PAIS POEMA

Libros de josé lupiáñez

Autores

josé lupiáñez

amanecer frente al mar de mármara
Sé que mi corazón alguna tarde / recordará estas aguas quietísimas / del Mar de Mármara y este liviano / encantamiento azul / del cielo que las sueña. Sé muy bien / que mi corazón alguna tarde, / en el jardín
amante de gacela
He mirado tu desnudo flotar / en las tranquilas aguas de mi estanque… / Corres hacia la flor, hacia la nube / de un paraíso y brilla tu desnudo, la antorcha / que ha dorado en la sien el humo del deseo. / C
ausente
Este sol va dorando lentamente mi alcoba, / que es un raro navío que ha perdido su rumbo; / de tristeza se duelen abatidos velámenes / porque la brisa esconde su ráfaga inocente. / Esta tarde se incendia
balneario
Soñando va la tarde en su divisa / y azul la vida marcha hacia el ocaso. / (Acuden siempre pájaros los jueves). / Dolor, es un decir, no siento mucho, / ni nada que al dolor se le asemeje. / (Me gustan los
bazar egipcio
Desde el Bazar Egipcio / se expande por el aire una oleada / de esencias. El humo primitivo / de los hogares adormece a la tarde, / que huele a mar y a profecía. / Triunfa en el aire, loco por el perfume, / l
desde la torre gálata
Contempla allá esa luz / que hacia el poniente es sangre. / Esa luz que parece inventarse la ciudad / en sus atardeceres. Distinta cada día, / contémplala desde aquí y mira cómo asciende / desde la urbe que
días celestes
Hay versos que guardaron la nostalgia / de hermosos cuerpos que abracé otro tiempo / y que aún avivan la memoria, inerme, / de muchos besos y de algunos nombres. / En otros aún resuenan las semillas, / las
el largo angelus
Aquí aguardo sentado / cerca del sol, sin prisa, / contra el muro de luz / que es parte de mi casa. / Aguardo a que termine / lo terminable un día; / mi sombrero me cubre, / apenas si levanto los ojos / hacia el
el retorno
Es la hora del regreso: / el camino que verde desafiaba a la tarde / habrás de desandar en esta hora nocturna. / Te alumbrarán las débiles luciérnagas / y las cumbres lejanas vigilarán tus pasos. / Las mism
fábula
Del mar, en los adentros, / donde las aguas refulgentes, aún cálidas, / espejean por el astro más bello que conozco, / vide aquella barcaza donde los dos se amaban, / y cómo discurría lentamente. / Ella vol
florinda
Yo noté que apretabas, Florinda, mi cintura, / que tus manos me hacían resbalar hasta el cielo, / que tu poma dulcísima me estallaba en los labios / y tus brazos me alzaban para siempre al seol. / Yo noté
giro
Como la tarde / que posó una mínima / caricia en tu desnudo, / o el sol dando en tu vientre; / como la tarde toda desprendida / sobre tu seno blanco; / como la tarde me detengo absorto / en la maleza débil de t
hacia la brisa
Si el tiempo me persigue / me ocultaré en el mar, / regazo inmenso que me envuelva / lejos de las orillas. / Allí, / (lejos de las orillas), / en el adentro más remoto, / flotar acaso me veréis / -barquilla blanc
huida
A la mitad del día / corrimos hacia el mar, hacia la oscura / ola de azul y de vaivén, / de brisa y de pequeños mensajes / extendiéndose lejos o viniendo quizás / hasta la roja estampa / De la orilla sin huel
imagen
Ves discurrir la tarde / con un manso silbido / de lágrima en los ojos, / de música sagrada / en cámaras vacías. / Estancias o dominio / y el perfume en el aire / de labios aleteando / por amor de las nubes, / al r
jamás la vida breve
Jamás la vida breve / abrió para tus plantas / sus hojas grandes, / ni sus rojas flores; / ni derramó en tus días / sus perfumes extraños. / Jamás te dio una luz, / una esperanza de alas, / ni te llevó hasta aque
jardín
Delgada es esta tarde de julio, / inmóvil, / asida a las columnas / que se alzan / sobre la hierba blanda / Delgada es esta tarde de julio / que decae con dulzura, / como las manos / que no atienden al sol, / ni es
jardín de colva
Guarda mi corazón el balanceo / de las altas palmeras, que un aire azul / agita en la noche benigna. / Siento en mí sus raíces nutrirse de mi sangre / y que sus altos troncos, ingrávidos, insomnes, / llevan
la despedida
