tiemblan, escarban, yerran e
parte de la oración
Desde ningún lugar, con amor, tal día de martubre, / querido, muy señor, cariño -quién seas / tanto da, si no es posible ya / recordar los rasgos-; la verdad / este ni suyo ni de nadie fiel amigo, le salu
post aetatem nostram
A A. Ya. Serguéyev / I. «Imperio -país para idiotas.» / Llega el Emperador y el tráfico está cortado. / Se apretuja el gentío / contra los legionarios: canciones y gritos; / pero el palanquín marcha cerrado
ulises a telémaco
Querido Telémaco, / la Guerra de Troya / ha terminado. No recuerdo quién venció. / Los griegos, debe ser: los griegos, quién si no, / puede dejar en tierra extraña tantos muertos… / De todos modos, el camin
y no importa que un vacío empiece a abrirse
Y no importa que un vacío empiece a abrirse / de entre tus sentires, que tras la gris tristeza / crepite el miedo y, digamos, un foso de furor. / Porque en la era atómica, cuando tiembla hasta la roca, /
yo no era más que aquello que tú
A.M.B. / Yo no era más que aquello que tú / con la mano acariciabas, / allí donde en noche de pavor, / cerrada, la frente reclinabas. / Yo no era más que aquello que tú / distinguías allá, abajo: / primero, sol