josé cadalso
a la muerte de filisEn lúgubres cipreses / he visto convertidos / los pámpanos de Baco / y de Venus los mirtos; / cual ronca voz del cuervo / hiere mi triste oído / el siempre dulce tono / del tiempo jilguerillo; / ni murmura el arr
a la peligrosa enfermedad de filisel campo está sin flores, / los pájaros no cantan, / los arroyos no corren, / no saltan los corderos, / no bailan los pastores, / los troncos no dan frutos, / los ecos no responden… / es que enfermó mi Filis / y
a la primaveraNo basta que en su cueva se encadene / el uno y otro proceloso viento, / ni que Neptuno mande a su elemento / con el tridente azul que se serene; / ni que Amaltea el fértil campo llene / de fruta y flor, ni
al pintor que me ha de retratarDiscípulo de Apeles, / si tu pincel hermoso / empleas por capricho / en este feo rostro, / no me pongas ceñudo, / con iracundos ojos, / en la diestra el estoque / de Toledo famoso, / y en la siniestra el freno / de
anacreóntica¿Quién es aquél que baja / por aquella colina, / la botella en la mano, / en el rostro la risa, / de pámpanos y hiedra / la cabeza ceñida, / cercado de zagales, / rodeado de ninfas, / que al son de los panderos / d
epístola dedicada a ortelioDesde el centro de aquestas soledades, / gratas al que conoce las verdades, / gratas al que conoce los engaños / del mundo, y aprovecha desengaños, / te envío, amado Ortelio, fino amigo, / mil pruebas del d
idilio anacreóntico a batiloYa no verán, oh Tormes, / tus áridas orillas / los manes de Galeno / y del Estagirista. / Alza la anciana frente / tanto tiempo oprimida, / y esparce por el campo / desde hoy jovial la vista. / ¿No ves como se ac
letrillas satíricasQue un sabio de mal humor / llame locura al amor, / ya lo veo; / pero que no se enloquezca / cuando otro humor prevalezca, / no lo creo. / Que una doncella guardada / esté del mundo apartada, / ya lo veo; / pero qu
mientras vivió la dulce prenda míaMientras vivió la dulce prenda mía, / Amor, sonoros versos me inspiraste; / obedecí la ley que me dictaste / y sus fuerzas me dio la poesía. / Mas, ¡ay!, que desde aquel aciago día / que me privó del bien q
no basta que en su cueva se encadeneNo basta que en su cueva se encadene / el uno y otro proceloso viento, / ni que Neptuno mande a su elemento / con el tridente azul que se serene, / ni que Amaltea el fértil campo llene / de fruta y flor, ni
si el cielo está sin lucesSi el cielo está sin luces, / el campo está sin flores, / los pájaros no cantan, / los arroyos no corren, / no saltan los corderos, / no bailan los pastores, / los troncos no dan frutos, / los ecos no responden
sobre el poder del tiempoTodo lo muda el tiempo, Filis mía, / todo cede al rigor de sus guadañas: / ya transforma los valles en montañas, / ya pone un campo donde un mar había. / El muda en noche opaca el claro día, / en fábulas pu
todo lo muda el tiempo, filis míaTodo lo muda el tiempo, Filis mía, / todo cede al rigor de sus guadañas; / ya transforma los valles en montañas, / y apone un campo donde un mar había. / Él muda en noche opaca el claro día, / en fábulas pu
vuelve, mi dulce liraVuelve, mi dulce lira, / vuelve a tu estilo humilde, / y deja a los Homeros / cantar a los Aquiles. / Canta tú la cabaña / con tonos pastoriles, / y los épicos metros / a Virgilio no envidies. / No esperes en la