josé maría eguren
el bote viejoBajo brillante niebla, / de saladas actinias cubierto, / amaneció en la playa, / un bote viejo. / Con arena, se mira / la banda de sus bateleros, / y en la quilla verdosos / calafateos. / Bote triste, yacente, / po
el caballoViene por las calles, / a la luna parva, / un caballo muerto / en antigua batalla. / Sus cascos sombríos… / trepida, resbala; / da un hosco relincho, / con sus voces lejanas. / En la plúmbea esquina / de la barrica
el cuarto cerradoMis ojos han visto / el cuarto cerrado; / cual inmóviles labios su puerta… / está silenciado!… / Su oblonga ventana, como un ojo abierto, / vidrioso me mira; / como un ojo triste, / con mirada que nunca retira /
el dolor de la nocheCuando tiembla la noche tardía / en los arenales y los campos negros, / se oyen voces dolientes, lejanas, / detrás de los cerros. / ¡Es el canto del bosque perdido, / con la gama antigua de silvestres notas
el dominóAlumbraron en la mesa los candiles, / moviéronse solos los aguamaniles, / y un dominó vacío, pero animado, / mientras ríe por la calle la verbena, / se sienta, iluminado, / y principia la cena. / Su claro ant
el estanque¡El verde estanque de la hacienda, / rey del jardín amable, / está en olvido / miserable! / En las lejanas, bellas horas / eran sus linfas cantadoras, / eran granates y auroras, / a campánulas y jazmines / iban i
la canción del regresoMañana violeta. / Voy por la pista alegre / Con el suave perfume / Del retamal distante. / En el cielo hay una / Guirnalda triste. / Lejana duerme / La ciudad encantada / Con amarillo sol. / Todavía cantan los gril
la dama iLa dama i, vagarosa / en la niebla del lago, / canta las finas trovas. / Va en su góndola encantada / de papel, a la misa / verde de la mañana. / Y en su ruta va cogiendo / las dormidas umbelas / y los papiros mu
la danza claraEs noche de azul oscuro… / en la quinta iluminada / se ve multicolora / la danza clara. / Las parejas amantes, / juveniles, / con música de los sueños, / ríen. / Hay besos, armonías, / lentas escalas; / y vuelan los
la muerta de marfilContemplé, en la mañana, / la tumba de una niña; / en el sauce lloroso gemía tramontana, / desolando la amena, brilladora campiña. / Desde el túmulo frío, de verdes oquedades, / volaba el pensamiento / hacia
la niña de la lámpara azzulEn el pasadizo nebuloso / cual mágico sueño de Estambul, / su perfil presenta destelloso / la niña de la lámpara azul. / Ágil y risueña se insinúa, / y su llama seductora brilla, / tiembla en su caballo la ga
la pensativaEn los jardines otoñales, / bajo palmeras virginales, / miré pasar muda y esquiva / la Pensativa. / La vi en azul de la mañana, / Con su mirada tan lejana; / Que en el misterio se perdía / De la borrosa celestí
la ronda de espadasPor las avenidas / de miedo cercadas, / brilla en la noche de azules oscuros, / la ronda de espadas. / Duermen los postigos, / las viejas aldabas; / y se escuchan borrosas de canes / las músicas bravas. / Ya los
la sangreEl mustio peregrino / vio en el monte una huella de sangre: / la sigue pensativo / en los recuerdos claros de su tarde. / El triste, paso a paso, / la ve en la ciudad, dormida, blanca, / junto a los cadalsos,
las torresBrunas lejanías…; / batallan las torres / presentando / siluetas enormes. / Áureas lejanías…; / las torres monarcas / se confunden / en sus iras llamas. / Rojas lejanías…; / se hieren las torres; / purpurados / se oyen
lied iEra el alba, / cuando las gotas de sangre en el olmo / exhalaban tristísima luz. / Los amores / de la chinesca tarde fenecieron / nublados en la música azul. / Vagas rosas / ocultan en ensueño blanquecino, / seña
lied iiiEn la costa brava / Suena la campana, / Llamando a los antiguos / Bajales sumergidos. / Y como tamiz celeste / Y el luminar de hielo, / Pasan tristemente / Los bajales muertos. / Carcomidos, flavos, / Se acercan ba
lied ivLa noche pasaba, , / y al terror de las nébulas, sus ojos / inefables reían de tristeza. / La muda palabra / en la mansión culpable se veía, / como del Dios antiguo la sentencia. / La funesta falta / descubrier
lied vLa canción del adormido cielo / Dejó dulces pesares; / yo quisiera dar vida a esa canción / que tiene tanto de ti. / Ha caído la tarde sobre el musgo / del cerco inglés, / con aire de otro tiempo musical. / El
los ángeles tranquilosPasó el vendaval; ahora, / con perlas y berilos, / cantan la soledad aurora / los ángeles tranquilos. / Modulan canciones santas / en dulces bandolines; / viendo caídas las hojosas plantas / de campos y jardine
los delfinesEs la noche de la triste remembranza; / en amplio salón cuadrado, / de amarillo iluminado, / a la hora de maitines / principia la angustiosa contradanza / de los difuntos delfines. / Tienen ricos medallones / t
los muertosLos nevados muertos, / bajo triste cielo, / van por la avenida / doliente que nunca termina. / Van con mustias formas / entre las auras silenciosas: / y de la muerte dan el frío / a sauces y lirios. / Lentos bril
los reyes rojosDesde la aurora / combaten dos reyes rojos, / con lanza de oro. / Por verde bosque / y en los purpurinos cerros / vibra su ceño. / Falcones reyes / batallan en lejanías / de oro azulinas. / Por la luz cadmio / airada
marcha fúnebre de una marionetteSuena trompa del infante con aguda melodía… / la farándula ha llegado de la reina Fantasía; / y en las luces otoñales se levanta plañidera / la carroza delantera. / Pasan luego, a la sordina, peregrinos y
nocturnoDe Occidente la luz matizada / Se borra, se borra; / En el fondo del valle se inclina / La pálido sombra. / Los insectos que pasan la bruma / se mecen y flotan, / y en su largo mareo golpean / las húmedas hojas
reverieY soñé, de un templete bajaban / dos dulces bellezas matinales; / y oí melancólicas hablaban / de las nobles dichas forestales. / Las vi. en el blasón de la poterna / azulinas y casi borradas / despierto años