PAIS POEMA

Libros de josé zorrilla

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josé zorrilla

a buen juez, mejor testigo
Tradición de Toledo / I / Entre pardos nubarrones / pasando la blanca luna / con resplandor fugitivo, / la baja tierra no alumbra. / La brisa con frescas alas / juguetona no murmura, / y las veletas no giran / entr
a calderón
Hay una antigua capilla / Pobre por su antigüedad, / Negra por su oscuridad, / Revocada por la villa, / Donde se lee en un rincón, / Más que con ojos con manos: / «AQUÍ LOS RESTOS HUMANOS / DE DON PEDRO CA
a d. jacinto de salas y quiroga
Es el poeta en su misión de hierro, / Sobre el sucio pantano de la vida, / Blanca flor que, del tallo desprendida, / Arrastra por el suelo el huracán / Un ángel que pecó en el firmamento, / Y el Señor en su
a la estatua de cervantes
Esa es su sombra; el alma, avergonzada / Para más no volver, huyóse al cielo: / Solitaria, sombría, abandonada, / Esa fantasma se encontró en el suelo. / Si es pedestal o túmulo, se ignora; / Mas sin duda t
a la memoria desagraciada del joven literato don mariano josé de larra
Ese vago clamor que rasga el viento / Es la voz funeral de una campana: / Vano remedo del postrer lamento / De un cadáver sombrío y macilento / Que en sucio polvo dormirá mañana. / Acabó su misión sobre la
a la memoria desgraciada del joven literato
Ese vago clamor que rasga el viento / es la voz funeral de una campana; / vano remedo del postrer lamento / de un cadáver sombrío y macilento / que en sucio polvo dormirá mañana. / Acabó su misión sobre la
a la muerte de…
¿Qué te harás sola en el sepulcro lóbrego, / Sin oír las palabras de un amigo? / ¡Si al menos ¡ay! los días que me restan, / Bajo la húmeda losa / Pasara yo contigo! / Yo cubriría con mi cuerpo el tuyo / Cuan
a mi hija
Por cima de la montaña / que nos sirve de frontera, / te envía un alma sincera / un beso y una canción; / tómalos; que desde España / han de ir a dar, vida mía, / en tu alma mi poesía, / mi beso en tu corazón. /
a una mujer
Ayer el alba amarilla, / Al anunciar la mañana, / Pintaba de tu ventana / El transparente cristal; / Ayer la flotante brisa / Daba a la atmósfera olores, / Meciendo las gayas flores / Sobre el tallo desigual. / A
a venecia
Allí está, Venecia, la dueña opulenta / De antiguos, y nobles, y libres blasones, / Venecia la hermosa, la villa que cuenta / Que a sueldo tenía soberbias naciones, / Señora del mar. / Que cuenta que un día
allí está lo que el mundo llama mundo…
I / Allí está lo que el mundo llama mundo, / Arrastrándose imbécil por la tierra; / Ese reptil raquítico e inmundo / Que en el sepulcro su ambición encierra. / Allí está con sus circos y jardines, / Vano de a
aparta de tus ojos la nube perfumada
Aparta de tus ojos la nube perfumada / que el resplandor nos vela que tu semblante da, / y tiéndenos, María, tu maternal mirada, / donde la paz, la vida y el páramo está. / Tú, bálsamo de mirra; Tú, cáliz
ay del triste
¡Ay del triste que consume / su existencia en esperar! / ¡Ay del triste que presume / que el duelo con que él se abrume / al ausente ha de pesar! / La esperanza es de los cielos / precioso y funesto don, / pues
a…..
