PAIS POEMA

Libros de josé garcía nieto

Autores

josé garcía nieto

al espejo retrovisor de un coche
Tú eres el corazón con lo vivido; / en ti está todo lo que atrás vamos dejando, / lo que hemos ido con pasión amando, / definitivamente ya perdido. / En ti vemos las gracias que se han ido, / los paisajes y
alta de amor
Para las altas cumbres, alta vida. / Alta de amor. Voz alta. Alto sendero / -sierpe de fe y de luz-. Albor primero / para las altas nubes de tu huida. / Alta de brisas altas. Confundida / con el latir más a
barro de la palabra
Hoy he tomado el barro de la palabra en frío; / su piel ya me conoce; poco a poco, temblada / por mi caricia, vibra, responde a la llamada / de la costumbre. Toco. Me adueño de lo mío. / Penetro en la pal
despedida
Vuelvo a mi casa, más alta / que la tuya, Luisa Esteban, / pero sin una ventana / que dé al atrio de la iglesia. / -¡Adiós, adiós- / Y no oyes, / Luisa Esteban. / No levantarás el cántaro, / por mí, de su cantare
el hacedor
Entra en la playa de oro el mar y llena / la cárcava que un hombre antes, tendido, / hizo con su sosiego. El mar se ha ido / y se ha quedado niño, entre la arena. / Así es este eslabón de tu cadena / que co
en la distancia
Perlora, en la distancia, recordarte / es dar al sueño una verdad lejana; / es como oír de nuevo la campana / de aquel mar que florece al golpearte. / Qué fábula, qué magia pudo darte / entre el verdor la g
esta muchacha y su hermosura antigua
Esta muchacha y su hermosura antigua / y su ademán de enamorada calle / que va con las ventanas de sus ojos / hacia los arcos del amor triunfante, / ¿de qué lugar del suelo se ha escapado?, / ¿de qué reino
gracias, señor, porque estás
Gracias, Señor, porque estás / todavía en mi palabra; / porque debajo de todos / mis puentes pasan tus aguas. / Piedra te doy, labios duros, / pobre tierra acumulada, / que tus luminosas lenguas / incesantement
ir y venir de todas las memorias
Ir y venir de todas las memorias / que el alma, olvidadiza, desenreda; / verse hombre solo, antiguo y solo, errante; / ver que todos los tiempos están cerca. / De un golpe, como hermosos corazones, / yacen
joven para la muerte
Arrojado a tu luz madrugadora, / me muero niño y soy todo un deseo / de varón en continuo jubileo / hacia tu corazón de ruiseñora. / De trino escalador junto a la aurora / eres, y voy a ti, y hay un torneo /
la hora undécuima
En la sombra sin nadie de la plaza, / la espalda de la amada y su silencio; / en la sombra sin nadie de la plaza, / aquel niño de Batres, mudo y quieto; / en la sombra sin nadie de la plaza, / mis hijos, so
la partida
Contigo, mano a mano. Y no retiro / la postura, Señor. Jugamos fuerte. / Empeñada partida en que la muerte / será baza final. Apuesto. Miro / tus cartas y me ganas siempre. Tiro / las mías. Das de nuevo. Qu
la puerta
Golpeo ahora / -y nadie dentro- / con los nudillos / hasta hacerme sangre / -y nadie dentro- / en estas puertas donde sé / -¡con qué certeza!- / que estuvo la ternura, / que estuviste tú, amor, / zaguán de sombra,
la tarea
Qué esfuerzos por ser hombre, qué trabajo forzado / por hacer este torpe varón que, apenas hecho, / se vio imperfecto y débil, por la pasión deshecho, / y herido a cada paso del camino empezado. / ¿Por qu
lastres
Canta el mar a mis pies, canta y resuena, / y dice su mensaje apresurado / hasta escalar la soledad del prado / donde otra playa de verdor se estrena. / Se ve en la hondura el oro de la arena, / la sangre d
madrigal
Porque te hice de la nada, / de la sorpresa y el deseo, / de la carne de las palabras / y con la forma de los sueños, / y porque sólo una mirada, / sólo un temblor entre mis dedos / eres, y por mis labios pas
