PAIS POEMA

Libros de josé asunción silva

Autores

josé asunción silva

a adriana
Mientras que acaso piensa tu tristeza / en la patria distante y sientes frío / al mirar donde estás, y el desvarío / de la fiebre conmueve tu cabeza, / yo soñando en tu amor y en tu belleza, / amor jamás po
a la manera
Asómate a mi alma / en momentos de calma, / y tu imagen verás, sueño divino, / temblar allí como en el fondo oscuro / de un lago cristalino.
a ti
Tú no sabes, más yo he soñado / entre mis sueños color de armiño, / horas de dicha con tus amores, / besos ardientes, quedos suspiros / cuando la tarde se tiñe de oro / esos espacios que juntos vimos, / cuand
a un pesimista
Hay demasiada sombra en tus visiones, / algo tiene de plácido la vida, / no todo en la existencia es una herida / donde brote la sangre a borbotones. / La lucha tiene sombra, y las pasiones / agonizantes, l
adriana
Double virginité / Corps où rien n’est immonde / Ame où rien n’est impure. / VICTOR HUGO, Feuilles d’automne. / Noble como la cándida adorada / del inmortal poeta florentino, / corona de la frente inmaculada /
al oído del lector
No fue pasión aquello, / fue una ternura vaga / lo que inspiran los niños enfermizos, / los tiempos idos y las noches pálidas. / El espíritu solo / al conmoverse canta: / cuando el amor lo agita poderoso / tiem
anoche, estando solo y ya medio dormido…
Anoche, estando solo y ya medio dormido, / mis sueños de otras épocas se me han aparecido. / Los sueños de esperanzas, de glorias, de alegrías / y de felicidades que nunca han sido mías, / se fueron acerc
armonías
A M. Valenzuela / Cual la naturaleza / de la que forma parte y es fiel copia / el alma humana tiene ocultas fuerzas / silencios, luces, músicas y sombras. / Vagas nieblas también… las ilusiones / que el paisa
ars
El verso es un vaso santo. ¡Poned en él tan sólo, / un pensamiento puro, / en cuyo fondo bullan hirvientes las imágenes / como burbujas de oro de un viejo vino oscuro! / ¡Allí verted las flores que en la
aurora
Cuando en las noches pálidas de luna / Cerca de tu ventana -una por una- / Me cuentas tus hermosas ilusiones, / Cuando de tu mirada soñadora / El rayo como lumbre de una aurora / Ahuyenta mis enjambres de v
cápsulas
El pobre Juan de Dios, tras de los éxtasis / del amor de Aniceta, fue infeliz. / Pasó tres meses de amarguras graves, / y, tras lento sufrir, / se curó con copaiba y con las cápsulas / de Sándalo Midy. / Enam
crepúsculo
En la tarde, en las horas del divino / crepúsculo sereno, / se pueblan de tinieblas los espacios / y las almas de sueños. / Sobre un fondo de tonos nacarados / la silueta del templo / las altas tapias del jar
crisálidas
Cuando enferma la niña todavía / salió cierta mañana / y recorrió, con inseguro paso / la vecina montaña, / trajo, entre un ramo de silvestres flores / oculta una crisálida, / que en su aposento colocó, muy c
día de difuntos
La luz vaga… opaco el día, / la llovizna cae y moja / con sus hilos penetrantes la ciudad desierta y fría. / Por el aire tenebroso ignorada mano arroja / un oscuro velo opaco de letal melancolía, / y no hay
edenia
Melancólica y dulce cual la huella / que un sol poniente deja en el azul / cuando baña a lo lejos los espacios / con los últimos rayos de su luz / mientras tiende la noche por los cielos / de la penumbra el
egalité
Juan Lanas, el mozo de esquina, / es absolutamente igual / al Emperador de la China: / los dos son el mismo animal. / Juan Lanas cubre su pelaje / con nuestra manta nacional; / el gran magnate lleva un traje /
el mal del siglo
El paciente: / Doctor, un desaliento de la vida / que en lo íntimo de mí se arraiga y nace, / el mal del siglo… el mismo mal de Werther, / de Rolla, de Manfredo y de Leopardi. / Un cansancio de todo, un abs
enfermedades de la niñez
A una boca vendida, / a una infame boca, / cuando sintió el impulso que en la vida / a locuras supremas nos provoca, / dio el primer beso, hambriento de ternura / en los labios sin fuerza, sin frescura. / No
estrellas fijas
Cuando ya de la vida / el alma tenga, con el cuerpo, rota, / y duerma en el sepulcro / esa noche, más larga que las otras, / mis ojos, que en recuerdo / del infinito eterno de las cosas, / guardaron sólo, com
estrellas que entre lo sombrío