Déjame oír tu misterioso canto, / Alegre voz de tus ensueños de oro; / Solo y perdido peregrino, en tanto / Mal en mi pecho mi dolor devoro. / Dióte el cielo contento y armonía / Y es justo que lo cantes y
broté como una yerba corrompida
Broté como una yerba corrompida / Al borde de la tumba de un malvado, / Y mi primer cantar fue a un suicida: / ¡Agüero fue, por Dios, bien desdichado! / Al eco de este cántico precito / Dijo el mundo e
cólmame, juana, el cincelado vaso
Cólmame, Juana, el cincelado vaso / Hasta que por los bordes se derrame, / Y un vaso inmenso y corpulento dame / Que el supremo licor no encierre escaso. / Deja que afuera, por siniestro caso, / En son medr
con cien cautivos llevamos…
Con cien cautivos llevamos / Fletada nuestra galera, / Que en una y otra ribera / Para el harán reclutamos. / ¡Al mar, al mar, marineros! / En Fez entramos mañana. / Somos ochenta romeros / Sobre nuestra capita
con el hirviente resoplido moja
Con el hirviente resoplido moja / el ronco toro la tostada arena, / la vista en el jinete ata y serena, / ancho espacio buscando el asta roja. / Su arranque audaz a recibir se arroja, / pálida de valor la f
con furia en el bosque luchaban los vientos…
Con furia en el bosque luchaban los vientos, / Del pino tronchado sonoro estallido / Se oía crujir; / Y el ave agorera sus tristes lamentos / Callaba, y del trueno lejano el bramido / Se hacía sentir. / Y llu
corriendo van por la vega
Corriendo van por la vega / A las puertas de Granada / Hasta cuarenta gomeles / Y el capitán que los manda. / Al entrar en la ciudad, / Parando su yegua blanca, / Lo dijo éste a una mujer / Que entre sus brazos
cristo, legislador, no escribió nada…
Cristo, legislador, no escribió nada; / ni papiro dejó ni un pergamino: / quedó tras Él su espíritu divino, / su fe con su memoria inmaculada. / Cristo, rey, no empuñó cetro ni espada; / en el polvo sembró
cruza el azul firmamento
Cruza el azul firmamento, / sobre cenicienta nube / vago suspiro del viento, / preludio del huracán. / Y en los pardos botareles / susurra el musgo colgado, / y los negros capiteles / en torno velando están; / es
cuando al escribir en ellas…
Cuando al escribir en ellas / Contemplo tan lindas hojas, / Entre si llore o si cante / Estoy dudando, señora. / Recuerdos tenéis en ellas / Que desgarran la memoria, / Por más que entre tantas flores / Estas e
cuando su luz y su sombra…
I / Cuando su luz y su sombra / mezclan la noche y la tarde, / y los objetos se sumen / en la sombra impenetrable, / en un postigo excusado, / que a una callejuela sale / de una casa, cuya puerta / principal da a
dos gigantes los siglos nos trajeron…
I / Dos gigantes los siglos nos trajeron, / Los dos en el desierto se encontraron; / Cuando grandes los dos se concibieron, / De hito en hito los dos se contemplaron. / Sentóse el hombre al pie del m
dueña de la negra toca…
Dueña de la negra toca, / la del morado monjil, / por un beso de tu boca / diera a Granada Boabdil. / Diera la lanza mejor / del zenete más bizarro, / y con su fresco verdor / toda una orilla del Darro. / Diera l
el amor y el agua
El Amor / -Pues en ti, fuente, se mira / Porque su beldad retrates, / Y los rayos de sus ojos / Reverberan tus cristales, / Deja, fuente, que los míos / Agua en tus aguas derramen, / Que las aguas con las aguas
el capitán montoya
– I – / Muerta la lumbre solar, / iba la noche cerrando, / y dos jinetes cruzando / a caballo un olivar. / Crujen sus largas espadas / al trotar de los bridones / y vense por los arzones / las pistolas asomadas. /
el prado está sin verdura…
El prado está sin verdura, / Y los jardines sin flores, / No cantan los ruiseñores / Amores en la espesura. / No se oye el dulce murmullo / Del viento, que ronco brama, / No brota en la seca rama / Tierno y pin
el reloj