mis ojos van por estos árboles
Mis ojos van por estos árboles, / pájaros tristes del otoño, / desalentados, con memoria / de los verdores más remotos. / Dudan, avanzan, se confunden / entre los círculos de oro; / llegan ahora hasta las últ
mujer, quiero ya huir, quiero sentirte
Mujer, quiero ya huir, quiero sentirte / tan distinta, distante, adivinada, / que el tacto sea ajeno a la llegada / y aun el sueño incapaz para fingirte. / Tan lejos que no pueda orarte, herirte / -blanco d
no sé si soy así ni si me llamo
No sé si soy así ni si me llamo / así como me llaman diariamente; / sé que de amor me lleno dulcemente / y en voz a borbotones me derramo. / Lluvia sin ocasión, huerto sin amo / donde el fruto se cae sobrad
oferta
Voy hacia ti, luz y fe por ti logradas, / con el valor del labio y de la frente; / todo mi ardor, ya sed en tu corriente, / destino entre tus manos sosegadas. / Traigo una nueva vida a tus miradas / en triu
paisaje inicial
Ya todo preparado, / suspendidas las lágrimas de aquel párpado antiguo / todo deshabitado para el tacto que estrena / la raíz poderosa de su hermosura fácil / -oh, terciopelos muertos de rubor en la espal
piedra y cielo de roma
Ese dedo de Dios, eternamente / acercándose al hombre -y no lo toca-, / ese soplo encendido de su boca / que da sentido a un torso y a una frente, / ese ser poderoso y derribado / que recibe la llama de la
qué quieto está ahora el mundo. y tú, dios mío
Qué quieto está ahora el mundo. Y tú, Dios mío, / qué cerca estás. Podría hasta tocarte. / Y hasta reconocerte en cualquier parte / de la tierra. Podría decir: río, / y nombrar a tu sangre. En el vacío / de
se oye levísima la voz
Se oye levísima la voz / del viento. Suena entre los árboles / quizá como nunca sonó. / La noche nace como un río / de las manos mismas de Dios. / Yo miro desde mi ventana. / Yo no rezo ni lloro. Yo / no pregun
sé que beso la muerte cuando beso
Sé que beso la muerte cuando beso / tu piel que aloja y vence a la hermosura, / y que el final que mi pasión procura / es lugar de la muerte al que regreso. / Sé que en ti misma acabas, y por eso, / al sent
soneto
Soy esto sólo, un grito que se ordena / para cantarte a ti recién venida, / un ala inesperada y decidida / que roza en esa piel, en esa arena / de tus hombros, y ciega se encadena / al brillo de tu pelo, do
soneto a una muchacha enamorada
Si de algo supe fue de amor. Lo digo / con miedo, con ternura, con futuro / para rendir mi cuenta. Sí; lo juro: / si de algo sé es de amor, y él es testigo. / El es a un tiempo apoyo y enemigo, / él lo más
soneto de la nieve todavía
Mira cómo se quema el Guadarrama / en sus torres azules. Esa loma / tiene un poco de nieve, una paloma / que ha librado sus alas de la llama. / Qué desierta de pájaros la rama / donde a la luz mi corazón se
te han nacido los ojos con preguntas
Te han nacido los ojos con preguntas, / y sin cesar me asedias preguntando. / Y yo sin contestar… Hija, ¿hasta cuándo / mudos tú y yo: dos ignorancias juntas? / ¿Hasta cuándo en silencio irán las yuntas / d
veo a diario tu casa que, encendida
Veo a diario tu casa que, encendida / con ese sol, ya casi en primavera, / es la rosa del día más primera / por donde tú apareces a la vida. / Así mi corazón, casa dormida, / tiembla bajo tu sol, y no quisi
xiii
A tu orilla he venido. Tengo un otoño, un pájaro / y una voz desusada. Tú me esperas: un río, / una pasión y un fruto. Y tiene nuestro encuentro / el vuelo, la corriente, seguros, proclamados. / He venido