PAIS POEMA

Libros de josé watanabe

Autores

josé watanabe

animal de invierno
Otra vez es tiempo de ir a la montaña / a buscar una cueva para hibernar. / Voy sin mentirme: la montaña no es madre, sus cuevas / son como huevos vacíos donde recojo mi carne / y olvido. / Nuevamente veré
cuestión de fe
¿Cómo sería la luz de la madrugada / en que Abraham, el hombre de la cerrada fe, / subió al monte Moriah / llevando de la mano a su unigénito Isaac? / Tiene que haber sido una luz hondamente azul / como la
de la poesía
El niño entró en la sombra de su árbol de extramuros / donde dejaba diariamente sus quehaceres de intestino. / Y si otro niño en árbol vecino se acuclillaba / y se aliviaba / brotaba entre ambos / la honros
el anónimo
Desde la cornisa de la montaña / dejo caer suavemente una piedra hacia el precipicio, / una acción ociosa / de cualquiera que se detiene a descansar en este lugar. / Mientras la piedra cae libre y limpia
el devoto
En este profundo depósito / de catedral, hieráticos / como una triste cuadrilla de obreros de yeso / los santos esperan al restaurador. / En un altar y otro / fueron deteriorándose, atacados por las moscas,
el guardián del hielo
Y coincidimos en el terral / el heladero con su carretilla averiada / y yo / que corría tras los pájaros huidos del fuego / de la zafra. / También coincidió el sol. / En esa situación cómo negarse a un favor
el inocente
Bien voluntarioso es el sol / en los arenales de Chicama. / Anuda, pues, las cuatro puntas del pañuelo sobre tu cabeza / y anda tras la lagartija inútil / entre esos árboles ya muertos por la sollama. / De
el lenguado
Soy / lo gris contra lo gris. mi vida / depende de copiar incansablemente / el color de la arena, / pero ese truco sutil / que me permite comer y burlar enemigos / me ha deformado. He perdido la simetría / de l
el maestro de kung fu
Un cuerpo viejo pero trabajado para la pelea / madruga y danza / frente a los arenales de Barranco / Se mueve como dibujando / una rúbrica antigua, con esa gracia, y / sin embargo, está hiriendo, buscando e
el vado
Si vas por la playa donde se vadea el río / verás, / plantadas en el limo, / largas varas de eucalipto. Están allí / para los caminantes que van a la otra ribera. / Una será tu cayado: / con ella tantearás, s
en el desierto de olmos
El viejo talador de espinos para carbón de palo / cuelga en el dintel de su cabaña / una obstinada lámpara de querosene, / y sobre la arena / se extiende un semicírculo de luz hospitalaria. / Este es nuestr
fábula
EN el cauce del río seco / una espigada yegua orina sobre un sapo agradecido. / Yo, que voy de paso, sonrío y recuerdo / una antigua ley de compensaciones / de la magia: más feo el sapo / más bello y deslum
he dicho
Qué rico es ir / de los pensamientos puros a un película pornográfica / y reír / del santo que vuela y de la carne que suda. / Qué rico es estar contigo, poesía / de la luz / en la pierna de una mujer cansada
hombre adentrado en el bosque
Está sentado sobre un pino caído. / Entre el balanceo de los árboles observa el espejear / de la esfera de aluminio / que corona la torre puntiaguda del Pabellón del Cáncer. / Difícil símbolo / la esfera. / E
intestino
(homenaje a J.E. Eielson) / Qué hace ese intestino / Dormido en una cama / Recogido / Como un animal rosado / Sueña que sale del cuarto / Después de la lluvia / Por la ventana dorada / Se estira y curva / En el hor
la boca
En la encañada / había piedras como huesos de un animal prehistórico / que se desbarató / antes de alcanzar nuestro valle. / Un gran cráneo / quedó detenido en la pendiente con la boca abierta / y el resto de
la jovencita
El algarrobo se inclina como una nube verde / sobre la única bodega del pueblo. / Detrás del mostrador humilde / una grácil jovencita lleva nuestra mirada / a un tiempo sin malicia. / Tiene el cabello recor
la mantis religiosa
Mi mirada cansada retrocedió desde el bosque azulado por el sol / hasta la mantis religiosa que permanecía inmóvil a 50 cm. de mis ojos. / Yo estaba tendido sobre las piedras calientes de la orilla de
la oruga
Te he visto ondulando bajo las cucardas, penosamente, trabajosamente, / pero sé que mañana serás del aire. / Hace mucho supe que no eras un animal terminado / y como entonces / arrodillado y trémulo / te pr
la piedra alada
EL pelícano, herido, se alejó del mar / y vino a morir / sobre esta breve piedra del desierto. / Buscó, / durante algunos días, una dignidad / para su postura final: / acabó como el bello movimiento congelado
la piedra del río
Donde el río se remansaba para los muchachos / se elevaba una piedra. / No le viste ninguna otra forma; / sólo era piedra, grande y anodina. / Cuando salíamos del agua turbia / trepábamos en ella como lagar
las mariscadoras
Al amanecer / una decena de muchachas, como en un mito, / entran algunos palmos en el mar tranquilo. / Visten un traje negro / y buscan / entre las piedras / los cangrejos y las conchas que ha dejado la marea
nuestra leona
Sé que el sol va y viene, inquieto, husmeándome / entre los cañaverales. / Sé que se demora en el cénit mirando ansiosamente el valle. / El sol era nuestra leona. / Una imagen, aún de humilde imaginación
poema trágico con dudosos logros cómicos
Mi familia no tiene médico / ni sacerdote ni visitas / y todos se tienden en la playa / saludables bajo el sol del verano. / Algunas yerbas nos curan los males del estómago / y la religión sólo entra con la
sala de disección
Un cadáver puede provocar una filosofía del ensimismamiento, / sin embargo los estudiantes admirablemente / estaban entusiasmados con su muerto, / lo rodeaban / y discutían con fervor la anatomía de ese c
simeón el estilita
Hagámosle caso a Simeón, oigamos / sus consejos, sus prédicas, sus advertencias / porque nos habla desde un sitio perfecto. / La sabiduría / consiste en encontrar el sitio desde el cual hablar. / Simeón nos