Cuando en la noche sombría / Con la luna cenicienta, / De un alto reloj se cuenta / La voz que dobla a compás; / Si al cruzar la extensa plaza / Se ve en si! tarda carrera / Rodar la mano en la esfera, / Dejand
ella
El cabello desceñido, / Por las mejillas el llanto, / En su angustiado quebranto / Es el ángel del dolor. / Sobre el lecho de la muerte / El triste poeta gime, / La ardiente fiebre le oprime / Con fuego devorad
en las frondosas campiñas…
En las frondosas campiñas / que con sus ondas serenas / fecunda el Guadalquivir / antes que en el mar se pierda, / sentada está una ciudad / que majestuosa ostenta / lo atrevido de sus torres, / lo antiguo de s
entre pardos nubarrones…
I / Entre pardos nubarrones / pasando la blanca luna, / con resplandor fugitivo / la baja tierra no alumbra. / La brisa con frescas alas / juguetona no murmura, / y las veletas no giran / entre la cruz y la cúpul
eran aún los agitados días
Eran aún los agitados días / En que mi juventud abandonada / Adivinó tal vez horas impías / Entre el crespón de la insondable nada; / Cuando con ojo avaro y penetrante, / Aun no poeta, el porvenir medita / El
escena xii
Como gustéis, igual es, / que nunca me hago esperar. / Pues, señor, yo desde aquí, / buscando mayor espacio / para mis hazañas, di / sobre Italia, porque allí / tiene el placer un palacio. / De la guerra y del
ese montón de piedras hacinadas…
Introducción / Ese montón de piedras hacinadas, / Morenas con el sol que se desploma, / Monstruo negro de escamas erizadas / Que alienta luz y música y aroma; / A quien un pueblo inválido rodea / Con pies de
fragmentos de 'don juan tenorio'
Doña Inés: / Callad, por Dios, ¡oh, don Juan!, / que no podré resistir / mucho tiempo sin morir / tan nunca sentido afán. / ¡Ah! Callad por compasión, / que oyéndoos me parece / que mi cerebro enloquece / se arde
gigante sombrío, baldón de castilla…
Gigante sombrío, baldón de Castilla, / Castillo sin torres, ni almenas, ni puente, / Por cuyos salones, en vez de tu gente, / Reptiles arrastran su piel amarilla, / Dime: ¿qué se hicieron tus nobles señor
hizo al hombre, de dios la propia mano…
Hizo al hombre, de Dios la propia mano, / Que tanto para hacerle fue preciso, / Hízole de la tierra soberano, / Y le dió por palacio el Paraíso. / Ágil de miembros, la cerviz erguida / Orlada de flo
indecisión
¡Bello es vivir; la vida es la armonía! / Luz, peñascos, torrentes y cascadas, / Un sol de fuego iluminando el día, / Aire de aromas, flores apiñadas: / Y en medio de la noche majestuosa / Esa luna de plata
introducción a los “cantos del trovador”
¿Qué se hicieron las auras deliciosas / Que henchidas de perfume se perdían / Entre los lirios y las frescas rosas / Que el huerto ameno en derredor ceñían? / Las brisas del otoño revoltosas / En rápido tro
justicias del rey don pedro
I / Cuando su luz y su sombra / mezclan la noche y la tarde, / y los objetos se sumen / en la sombra impenetrable, / en un postigo excusado, / que a una callejuela sale / de una casa, cuya puerta / principal da a
la meditación
Sobre ignorada tumba solitaria, / A la luz amarilla de la tarde, / Vengo a ofrecer al cielo mi plegaria / Por la mujer que amé. / Apoyada en el mármol la cabeza, / Sobre la húmeda hierba la rodilla, / La pard
la noche de invierno
Pintor: el viento se estrella / Bramando en esa ventana; / En pos de su airada huella / La lluvia y la noche van; / Prepara lienzo y pinceles, / Yo escribiré tu pintura, / Y conquistemos laureles / Al t
la noche no tiene ruido
La noche no tiene ruido, / En la sombra no hay color, / No hay en los viejos cuidado, / Las dueñas no tienen voz; / Pero cuando todos duermen / Estamos velando dos: / Ella, en la reja sentada, / Y al pie de la
la orgía
La sombra nos cobija / con su tapiz de duelo: / cansado ya del cielo / el sol se hundió en la mar. / El mundo duerme imbécil, / vacilan las estrellas; / en torno a las botellas / venid a delirar. / Venid niñas se
la plegaria