Estrellas que entre lo sombrío, / de lo ignorado y de lo inmenso, / asemejáis en el vacío, / jirones pálidos de incienso, / nebulosas que ardéis tan lejos / en el infinito que aterra / que sólo alcanzan los r
filosofías
De placeres carnales el abuso, / de caricias y besos, / goza, y ama con toda tu alma, iluso; / agótate en excesos. / Y si de la avariosis te librara / la sabia profilaxia, / al llegar los cuarenta, irás sinti
gotas amargas
Prescriben los facultativos, / cuando el estómago se estraga, / al paciente, pobre dispéptico, / dieta sin grasas. / Le prohíben las cosas dulces, / le aconsejan la carne asada / le hacen tomar como tónico / go
humo
(De Th. Gautier.) / Bajo los árboles viejos / cuya sombra el suelo baña / miro perdida a lo lejos / una pequeña cabaña. / Todo en quietud allí vese, / la ventana no está abierta / y el musgo grisoso crece / sobre
idilio
Sencilla y grata vida de la aldea / levantarse al nacer de la mañana / cuando su luz en la extensión clarea / y se quiebra en la cúpula lejana, / vagar a la ventura en el boscaje… / Espiar en los recodos de
infancia
Con el recuerdo vago de las cosas / que embellecen el tiempo y la distancia, / retornan a las almas cariñosas, / cual bandadas de blancas mariposas, / los plácidos recuerdos de la infancia. / ¡Caperucita, B
junto a la cuna
Junto a la cuna aún no está encendida / la lámpara tibia, que alegra y reposa, / y se filtra opaca, por entre cortinas / de la tarde triste la luz azulosa. / Los niños cansados suspenden los juegos, / de la
la calavera
En el derruido muro / de la huerta del convento, / en un agujero oscuro / donde, al pasar, silba el viento, / y, como una dolorida / queja a las piedras arranca, / hay, en el fondo, escondida / una calavera bla
la respuesta de la tierra
Era un poeta lírico, grandioso y sibilino / que le hablaba a la tierra una tarde de invierno, / frente a una posada y al volver de un camino: / ¡Oh madre, oh tierra! díjole, en tu girar eterno / nuestra e
la ventana
Oh temps évanouis! O splendeur éclipsées, / Oh soleils descendus derrière l’horizon! / VICTOR HUGO / Al frente de un balcón, blanco y dorado, / obra de nuestro siglo diez y nueve / hay en la estrecha calle
la voz de las cosas
¡Si os encerrara yo en mis estrofas, / frágiles cosas que sonreís / pálido lirio que te deshojas / rayo de luna sobre el tapiz / de húmedas flores, y verdes hojas / que al tibio soplo de mayo abrís, / si os e
las noches del hogar
Regresar fatigado del trabajo / de la diaria fäena / e ir a mirarse en lo hondo retratado / de sus pupilas negras / cerca del rico piano —mientras vaga / sobre las blancas teclas / su mano de marfil— soñ
las ondinas
En la región oculta de las ninfas / El sesgo rayo a penetrar alcanza / Y alumbra al pie de despeñadas linfas / De las ondinas la nocturna danza. / DIEGO FALLÓN, La luna / Es la hora en que los muertos se le
las voces silenciosas
(De Lord Tennyson.) / ¡Oh voces silenciosas de los muertos! / Cuando la hora muda / y vestida de fúnebres crespones, / desfilar haga ante mis turbios ojos / sus fantasmas inciertos, / sus pálidas visiones… / ¡O
los maderos de san juan
¡Aserrín! / ¡Aserrán! / Los maderos de San Juan, / piden queso, piden pan, / los de Roque / alfandoque, / los de Rique / alfeñique / ¡Los de triqui, / triqui, tran! / Y en las rodillas duras y firmes de la Abuela, / co
luz de luna
Ella estaba con él… A su frente / pensativa y pálida, / penetrando al través de las rejas / de antigua ventana / de la luna naciente venían / los rayos de plata, / él estaba a sus pies, de rodillas, / ¡perdido
madrigal
Tu tez rosada y pura; tus formas gráciles / de estatua de Tanagra; tu olor de lilas; / el carmín de tu boca de labios tersos; / las miradas ardientes de tus pupilas; / el ritmo de tu paso; tu voz velada; /
mariposas
En tu aposento tienes, / En urna frágil, / Clavadas mariposas, / Que, si brillante / Rayo de sol las toca, / Parecen nácares / O pedazos de cielo, / Cielos de tarde, / O brillos opalinos / De alas suaves; / Y allí es
melancolía
De todo lo velado, / tenue, lejana y misteriosa surge / vaga melancolía / que del ideal al cielo nos conduce. / He mirado reflejos de ese cielo / en la brillante lumbre / con que ahuyenta las sombras, la mira
midnight dreams
