josé maría souvirón
amor, no sé qué calidos rumoresAmor, no sé qué calidos rumores / tienen esta mañana las colmenas. / Amor, no sé qué pálidos colores / hay en las cumbres altas y serenas. / No sé, amor, de qué tré
como el rayo de luna en la palmeraComo el rayo de luna en la palmera, / con la voz de la noche clara y fría, / con el olor del mar en la bahía, / con el rumor del agua en la pradera. / Con la albora
cuando la aurora ponga en los caminosCuando la aurora ponga en los caminos / flores de nieve y témpanos de aromas, / cuando el rumor de un vuelo de palomas / en la invernal caricia de los pinos; / y cu
en el alto castillo, la serenaEn el alto castillo, la serena / tarde ponía su misterioso brillo / y la rosada carne del ladrillo / se tornaba de luz sobre la almena. / El silencio contigo; la vo
en medio de esta noche tan oscuraEn medio de esta noche tan oscura / se anuncia el dulce brote de la espiga / y arde la flor que el temporal castiga / con una oculta luz, serena y pura. / Ya sé que
he soñado que estabas a mi veraHe soñado que estabas a mi vera / y que tenías tus manos en las mías; / ya no recuerdo lo que me decías, / pero era dulce oírte, compañera. / Me mirabas de amor, co
hoy la primera lluvia silenciosaHoy la primera lluvia silenciosa / cae sobre el jardín serenamente, / temprano otoño brota de la fuente / y huye la primavera de la rosa. / Huele a la tarde aquella
la alta noche y el marLa alta noche y el mar. Las playas solas. / Un vientecillo fresco y desvaído. / Y en el confín oscuro, el suave ruido / de una orquesta de claras caracolas. / Ay, a
la lluviaCae la lluvia suavemente / con un susurro tierno y claro, / y el corazón se va durmiendo / por el rumor acompañado. / La lluvia trae muchas cosas / que ya teníamos ol
madrigalSi al sol llamo sol, no es a él, / sino a ti que sol te llamo. / Si llamo luna a la luna, / es que a ti te estoy llamando. / Si llamo a la rosa rosa, / es que en la r
mis ojos muy abiertos para verteMis ojos muy abiertos para verte, / mis oídos atentos para oírte, / mis ásperas mejillas para herirte, / mis brazos para alzarte y sostenerte. / Mis dientes duros,
rápida plenitudTu novedad, tu pura novedad / es lo que me concilia con el mundo. / Aquí está mi pasado, en este instante, / todo hecho presente y asumido / por esa novedad que tú
si el cerco de mi brazo te ceñíaSi el cerco de mi brazo te ceñía, / era porque el amor me lo mandaba. / Si de lejos y quieto te miraba, / era porque el amor me lo pedía. / Si con un claro beso te
variacionesElla tenía unos nombres extraños, a mi antojo. / Unos días se llamaba cereza; era redonda y suave, / pequeña y reluciente. No venía en racimo, / sino única y aisl
¿por qué no has sido tú?Todo lo que he buscado se halla en ti, / y sé que estás dispuesta a quererme, si yo / tiendo un poco mi mano hacia tu mano. / Cuando estaba con otras / cerca de ti,