Helos al pie de la cruz / En oración reverente; / La virtud brilla en su frente / Como la primera luz / Del sol que alumbra en Oriente. / Niños tal vez desvalidos / Que pasan desconocidos, / Con la inocencia en
la sombra nos cobija…
La sombra nos cobija / Con su tapiz de duelo; / Cansado ya del cielo, / El sol se hundió en la mar. / El mundo duerme imbécil, / Vacilan las estrellas; / En torno a las botellas / Venid a delirar. / Venid, niñas
las hojas secas (a mi madre)
Dicen que todo al fin se desvanece, / Todo pasa, se olvida, pierde y borra. / Yo no soy infeliz, mas vivo triste, / Y un torcedor arrastro en mi memoria. / Un templo, un bosque, un ave que pasando / Cruza e
mañana voy, nazarena
Mañana voy, nazarena, / A Córdoba la sultana; / Mi amorosa cantilena / Ya no sentirás mañana / Al compás de mi cadena. / Cuando vuelvan los cristianos / De los moros vencedores, / Lee mis destinos tiranos, / La h
napoleón
I / Dos gigantes los siglos nos trajeron, / Los dos en el desierto se encontraron; / Cuando grandes los dos se concibieron, / De hito en hito los dos se contemplaron. / Sentóse el hombre al pie del monument
oriental
Dueña de la negra toca, / la del morado monjil, / por un beso de tu boca / diera a Granada Boabdil. / Diera la lanza mejor / del Zenete más bizarro, / y con su fresco verdor / toda una orilla del Darro. / Diera l
para verdades el tiempo y para justicia dios
I / Juan Ruiz y Pedro Medina, / dos hidalgos sin blasón, / tan uno del otro son / cual de una zarza una espina. / Diz que Pedro salvó a Juan / la vida en lance sangriento; / prendas de tanto momento / amigos por
pereza
¡Cuán descansadamente, / Lejos del vano mundo, se reposa / A la orilla de límpida corriente / O de un moral bajo la sombra hojosa! / En el césped mullido, / Sin luz los ojos, sin vigor los brazos, / De la tra
subiendo la negra roca…
Subiendo la negra roca / de embarazosa montaña, / contrabandista español / bridón andaluz cabalga. / Lleva el trabuco a su lado, / el cuchillo entre la faja, / y con el humo del puro / su voz varonil levanta. / »
tarde de otoño
Ya viene el revuelto otoño / Recogiendo frasco y flores; / Pasó el sol con sus calores, / Y alumbra al fin otro sol; / Pasaron las alboradas / Deliciosas de la aurora, / Que el horizonte colora / De purpurino a
toledo
Negra, ruinosa, sola y olvidada, / Hundidos ya los pies entre la arena, / Allí yace Toledo abandonada, / Azotada del tiento y del turbión. / Mal envuelta en el manto de sus reyes, / Aun asoma su frente carc
tórtola que solitaria…
Tórtola que solitaria / En vez de cantar suspiras, / Es tu canto una plegaria, / O es la voz con que respiras / A tu voluntad contraria / Ese arrullo dolorido, / ¿Se exhala en ti a tu despecho / Sonando alegre
un recuerdo y un suspiro
Volvió la vida a latir, / Volvió el alma a delirar, / Volvió el ardor de sentir, / y el infierno de vivir / Y el paraíso de amar. / D. NICOMEDES PASTOR DÍAZ. / I / Bella es la luz de la rosada aurora / Y una. mañ
una aventura de 1360
En las frondosas campiñas / que con sus ondas serenas / fecunda el Guadalquivir / antes que en el mar se pierda, / sentada está una ciudad / que majestuosa ostenta / lo atrevido de sus torres, / lo antiguo de s
velaba entonces el cielo…
Velaba entonces el cielo / Su lumbre en opacas nieblas, / Y, crespón de tanto duelo, / Tendió la sombra en el suelo / Anchos pliegues de tinieblas. / Ni un pájaro por el viento, / Ni una fiera por la
yo he sentido bramar al ronco viento…
I / Yo he sentido bramar al ronco viento / Del helado Diciembre en noche obscura, / Remedando de un hombre el triste acento / De roto murallón en la hendedura. / Ardía en el salón envejecido / Purpúrea llama
¡torpe, mezquina y miserable españa!…
¡Torpe, mezquina y miserable España, / Cuyo suelo, alfombrado de memorias, / Se va sorbiendo de sus propias glorias / Lo poco que ha de cada ilustre hazaña: / Traidor y amigo sin pudor te engaña, / Se compr