Anoche, estando solo y ya medio dormido, / mis sueños de otras épocas se me han aparecido. / Los sueños de esperanzas, de glorias, de alegrías / y de felicidades que nunca han sido mías, / se fueron acerc
muertos
En los húmedos bosques, en otoño, / al llegar de los fríos, cuando rojas, / vuelan sobre los musgos y las ramas / en torbellinos, las marchitas hojas, / la niebla al extenderse en el vacío / le da al paisaj
nocturno
Oh dulce niña pálida, que como un montón de oro / de tu inocencia cándida conservas el tesoro; / a quien los más audaces, en locos devaneos / jamás se han acercado con carnales deseos; / tú, que adivinar
nocturno i
A veces, cuando en alta noche tranquila, / Sobre las teclas vuela tu mano blanca, / Como una mariposa sobre una lila / Y al teclado sonoro notas arranca, / Cruzando del espacio la negra sombra / Filtran por
nocturno ii
¡Poeta!, ¡di paso / los furtivos besos!… / ¡La sombra! ¡Los recuerdos! La luna no vertía / allí ni un solo rayo… Temblabas y eras mía / Temblabas y eras mía bajo el follaje espeso, / una errante luciérnaga
nocturno iii
Una noche / una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de alas, / Una noche / en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas, / a mi lado, lentamente, contra mí c
nocturnos
A veces, cuando en alta noche tranquila, / sobre las teclas vuela tu mano blanca, / como una mariposa sobre una lila / y al teclado sonoro notas arranca, / cruzando del espacio la negra sombra / filtran por
notas perdidas
I / Es media noche. Duerme el mundo ahora / bajo el ala de niebla del silencio / vagos rayos de luna / y el fulgor incierto / de lámpara velada / alumbran su aposento. / En las teclas del piano / vagan aún sus ma
páginas suyas
Juntos los dos reímos cierto día… / ¡Ay, y reímos tanto / que toda aquella risa bulliciosa / se tornó pronto en llanto! / Después, juntos los dos, alguna noche, / reímos mucho, tanto, / que quedó como huella
paisaje tropical
Magia adormecedora vierte el río / en la calma monótona del viaje / cuando borra los lejos del paisaje / la sombra que se extiende en el vacío. / Oculta en sus negruras el bohío / la maraña tupida y el foll
realidad
A M… / En el dulce reposo de la tarde / cuando al ponerse el sol en occidente / su luz dorada, de la vida fuente, / como una hoguera en los espacios arde, / o de la noche en el silencio umbrío / cuando la lun
sinfonía color de fresa con leche
A los colibríes decadentes / ¡Rítmica Reina lírica! Con venusinos / cantos de sol y rosa, de mirra y laca / y polícromos cromos de tonos mil / oye los constelados versos mirrinos, / escúchame esta historia
soneto
Tiene instantes de horribles amarguras / la sed de idolatrar que al hombre agita, / del Supremo Señor la faz bendita / ya no sonríe del cielo en las alturas. / ¡Qué poco logras, Fe, cuando aseguras / términ
sub-umbra
a A. de W. / Tú no lo sabes… mas yo he soñado / entre mis sueños color de armiño, / horas de dicha con tus amores / besos ardientes, quedos suspiros / cuando la tarde tiñe de öro / esos espacios que junt
suspiro
a A. de W. / Si en tus recuerdos ves algún día / entre la niebla de lo pasado / surgir la triste memoria mía / medio borrada ya por los años, / piensa que fuiste siempre mi anhelo / y si el recuerdo de amor t
triste
Cuando al quererlo la suerte / se mezclan a nuestras vidas, / de la ausencia o de la muerte, / las penas desconocidas, / y, envueltos en el misterio / van, con rapidez que asombra, / amigos al cementerio, / ilu
un poema
Soñaba en ese entonces en forjar un poema, / de arte nervioso y nuevo obra audaz y suprema, / escogí entre un asunto grotesco y otro trágico / llamé a todos los ritmos con un conjuro mágico / Y los ritmos
una noche
NOCTURNO III / Una noche / una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de älas, / Una noche / en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas, / a mi lado, lenta
vejeces
Las cosas viejas, tristes, desteñidas, / sin voz y sin color, saben secretos / de las épocas muertas, de las vidas / que ya nadie conserva en la memoria, / y a veces a los hombres, cuando inquietos / las mi
¿recuerdas?
¿Recuerdas?…. Tú no recuerdas / Aquellas tardes tranquilas / En que en la vereda angosta / Que conduce a tu casita / Plegaban a tu contacto / Sus hojas las sensitivas / Como al poder misterioso / Del amor tu al