País Poema - Autores

josé gorostiza

agua, no huyas de la sed, detente
¡Agua, no huyas de la sed, detente! / Detente, oh claro insomnio, en la llanura / de este sueño sin párpados que apura / el idioma febril de la corriente. / No el t
borrasca
Noche, madre sombría, / de nubes negras y relámpagos ágiles, / cuyos gritos de luz al mar doblegan: / Menesteroso de silencio, pido / tres palmos de la orilla / desol
el enfermo
Por el amplio silencio del instante / pasa un vago temor. / Tal vez gira la puerta sin motivo / y se recoge una visión distante, / como si el alma fuese un mirador.
el silencio por nadie se quebranta…
El silencio por nadie se quebranta, / y nadie lo deplora. / Solo se canta / la puesta del sol, desde la aurora. / Mas la luna, con ser / de luz a nuestro simple parec
elegía
A veces me dan ganas de llorar, / pero las suple el mar.
esa palabra que jamás asoma…
Esa palabra que jamás asoma / a tu idioma cantado de preguntas, / esa, desfalleciente, / que se hiela en el aire de tu voz, / sí, como una respiración de flautas / co
espejo no: marca luminosa
Espejo no: marca luminosa, / marca blanca. / Conforme en todo al movimiento / con que respira el agua / ¡cómo se inflama en su delgada prisa / marea alta / y alumbra -q
iremos a buscar…
Iremos a buscar / hojas de plátano al platanar. / Se alegra el mar. / Iremos a buscarlas en el camino, / padre de las madejas de lino. / Se alegra el mar. / Porque la l
la casa del silencio
La casa del silencio / se yergue en un rincón de la montaña, / con el capuz de tejas carcomido. / Y parece tan dócil / que apenas se conmueve con el ruido / de algún
la luz sumisa
Alarga el día en matinal hilera / tibias manchas de sol por la ciudad. / Se adivina casi la primavera, / como si descendiera / en lentas ráfagas de claridad. / La luz
la orilla del mar
No es agua ni arena / la orilla del mar. / El agua sonora / de espuma sencilla, / el agua no puede / formarse la orilla. / Y porque descanse / en muelle lugar, / no es agua
la tarde
Ruedan las olas frágiles / de los atardeceres / como limpias canciones de mujeres.
lleno de mí, sitiado en mi epidermis…
Lleno de mí, sitiado en mi epidermis / por un dios inasible que me ahoga, / mentido acaso / por su radiante atmósfera de luces / que oculta mi conciencia derramada,
muerte sin fin
Conmigo está el consejo y el ser; / yo soy la inteligencia; mía es la fortaleza. / Proverbios, 8,14. / Con él estaba yo ordenándolo todo; / y fui su delicia todos l
mujeres
De mi ciudad sonora / viene al pueblo de tibia somnolencia, / donde saben a sal los labios de la aurora. / Y traje una dolencia / de mis valles, / ansiosos de marina
nocturno
Esta noche sin luces y esta lluvia constante / son para las historias de aquellos peregrinos / que dejaban el lodo de sus buenos caminos, / cegados por la recia t
oración
La barca morena de un pescador, / cansada de bogar, / sobre la playa se puso a rezar: / ¡Hazme, Señor, / un puerto en las orillas de este mar!
pausas
I / ¡El mar, el mar! / Dentro de mí lo siento. / Ya sólo de pensar / en él, tan mío, / tiene un sabor de sal mi pensamiento. / II / No canta el grillo. Ritma / la música / de
pescador de luna
Cuando me mira los faroles rojos / en la orilla del mar, / mi pescador, el de profundos ojos, / pone sus negras redes a pescar. / ( El mar ante la noche se ilumina,
preludio
Esa palabra que jamás asoma / a tu idioma cantado de preguntas, / esa, desfalleciente, / que se hiela en el aire de tu voz, / sí, como una respiración de flautas / co
presencia y fuga
[Fragmento] / IV. / ¡Agua, no huyas de la sed, detente! / Detente, oh claro insomnio, en la llanura / de este sueño sin párpados que apura / el idioma febril de la co
romance
La niña de mi lugar / tiene de oro las cejas, / y en la mirada, desnudas, / las luces de las luciérnagas. / ¿Has visto pasar los barcos / desde la orilla? / Recuerdan / s
salen las barcas al amanecer…
Salen las barcas al amanecer. / No se dejan amar, / pues suelen no volver / o solo regresan a descansar.
se alegra el mar
A Carlos Pellicer / Iremos a buscar / hojas de plátano al platanar. / Se alegra el mar. / Iremos a buscarlas en el camino, / padre de las madejas de lino. / Se alegra e
solo, con ruda soledad marina…
Solo, con ruda soledad marina, / se fue por un sendero de la luna, / mi dorada madrina, / apagando sus luces como una / pestaña de lucero en la neblina. / El dolor me
tu destrucción se gesta en la codicia
Tu destrucción se gesta en la codicia / de esta sed, toda tacto, asoladora, / que deshecha, no viva, te atesora / en el nimio caudal de la noticia. / Te miro ya mor
tus ojos eran mi aire…
Tus ojos eran mi aire / y el aire para sí / jugaba a ser redondo, rodando. / Tus ojos eran mi aire y mi fuego, / y los dos entre sí / jugaban uno a mantener al otro,
una pobre conciencia
Un anciano consume su tabaco / en la vieja cachimba de nogal. / La tarde es solamente un cielo opaco / y el recuerdo amarillo de un rosal. / El anciano dormita… / Es
¿quién me compra una naranja?
¿Quién me compra una naranja / para mi consolación? / Una naranja madura / en forma de corazón. / La sal del mar en los labios, / ¡ay de mí! / la sal del mar en las ven