josé lezama lima
a santa teresa sacando unos idolillosLos ídolos de cobre sobre el río / pusiste en obra del amor llagado. / Su casta fuera, redoble enamorado / tuerce la mueca de inhumano brío. / Cuando la imagen balb
ah, que tú escapesAh, que tú escapes en el instante / en el que ya habías alcanzado tu definición mejor. / Ah, mi amiga, que tú no querías creer / las preguntas de esa estrella rec
caída la hoja miroCaída la hoja miro, / ya que tu olvido decrece / la calidad del suspiro / que firme en la voz se mece. / La sombra de tu retiro / no a la noche pertenece, / si insisto
cuerpo desnudoCuerpo desnudo en la barca. / Pez duerme junto al desnudo / que huido del cuerpo vierte / un nuevo punto plateado. / Entre el boscaje y el punto / estática barca exha
el abrazoLos dos cuerpos / avanzan, después de romper el espejo / intermedio, cada cuerpo reproduce / el que está enfrente, comenzando / a sudar como los espejos. / Saben que
el esperadoAl fin llegó el esperado, / se abrieron las puertas de la casa / y de nuevo se encendieron las luces. / Una sombra ligera había repasado / las paredes, que brillaba
el pabellón de la vacuidadVoy con el tornillo / preguntando en la pared, / un sonido sin color / un color tapado con un manto. / Pero vacilo y momentáneamente / ciego, apenas puedo sentirme. / D
el suplenteVendrá el suplente en agua a conversar. / Se dirigirá hacia el norte donde tejen, / desconocido llegará a los que lo protegen. / Se arrancará su diente y a sembra
ernesto guevara comandante nuestroCeñido por la última prueba, piedra pelada de los comienzos para oír las inauguraciones del verbo, la muerte lo fue a buscar. Saltaba de chamusquina para ár
esperar la ausenciaEstar en la noche / esperando una visita, / o no esperando nada / y ver cómo el sillón lentamente / va avanzando hasta alejarse de la lámpara. / Sentirse más adherido
la mujer y la casaHervías la leche / y seguías las aromosas costumbres del café. / Recorrías la casa / con una medida sin desperdicios. / Cada minucia un sacramento, / como una ofrenda
la noche va a la rana de sus metalesLa noche va a la rana de sus metales, / palpa un buche regalado para el palpo, / el rocío escuece a la piedra en gargantilla / que baja para tiznarse de humedad a
llamado del deseosoDeseoso es aquel que huye de su madre. / Despedirse es cultivar un rocío para unirlo con la secularidad de la saliva. / La hondura del deseo no va por el secues
lo inaudibleEs inaudible, / no podremos saber si las hojas / se acumulan y suenan al encaramarse / la mirona lagartija sobre la hoja. / Nos roza la frente / y creemos que es un p
los fragmentos de la nocheCómo aislar los fragmentos de la noche / para apretar algo con las manos, / como la liebre penetra en su oscuridad / separando dos estrellas / apoyadas en el brillo
madrigalEl tallo de una rosa se ha encolerizado con las avispas / que impedían que su cintura fuese y viniese con las mareas / cuando estaba tan tranquila en las grader
melodíaMelodía de la sombra penetra la dureza / de la piel acompañante y ya me pide / un anhelar pasivo que la incline / al borde níveo donde el aire empieza. / Dulce secr
minerva define el marProserpina extrae la flor / de la raíz moviente del infierno, / y el soterrado cangrejo asciende / a la cantidad mirada del pistilo. / Minerva ciñe y distribuye / y e
muerte de narcisoDánae teje el tiempo dorado por el Nilo / envolviendo los labios que pasaban / entre labios y vuelos desligados. / La mano o el labio o el pájaro nevaban. / Era el
oigo hablarOigo hablar a un pájaro moteado: / cuacuá. / En la cabeza tres círculos verdes / y los ojitos que abren y cierran la noche. / Las banquetas para los violinistas / y e
para las décimas de nicolás guillénSin aumentar su poder, / Júpier ya no merienda, / y que el instante comprenda / la lucidez sin ceder / el rasguño de la venda. / La naturaleza fascina / la escama que s
rapsodia para el muro Con qué seguro paso el mulo en el abismo. / Lento es el mulo. Su misión no siente. / su destino frente a la piedra, piedra que sangra / creando la abierta risa en
retrato de don francisco de quevedoSin dientes, pero con dientes / como sierra y a la noche no cierra / el negro terciopelo que lo entierra / entre el clavel y el clavón crujiente. / Bailados sueños
rueda el cielo -que no concuerdeRueda el cielo -que no concuerde / su intento y el grácil tiempo- / a recorrer la posesión del clavel / sobre la nuca más fría / de ese alto imperio de siglos. / Rued
sobre un grabado de alquimia chinaDebajo de la mesa / se ven como tres puertas / de pequeños hornos, / donde se ven piedras y varas ardiendo, / por donde asoma el enano / que masca semillas para el su
son diurnoAhora que ya tu calidad es ardiente y dura, / como el órgano que se rodea de un fuego / húmedo y redondo hasta el amanecer / y hasta un ancho volumen de fuego res
soneto a la virgenDeípara, paridora de Dios. Suave / la giba del engaño para ser / tuvo que aislar el trigo del ave, / el ave de la flor, no ser del querer. / El molino, Deípara, sea
una fragata, con las velas desplegadasLas velas se vuelven / picoteadas por un dogo de niebla. / Giran hasta el guiñapo, / donde el gran viento les busca las hilachas. / Empieza a volver el círculo / de a
una oscura pradera me convidaUna oscura pradera me convida, / sus manteles estables y ceñidos, / giran en mí, en mi balcón se aduermen. / Dominan su extensión, su indefinida / cúpula de alabast