josé maría de heredia
antonio y cleopatraContemplaban los dos cómo dormía / el claro Egipto bajo el cielo ardiente / y cómo hacía Bubastis, lentamente, / desembocaba el Nilo en la bahía. / En su coraza el
el ánforaHa tallado el marfil una mano tan fina / que se miran de colcos los tupidos boscajes, / y Jasón, y los ojos de Medea, salvajes, / y el Toisón, que en el ápice de
el baño de las ninfasBaña el Euxino un bosque de agrios arbustos lleno; / sobre la fuente un negro laurel la copa inclina, / y la Ninfa, sonriente, que a sus ramas se empina / huélla,
el estoque«Calixto Papa» dice sobre la empuñadura. / La tiara y el trasmallo, las llaves y la barca, / en suntuoso relieve que el viejo escudo enmarca, / se unen al Buey he
el olvidoLos escombros del templo, sobre el alta colina, / yacen. Y en este erial, entre ramas fragosas, / los broncíneos héroes y marmóreas diosas / bajo el yugo cayeron
estinfaliaY aves mil, asu paso, por entre los fangales, / aquí y allá, del valle donde el héroe posa, / al escaparse en brusca ráfaga premurosa / agitaban en lúgubres lagos
fuga de centaurosHuyen, ebrios de asalto, matanza y rebelión / a su guarida, encima de la cúspide enhiesta; / tienen miedo a la muerte que implacable se apresta / y husmean en las
jasón y medeaAmbos, en los boscajes que sintieron el són / de contiendas remotas; mágica paz nacía, / y alba de milagrosas lágrimas los ceñía / bañándolos en fértil y extraña
la desconfianzaMira, mi bien, cuán mustia y desecada / del sol al resplandor está la rosa / que en tu seno tan fresca y olorosa / pusiera ayer mi mano enamorada. / Dentro de pocas
los conquistadoresComo halcones que escapan de sus antros natales, / fatigados de empresas altivas y mezquinas, / partieron desde Palos las gentes colombinas / embriagadas de sueño