Aquí en lo oscuro / quedo pulsando mi dulcémele, / mientras veo que te alejas / feliz, contra la línea del horizonte. / Mueves el cuerpo al son de mis acordes, / cada vez más distante, más cómplice, / y un ri
mañana en kovalam
Asisto al despertar del nuevo día / en las hermosas playas de Kovalam. / Saludan a mis ojos las palmeras / agitando sus ramas solemnes como brazos / y el mar, el Mar de Arabia, con sus peldaños / de espuma
marie claire
Una noche en París me raptó Marie Claire; / me tomó de la mano, me llevó a su mansión, / me tendió sobre un lecho, se quitó el camisón / y mostró sus encantos, que eran dignos de ver. / Derramó sus oscuro
miniatura del beso candolim
Al despertarme beso / los labios de mi amada, / que saben a mango y a miedo. / Y me tranquilizo. / Tiene la piel suave / como un amanecer / y lleva en sus tobillos / las ajorcas de plata / que tintinean en mi lec
mirador umbrío
Desde la torre observas cómo cae la tarde, / las últimas montañas perdidas con la niebla, / los árboles que ascienden levemente, el abismo, / el fulgor de los astros que brillan por tus ojos. / Cerca qued
narghile
Raki al atardecer, / turbio en el vaso. / El cafetín humea / y las narghiles / dispersan por el aire / un olor a manzana. / Fija el sol su reflejo / de sangre en los cristales. / Mostachos casi azules, / ojos negro
noche de las sirenas
Sombras por las esquinas de la noche, / luna roja de sangre, ojo colérico, / que desde el aguacero nos contempla. / Noche de las sirenas, mar de invierno, / luces lejanas figurando astros, / lluvia en el ro
nocturnos
En las noches lascivas, amables, suntuosas, / nos miran desde el lecho vibrantes, decididas, / desde el lecho que ha sido la góndola azarosa / donde el amor dejaba sus rosas escondidas. / En las noches la
ofrenda
Hubo una flor, un lecho / donde aprendiste pronto la sombra / del deseo, la juventud de un cuerpo / vencido como nave, la soledad / que el alma dejaba en otra frente. / Hubo como una música / saltando de los
paisaje
Brillan crestas de luz en el mar de la noche / y un desvelo de sombras de olas ondulantes; / brillan olas oscuras, altísimas, adversas / en la nada infinita que nos muestra su filo. / Bajo este mar antigu
pendiente del amor
Yo rodaba a tu suerte por la ladera abajo, / éramos un ovillo, una hoguera encendida; / dos cuerpos que rodaban desnudos hacia el valle, / carne fresca y elástica que el amor había herido. / Recuerdo que
perfil
La imposible belleza de ese perfil me tienta, / las luces de la noche dando brillo a sus ojos, / la hermosura y el vértigo, la espiral que me acerca / los labios deseosos y el amor y su niebla. / Ojos des
rostro
Cómo se trenza el amor en las tardes, / mientras todo sucede sin vértigo y el sueño / cumple asilo de formas y de imágenes. / Cómo se trenza y cómo no desvía su ser: / el sueño pende. Los labios se han do
saeta con aviso
Por los aires / sombríos / de la noche / de octubre / va mi dolor / volando / hacia ti, / sin consuelo. / Atraviesa / las nubes, / dice adiós / a los pájaros, / y es a tu corazón / a donde apunta / su queja / sagitaria. / Va has
sierra nevada
He vuelto a la blancura dolorosa / de las amadas cumbres, / que guardaron con celo / los días de la lejana juventud. / Aquellas blancas cimas que escondían / el milagro indeciso de un tiempo / al que, en vano
sky line
Cantan dulces baladas con los labios pintados, / tienen los corazones rotos por el amor, / llevan gemas sombrías en sus dedos tan pálidos / y en sus frentes que un astro porque sí decoró. / En las noches
there she goes
Mi amor va a la deriva como un barco sin rumbo; / su corazón heridas, sin par, lleva marcadas… / Mi amor se va alejando de sus horas gastadas / y alivio busca sola por los puertos del mundo. / Qué estela
tumbas en la ciudad
Repica el agua en la verde maleza / que ahoga las tumbas de los antepasados: / estelas inclinadas y hundidas en la tierra / llevan grabadas frases que en su vida / los muertos idearon. Sentencias y deseos
uleke
Todos sufren por ver tu corazón, / se acercan a tu casa con las paredes blancas, / se mecen en la música de aquel viejo país / en donde naces. Y tu alcoba se inunda / de amistosa cadencia… / Oh lentas, suav